<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403</id><updated>2011-09-17T14:33:33.182+01:00</updated><category term='Thommas mann'/><category term='asesino'/><category term='escritores'/><category term='terror'/><category term='amigos'/><category term='Márques'/><category term='Ilusiones.'/><category term='Mosqueteros'/><category term='fantasmas'/><category term='Escritor novel'/><category term='contar historias'/><category term='juez'/><category term='reseñas'/><category term='Tabita Kiing'/><category term='relato breve'/><category term='Gaspar de Blanes'/><category term='Montecristo'/><category term='Miserias literarias'/><category term='Relato corto'/><category term='Los Crímenes de Avignon'/><category term='novelista novel'/><category term='Stephen King'/><category term='Ilusiones cumplidas.'/><category term='Los Cinco'/><category term='Ilusiones'/><category term='Gómez Jurado'/><category term='talento'/><category term='Los Hollister'/><category term='Buenos escritores'/><category term='Wodehouse'/><category term='Stendhal'/><category term='Dumas'/><category term='demonios'/><category term='Pérez Reverte'/><category term='Miguel Baquero'/><category term='Juan Manuel de Prada'/><category term='Novela negra'/><category term='blogs'/><category term='Lorenzo Silva'/><category term='Pedro de Paz'/><category term='revolver'/><category term='Primera Plana'/><title type='text'>el novelista novel</title><subtitle type='html'>Reflexiones y relatos de un aficionado</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>56</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-4029966027003199284</id><published>2011-03-04T21:17:00.004+01:00</published><updated>2011-03-04T21:22:36.772+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relato corto'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='reseñas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Buenos escritores'/><title type='text'>Errores de percepción, varios autores, publicado por DH Ediciones</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-GMRwdlXw2Kg/TXFJaxW24TI/AAAAAAAAAH8/4C4AMg1x9Wc/s1600/errores_de_percepcion_portada.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 158px; DISPLAY: block; HEIGHT: 250px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5580322137563390258" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/-GMRwdlXw2Kg/TXFJaxW24TI/AAAAAAAAAH8/4C4AMg1x9Wc/s320/errores_de_percepcion_portada.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Hoy son muchas las páginas que se enviscan de apariciones espectrales, premoniciones de muerte e imágenes luctuosas. Sus personajes, en esencia faltos de alma y abundantes de ripios y frases huecas, acostumbran a blasonar de estupidez. Y en una rutina odiosamente previsible, colman dichas páginas de clichés que, por manidos y manoseados, terminan por maniatar la imaginación del personal.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Errores de percepción&lt;/strong&gt;, sin embargo, que la editorial &lt;strong&gt;DH ediciones&lt;/strong&gt; viene de publicar, no cae en ese error. Su vocación parece ser la de trascender, cobijarse en la mente del lector y permanecer allí durante años, siempre dispuesto a ser recuperado de un momento a otro.&lt;br /&gt;Cada uno de sus relatos semeja hurgar en nuestros miedos más íntimos y trasladarnos a un mundo de llantos y tiritonas. No lo hacen, sin embargo, con profusión de vísceras y derramamiento de sangre, sino con la sutileza del susurro, de un modo subrepticio aunque infalible, situando ante nuestros ojos apenas unos retazos de bruma, un recuerdo fugaz y sobrevenido o procurándonos una inquietud con pretensiones de voracidad y afán conquistador.&lt;br /&gt;Sus hojas parecen ocultar sombras funestas, fatalidad y aromas funerarios, y el lector, quizás arrellanado en la cama o en su sofá favorito, comienza a sentir que la desazón y el temor se adueñan de él.&lt;br /&gt;Aún ahora, cuando esto escribo, temo mirar atrás. Por ello, al intentar desgranar cada uno de los relatos que conforman Errores de percepción, intentaré pasar de puntillas. Por si acaso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Una campana en alta mar, de Miguel Aguerralde&lt;/strong&gt;, donde se narra el descubrimiento de un barco antiguo y el posterior intento de rescate.&lt;br /&gt;La prosa de Miguel luce pulcra, clara, impoluta. Sin grandes artificios estilísticos, Miguel consigue trasladarnos una historia clásica, preñada de aromas aventureros, de un modo vertiginoso, inquietante y, en ocasiones, aterrador. Lo suyo parece ser la eficacia y las frases certeras. Prescinde de vocablos rimbombantes, de metáforas jugosas y enaltecedoras y de ornamentos vacuos e innecesarios. Sin embargo —quizás gracias a ello—consigue introducirnos en la historia de un modo difícilmente explicable. Las muertes se suceden a un ritmo frenético, y el lector, preso de un extraño influjo que parece brotar de las páginas, se inclina sobre el libro con afán de investigador, dispuesto a no perderse ni un ápice del terror que exuda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;El rostro, de Arancha Sanz&lt;/strong&gt;, en el que se nos describen los temores y alucinaciones que asedian a Berta tras el accidente sufrido por su novio. Los sueños, las alucinaciones y la realidad parecen entremezclarse y confabular contra nosotros. Los sucesos paranormales se nos describen con viveza y sumo tino, y una canción lejana, machacona y omnipresente, parece tañer los segundos que restan para la desgracia, como un aviso constante de que la tragedia permanece alerta, siempre dispuesta a abalanzarse sobre la protagonista. O sobre el lector.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con El rostro, Arancha Sanz conjuga la muerte, el miedo, las alucinaciones y el suspense de un modo ciertamente meritorio, y con ellos, en un ejercicio que bien merece ser alabado, y con la ayuda de una prosa inmaculada, consigue trazar un relato canónico que trae a nuestra memoria las más fastuosas historias de terror.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Habitación 207, de Enrique Luque de Gregorio&lt;/strong&gt;, describe un extraño suceso vivido por un afamado escritor durante su estancia en un hotel de lujo.&lt;br /&gt;Es el relato más breve de los que conforman la antología, pero no por ello es el de menor enjundia o el que procura una menor satisfacción en el lector. Más al contrario, su vivacidad consigue que éste se sienta llevado en volandas, que aprehenda cada uno de los detalles que se desgrana en sus páginas y ansíe que la lectura se vuelva más morosa, que se prolongue un poquito más, tan solo un poquito, y ello le permita disfrutar de la perplejidad, la duda y los temores de Héctor, el protagonista del cuento. El recuerdo se tiñe de lubricidad, de pasión, de desenfreno, y propicia un encuentro innatural.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;La mano del muerto, de Jesús Cañadas&lt;/strong&gt;, es una historia asombrosa y sorprendente que merecería estar al frente de cuantas listas de éxitos literarios se publiquen en este país. Parece ser un homenaje o un remozado del Séptimo sello de Ingmar Bergman, al que Jesús dota de un estilo conciso y preclaro que te invita a fundirte con la historia. Su trama es de una laboriosidad tal que semeja abrumar al lector, pero la fabulosa capacidad narrativa de que el autor hace gala consigue imbuirle de la inquietud, la desesperación o el desaliento que atenaza a los protagonistas y le impele a aferrarse al libro hasta que el misterio se desentrañe.&lt;br /&gt;Cualquier intento de analizar los artificios que Jesús emplea en su relato sería inútil y hasta temerario, así que no me queda más que recomendar encarecidamente su lectura y animar a que se disfrute con una historia, como ya he dicho antes, verdaderamente asombrosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;La soga, de Pedro Escudero&lt;/strong&gt;, donde un espíritu funesto y vengativo parece perseguir a un anciano campesino.&lt;br /&gt;Con este relato, Pedro consigue impartir una lección de narrativa. Cada frase escrita parece atinar en el blanco perseguido; cada adjetivo aplicado se revela certero; cada giro popular parece exudar naturalidad.&lt;br /&gt;Pedro, al escribir, parece sentir cierta pena por la tinta empleada. Lo hace de un modo ahorrador, casi tacaño; quizás medroso de que fluyan más palabras de las estrictamente necesarias. Pero es la suya una economía enriquecedora y ejemplar, que hace bueno el aforismo de “menos es más” y nos deja claro que solo se han de escribir las palabras precisas. Sin duda, una buena lección que muchos deberíamos aprender.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;La cabaña del lago, de Elena Montagud&lt;/strong&gt;, es, sin ninguna duda, el relato más aterrador de la antología. Con exquisita precisión, Elena narra la escapada de una madre y su hija a una vieja y maltrecha cabaña, donde le asaltarán temores, alucinaciones y pesadillas.&lt;br /&gt;En este caso, Elena parece haber obviado la limitación que siempre imponen las palabras, irrespetuosa de las cortapisas del lenguaje escrito; pues con ellas consigue infundir lo que solo la imagen conseguía. Quizás parezca excesivo o un halago insulso, pero el estremecimiento provocado en las últimas páginas del relato es, desde luego, real. Un cuento magnífico. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Todo aquel que desee adquirirlo, puede hacerlo &lt;a href="http://www.dhediciones.com/Libreria/titulos/errores_de_percepcion.html"&gt;aquí&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-4029966027003199284?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/4029966027003199284/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=4029966027003199284' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/4029966027003199284'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/4029966027003199284'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2011/03/errores-de-percepcion-varios-autores.html' title='Errores de percepción, varios autores, publicado por DH Ediciones'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-GMRwdlXw2Kg/TXFJaxW24TI/AAAAAAAAAH8/4C4AMg1x9Wc/s72-c/errores_de_percepcion_portada.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-5899454763568560397</id><published>2011-02-20T20:00:00.006+01:00</published><updated>2011-02-20T22:20:52.630+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Escritor novel'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ilusiones'/><title type='text'>Dichosos días tristes</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/--B9NHVBMs9w/TWFmq9C7-EI/AAAAAAAAAH0/vFWI6KmXs8Y/s1600/12867602.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 278px; DISPLAY: block; HEIGHT: 320px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5575850701788805186" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/--B9NHVBMs9w/TWFmq9C7-EI/AAAAAAAAAH0/vFWI6KmXs8Y/s320/12867602.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;Aquí os dejo una escena de una novela que estoy escribiendo. Se ambienta en la guerra civil española (ya, ya sé que el tema está trillado), y narra la vida de un chaval que recorre el país en compañía de un reportero inglés.&lt;br /&gt;Espero que os guste, aunque está pendiente del coñazo que siempre supone la revisión.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De las correrías con mi tío Juan&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tío Juan era un borrachín, un pendenciero con valor de chisgarabís y un putero irrefrenable que, desmontado ya de su coartada samaritana, se afanaba en frecuentar cuantos lupanares había por Madrid, ávido de arrullos sicalípticos y de amores mercenarios. Era la suya una entrega total y atropellada, carente de precauciones monetarias, morales y hasta físicas, con aromas de suicidio y visos de muerte prematura. Pero eso apenas le importaba.&lt;br /&gt;Entraba en los prostíbulos sin rebozo alguno, con tesón de legionario y afán colonizador, y comenzaba a mostrarse como haría un pavo real en un parque, hinchando el pecho, falseando la cintura y alardeando de las muchas o pocas plumas que, según el día, pudieran despuntar de su cartera. Recorría el parque de operaciones con aire marcial, en un desfile que tenía mucho de galanteo y de seducción —no lo he dicho antes, pero el tío Juan era un ingenuo contumaz—, y comenzaba a ojear la oferta del día como si de un experto mercader se tratara, soslayando, por supuesto, aquellas más lucidas y lustrosas a las que, por su elevado coste, no tenía acceso. Desarbolado ya de vergüenza, escrutaba los rostros de las meretrices con una sonrisa en los labios, goloseando la saliva que para entonces ya amenazaba con inundarle el esófago. Les hacía ojitos pícaros, les regalaba guiños furtivos y se embelesaba con aquellos rostros pintados de acuarela, generosos de potingues y afeados por la vida. Luego se detenía en la barra, se acodaba sobre ella y pedía una bebida vigorizante, preparándose para lo que había de venir. Miraba entonces las carnes níveas de aquellas mujeres; unas, escurridas y afiladas de huesos, malnutridas por necesidad o por un errático concepto de la beldad; otras, más gruesas y generosas, de traseros y pechos trémulos, bamboleantes, que parecían oscilar de un lado a otro con un temblor casi telúrico, igualmente equivocadas en su conocimiento estético o, quizás, rendidas ante el triunfo de la genial y placentera gastronomía. Curiosamente, ninguna de ellas se mantenía en un irreprochable término medio —solo aquellas inalcanzables con las que mi tío nunca alternaba—, sino que parecían agruparse en bandos claramente diferenciados y hasta enfrentados, lo que hacía de aquel parque de operaciones una especie de campo de batalla o un congreso a menudo silente —muchas veces, sin embargo, los ánimos se caldeaban, y entre ellas se lanzaban acusaciones propias del más versado de los diputados— en el que los discursos solían realizarse por medio de arrullos, bisbiseos emponzoñados de carmín y caricias impostadas, simuladoras de un deseo que lejos estaban de sentir.&lt;br /&gt;Avizorando la escena, mi tío Juan sorbía su bebida a pequeños tragos —no era cosa de malgastarla echándosela al coleto sin el control o el paladeo necesarios—, humedeciendo sus labios con un aire lúbrico y lascivo, y engarabitando el meñique con tintes de nobleza o majestuosidad, pretendiendo aparentar con ello una mayor galanura y atractivo.&lt;br /&gt;Se sentía bien, se sentía guapo, y así, acodado en aquel mostrador que se emponzoñaba con el morapio y la concupiscencia, ensimismado en aquella contemplación cárnica y emocionado por sus enormes logros en el ingrato mundo de la seducción, se olvidaba de mí por unas horas, dejándome al cuidado de Doña Marta, la vieja puta que haraganeaba en la entrada del local.&lt;br /&gt;En breve pormenorizaré los gestos, atributos y cualidades de esta buena señora, pero antes terminaré de trasladarles los galanteos y amoríos del pobre tío Juan, al que, casi sin querer, he dejado apoyado sobre la barra del bar, vivaqueando con sus labios en una bebida calurosa, perpetradora de ilusiones y de afanes de victoria.&lt;br /&gt;Tras los consabidos cinco minutos de ambientación que todo buen putero debe emplear en el ojeo y la toma de situación, mi tío Juan iniciaba la cacería, cercando a su presa por aproximación directa y sin sosiego, tal vez intuyendo el éxito que, sin duda, habría de lograr.&lt;br /&gt;Comenzaba entonces a susurrar palabras de aliento y coqueteo, se inclinaba sobre la pechera de las señoras y depositaba sobre sus orejas un ósculo húmedo y pretencioso, con afanes de profeta o de gurú sexual. Tal vez debiera emplear la palabra beso, de uso más común y normalizado, pero es que mi tío le imprimía a aquellos besos un aire de magnificencia y solemnidad que este vocablo no llega a abarcar, por lo que, para dejarlo en su justa posición, he preferido dejarlo así.&lt;br /&gt;Luego comenzaba el sobeteo; lento al principio, casi minucioso, para trocarse más tarde, al cabo de unos minutos, seguramente cegado por una bruma de deseo y carnalidad, en un manoseo intenso, apresurado, mucho más glotón. Amasaba las carnes de las putas con una necesidad brotada del bajo vientre, con las manos crispadas y premurosas; casi, con afán de panadero, como si ansiara recrear con ellas una forma caprichosa, más original y homogénea que la anterior, como si de un Dios creador se tratara.&lt;br /&gt;Se le veía nervioso, frenético, muy apurado y hasta falto de manos, pues su ansia sobrepasaba con creces la obsequiosidad de éstas. Ellas —me refiero a las chicas, claro, no a las manos—, sin embargo, permanecían impertérritas, como unas huríes de broma o de choteo, ancladas en una languidez antigua y con los rostros tristes, embadurnados de acuarela y lameteos.&lt;br /&gt;Al principio, aquella disparidad de actitudes llamaba mi atención sobremanera, pues no entendía yo que la frialdad fuese justo premio al cariño ni que la desmesura de mi tío pudiera abarcar a tan amplio abanico de señoras. Más tarde, sin embargo, tras varias jornadas como cómplice de aquel mercadeo sexual, llegué a compadecerme de ambas partes, consciente de que ninguna de ellas obtenía lo que en realidad deseaba.&lt;br /&gt;Y de este modo, entre coqueteos estrafalarios, amores impostados y padrinazgos no menos falsos e irresponsables, transcurría la vida de mi tío Juan y, por ende, fiel vasallo y escudero, inconsciente e ignorante, la mía.&lt;br /&gt;Hasta que un día ya lejano, en una noche loca que se revolvió entre aromas de burdel y besos comprados, mi tío Juan murió, como no podía ser de otra manera, en uno de aquellos lupanares que tanto frecuentábamos. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-5899454763568560397?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/5899454763568560397/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=5899454763568560397' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/5899454763568560397'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/5899454763568560397'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2011/02/aqui-os-dejo-una-escena-de-una-novela.html' title='Dichosos días tristes'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/--B9NHVBMs9w/TWFmq9C7-EI/AAAAAAAAAH0/vFWI6KmXs8Y/s72-c/12867602.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-2752157542688585190</id><published>2011-02-15T21:59:00.003+01:00</published><updated>2011-02-15T22:05:19.808+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato breve'/><title type='text'>El sepulturero de Alicante</title><content type='html'>Espero que os guste. Lo escribí hace unos meses para un certamen que resulto fallido (para mí, claro)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-BEn0O3_zBqE/TVrpeuZ0u-I/AAAAAAAAAHs/orpZdpLlSrw/s1600/images.jpg"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 259px; DISPLAY: block; HEIGHT: 194px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5574024202886101986" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/-BEn0O3_zBqE/TVrpeuZ0u-I/AAAAAAAAAHs/orpZdpLlSrw/s320/images.jpg" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div align="justify"&gt;EL SEPULTURERO DE ALICANTE&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se llamaba Juán Luis Huidobro, era alicantino y tenía cuarenta y siete años en el momento de su muerte, aunque su aspecto enfermizo y avejentado se encargase de contradecir tal afirmación.&lt;br /&gt;Su cuerpo era enjuto, casi amojamado, como esos cueros avejentados que se endurecen tras una mojadura, y una pequeña joroba, resultado, sin duda, de las fatigas y rigores de su trabajo, interrumpía su verticalidad de forma brusca, haciendo que pareciese sumiso o galante en exceso.&lt;br /&gt;Tenía los ojos pequeños y vivarachos y los labios grandes y sobresalientes, como si se hubieran negado a arrimarse a aquellos dientes embrutecidos por el desorden higiénico y se hubieran retirado por el asco que les producían.&lt;br /&gt;Sí, ya sé; quizás pueda resultar una descripción fantástica o poco verosímil, pero les aseguro que era tal y como les cuento, sin añadidura alguna de imaginación o mentira. Era, podríamos decir, uno de esos personajes destacables de entre el común, de esos que llaman la atención sobremanera y nos incitan a girar la cabeza a su paso, por temor a perdernos algo inhabitual y llamativo.&lt;br /&gt;Tenía, además, mucho de misántropo y esquivo, pero unas buenas dosis de aguardiente o de cualquier otra bebida espirituosa reblandecían sus resquemores y barreras de forma ciertamente eficaz.&lt;br /&gt;Fue precisamente de ese modo, entre los vapores alcohólicos que huían despavoridos de su boca y las volutas azuladas que brotaban de mi habano, como me contó su historia, la cual, para desazón de quien esto pueda leer, constaté como cierta.&lt;br /&gt;La conversación transcurrió tal día como hoy, treinta de octubre, apenas unas horas antes de que comenzara la noche de difuntos, en una taberna de Alicante cuyo nombre, por no extenderme en detalles inútiles, no mencionaré.&lt;br /&gt;Me contó que se ganaba la vida como sepulturero, extremo que yo conocía tras haber coincidido con él en las numerosas ceremonias funerarias que mis obligaciones sociales me imponían; que aquello no era tan malo, que el esfuerzo no era excesivo y el desempeño ciertamente fácil, pues se limitaba a excavar las tumbas, cubrirlas de nuevo y vigilar que nada ni nadie alterase el debido sosiego que en esos lugares debe imperar. Contó, además, que el sacerdote le había ofrecido una vivienda allí mismo, en el cementerio, para mayor control de sus obligaciones y menor deterioro de su bolsillo. Resultaba apenas una cabaña, insuficiente para una familia pero decorosa para un hombre solitario y acomodaticio, así que vivía feliz y tranquilo, sin problemas ni sobresaltos.&lt;br /&gt;Los días transcurrían plácidos y calmos, y el salario, aunque escaso, le permitía echarse al coleto cuantos tragos fueran suficientes para olvidar el pasado.&lt;br /&gt;Ante mi extrañeza, me explicó que su mujer había fallecido dos años antes, y que su hija, la única que habían conseguido, permanecía recluida desde entonces en un sanatorio mental, adormecida por los sedantes y aletargada por el dolor.&lt;br /&gt;Al instante, recordé la historia que tanto tiempo había circulado por la ciudad. Por lo que decían, la niña se había vuelto loca, completamente loca, y, tras varios episodios de demencia en los que su carácter, normalmente apacible, siempre se tornaba en iracundia, había terminado por acuchillar a su madre.&lt;br /&gt;Naturalmente, pues soy hombre educado y sensible al dolor ajeno, me abstuve de hacer comentario alguno sobre aquel desafortunado incidente, así que me limité a musitar una breve frase de consuelo, apenas un formulismo, y aspiré una nueva bocanada de humo.&lt;br /&gt;Recuerdo que me miró; clavó aquellos ojos vivarachos y luminosos sobre mí y esbozó una sonrisa, enorme como su boca y triste como su aspecto.&lt;br /&gt;—Ya no tiene importancia —Tenía la voz pesada, muy grave, anclada en el recuerdo.&lt;br /&gt;—¿Cómo? —pregunté yo, que no entendía el tono de aquella aseveración.&lt;br /&gt;—Hoy acabará todo. Ya lo verá. Hoy he enterrado a mi hija —Me miró de nuevo, sonrió y se llevó la copa a los labios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquello me dejó mudo. Allí estaba yo, hablando con un hombre que, tan solo unas horas antes, se había visto obligado a enterrar a su propia hija. De pronto, me sentía torpe y estúpido, incapaz de concebir el dolor o la desolación que el pobre Juan debía sentir; no acertaba a comprender cómo aquel hombre de aspecto enclenque, alicaído y desaliñado podía soportar con tanta entereza una situación tan terrible como aquella. Y ello hacía que sintiera una repentina simpatía hacia él.&lt;br /&gt;Sin embargo, sus últimas palabras eran aterradoras.&lt;br /&gt;Juan estaba pensando en suicidarse, acabar con todo, despedirse de su hija y poner fin a su dolor.&lt;br /&gt;¡Y yo no podía consentirlo!&lt;br /&gt;Alarmado, pregunté:&lt;br /&gt;—Juan, ¿qué es eso de que esta noche acabará todo? ¿A qué se refiere? No estará pensando en cometer una estupidez, ¿no?&lt;br /&gt;Su mirada volvió a cobijarse en aquella copa que tenía frente a sí, refulgente de tonos cobrizos, abundante de posos negruzcos...&lt;br /&gt;Suspiró.&lt;br /&gt;Y comenzó a hablar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No se preocupe. No se trata de lo que está pensando —respondió—. Se lo contaré. Ya no tiene importancia y nada habré de cambiar con ello. Ya nada tiene solución.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le miré extrañado. Él bebió un nuevo trago de aguardiente y continuó hablando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—La de hoy es la noche de los espíritus, cuando regresan a la vida y vuelven a hollar la tierra que les fue vetada por la muerte, cuando se reencuentran con los suyos, con aquellos con los que aún tienen cuentas pendientes; cuando viven otra vez...&lt;br /&gt;—¿Qué?&lt;br /&gt;—Sí, no se sorprenda. Lo he visto muchas veces desde la ventana de mi cabaña, retrepado tras las cortinas, temeroso de ser descubierto pero incapaz de escabullirme por no perder detalle de tan fantástico desfile. Regresan del mismo modo que murieron, vistiendo los mismos ropajes y con idénticas mutilaciones que lucieron en vida, aunque ciertamente más ajados y descoloridos.&lt;br /&gt;—Perdóneme, pero…&lt;br /&gt;—¡No, por favor! ¡Déjeme continuar, se lo ruego! Es importante. Ya que he comenzado, deseo acabar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por no contrariarlo, hice un gesto de asentimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Verá, las espléndidas vestimentas con los que los enterramos son entonces telas raídas, deshilachadas y ennegrecidas por la exhumación, y sus cuerpos, aquellos que siempre recordamos con cariño, con amor, hasta con pasión, lucen descompuestos por la putrefacción, abundantes de jirones y excrecencias tumorales, pústulas y llagas nutricias para la fauna cadavérica. —Hablaba con aspavientos, enfatizando cada una de las frases que pronunciaba con un tono de suma gravedad—. Cruzadas las doce, desalojan sus túmulos, recorren el cementerio y lo abandonan en busca de aquellos con quienes han de encontrarse. Más tarde, apenas unas horas después, antes de que el sol se deslinde del horizonte, regresan de nuevo, tal vez con el objetivo cumplido, tal vez por cumplir.&lt;br /&gt;—¿y si no lo cumplen? —pregunté yo.&lt;br /&gt;—¡Hummm! Si no lo cumplen…regresan el año siguiente. Y así un año tras otro, hasta que, finalmente, consiguen aquello que desean.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya no sabía cómo considerar aquello. Sin duda, parecían las desmesuras de alguien trastornado, pero…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Bueno, ahora he de irme. Lo siento —dijo de repente, con un tono de derrota en la voz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al momento, dio un gran trago a su copa de coñac y se incorporó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— ¡Espere! —insistí yo—. Usted dice que sólo vuelven aquellos que tienen causas pendientes, pero, ¿por qué habría de regresar su hija? Tan solo era una niña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juan se giró lentamente, me miró a los ojos —ya no parecían tan alegres— y respondió:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Porque maté a su madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Casi di un respingo en la silla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juan se volvió de espaldas, en silencio, y se dirigió hacia la salida de la taberna. Llevaba un paso vacilante, lastrado de remordimientos.&lt;br /&gt;Al llegar a la puerta, se volvió hacia mí y dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Si desea comprobarlo, acuda esta noche al cementerio. Yo estaré allí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y desapareció, dejándome con el bosquejo de una réplica en los labios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las horas siguientes las pasé sumido en la zozobra. La historia era fabulosa y, por supuesto, no la creía en absoluto. Sin embargo, algo me decía que debía acudir a la cita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más por temor a que Juan cometiera una estupidez —pues ya le había cogido cierta simpatía—, que a la curiosidad que el asunto había suscitado en mí, acudí esa noche al camposanto.&lt;br /&gt;He de confesar, no obstante, que, pese a mi incredulidad, sentía cierto miedo. Sabía que era ridículo, pero no podía evitar encontrarme así.&lt;br /&gt;La noche estaba oscura, opacada por una bruma densa y muy húmeda que calaba a uno hasta los huesos; la calle, silente y solitaria, y mi corazón, siempre calmo y apacible, latía con un ritmo cada vez más bronco y desbocado.&lt;br /&gt;La casa de Juan se encontraba en el extremo opuesto a la entrada del cementerio, por lo que, para llegar hasta allí, debía cruzar interminables pasillos de tumbas y panteones, lo que no contribuía en demasía a calmar mis nervios.&lt;br /&gt;Pueden ustedes hacerse una idea de lo que supone transitar por un cementerio en una noche como ésa, con la mente enfebrecida por una historia aterradora y las tripas constreñidas por la inquietud que las últimas palabras de mi recién estrenado amigo me habían producido.&lt;br /&gt;Cada uno de los cipreses y enebros que me encontraba en el camino se me antojaban espectros o figuras demoníacas, y cada uno de los querubines que vigilaban los mausoleos de los más pudientes parecían a mis ojos seres grotescos, horripilantes, que se hubieran apostado allí a la espera de abalanzarse sobre quien se atreviera a cruzar por allí.&lt;br /&gt;Todo estaba en silencio; tan solo se escuchaba mi respiración, el canto ocasional de un grillo o una lechuza y el crepitar constante de mis pasos sobre la gravilla que cubría los caminos.&lt;br /&gt;Una luna llena, lechosa y difusa, parecía adivinarse entre la niebla que se acumulaba sobre mi cabeza, como un faro de escasa utilidad.&lt;br /&gt;Tras la fila de panteones, opulentos y ensoberbecidos, comenzaron a vislumbrarse los enterramientos; modestos, casi humildes, apenas unas lápidas salpicadas o unos crucifijos de reducidas dimensiones. ¡Qué cruel es el recuerdo! ¡Qué triste es el olvido!&lt;br /&gt;El canto de una lechuza me devolvió de nuevo a la realidad. Intenté apurar el paso, pues no deseaba estar allí más tiempo del estrictamente necesario, entre noche, miedos e imaginaciones, y a los pocos minutos, sofocado como un peregrino descreído, pude divisar la cabaña del guardia.&lt;br /&gt;Era una casa pequeña, con las paredes encaladas y la cubierta de teja. La puerta estaba abierta, y a través de la abertura se podía ver algo de luz, muy tenue, casi mortecina y palpitante, como la que produciría una vela enflaquecida por el viento.&lt;br /&gt;Decidí acercarme un poco más y comprobar si mi amigo Juan se encontraba bien, pero contemplar aquel ribete luminoso no era un presagio en exceso halagüeño.&lt;br /&gt;De pronto, mi ánimo pareció enflaquecer. Mis pasos se tornaron mucho más lentos, indecisos y temblorosos, y mi voz, muy entorpecida por el miedo, no hacía sino murmurar breves increpaciones por temor a se descubierto por Dios sabe qué cosa.&lt;br /&gt;El halo de luz que parecía envolver la cabaña se hacía cada vez más difuso y etéreo, y las formas de ésta cobraban, a su vez, una nitidez mayor.&lt;br /&gt;Una vez hube llegado hasta la casa, me situé junto al pomo de la puerta —una vieja manilla de latón—, lo sostuve entre mis dedos y suspiré con fuerza, como un intento de aunar todo mi coraje en aquellos dedos trémulos y entumecidos por el frío.&lt;br /&gt;Recuerdo que la abrí muy despacio. Intentaba evitar que un quejido herrumbroso de los goznes delatara mi presencia, pero, para mi sorpresa, las bisagras no hicieron ruido alguno.&lt;br /&gt;La rendija adquirió mayor dimensión…&lt;br /&gt;En un escorzo rebosante de miedos y cobardías, me asomé para contemplar el interior de la vivienda. Y lo que allí pude ver me dejó helado.&lt;br /&gt;Juan yacía muerto en el suelo, con la camisa desabotonada y ovillada en torno a las axilas y los pantalones sucios de terror, orinados en la entrepierna.&lt;br /&gt;Unas huellas de barro, abundantes de agua, llegaban hasta él…&lt;br /&gt;¡Cerré los ojos! No sentía fuerzas para contemplar aquella escena, pues si de algo me había dado cuenta era de que aquello no era el resultado de un suicidio, sino de un asesinato.&lt;br /&gt;Unas letras ennegrecidas rasgaban su pecho con una caligrafía distraída y poco elaborada, como la que poseería alguien de escasa cultura y estudios; quizás…alguien muy joven.&lt;br /&gt;Musité una oración por su alma y abrí los ojos de nuevo.&lt;br /&gt;Hoy comprendo mi estupidez, pues era ciertamente plausible que el asesino aún continuase allí, al acecho, pero, en aquel momento, mi recuerdo estaba con el fallecido, y no con mi seguridad personal.&lt;br /&gt;Intenté reunir el valor necesario. Permanecí allí unos segundos, inmóvil y en silencio. Luego me acerqué.&lt;br /&gt;Los brazos de Juan estaban extendidos como los de un Cristo yaciente, y sus ojos, que aún recordaba vivarachos, se abrían de forma desmesurada, como si se hubiese negado a apartar de su vista aquellos instantes últimos y tan trágicos.&lt;br /&gt;Compuse un esbozo de desprecio y me incliné a su lado.&lt;br /&gt;Las letras parecían impresas a fuego, como si alguien hubiese empleado un hierro candente para deletrear aquella leyenda ominosa que rasgaba su piel. Pequeños festones de piel chamuscada rodeaban cada una de las heridas, y su carne, ajada y entintada de carmesí, aparecía ahora al descubierto, perpetuando en mi memoria un mensaje aterrador.&lt;br /&gt;¡Asesino! Ésa era la palabra que alguien había escrito sobre el cuerpo de Juan.&lt;br /&gt;¡Asesino!&lt;br /&gt;Una duda terrible me asaltó. ¿Habría sido su joven hija, rediviva y obsesionada por el rencor, quien causara la muerte de su padre? ¿Era aquello posible?&lt;br /&gt;Obviamente, aquella idea me parecía ridícula —hasta estúpida—, pero, al mismo tiempo, me veía incapaz de apartarla de mi mente.&lt;br /&gt;¿Estaría ella cerca de mí, contemplando cómo rezaba por el alma trastocada de su padre?&lt;br /&gt;¡Dios! ¡La simple idea me aterrorizaba! Sin embargo, debía permanecer tranquilo y con la cabeza asentada.&lt;br /&gt;Me persigné con el mayor de los respetos y abandoné la cabaña, asegurándome de que había dejado todo tal y cómo me lo había encontrado. Apuré el paso hacia la salida; las lápidas y crucifijos parecían desfilar junto a mí…&lt;br /&gt;De pronto, algo llamó mi atención. Quizás fuera un ruido, no sé; quizás, algo que había visto por el rabillo del ojo. El caso es que me giré, y les aseguro que jamás podré olvidar aquella silueta brumosa, desvaída y harapienta que divisé a escasos metros de mí.&lt;br /&gt;Era apenas una chiquilla, de unos catorce o quince años, que vestía un vestido de gasa blanca. Tenía el pelo rubio y alborotado, ligeramente mecido por el viento que recorría el camposanto, y su rostro, claro y rubicundo, estaba ahora ennegrecido por el barro.&lt;br /&gt;Por un instante, me pareció que sonreía; fijó sus ojos en mí, me contempló con cierta candidez, casi…como un querubín…Al cabo de unos segundos, continuó con su labor.&lt;br /&gt;Su cuerpo semejaba estar semienterrado en la pradera de las tumbas. Permanecía sentada, con el cuerpo enhiesto y amortajado de tules sucios y raídos. A su alrededor, varios cúmulos terrosos, provenientes, sin duda, de una exhumación.&lt;br /&gt;Comenzó a mover los brazos con rapidez. Hundía sus pequeñas manos en los montones de tierra y los removía, atrayéndolos hacia sí…&lt;br /&gt;¡Dios! ¡Estaba aterrado! Mi cuerpo permanecía paralizado por el horror, y mi mente, incapaz de enfrentarse a semejante escena, pareció negarse a asimilarla.&lt;br /&gt;Al instante, caí desfallecido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me encontraron al día siguiente, enfebrecido y casi paranoico, musitando una extraña letanía sobre muertos, resurrecciones y venganzas postergadas.&lt;br /&gt;Por supuesto, nadie me creyó, y yo me vi obligado a pasar un tiempo apartado de todo.&lt;br /&gt;Con el paso de los meses, intenté convencerme a mí mismo de que aquello no había sido real, de que había sido fruto de mi imaginación, del cansancio o el temor que se había cebado en mí; quizás, un exceso de bruma, densa y juguetona, que hubiera cobrado una forma curiosa. No sé…&lt;br /&gt;Hoy, sin embargo, sé lo que vi. Y aunque soy consciente de que puedo parecer un loco, he decidido confesar lo sucedido.&lt;br /&gt;Por ello continúo contando la historia de Juan Luís Huidobro, sepulturero de profesión y asesino confeso que sucumbió por una venganza póstuma, y continúo, por tanto, siendo víctima de las burlas de aquellos a quienes se la cuento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sé que no me creerán, y, a decir verdad, no me sorprende. Sin embargo, créanme, se lo ruego. La muerte no es el fin.&lt;br /&gt;Al menos, durante la noche de difuntos. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-2752157542688585190?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/2752157542688585190/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=2752157542688585190' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/2752157542688585190'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/2752157542688585190'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2011/02/el-sepulturero-de-alicante.html' title='El sepulturero de Alicante'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-BEn0O3_zBqE/TVrpeuZ0u-I/AAAAAAAAAHs/orpZdpLlSrw/s72-c/images.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-5552903222636659125</id><published>2011-02-08T12:15:00.002+01:00</published><updated>2011-02-08T12:19:38.580+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='reseñas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato breve'/><title type='text'>Clásicos y zombis, de DH Ediciones</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/TVEmV72SP8I/AAAAAAAAAHk/UEWN94L8_FA/s1600/clasicos_zombis.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 242px; DISPLAY: block; HEIGHT: 320px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5571276372318502850" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/TVEmV72SP8I/AAAAAAAAAHk/UEWN94L8_FA/s320/clasicos_zombis.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Lo tenía pendiente desde hace tiempo. Y como no es aconsejable cargar la mochila de acarreos y tareas por hacer, comentaré ahora este fantástico libro que la editorial DH Ediciones publicó en diciembre de 2010 y que, bajo el título “Clásicos y zombis”, sacude nuestras mentes con imágenes vívidas y luctuosas —casi parezco incurrir en contradicción—, cuerpos putrefactos, mutilaciones y carnes corrompidas.&lt;br /&gt;Ya desde hace tiempo, esto de los zombis ha pasado a ser algo habitual, casi omnipresente, y el crear historias preñadas de afanes carnívoros es un recurso al que muchos hemos dedicado unas horas de nuestro tiempo. Hemos querido encontrar la tan ansiada fórmula que nos permita resucitar el subgénero con renovado interés, emplear los mismos hilvanes que en el pasado, impregnarlos con alguna argucia novedosa y urdir un nuevo tejido, algo rompedor y hasta insólito, que nos haga disfrutar de estos seres desde otro punto de vista, nunca antes hallado ni pergeñado.&lt;br /&gt;Vendría a ser esto, para no extenderme y explicarme mejor, y empleando una socorrida frase en este mundo del terror, darle una vuelta de tuerca, hallar algo distinto en él y remozar las historias aportando unos granitos de sal que nos hagan más placentero el paladeo de la sangre, las vivisecciones y evisceraciones varias.&lt;br /&gt;Y vive Dios —también esta frase merece ser remozada— que los autores de Clásicos y zombis lo han conseguido.&lt;br /&gt;Tras una breve introducción de este menda, en la que mi extrema prudencia y abultada bonhomía me llevó a rogar a los posibles lectores que no se internaran en el libro, inicia el texto un fantástico relato de &lt;strong&gt;Tony Jiménez&lt;/strong&gt;.&lt;br /&gt;Tony es un joven autor malagueño que nos viene acostumbrando a una nueva óptica literaria. Sus relatos nunca están exentos de salpicaduras de humor ni de plasma sanguíneo, y siempre nos deleita con historias nuevas, con una prosa muy gratificante y con inesperados giros de trama que nos obligan a leerle con suma atención.&lt;br /&gt;En el caso de “&lt;strong&gt;La plaga de Troya”&lt;/strong&gt;, y aunque la historia no resulte en absoluto novedoso, Tony consigue trasladárnosla de un modo vivificante y muy entretenido. Desdibuja a personajes legendarios, los desnuda de esa pátina dorada que siempre han lucido y la cambia por una piel ocultadora de carnes muertas.&lt;br /&gt;No cabe aquí el afeo de lo predecible, pues la historia se trasgrede con la zombificación y el humor entreverado, se le añade un puntito de pimienta y se ofrece una prosa generosa, arcaica y genial, con la que se teje un relato fabuloso que muchos disfrutarán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;El placer de la carne, de Leandro Kreitz&lt;/strong&gt;, donde el reallity show se lleva al exterminio, al horror en directo y a la podredumbre generalizada.&lt;br /&gt;Leandro se hace eco de los deseos más oscuros del telespectador intelectual y arremete contra el programa blasón de la telebasura, reduciéndola a una papilla sanguinolenta, abundante de restos cárnicos y fluidos corporales. Al final, añade el necesario toque de lubricidad y lascivia, recordándonos que el hombre es, seguramente, la peor bestia de todas.&lt;br /&gt;Pese a la dureza del relato y la reprobación que los actos del protagonista merecen, el lector no puede ausentarse del buen trabajo literario que adornan estas páginas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Los Alyscamps, de Andrés Abel&lt;/strong&gt;, es un curioso juego literario protagonizado por uno de los pintores más insignes y aclamados de finales del S. XIX. Aunque tarda en centrarse en lo mollar —a estas alturas, uno ya espera con ansiedad la presencia de los zombis—, la buena prosa del autor le permite dibujar la historia a la perfección, centrarse en las dudas, en las angustias, en la locura, y preparar al lector para lo que ha de venir.&lt;br /&gt;La escena inicial en Allée des Tombeaux es realmente buena, y el enloquecimiento progresivo que se va destilando entre líneas parece sobrevolar el relato como una sombra funesta o una amenaza subrepticia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Uno para todos, de Carmen del Pino&lt;/strong&gt;, es, como cualquiera puede imaginar, una zombificación de una de las más grandes novelas de la historia: Los tres mosqueteros.&lt;br /&gt;Carmen se fija aquí en la escena del duelo multitudinario y revelador de identidades que aparece al inicio de la novela, y lo cierto es que lo hace con una gracia y talento dignos de alabanza. Pese a la inclusión de los zombis, que podría suponer un atentado risible contra una obra magna de la literatura universal, el relato de Carmen mantiene fresco ese aroma aventurero y folletinesco de la novela madre, a lo que consigue unirle ocasionales ribetes humorísticos que hacen muy agradable la lectura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Para comerte mejor, de Javier Pellicer&lt;/strong&gt;. Tenía ganas de leer este relato, pues considero a Javier un escritor enorme, de esos pocos que son capaces de crear mundos paralelos, tan distantes como cercanos, con pequeños esbozos perpetrados en unas pocas líneas. Imaginaba que sería algo complejo, tumultuario de personalidades y detalles, abundante en giros y jugueteos estilísticos, y certero en las descripciones y exposiciones. Pero lo cierto es que me he llevado una sorpresa. Javier, en este caso, se ha desprovisto de esos artificios fastuosos que tan sabiamente maneja y se ha ufanado en mostrar algo sencillo o infantil, como un juego, un guiño o una sonrisa. Sin embargo, aunque el tono general exuda levedad, y casi ingenuidad, sí deja en el lector un gran poso de amargura.&lt;br /&gt;Nunca le perdonaré que haya ensangrentado mis recuerdos literarios infantiles. Caperucita ya nunca será la misma, y, a partir de ahora, consideraré erradicar el libro de la estantería de mis hijos.&lt;br /&gt;Es un relato sencillo, muy breve y muy, muy grande.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Hannah, de José Luis Cantos&lt;/strong&gt;, parece un guión cinematográfico. El uso de la primera persona le da un tono de inmediatez y desasosiego extenuante, y su estructura capitular —discúlpenme la inconsistencia teórica—, hilvanada en tres actos, confiere a la historia el adecuado ambiente de crispación. La tensión se palpa, la desgracia parece gravitar sobre el lector, y el drama, más afianzado en la corrupción humana que en la putrefacción corporal, hacen que uno, al final, ya sea incapaz de percibir dónde habita la maldad. ¿Quizás en los zombis? ¿Quizás en la propia naturaleza humana? Sin duda, uno de los que más he disfrutado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Los otros, de Pilar Alberdi&lt;/strong&gt;. Pilar escribe muy bien. Es de esos escritores —discúlpenme el genérico— hábiles, talentosos y bien dotados, que son capaces de bosquejar sentimientos con unas pocas palabras. El amor, el desconsuelo o la añoranza parecen impregnar las páginas de este relato, salpicando con sus humores a un lector inadvertido y cada vez más perplejo. Los recuerdos fluyen y dejan un poso amargo, y la esperanza, ilusoria y cariacontecida, viene solo acompañada de la muerte.&lt;br /&gt;Un gran relato. Vive Dios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Yo, ¿zombi?, de José Ramírez&lt;/strong&gt;, es un relato inusual, transgresor y socarrón, pero, por encima de todo, ciertamente hábil. La prosa empleada es ligera, muy correcta y eficaz, y el autor ha sabido aderezarla con unos tintes tabernarios realmente brillantes y atinados. El texto se convierte en una declaración de intenciones; en unos estatutos enfermizos, aunque muy coherentes, de los redivivos; en una aceptación del ser y en una enloquecida invitación a la glotonería. Las descripciones son muy vívidas, y aunque el tono grotesco y socarrón intenta desproveerlas de ese cariz horrísono de los zombis, no consigue privarnos de esa intensa sensación de repugnancia que nos acompaña durante la lectura.&lt;br /&gt;Una visión distinta, rayana en la locura, descabellada si quieres. Pero genial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Mariposa roja, por Laura López.&lt;/strong&gt; Es una zombificación muy libre de Romeo y Julieta. Quizás por exceso de imágenes y elipsis argumentales, el relato adolece de cierta falta de claridad. Pese a ello, es un texto muy original, vertiginoso en ocasiones y hasta hiriente, cuando las imágenes recreadas incluyen plasma sanguíneo y goloseo de miembros humanos. He de incluir, no obstante, un afeo: La prosa de Laura, certera e impactante, debiera haberle permitido un mayor acercamiento al lector del conseguido en este texto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Error de diseño, de Victor M. Valenzuela&lt;/strong&gt;, trata una óptica distinta, evolutiva, esperanzadora, aunque apocalíptica, y casi empática. El texto tiene mucho de precisión fotográfica, de captación de la inmediatez y de vivacidad, lo que permite disfrutar el relato de un modo muy cercano. Resulta ciertamente llamativo —y tranquilizador— constatar que la rapidez narrativa no va en desdoro de la descripción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En resumen, y pese a lo expuesto en la introducción, lean. Lean y dispónganse a disfrutar, a aprender y a pasar miedo. Si no lo hacen así, se arrepentirán. Seguro. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Todo aquel que desee adquirirla debe seguir &lt;a href="http://www.dhediciones.com/Libreria/catalogo.html"&gt;este enlace&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-5552903222636659125?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/5552903222636659125/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=5552903222636659125' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/5552903222636659125'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/5552903222636659125'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2011/02/clasicos-y-zombis-de-dh-ediciones.html' title='Clásicos y zombis, de DH Ediciones'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/TVEmV72SP8I/AAAAAAAAAHk/UEWN94L8_FA/s72-c/clasicos_zombis.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-8122425086130469636</id><published>2011-01-21T17:02:00.003+01:00</published><updated>2011-01-21T17:11:17.450+01:00</updated><title type='text'>Sopa de sapos,cocinada por el Sr. Bufforson, de DH Ediciones</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/TTmwCoNIvRI/AAAAAAAAAHY/EJHVwlXfU4M/s1600/sopa_de_sapos.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 238px; DISPLAY: block; HEIGHT: 320px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5564672373791702290" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/TTmwCoNIvRI/AAAAAAAAAHY/EJHVwlXfU4M/s320/sopa_de_sapos.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;En mi humilde opinión, las antologías de relatos acostumbran a tener un mucho de incertidumbre literaria, un tantito de caos o inconstancia y no mucho menos de endeblez argumental o disparidad temática. El nexo entre los relatos suele ser feble o inexistente, y eso, para un lector compulsivo y voraz como yo, suele derivar en una desestima de la obra, que acaba por languidecer en algún estante a la espera de ser recogida y hojeada de nuevo. “Sopa de sapos”, en cambio, que el sello DH ediciones publicó en octubre del 2010 —es sumamente loable ese afán de mecenazgo que la joven editorial arguye desde sus inicios—,no adolece, pese al esfuerzo que ello entraña, de los múltiples defectos antes citados.&lt;br /&gt;Quizás se deba al tesón del editor, empeñado en presentar un texto coherente e hilvanado en el que el hilo argumental no se vea trastocado por constantes cambios de trama; o, quizás, al trabajo conjunto de los autores, cuya generosidad les llevaría a primar el conjunto de la obra sobre la brillantez y mismidad de sus propios textos. No lo sé. Pero sí se intuye en el libro una fuerte ligazón que parece ir mucho más allá de la mera coherencia de la trama. Haciendo abstracción de las evidentes diferencias estilísticas que existen entre los escritores del colectivo Sr. Bufforson —curioso y atinado seudónimo bajo el que se agrupan los autores de “Sopa de sapos”—, casi se podría decir, incluso, que los relatos han sido fruto de la misma pluma certera; lo que ayuda, sobremanera, a deglutir el plato que la editorial nos brinda, e incrementa, al mismo tiempo, la satisfacción del paladeo.&lt;br /&gt;Sopa de sapos es una obra que trata el miedo de un modo soslayado o indirecto, sirviéndose, para ello, de un buen número de clichés clásicos que todos nosotros, aficionados al género de terror y misterio, llevamos insertos en nuestro ADN cultural. Así, la sempiterna niebla se presenta como un personaje más, vívido y funesto, que no presagia sino el evidente devenir de los sucesos aterradores; una letanía incesante de cánticos luctuosos parece brotar de la bruma como haría un bardo de entre la gente, alzándose de entre todos y sobreponiendo su voz frente a la algarabía; un pueblo lúgubre, olvidado, ceniciento y cambiante se presenta como el escenario ideal, intimidatorio, con personalidad propia…con certezas de muerte; y a los espejos, casi siempre ocultos, se les concede ese papel de umbral tantas veces esbozado, donde el horror se parapeta tras un azogue ajado y descompuesto. Son todos ellos, por supuesto, recursos manidos y casi eternos en el imaginario colectivo, pero no por ello resultan menos desasosegantes o terroríficos, Más al contrario, nos sitúan en la ideal predisposición para disfrutar —y atemorizarnos— con lo que ha de venir, incitándonos a un recogimiento medroso, casi soterrado, que oculte nuestras dudas y tiritonas.&lt;br /&gt;Los abundantes batracios que pueblan las páginas del libro se nos aparecen repulsivos y peligrosos, con una piel patinada por la ponzoña del temor y un croar con ribetes de plañidera; gregarios del horror y de la muerte que los sucede.&lt;br /&gt;Los personajes son casi palpables; como sus temores, que el lector llega a asumir como propios; y sus muertes —que los autores, en la mayor parte de los casos, sortean hábilmente— acaban por producir una desazón inquietante, una suerte de tristeza o pesadez. Quizás nos hurten así el “placer” de contemplar las evisceraciones, mutilaciones y demás. Sí. Pero ello propicia innumerables recursos con los que las elipsis recreadas se tornan sumamente elocuentes.&lt;br /&gt;La trama es la misma: una sopa sustanciosa, atiborrada de bichos, de bruma, de sangre, que la pericia de los autores nos obliga a tragar a sorbos grandes, casi del tirón, y cuyo aderezo más goloso no es sino el talento de aquellos que han participado en ella. Y aunque se trata de un trabajo coral y generoso, porque lo merecen —porque lo valen, que diría el spot—pormenorizaré relato por relato.&lt;br /&gt;Ya no te quiero, de Sergio Macías. Dos hermanos, Mara y Abel, regresan al pueblo que los vio nacer, ahora olvidado y alejado ya de sus vidas. Una sombra de inquietud preside el relato, pues las premoniciones que asedian a Mara tienen grandes visos de realidad. Su comienzo es casi brutal —lo más sanguinario del libro—, pero luego se vuelve más pausado, más descriptivo, como un descanso para lo que ha de venir. Los aromas de concupiscencia y lubricidad que ribetean el texto añaden a éste una fuerte carga transgresora, lo que propicia un entorno muy inquietante. Como todos, muy bien escrito.&lt;br /&gt;EL rey de la sopa, de Juan José Hidalgo Díaz. La extraña presencia del Sr. Bufforson confiere al relato certezas de iniquidad, que se contraponen a la candidez e ingenuidad de Mary, la pequeña protagonista del relato y verdadero sujeto de los desvelos del lector. El autor consigue crear un ambiente casi infantil —bucólico, en ocasiones— en el que el lector se encuentra sumamente cómodo. Es por ello que produce tanta congoja contemplar cómo la alegría que lo ha inundado todo comienza a tambalearse. Las esperanzas se quiebran, la tragedia se mastica. Y el lector se mantiene en un ay.&lt;br /&gt;La ciudad de los sapos, de Enrique Luque de Gregorio. Tras una repentina avería motivada por la presencia de unos sapos, Sarah y Edward recalan en un pueblo extraño, como de “película post-apocalíptica”, donde un espejo los ha de poner ante la funesta realidad que los rodea. El ritmo inicial es aquietado, para paladearlo con delectación, y con él, Enrique nos va sumiendo en ese mundo atemorizador de la ciudad de los sapos, donde todos los clichés clásicos se concitan para aumentar la desazón y el temor del lector. Lo predecible no le quita un ápice de interés o de inquietud.&lt;br /&gt;Instintos, de David García Ramírez, es otro relato de tinte cuasi “infantil”, ingenuo, casi inadvertido, que, sin embargo, consigue crear una fuerte sensación de desasosiego. En él, David se sirve de la errática elección de una mascota para ayudarnos a atisbar cómo se pergeña el horror, cómo se nutre la maldad, qué fines persigue. El final, desde luego, transgresor como pocos.&lt;br /&gt;En mis sueños repiquetean huesos de niños, de Juan Ángel Laguna Edroso. Dos hermanos, Tristán y Gael, se internan en el bosque en busca del circo bizarro del rey sapo. Ansían grabar una película y obtener gran éxito en internet. Sus deseos, sin embargo, les llevarán a descubrir el horror. La prosa de Juan Ángel es magnífica, y ello le permite recrear de forma certera las situaciones en que se encuentran sus personajes. Los insertos que incluye, además, a modo de pensamientos o evocaciones, generan una fuerte opresión en el lector, que logra aventurarse en lo que ha de pasar sin llegar a ser predecirlo.&lt;br /&gt;Y la niebla cubrirá tu cuerpo como un manto, de Virginia Pérez de la Fuente. Aromas de lascivia y concupiscencia golosean las páginas de este relato de ambientación cuasi mitológica, en el que dos hermanos, Thiaon y Athea, se rendirán al incesto en la escena más sugerente y sicalíptica del libro. Es un texto lleno de imágenes sobrevenidas, de susurros de deseo, de metáforas atinadas, que deviene en una locura entre juncos y helechos para aportar enormes pistas que ayudarán a desvelar la trama.&lt;br /&gt;Pacto entre caballeros, de Andrés Díaz hidalgo, es el relato más discordante con el tono general del libro, y, pese a ello, es el que aporta el hilván necesario para unir todos los retazos que se nos han ido facilitando. Los ingredientes parecen ir cuajando entre ellos, adhiriéndose unos a otros hasta formar una sopa abundante, rebosante de sabores luctuosos y de aromas terroríficos.&lt;br /&gt;El encargo de asesinato que el Sr. Bufforson le hace a un ex boina verde es el artificio empleado por Andrés para aclarar la trama pergeñada por sus compañeros. Y lo hace de forma sumamente atinada, con ribetes de película de acción, que, pese a lo que pueda parecer, no desfallece ante el nivel alcanzado en las páginas anteriores.&lt;br /&gt;Finaliza el libro con un comentario editorial, a modo de aclaración y laudo, en el que se explica el proceso de creación del libro. Y he de reconocer que, como se indica en esta última nota, el precio que el lector ha de pagar para adquirir el libro merece ciertamente la pena. Apenas “dos peniques”, o, lo que es lo mismo, 9,95 €.&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Para todos aquellos interesados en adquirir el libro, que pinche &lt;a href="http://www.dhediciones.com/Libreria/catalogo.html"&gt;aquí.&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-8122425086130469636?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/8122425086130469636/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=8122425086130469636' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/8122425086130469636'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/8122425086130469636'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2011/01/sopa-de-saposcocinada-por-el-sr.html' title='Sopa de sapos,cocinada por el Sr. Bufforson, de DH Ediciones'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/TTmwCoNIvRI/AAAAAAAAAHY/EJHVwlXfU4M/s72-c/sopa_de_sapos.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-5845539297360827278</id><published>2010-12-19T19:07:00.002+01:00</published><updated>2010-12-19T19:11:59.373+01:00</updated><title type='text'>"El hombre que mató a Durruti", de Pedro de Paz</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/TQ5K4jrcd1I/AAAAAAAAAHM/SNEVNkS1us4/s1600/portada_durruti.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 155px; DISPLAY: block; HEIGHT: 220px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5552457726104991570" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/TQ5K4jrcd1I/AAAAAAAAAHM/SNEVNkS1us4/s320/portada_durruti.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;He de reconocer que no me gusta escribir reseñas. Lo cierto es que no tengo ni el talento suficiente ni la paciencia necesaria, y desvelar o analizar las artimañas y tejemanejes que el autor ha empleado se me antoja, siempre, tarea harto difícil. Para abundar en mi rechazo, mi excesiva tendencia a la prosa engolada contribuye a que mis análisis terminen por convertirse en bodrios escasamente clarificadores y sumamente pedantes, así que prefiero no prodigarme en tales ejercicios y dedicar mis pobres dones literarios a otros menesteres. Pese a lo anterior, “El hombre que mató a Durruti”, del escritor madrileño Pedro de Paz, bien merece que renuncie a mis reservas y que acometa ese esfuerzo titánico que, para mí, supone el perpetrar una crítica. Quiera Dios, desde luego, porque la novela se lo merece, que la labor salga bien y no derive en una patada inmerecida hacia ella.&lt;br /&gt;Comencemos pues, aunque no sepa muy bien cómo y el resultado sea caótico.&lt;br /&gt;Antes, sin embargo, he de aclarar una cosa.&lt;br /&gt;Sucede que nunca sé por dónde empezar. Acostumbro a marear la perdiz, a dar vueltas sin cesar, de un lado a otro, como lo haría un bicho mareado o sin cabeza; a pergeñar elucubraciones con pretensión de brillantez, que al instante son desechadas por estúpidas, y generar otras no menos absurdas o estultas. Y así hasta el cansancio, hasta que me aburro y, finalmente, convencido ya de mi inutilidad, abandono la empresa, cariacontecido y maltrecho. Hoy, sin embargo, haré algo distinto; porque quiero, porque me peta y porque no se me ocurre mejor modo de hacerlo. Así que, hala, a glosar la imagen que me he formado del autor.&lt;br /&gt;Si bien es cierto que mi relación con Pedro de Paz se limita a esos comentarios que ambos intercambiamos en blogs, facebooks y zarandajas por el estilo, no lo es menos que esta suerte de comunicación tecnificada termina por crear extraños vínculos, alejados que no distantes, con los que se consigue afianzar unos lazos fuertes y afectuosos, y por ello, sin más ni más, así, a las claras, puedo decir que Pedro de Paz me cae simpático.&lt;br /&gt;No sé. Quizás sea por esa exacerbada intransigencia suya a la impostura y la petulancia; quizás, por ese descarnado sentido del humor que parece poseer, socarrón y mal encarado, o, quizás, por ese carácter peleón y embravecido que me ha parecido entrever en sus intervenciones blogueras, que le empuja —creo yo—, a soslayar tibiezas y cortapisas y escarnecer, en prosa, a aquellos que maltratan o contravienen lo que él considera justo o por lo que se siente especialmente concernido; esa forma de ser tan española, tan corajuda como olvidada, que incita a defender lo ajeno a costa de lo propio, aunque ello suponga un escarmiento, un mal “direte” o un guantazo.&lt;br /&gt;Y es ese carácter suyo —o al menos así he creído verlo—, lo que Pedro ha volcado en su obra “El hombre que mató a Durruti”, galardonada con el premio José Saramago allá por el año 2003, y que ahora, para fortuna de sus lectores, la editorial Aladena ha tenido a bien reeditar.&lt;br /&gt;En su novela, Pedro de Paz desgrana las investigaciones encaminadas a descubrir qué y quiénes se ocultan tras la muerte de Buenaventura Durruti, dirigente anarcosindicalista y miembro de las milicias republicanas fallecido en Madrid, en noviembre de 1936, durante una pretendida refriega en el frente de la ciudad universitaria de Madrid. Para tan magna tarea se designará al comandante Fernández Durán y al teniente Alcázar, quienes, como el mismo Pedro de Paz confiesa, no son más que meros trasuntos de los famosos protagonistas de las novelas de Conan Doyle, del que se confiesa ferviente admirador. Así, el honesto y entregado Fernández Durán, comandante del ejército republicano y antiguo policía, asumirá el papel de Sherlock Holmes, mientras que Alcázar, un avispado teniente con aureola de conseguidor, representará el de Watson.&lt;br /&gt;En la obra, por medio de interrogatorios y las subsiguientes reflexiones sobre éstos, Pedro de Paz esboza las circunstancias que concurrieron durante la muerte de Durruti, los testimonios ofrecidos, las contradicciones detectadas y las inevitables hipótesis y suposiciones que surgen como consecuencia de lo anterior. Y todo ello lo hace con un admirable ritmo narrativo, sin alharacas ni estridencias, y con un lenguaje certero y atinado que consigue que el lector se aferre a la novela y no se desprenda de ella hasta haberla devorado.&lt;br /&gt;La habilidad del autor es incuestionable. Todo lo importante está oculto, en un segundo plano que se entrevera de mentiras y conspiraciones, y ello permite que sea el lector quien idee nuevas teorías que hacen el caso aún más descabellado e inasible. Todos mienten, todos dicen la verdad, y al lector, que se cabrea y ofende, no le queda más remedio que volcarse cada vez más en la lectura.&lt;br /&gt;Pedro no cae, además, en la tentación historicista y manipuladora, sino que presenta todas las bazas necesarias y las emplea en beneficio de la trama, sin centrarse en simpatías y reivindicaciones o hacer gala de lealtades partidistas. Ha reconocido, sin embargo, en varios medios, su admiración por Durruti y la coherencia que éste demostró durante toda su vida, pero no se empeña es mostrárnoslo como lo que no es, elevándolo a categoría de mito o parapetándolo tras falsas excusas, sino que también muestra sus bajezas y miserias, ciertamente abundantes en el personaje.&lt;br /&gt;“El hombre que mató a Durruti” es, en suma, una novela admirable, rebosante de recursos y lecciones estilísticas, que ha conseguido reconciliarme con un género, el de la novela negra, del que hacía ya tiempo que había huido. Vaya por tanto, desde aquí, mi más sincero agradecimiento y más sentido homenaje.&lt;br /&gt;Gracias, Pedro, por “El hombre que mató a Durruti”. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Para información sobre el autor, pulsad &lt;a href="http://blog.pedrodepaz.com/"&gt;aquí&lt;/a&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-5845539297360827278?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/5845539297360827278/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=5845539297360827278' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/5845539297360827278'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/5845539297360827278'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2010/12/el-hombre-que-mato-durruti-de-pedro-de.html' title='&quot;El hombre que mató a Durruti&quot;, de Pedro de Paz'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/TQ5K4jrcd1I/AAAAAAAAAHM/SNEVNkS1us4/s72-c/portada_durruti.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-1987475451425730692</id><published>2010-11-05T19:30:00.010+01:00</published><updated>2010-11-05T20:43:47.308+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ilusiones'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ilusiones cumplidas.'/><title type='text'>ILUSIONES</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/TNRYD7JycmI/AAAAAAAAAG0/WBYwAeosPV4/s1600/untitled2.bmp"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 174px; DISPLAY: block; HEIGHT: 250px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5536146666386780770" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/TNRYD7JycmI/AAAAAAAAAG0/WBYwAeosPV4/s320/untitled2.bmp" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Puñetas! ¿Por qué me costará tanto esfuerzo escribir este tipo de entradas? Desconozco el motivo, pero, cada vez que lo intento, no sé, chico, es que no hay manera. Pese a mi abultada tendencia a la presunción y al autobombo (sí, así es, lo asumo), tal parece que las frases que necesito para una adecuada promoción requiriesen de la ayuda de un forceps, como si estuvieran aferradas al plumín (o al teclado que, para el caso, viene a ser lo mismo) y se negaran a plasmarse adecuadamente, con caracteres grandes, en negrita, bien visibles (¡como es debido, coñe!); así que me veo obligado a poner cuantas tonterías se me vienen a la cabeza y rogar porque el resultado de éstas no me sonroje en demasía.&lt;br /&gt;Pero bueno, como los tragos dificultosos hay que soplarlos de golpe, allá voy, así, con un par, de sopetón y sin solución de continuidad (o como leches se diga eso):&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DH EDICIONES, editorial de la que ya os he hablado en otras ocasiones, va a publicar un libro(pssst, no se puede desvelar aún, pero creo que saldrá a la venta el quince de noviembre) en el que siete autores glosan, a su manera, alguna de las canciones del músico barcelonés Shuarma, quien fuera líder de Los Elefantes. El título es "Su universo a través" y, por extraños avatares del destino, uno de mis relatos forma parte de él.&lt;br /&gt;Por supuesto, huelga decir que estoy que no quepo en mí, altanero y feliz como se mostraría un pavo que se hallara henchido de gozo y chulería. Y a decir verdad, no es para menos.&lt;br /&gt;La editorial ha hecho un trabajo espléndido, y yo he tenido la enorme suerte de colaborar con un grupo de escritores fantásticos, a los que admiro profundamente, y con un buen número de ilustradores que han sabido trazar, con evidente maestría, las imágenes que se ocultan tras los textos. El prologuista, además, como tendrán la oportunidad de comprobar aquellos que compren el libro,es excepcional&lt;br /&gt;Entre todos, se ha creado un libro inusual, original y fabuloso; una suerte de exégesis literaria de la inimitable obra de Shuarma, que, sin duda, es uno de los mejores letristas del país.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.dhediciones.com/"&gt;aquí&lt;/a&gt; os dejo un enlace a la página de la editorial, donde también podréis ver otras publicaciones suyas. Más abajo, os dejo información sobre ésta que nos ocupa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Para finalizar, y así abundar en el autobombo, me gustaría contaros una cosa más: uno de mis relatos, Teatro de difuntos, ha sido finalista en el certamen que Horror Hispano, el portal de terror y misterio, había convocado con motivo del día de Todos los santos. Vaya por tanto, desde aquí, mi más sincera enhorabuena a los ganadores y finalistas, y mi más profundo agradecimiento a cuantos hayan tenido que ver en tan afortunada decisión.&lt;br /&gt;Hasta el momento, no se conoce cuál será el destino de esos diez relatos, pero me consta que hay ciertos movimientos para que una editorial de cierto renombre los edite en un libro conjunto. Por supuesto, así lo espero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muchas gracias por llegar hasta aquí. &lt;/div&gt;Un abrazo fuerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gervasio López&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LANZAMIENTO DH EDICIONES&lt;br /&gt;SU UNIVERSO A TRAVÉS&lt;br /&gt;Varios Intérpretes&lt;br /&gt;COLECCIÓN TINTA SONORA, 1 - Antología ilustrada&lt;br /&gt;ISBN: 978-84-938301-1-3 - Edición Rústica 210x150 mm - 126 páginas&lt;br /&gt;PVP 9,95€&lt;br /&gt;(DH Ediciones donará el 25% de los beneficios de esta obra a Intermón Oxfam)&lt;br /&gt;SIINOPSIIS::&lt;br /&gt;Una imagen, un texto y, en origen, una canción.&lt;br /&gt;Una canción, un texto y su ilustración.&lt;br /&gt;Un sonido que inspira las palabras, unas palabras que proyectan trazos.&lt;br /&gt;Un universo, el suyo, bajo otro prisma, el nuestro.&lt;br /&gt;Unas historias, las que inventamos, que germinaron de otras historias; las que escuchamos.&lt;br /&gt;Es Su Universo a través.&lt;br /&gt;Inspirado en las composiciones de Shuarma.&lt;br /&gt;A LA VENTA&lt;br /&gt;A PARTIR DEL&lt;br /&gt;15 DE NOVIEMBRE DE 2010&lt;br /&gt;Periodista&lt;br /&gt;LOS AUTORES::&lt;br /&gt;Licenciada en Periodismo, Iria Suárez ha trabajado en medios de comunicación como Deporte&lt;br /&gt;Campeón, La Opinión A Coruña o más recientemente como directora de contenidos de Novaxove.com. Actualmente gestiona el blog Lastrend y esta es su primera incursión en el mundo de la literatura.&lt;br /&gt;David Amoedo Losada (Vigo, 1984). Coordinador y miembro fundador del Colectivo Fuck Comics. Colaborador del Despregable Fanzine, que edita la A.C. Embaixada Prusina. Colaborador del colectivo Xogo Descuberto. Colaborador en la web de juventud del grupo CaixaNova Novaxove.com. Responsable de Agitación y Propaganda de las Xuventudes Comunistas y del área de Xuventude de UI-EU de Vigo entre 2003 e 2005. Colaborador de la revista gallega de humor grafico Retranca.&lt;br /&gt;Víctor Morata Cortado (Cartagena, 1977). Escritor murciano con predilección hacia la literatura de ficción y subgéneros en sus diferentes formatos. Ha sido galardonado en numerosas ocasiones, siendo uno de sus reconocimientos el del VII Premio de Relato Yoescribo.&lt;br /&gt;www.mentecreativamente.blogspot.com&lt;br /&gt;Senén Lozano López nació por casualidad, hace treinta y cuatro años, en Barcelona. Desde hace tres décadas reside en Vigo, aunque su imaginación se evade siempre que puede a Celeiros de Mariñao (mariña lucense). Escritor y redactor web, compagina estas facetas con el diseño de cubiertas de las publicaciones de DH Ediciones.&lt;br /&gt;Francisco Iglesias Vieitez “Quisco” es pintor e ilustrador, y dirige una academia de arte en Vigo (Quisart – Avda. Portanet, 16 – Vigo).&lt;br /&gt;Rafa Rubio García, nacido en Girona el 16 de Octubre de 1977 y residente en Blanes. Es co-autor de Imperfecta Simetría (2009) y ha colaborado en Su universo a través (2010), 11 (2008), así como en diferentes webs y revistas digitales e impresas.&lt;br /&gt;Alejandro Grandío Noche. Informático e ilustrador, diseñador web y diseñador industrial en ciernes.&lt;br /&gt;Javier Pellicer (Benigánim, Valencia). Atesora varias menciones, entre otras, ganador del I Certamen Cryptshow Festival o finalista en el concurso Monstruos de la Razón. Es colaborador literario en la web HHorror y en la revista Ilike magazine, donde publica por entregas su novela La Sombra de la Luna.&lt;br /&gt;http://tierradebardos.blogspot.com/&lt;br /&gt;Fany Carmona estudiante de último año de Grado Superior de Ilustración,hasta ahora se ha dedicado de forma esporádica a encargos particulares, como murales decorativos o retratos, pero le gustaría comenzar de manera más profesional en este mundo. Domina todo tipo de técnicas, tanto tradicionales como digitales, realizando obras con alto nivel de detalle en poco tiempo.&lt;br /&gt;http://fanycarmona.blogspot.com/&lt;br /&gt;Gervasio López es autor de Los crímenes de Avignon, novela publicada por Asociación cultural Doble Hache, y de varios relatos breves. Ha sido nombrado Autor del año 2009 y finalista del certamen Todos los Santos 2010, ambos convocados por la web H-Horror. Colabora asiduamente con la revista Brandlife, donde publica su columna Desde mi sillón.&lt;br /&gt;Alejandro Santos ha trabajado abarcando diferentes aspectos del diseño gráfico o de lo creativo... Ilustraciones para prensa, maquetación de revistas, CDs multimedia, diseño de publicidad... Actualmente elabora la página web de un periódico económico mientras intenta hacerse un hueco como ilustrador.&lt;br /&gt;http://www.alejandrosantos.es&lt;br /&gt;Darío Vilas Couselo (Vigo, 10 de junio de 1979) es escritor, editor y redactor web. También ha ejercido de antologista con la revista bianual Horror Hispano, publicación surgida del éxito de su portal web &lt;a href="http://www.h-horror.com/"&gt;www.h-horror.com&lt;/a&gt;. Ha participado como autor en varios libros de relatos, y también en revistas digitales y en papel.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;www.dhediciones.com&lt;br /&gt;Pedidos: catalogo@dhediciones.com&lt;br /&gt;Entrevistas con los autores: prensa@dhediciones.com &lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-1987475451425730692?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/1987475451425730692/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=1987475451425730692' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/1987475451425730692'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/1987475451425730692'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2010/11/ilusiones.html' title='ILUSIONES'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/TNRYD7JycmI/AAAAAAAAAG0/WBYwAeosPV4/s72-c/untitled2.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-7552474852983987417</id><published>2010-10-30T10:19:00.003+01:00</published><updated>2010-10-30T10:26:27.835+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ilusiones'/><title type='text'>Otra reseña más de "Los crímenes de Avignon"</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/TMvkte_GvdI/AAAAAAAAAGs/FUuYpJOr8-g/s1600/portada%2520avignon.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 196px; DISPLAY: block; HEIGHT: 320px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5533768037217779154" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/TMvkte_GvdI/AAAAAAAAAGs/FUuYpJOr8-g/s320/portada%2520avignon.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;En este caso, el autor de la reseña es Víctor Morata Cortado, autor del fantástico blog "Mentecreativa", que os recomiendo encarecidamente que visitéis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muchas gracias, Víctor, de todo corazón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Avignon, S.XIV; mientras una ola de crímenes asola a los miembros más importantes de la Iglesia Católica, un viejo monje cisterciense se esfuerza por acallar su conciencia ante las torturas que se ve obligado a cometer para proteger a sus superiores. Sólo su profunda fe le permitirá no rebasar la línea que le separa de la locura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las primeras páginas de este libro ya nos avisan en su prólogo de lo que vamos a encontrar en él, las palabras de Darío Vilas son concisas: «Gervasio es uno de esos autores que se pueden permitir el lujo de no contarnos nada, de coger una historia sin fondo, insustancial, y transferírnosla de una manera tan bella que no nos importe....» y ante esto he de decir que no podría estar más de acuerdo. La historia de esta novela es casi secundaria, un mero escenario sobre el que los actores pululan dejando huella y es que es así, los actores y la carga emocional que desprenden es la verdadera base de esta obra. Son ellos y no otros elementos los que dan fuerza e invitan a disfrutar de la lectura. La historia de fondo es como un lienzo sobre el que se van dando crudas pinceladas de la realidad que un día fue. De un modo asombroso, el lector apenas sí logra apercibirse del argumento (que lo hay, sin duda), pues la carga dramática de la intrahistoria de los personajes, de sus pensamientos y de la época en la que se desarrollan los hechos tiene tanta fuerza que desborda y sobreimprime el resto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gervasio López demuestra en esta novela su talento para sacar lo peor del alma humana y transformarlo en una prosa tan desgarradora que oprime el pecho y revuelve las tripas. Hay pasajes de Los Crímenes de Avignon que te obligan a mirar para otro lado, a desear no haber leído lo que posiblemente deje en ti el poso de futuras pesadillas; es aquí donde Gervasio demuestra ser todo un maestro en la creación de imágenes literarias, eso sí, muy cercanas al gore. Es este hecho el que determina como certera la decisión de los editores de elegir la obra como su ópera prima dentro de la colección de novela de autores emblema del Horror Hispano bajo el sello de la Asociación Cultural Doble Hache.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además de lo mencionado, cabe destacar un punto a favor de la novela y es que el carácter impreso en sus personajes impide ser subjetivo, sino todo lo contrario. Ninguno de sus protagonistas goza del favor del escritor y Gervasio los ofrece tal y como son, con su propia inercia, con sus reflexiones y pensamientos no contaminados por los del autor. En este juego de personalidades enfrentadas, llegamos a odiar al protagonista y amar al antagonista, pero también al contrario; tanto a ellos como sus actos y las respectivas doctrinas a que a ambos mueve. Gervasio pone sobre la mesa todas las cartas boca arriba para que el lector saque sus propias conclusiones; no sobre la trama, sino sobre esos años de la Historia en los que el Santo Oficio era palabra y ley. Para terminar cabe decir que es un libro de lectura ágil; sus 122 páginas no pesan, salvo en el alma. Las tremendas imágenes que crea Gervasio pueden herir ciertamente la sensibilidad del lector, lo que hace que acabar su lectura suponga un doble alivio: el de haber disfrutado de un buen rato y el de acabar con el sufrimiento y la crueldad que rezuman sus páginas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://mentecreativamente.blogspot.com/2010/09/resena-de-los-crimenes-de-avignon-de.html"&gt;http://mentecreativamente.blogspot.com/2010/09/resena-de-los-crimenes-de-avignon-de.html&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Disponible también en Shvoong:&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://es.shvoong.com/books/mystery-and-thriller/2066521-los-cr%C3%ADmenes-avignon/"&gt;http://es.shvoong.com/books/mystery-and-thriller/2066521-los-cr%C3%ADmenes-avignon/&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-7552474852983987417?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/7552474852983987417/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=7552474852983987417' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/7552474852983987417'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/7552474852983987417'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2010/10/otra-resena-mas-de-los-crimenes-de.html' title='Otra reseña más de &quot;Los crímenes de Avignon&quot;'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/TMvkte_GvdI/AAAAAAAAAGs/FUuYpJOr8-g/s72-c/portada%2520avignon.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-3686108509333546381</id><published>2010-10-23T21:38:00.003+01:00</published><updated>2010-10-23T21:45:14.954+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato breve'/><title type='text'>¿Quién será esta vez?</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Hacía tiempo que no colgaba un relatillo, así que he decidido enmendarme.&lt;br /&gt;Espero que os guste (por decirlo de alguna manera).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Quién será esta vez? ¿Cuánto tiempo habrá de transcurrir hasta que mi ira se desencadene? ¿Cuánta gente sufrirá las consecuencias de ello?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No lo sé, pero si de algo estoy seguro es de que sucederá, y alguien, cualquiera, lo pagará con su vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy vuelvo a sentirme confuso. Me encuentro acechado, casi asediado, y todo lo que tengo alrededor se me antoja peligroso. Nada me resulta familiar ni conocido, y mi cuerpo, tembloroso y febril, reacciona con brusquedad ante cada uno de los estímulos que recibe.&lt;br /&gt;Aún recuerdo lo que ocurrió la última vez que me encontré así, cuando cualquiera de las personas que se cruzaba en mi camino se volvía muy apetecible a mis ojos. Entonces, un sudor incipiente comenzaba a humedecer mi cuerpo; pequeños escalofríos recorrían mi nuca, exacerbando mis instintos, aumentando mi furia…&lt;br /&gt;Aquel día, simplemente, le tocó a él. Pasaba por allí en el momento equivocado. Nada más.&lt;br /&gt;Las turbias imágenes que siempre abotargan mi mente eran entonces demasiado aterradoras, y yo, incapaz de soportar por más tiempo el daño que me ocasionaban, no pude contenerme.&lt;br /&gt;¡Lo intenté! ¡Vive Dios que lo intenté! Pero no pude.&lt;br /&gt;El influjo del horror es demasiado grande como para obviarlo, y mi valor, por desgracia, demasiado escaso.&lt;br /&gt;No sé; quizás no sea tanto ese influjo como el hecho de que mi naturaleza me empuja a ello; quizás no se deba a que mi mente esté ahora enferma y sí, por el contrario, a que siempre he sido así.&lt;br /&gt;Tal vez. Quien sabe.&lt;br /&gt;A decir verdad, siempre me he sentido atraído por la violencia, por esa sensación casi orgiástica que me invade al contemplar cómo los ojos de mis víctimas se tiñen de brumas, cómo su sangre ensucia mi cuerpo.&lt;br /&gt;Ya desde pequeño, aún siendo un niño, lo sentía; cuando golpeaba a mis amigos y los estrujaba entre mis brazos, cuando los insultaba, cuando les escupía…&lt;br /&gt;Pero hoy, sin embargo, es distinto. Hoy…es desmedido.&lt;br /&gt;Recuerdo que me acerqué a él. Fue muy fácil; caminaba distraído y no se dio cuenta de nada; quizás estuviera pensando en la cena que disfrutaría al llegar a su casa; quizás pensara en sus hijos, a los que pronto besaría…&lt;br /&gt;¡Bufff! Es duro, ya lo sé.&lt;br /&gt;Le golpeé. Hundí el martillo en su cabeza una y otra vez, de un modo frenético, compulsivo, casi histérico. La sangre afluía con violencia; primero, como una erupción, un vómito brusco o un chorro repentino; después, cuando la herida era ya muy grande, a borbotones, algo entorpecidos por el cabello.&lt;br /&gt;Al verlo, cerré los ojos por unos segundos. Quería disfrutar aquel instante tan excelso.&lt;br /&gt;Cuando los abrí de nuevo y lo miré, la sangre que brotaba de su cabeza, densa, casi gorda, avanzaba a paso lento hasta el sumidero.&lt;br /&gt;No sé por qué, pues nunca lo había hecho hasta ese momento, pero algo me incitó a ello.&lt;br /&gt;Al ver aquel charco bermellón, brillante, casi untuoso, se despertó en mí un apetito…hummm, ¿cómo diríamos?...¡goloso! ¡Sí! Goloso es la palabra.&lt;br /&gt;Extendí entonces la mano y hundí mis dedos en aquel líquido tibio. Luego los contemplé, empapados de una vida huidiza y derrotada…y los lamí con avidez.&lt;br /&gt;¡Ahhh! ¡Me gustó!&lt;br /&gt;No sé. Quizás sea un paso más del proceso, cuando ya sólo importa la muerte; cuando sólo mi hambre es la protagonista.&lt;br /&gt;Sea como fuere, hoy vuelvo a sentirme así. Y ya no hay vuelta atrás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora te miro.&lt;br /&gt;Lees en el ordenador, ajeno a cuanto te rodea, pensando que estas frases no son más que eso: pequeños trazos enlutados que alguien ha escrito con mayor o menor acierto.&lt;br /&gt;¡Ja!&lt;br /&gt;¡Espera! ¡No te des la vuelta! ¡Ya estoy aquí! &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-3686108509333546381?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/3686108509333546381/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=3686108509333546381' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/3686108509333546381'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/3686108509333546381'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2010/10/quien-sera-esta-vez.html' title='¿Quién será esta vez?'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-8671351251542187143</id><published>2010-10-14T00:02:00.002+01:00</published><updated>2010-10-14T00:05:16.520+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ilusiones cumplidas.'/><title type='text'>"La casa de las sombras"</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/TLY6_puLY3I/AAAAAAAAAGk/CnaW6uhX0yc/s1600/safe_image.jpg"&gt;&lt;img style="WIDTH: 56px; HEIGHT: 90px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5527670457849570162" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/TLY6_puLY3I/AAAAAAAAAGk/CnaW6uhX0yc/s320/safe_image.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;LA CASA DE LAS SOMBRAS &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Dh Ediciones, la nueva editorial creada por Darío Vilas y Senén Lozano, administradores y creadores de la página web Horror Hispano, acaba de publicar “La casa de las sombras”, de Juan Ángel Laguna Edroso, conocido por su fantástica labor como director de Ocio Zero y editor de Calabazas en el trastero.&lt;br /&gt;Dicen los que de LITERATURA —así, en mayúsculas, para que se note el respeto que siento hacia ella— saben algo, que escribir no es más que contar una historia, recrear el ambiente en el que ésta se desarrolla y presentar a unos personajes que han de interactuar entre ellos. Pues bien, semejante tarea, que de tan prosaica como suena parece harto sencilla, es, como bien sabrán los que esto lean, sumamente complicada. Juan Laguna, sin embargo, lo hace de forma envidiable.&lt;br /&gt;“La casa de las sombras” es una novela —cortita, eso sí, para mi pesar— excepcional, bellamente escrita, intrigante y, en ocasiones, hasta desasosegante, y en ella, el autor ha conseguido crear un aterrador mundo de incertidumbres e inquietudes, de venganzas postergadas y casas enloquecidas, de monstruos y malvados, que consigue atrapar al lector de una forma insoslayable.&lt;br /&gt;Tal vez sea por la prosa empleada —en ocasiones, densa y prolija; otras veces, pizpireta y veloz—; tal vez, por la forma de hilvanar los capítulos, como historias en sí mismos capaces de aportar, a un tiempo, información y misterio, respuestas e interrogantes, tensión y sosiego, o, tal vez, por ese mosaico espeluznante de personajes y de vidas subyugadas que tan fielmente ha sabido bosquejar, en el que el lector no sabe quién es el dominador y quién la víctima, hasta que, finalmente, la pluma ágil y desenvuelta de Juan Ángel decide descubrirlo.&lt;br /&gt;En cualquier caso, sea por el motivo que sea, el resultado es sobrecogedor, y la lectura de “La casa de las sombras” se vuelve un ejercicio entusiasta y extenuante, pues uno ansía aprehender hasta el más ínfimo detalle de la trama y así dejarse llevar por las horribles vicisitudes que sufren los personajes.&lt;br /&gt;El recorrido por las páginas se convierte en una locura. Yo he llegado a sentir empatía por uno seres malvados, siniestros, hasta diabólicos, y lo he hecho sin mesura ni sentido, comprendiendo las circunstancias que les han llevado a comportarse como tal. Sabía, por supuesto, que no debía hacerlo, pues son malos, la piedad no existe en ellos, su bondad es un imposible…Sin embargo, a fuerza de atractivo y personalidad, consiguieron seducirme.&lt;br /&gt;Bastó con el primer capítulo, y en los siguientes, en una extraña pirueta —desconozco si casual o intencionada— con la que el autor transita de forma alternativa entre la primera y la tercera persona, la tensión necesaria para una lectura voraz se apoderó de mí.&lt;br /&gt;Con el uso de la tercera persona, Juan Laguna facilita la acción y el entretenimiento; con la primera, a modo de dramáticas confesiones, desvela las claves suficientes para incrementar el desasosiego, y siempre, como una losa que gravite sobre el lector, favorece la inquietud que procura un nombre prohibido.&lt;br /&gt;“La casa de las sombras” es, en suma, una novela extraordinaria —¡Dios, cuántas frases me hubiera ahorrado de haber empezado así!—, y Juan Ángel Laguna Edroso, a partir de ahora, uno de mis escritores indispensables.&lt;br /&gt;Vaya por tanto, para él, mi felicitación y agradecimiento más profundo, y vaya por tanto, como no podría ser de otro modo, mi profunda admiración hacia DH Ediciones, quienes, sin ningún tipo de ayuda, han conseguido crear un proyecto tan ilusionante como necesario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA CASA DE LAS SOMBRAS&lt;br /&gt;JUAN ÁNGEL LAGUNA EDROSO&lt;br /&gt;COLECCIÓN ÚLTIMO ESCALÓN, 1 - Novela&lt;br /&gt;ISBN: 978-84-614-3365-0&lt;br /&gt;Edición Rústica 190x120 mm&lt;br /&gt;PVP 7,95€&lt;br /&gt;Más información y primer capítulo de la novela en &lt;a href="http://www.dhediciones.com/"&gt;http://www.dhediciones.com/&lt;/a&gt; &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-8671351251542187143?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/8671351251542187143/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=8671351251542187143' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/8671351251542187143'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/8671351251542187143'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2010/10/la-casa-de-las-sombras.html' title='&quot;La casa de las sombras&quot;'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/TLY6_puLY3I/AAAAAAAAAGk/CnaW6uhX0yc/s72-c/safe_image.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-725635369944805941</id><published>2010-10-01T21:19:00.006+01:00</published><updated>2010-10-01T21:47:53.701+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ilusiones'/><title type='text'>DH Ediciones</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/TKZI455zAyI/AAAAAAAAAGc/RdPZOyjgjGs/s1600/logo_dh_ediciones.jpg"&gt;&lt;img style="WIDTH: 120px; HEIGHT: 104px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5523182135469605666" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/TKZI455zAyI/AAAAAAAAAGc/RdPZOyjgjGs/s320/logo_dh_ediciones.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pocos acontecimientos han de celebrarse tanto por el escritor como el nacimiento de una nueva editorial. Pero si ésta nace con una clara convicción de ayuda, de abrir nuevos caminos, de transgredir y airear lo existente o de facilitar la aparición de nuevos valores literarios, la ocasión es de esas de las que todos hemos de congratularnos, arrimar el hombro y apoyar en todo cuanto podamos.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El esfuerzo que los creadores de Horror Hispano y Doble hache han venido realizando durante año y medio, mes arriba, mes abajo, ha dado al fin el resultado esperado; sus desvelos, las horas empleadas, los malos momentos han devenido en la creación de DH Ediciones, una joven e ilusionante empresa con la que van a dar el imprescindible empujón que este mundo editorial español tanto viene necesitando. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;DH Ediciones retomará colecciones emblemáticas, facilitará el acceso a la literatura por mor de los bajos precios que pretende manejar y propiciará que nuevos autores, repletos de ilusiones y rechazos anteriores, vean, finalmente, su sueño realizado.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Hoy, 1 de octubre, sale a la venta su primera novela, "La casa de las sombras", del prometedor escritor Juan Laguna Edroso; la siguiente, "Sopa de sapos", una selección de relatos de terror y misterio, iniciará su andadura el 5 de octubre.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Tan solo espero que ambas les faciliten el éxito que todos ellos merecen.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Si todos nosotros ayudamos un poco, será mucho más fácil.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.dhediciones.com/"&gt;http://www.dhediciones.com/&lt;/a&gt; &lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;a href="http://www.dhediciones.com/images/dossier_pdf/dossier_casa_de_las_sombras.pdf"&gt;http://www.dhediciones.com/images/dossier_pdf/dossier_casa_de_las_sombras.pdf&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;a href="http://www.dhediciones.com/images/dossier_pdf/dossier_sopa_de_sapos.pdf"&gt;http://www.dhediciones.com/images/dossier_pdf/dossier_sopa_de_sapos.pdf&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-725635369944805941?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/725635369944805941/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=725635369944805941' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/725635369944805941'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/725635369944805941'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2010/10/dh-ediciones.html' title='DH Ediciones'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/TKZI455zAyI/AAAAAAAAAGc/RdPZOyjgjGs/s72-c/logo_dh_ediciones.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-3363623619989661150</id><published>2010-09-30T19:03:00.004+01:00</published><updated>2010-09-30T19:06:59.610+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Los Crímenes de Avignon'/><title type='text'>Reseña de "Los crímenes de Avignon"</title><content type='html'>Aquí os dejo una reseña que Elena Montagud ha hecho de "Los crímenes de Avignon". Como ya he dicho en ocasiones anteriores, y pese a reconocer como inmerecidos los halagos recibidos, Elena, una y mil veces, muchas gracias.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.h-horror.com/Other/libros/pdf%20libros%20h-horror/crimenes_avignon.pdf"&gt;http://www.h-horror.com/Other/libros/pdf%20libros%20h-horror/crimenes_avignon.pdf&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-3363623619989661150?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/3363623619989661150/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=3363623619989661150' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/3363623619989661150'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/3363623619989661150'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2010/09/aqui-os-dejo-una-resena-que-elena.html' title='Reseña de &quot;Los crímenes de Avignon&quot;'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-2242696493012339813</id><published>2010-09-23T23:22:00.002+01:00</published><updated>2010-09-23T23:27:18.024+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relato corto'/><title type='text'>De torturas y pestes</title><content type='html'>Aquí os dejo el enlace a un relato publicado en la página de Horror Hispano. Espero que os guste, aunque es un poquillo bestia.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.h-horror.com/Relatos/Relatos%20pdf/de_torturas_y_pestes.pdf"&gt;http://www.h-horror.com/Relatos/Relatos%20pdf/de_torturas_y_pestes.pdf&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-2242696493012339813?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/2242696493012339813/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=2242696493012339813' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/2242696493012339813'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/2242696493012339813'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2010/09/de-torturas-y-pestes.html' title='De torturas y pestes'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-4270198198282160290</id><published>2010-09-05T21:01:00.002+01:00</published><updated>2010-09-05T21:21:05.040+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ilusiones'/><title type='text'>Javier Pellicer: siempre amable.</title><content type='html'>Sí, ya lo sé. He tenido el blog muy olvidado, pero lo cierto es que no estaba demasiado animado para este tema de la literatura. Se daban bastantes circunstancias para ello, así que sería demasiado prolijo explicarlo; además, no quiero aburriros en exceso. Últimamente, sin embargo, he estado más activo. He recuperado la ilusión, he vuelto a escribir -ya hay varios relatos que dan buena muestra de ello- y he retomado una nueva novela que me tenía bastante loco, así que todo parece ir bien.&lt;br /&gt;Javier Pellicer ha tenido, además, un gesto que he agradecido mucho. Como muchos de vosotros sabréis, Javier es colaborador habitual de Ilike magacine, donde publica, por entregas, su novela "La sombra de la luna", una historia apasionante en la que demuestra su enorme talento literario -os recomiendo, encarecidamente, su lectura-. También le han encargado la realización de entrevistas y reseñas literarias, y, para mi sospresa, la última de éstas la ha dedicado a "Los crímenes de Avignon".&lt;br /&gt;Ha sido un regalo para mí, algo inesperado y sorprendente que me ha hecho esbozar una sonrisa y llenar el pecho de orgullo. Algo que, sinceramente, le agradezco de corazón.&lt;br /&gt;A continuación, os dejo el enlace donde podéis descargaros la revista. Merece la pena, os lo aseguro -no por mi aparición, eh, sino por las entrevistas, los contenidos musicales y la novela de Javier-.&lt;br /&gt;Aquí os lo dejo.&lt;br /&gt;http://www.ilikemagazine.com/descargas/revista/ilikemagazine_numero10.zip&lt;br /&gt;Nos vemos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-4270198198282160290?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/4270198198282160290/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=4270198198282160290' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/4270198198282160290'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/4270198198282160290'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2010/09/javier-pellicer-siempre-amable.html' title='Javier Pellicer: siempre amable.'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-7181206071382585810</id><published>2010-06-25T22:43:00.006+01:00</published><updated>2010-06-25T22:54:08.297+01:00</updated><title type='text'>Presentación de "Los crímenes de Avignon"</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/TCUlP0jg-FI/AAAAAAAAAGM/uZnzFFz-C7M/s1600/presentaci%C3%B3n+los+cr%C3%ADmenes+de+Avignon+029.jpg"&gt;&lt;img style="WIDTH: 240px; HEIGHT: 320px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5486832674756687954" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/TCUlP0jg-FI/AAAAAAAAAGM/uZnzFFz-C7M/s320/presentaci%C3%B3n+los+cr%C3%ADmenes+de+Avignon+029.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/TCUlEKFnj5I/AAAAAAAAAGE/JWvDUpghVWk/s1600/presentaci%C3%B3n+los+cr%C3%ADmenes+de+Avignon+009.jpg"&gt;&lt;img style="WIDTH: 320px; HEIGHT: 240px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5486832474378440594" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/TCUlEKFnj5I/AAAAAAAAAGE/JWvDUpghVWk/s320/presentaci%C3%B3n+los+cr%C3%ADmenes+de+Avignon+009.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt; &lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/TCUkul3e2oI/AAAAAAAAAF8/7ZXcciqacXs/s1600/presentaci%C3%B3n+los+cr%C3%ADmenes+de+Avignon+006.jpg"&gt;&lt;img style="WIDTH: 320px; HEIGHT: 240px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5486832103878220418" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/TCUkul3e2oI/AAAAAAAAAF8/7ZXcciqacXs/s320/presentaci%C3%B3n+los+cr%C3%ADmenes+de+Avignon+006.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/TCUkhFUTq6I/AAAAAAAAAF0/-6HxsUwc8Ys/s1600/presentaci%C3%B3n+los+cr%C3%ADmenes+de+Avignon+005.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; DISPLAY: block; HEIGHT: 240px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5486831871802452898" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/TCUkhFUTq6I/AAAAAAAAAF0/-6HxsUwc8Ys/s320/presentaci%C3%B3n+los+cr%C3%ADmenes+de+Avignon+005.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Fue en Vigo, el 18 de junio, en un edificio majestuoso cuya historia alguien debiera contar. Fue, os lo aseguro, la consecución de un sueño.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-7181206071382585810?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/7181206071382585810/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=7181206071382585810' title='18 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/7181206071382585810'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/7181206071382585810'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2010/06/presentacion-de-los-crimenes-de-avignon.html' title='Presentación de &quot;Los crímenes de Avignon&quot;'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/TCUlP0jg-FI/AAAAAAAAAGM/uZnzFFz-C7M/s72-c/presentaci%C3%B3n+los+cr%C3%ADmenes+de+Avignon+029.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>18</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-2075743391481009008</id><published>2010-06-11T19:06:00.004+01:00</published><updated>2010-06-11T19:16:52.388+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ilusiones cumplidas.'/><title type='text'>"Los crímenes de Avignon" (extracto)</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/TBJ8dfXPPTI/AAAAAAAAAFU/wAenSz18iog/s1600/portada%2520avignon.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 196px; DISPLAY: block; HEIGHT: 320px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5481580542540332338" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/TBJ8dfXPPTI/AAAAAAAAAFU/wAenSz18iog/s320/portada%2520avignon.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Siguiendo los consejos de Blanca...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Los Crímenes de Avignon&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;INTRODUCCIÓN&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;em&gt;Años atrás, cuando su mente aún no se había visto teñida por demonios o maldades, cuando sólo era un artista prometedor, sus manos parecían las de una dama: finas, con las uñas limpias y bien recortadas y la piel blancuzca y muy tersa. Hoy, sin embargo, sus dedos eran huesudos y tortuosos, como sarmientos erráticos, herederos de un sol esquivo e inalcanzable, y su piel, antaño tan clara, tan suave, ahora se veía resquebrajada por la aridez de la piedra y la dureza del buril.&lt;br /&gt;Pese a ello, no le importaba.&lt;br /&gt;Lo único que contaba era lo que podía conseguir con ellas, la perfección de las obras y la vida que parecía brotar de sus pequeñas esculturas.&lt;br /&gt;Y aquella era, sin duda, la mejor.&lt;br /&gt;Tal parecía que estuviese acariciando aquella pequeña loseta de alabastro, fría y brillante como una estrella, y al menos tan bella. Golpeaba el buril con suavidad, temeroso de quebrar aquella pátina oscura que tanto le gustaba trabajar, y con cada golpe, con cada pequeña incisión, la figura iba cobrando vida, como si una fuerza superior le insuflase un aliento divino o le propinase un azote que le hiciera trasponer ese umbral que es el nacimiento.&lt;br /&gt;Plic, plic, plic…&lt;br /&gt;Pequeños fragmentos de color negro iridiscente moteaban la mesa de trabajo. Tal vez, más tarde los machacase y moliera para emplearlos en alguno de sus cuadros. Tal vez los desechara, como acostumbraban a hacer con las vidas ajenas aquellos a los que obedecía. Pero eso lo decidiría más tarde, cuando la escultura estuviese rematada y la Hermandad tuviese al fin su obra más deseada. Sí. Finalmente la tendrían. Él lo haría posible, tallando un ominoso bajorrelieve en el que se reflejara todo el daño, todo el horror que éstos podían producir.&lt;br /&gt;Plic, plic, plic…&lt;br /&gt;La figura ya se podía ver con claridad. Era una obra maestra, sin duda, pero había que estar loco para contemplarla sin notar una profunda repulsión. En aquella negrura pétrea parecía habitar el mismísimo demonio, semioculto en su interior; aguardando a que el talento del escultor se volcara sobre la piedra que lo envolvía y así lo librara del presidio en el que se hallaba. Maldad en estado puro, librándose de las escorias que lo constreñían para mostrarse en su inicuo esplendor.&lt;br /&gt;La silueta sobresalía apenas un par de milímetros, casi como una tumefacción o una erupción cutánea; el protagonista yacía en el suelo, con el rostro vuelto hacia su verdugo, y su espalda, descarnada por las cuchilladas que éste le asestaba, parecía encresparse por el dolor.&lt;br /&gt;Plic, clic, clic. Unos golpecitos más; otra cuchillada despellejando aquella espalda desnuda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Absorto en su obra, el escultor parecía obnubilado por aquellas pequeñas escarificaciones que el punzón dejaba a su paso. Una sonrisa enloquecida asomaba a sus labios, húmedos de pasión y frenesí, y sus ojos, desmedidos, casi histéricos, se clavaban con fijeza en la loseta, encarcelados por un influjo creador que no les permitía escapar. Para él no había más mundo que la piedra que mellaba a golpecitos; nada más importante que aquello, nada más embriagador ni absorbente; tan solo piedra negra, surcos escarbados de crueldad que recreaban los rasgos de la muerte o el horror, rostros descompuestos, lágrimas de pena y sangre oscura, contagiada por el polvo de alabastro.&lt;br /&gt;La obra sublime de una mente genial; la obra sublime de un hombre enloquecido&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Avignon, 14 de enero de 1358&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;La celda era muy oscura, casi negra, y estaba formada por gruesas paredes de piedra rebosantes de humedad. Un buen número de manchas las teñían de ocres y parduscos, pero apenas se vislumbraban entre las tinieblas. El pobre anciano, tumbado sobre un viejo jergón moteado de rotos y costurones, temblaba como un junco doblegado por el viento, aterido por el frío y el temor. Su muerte estaba muy cerca; apenas un leve hálito animaba sus pulmones, pero aún se mantenía con vida.&lt;br /&gt;Su cuerpo, delgado y largo como un huso, no estaba en condiciones de soportar por más tiempo las torturas a las que era asiduamente sometido; sin embargo, su fortaleza de espíritu, su férrea voluntad y su gran amor por Dios le habían permitido aguantar con estoicismo tanto dolor. La resistencia que demostraba mantenía perplejos a sus raptores. Jamás habían presenciado tal proeza, tanta fuerza, pero al fin tendría que llegar lo inevitable.&lt;br /&gt;Su mente se hallaba muy lejos de allí, en un lugar donde el horror no tenía cobijo; en un lugar sin paredes negras. Tal vez estuviera recluida en la vieja abadía que tanto añoraba, donde se sentía fuerte y protegido, rodeado por seres queridos que lo cuidaban y lo apartaban de las penas y el dolor. Aquella abadía…&lt;br /&gt;Sí. Si en algún lugar se encontraba a gusto, éste era el monasterio…&lt;br /&gt;Aún podía ver con claridad las nutridas huertas que cultivaba junto a sus hermanos, ahítas de tierra negra y agua, donde vertía su esmero en las hortalizas y los frutales; la legendaria biblioteca, su estancia preferida, donde se acumulaba toda la sabiduría del hombre, o su vieja habitación, austera pero acogedora, donde nada le era ajeno y siempre se encontraba tan cerca de Dios.&lt;br /&gt;Aquella vieja abadía era su vida; lo había sido durante más de sesenta años, desde que, siendo casi un niño, y para goce suyo y de su familia, había ingresado en la orden. Allí se había hecho un hombre, se había labrado un nombre —un buen nombre—, y había alcanzado el éxito. Allí, en aquella abadía, había sido feliz.&lt;br /&gt;¡Dios, qué recuerdos!&lt;br /&gt;Tal vez, en esos recuerdos encontrase el necesario consuelo ante la muerte. Tal vez. Pero, por desgracia para él, eran tan solo recuerdos.&lt;br /&gt;Al cabo de unos segundos, rompiendo el opresivo silencio de la noche, un prolongado crujido sobresaltó al anciano. Sin moverse de su catre, entreabrió los ojos para observar a los hombres que en ese momento se aproximaban a él.&lt;br /&gt;A pocos metros de distancia, ensoberbecidos y arrogantes, sus enemigos lo contemplaban.&lt;br /&gt;—Buenas noches, Santo varón —saludó con sorna uno de los visitantes, un hombre tocado con una larga túnica marrón ricamente brocada, por la que se adivinaba su elevada posición social.&lt;br /&gt;—Regresáis como las hienas, señor, aproximándoos a vuestras víctimas durante la noche —sentenció el anciano, incorporándose lenta y pesadamente del catre hasta situarse frente a sus captores—. ¿Sois vos, señor Conde, quien así se cierne sobre su cautivo?&lt;br /&gt;De pie, inmóvil en mitad de la estancia, con el cuerpo tan lacerado que difícilmente conseguía mantenerse erguido, el anciano vio cómo el rico caballero se aproximaba hasta él.&lt;br /&gt;—El día del juicio ha llegado para vos, anciano, así que déjese de monsergas. Si el escaso discernimiento os lleva a persistir en vuestra negativa a reconocer los mandamientos de la Hermandad, y así renegar de Roma, estaré encantado de presenciar el estertor final de su Ilustrísima —amenazó con una voz grave y profunda el Conde, alzándose sumamente erguido delante del anciano.&lt;br /&gt;—Renegad de vuestras creencias; abjurad de ellas y nos ahorraremos la triste visión de la tortura —dijo, acariciándose un enorme solitario de oro que refulgía en la tenebrosa oscuridad de la celda.&lt;br /&gt;—En vano insistís, Excelencia. Si el Altísimo ha puesto esta prueba de fe en mi camino, gustoso estaré de aceptarla, aunque ello suponga mi muerte. Jamás conseguiréis que renuncie a Dios.&lt;br /&gt;El anciano mostraba un coraje extraordinario; la proximidad de la muerte parecía no hacer mella en él, y el dolor de la tortura se le antojaba un mal insoslayable que debía soportar con la mayor de las enterezas.&lt;br /&gt;—Si ese es su deseo, sea pues, Pater. Será un placer presenciar vuestra agonía. Llevadlo a la cámara —ordenó a los hombres que lo acompañaban—, y seamos testigos de la muerte de un cristiano.&lt;br /&gt;Los dos hombres que acompañaban al Conde agarraron al anciano por los brazos y lo obligaron a caminar a base de empellones.&lt;br /&gt;Minutos después, comenzaría la tortura.&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;(Continuará…si ustedes lo desean) &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-2075743391481009008?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/2075743391481009008/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=2075743391481009008' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/2075743391481009008'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/2075743391481009008'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2010/06/los-crimenes-de-avignon-extracto.html' title='&quot;Los crímenes de Avignon&quot; (extracto)'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/TBJ8dfXPPTI/AAAAAAAAAFU/wAenSz18iog/s72-c/portada%2520avignon.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-7804991800672241755</id><published>2010-06-06T23:41:00.004+01:00</published><updated>2010-06-07T00:12:00.842+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ilusiones cumplidas.'/><title type='text'>Los crímenes de Avignon</title><content type='html'>¡Ya está aquí! ¡Al fin ha llegado!&lt;br /&gt;El próximo 18 de junio, en la sala da Xuventude del Ayuntamiento de Vigo, se celebrará la presentación de "Los crímenes de Avignon", publicada por Doble Hache. Aún no me lo creo, pero ya es realidad; sólo tengo que acostumbrarme a ello.&lt;br /&gt;Me encantaría que estuvieseis allí, acompañándome en ese momento tan importante; sinceramente, os echaré de menos. Siento que vosotros, de quienes he aprendido tanto, sois también artífices de esta novela. Muchas gracias por vuestro apoyo; muchas gracias por vuestra amistad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A continuación, os dejo un enlace en el que se pude ver la portada y las características de la publicación; pulsando sobre el título, podréis ver el dossier de venta. Espero que os guste.&lt;br /&gt;El diseño es obra del dibujante Francisco Iglesias Vieitez, Quisco, uno de los colaboradores habituales de Horror Hispano y, como veis, un artista genial.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.doblehache.org/Catalogo/coleccion%20novela.html"&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://www.doblehache.org/Catalogo/coleccion%20novela.html"&gt;http://www.doblehache.org/Catalogo/coleccion%20novela.html&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si alguno de vosotros desea adquirirla, no tiene más que seguir ese enlace.&lt;br /&gt;En próximas entradas, os iré mostrando alguna de las apariciones en prensa que la publicación ha ido motivando.&lt;br /&gt;Muchas gracias y un abrazo. Sin vosotros, no hubiese sido posible.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-7804991800672241755?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/7804991800672241755/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=7804991800672241755' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/7804991800672241755'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/7804991800672241755'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2010/06/los-crimenes-de-avignon.html' title='Los crímenes de Avignon'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-7920513376476659932</id><published>2010-05-24T23:25:00.005+01:00</published><updated>2010-05-24T23:36:13.008+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ilusiones'/><title type='text'>Un gran regalo</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/S_r-PJMc6wI/AAAAAAAAAE8/S_BC1qZ6se4/s1600/caricatura+gervasio+lopez.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 202px; height: 320px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/S_r-PJMc6wI/AAAAAAAAAE8/S_BC1qZ6se4/s320/caricatura+gervasio+lopez.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5474967833141897986" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La entrevista la ha hecho Javier Pellicer, el autor del blog "Tierra de bardos"; la caricatura, una obra maestra, es de Pablo Pino, el genial ilustrador que "decora" las colaboraciones de Javier en la revista Ilike magazine. Ambos me han hecho un gran regalo.&lt;br /&gt;http://www.ilikemagazine.com/descargas/revista/ilikemagazine_numero7.zip&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus blogs son:&lt;br /&gt;http://pino-caricaturas.blogspot.com/&lt;br /&gt;http://tierradebardos.blogspot.com/&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-7920513376476659932?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/7920513376476659932/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=7920513376476659932' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/7920513376476659932'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/7920513376476659932'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2010/05/la-entrevista-la-ha-hecho-javier.html' title='Un gran regalo'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/S_r-PJMc6wI/AAAAAAAAAE8/S_BC1qZ6se4/s72-c/caricatura+gervasio+lopez.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-1723785842576648618</id><published>2010-04-17T01:47:00.002+01:00</published><updated>2010-04-17T01:51:17.215+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ilusiones'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='amigos'/><title type='text'>Un premio inmerecido</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/S8kF_IuWjDI/AAAAAAAAAEw/EDWktIXuo60/s1600/916953calavera%2520sola.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 281px; DISPLAY: block; HEIGHT: 320px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5460902605395233842" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/S8kF_IuWjDI/AAAAAAAAAEw/EDWktIXuo60/s320/916953calavera%2520sola.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El 14 de abril de 2009, casi en los albores de mis incursiones literarias, un pequeño grupo de amigos, haciendo gala de un idealismo impenitente y admirable, crearon la página web Horror Hispano. Juntos, animados por un ferviente entusiasmo por la literatura, iniciaron una andadura cuajada de incógnitas en la que perseguían un sueño: convertirse en un referente, en una casa común, para todos aquellos que sienten el terror y misterio como algo muy cercano; para todos aquellos que resumen sus desvelos en unas pocas frases rebosantes de inquietud, de congoja, incluso de horror, para disfrute de cuantos se apresten a leer sus historias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El desafío era, por supuesto, muy importante. Ansiaban implantar una publicación periódica —en principio, un fanzine—, en la que dar salida al elevado número de escritores noveles que, pese a su talento, siempre se hallan huérfanos de editor; ansiaban unir esfuerzos, despertar conciencias y crear temores literarios; dar cobijo editorial a los que, como yo, tan solo podían soñar con ver sus textos plasmados en papel; ansiaban, en suma, convertirse en una salida para los desprovistos de respaldo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy, un año después, han conseguido fidelizar a un buen número de lectores, han publicado dos selecciones de relatos, amén de los muchos que han colgado en la página, y han sentado las bases para erigirse en la más importante de las páginas de literatura de terror de nuestro país. En próximas fechas, además, sacarán a la venta una importantísima selección de cuentos, ya muy esperada por los aficionados al género, y, para cerrar el círculo, han creado la Asociación Doble Hache, fragua de un sinfín de proyectos literarios que, sin duda, darán mucho que hablar en el futuro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ha sido éste un año de éxitos, de sueños cumplidos e ilusiones satisfechas, un año de días inolvidables, en el que se han cimentado los logros que vendrán, y que, una vez transcurrido, les ha servido para hacer balance.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para ello, para testar, en cierto modo, los gustos de los asiduos a su página, los creadores de Horror Hispano concibieron una especia de encuesta, una consulta a los lectores, en la que se les pedía que seleccionaran a los más destacados del año.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El 15 de Abril hicieron públicos los resultados, y mi sorpresa fue mayúscula.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras las votaciones, resulté elegido “Autor del año”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí, ya sé que es sorprendente, pero así es, “autor del año”. Y estoy que no quepo en mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso me gustaría aprovechar estas líneas para expresar mi gratitud, para explicar la emoción sentida, pero lo cierto es que me cuesta mucho. Nunca he sido capaz de mostrar mis sentimientos de forma abierta y clara, y por ello sólo diré: muchas gracias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muchas gracias a todos aquellos que lo han hecho posible, a todos aquellos que me han leído, a los que me han acompañado y a cuantos han perdido una parte de su tiempo para compartirlo con mis textos. Sois vosotros los que me habéis ayudado a lograrlo, así que, de todo corazón, muchas gracias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Junto a mí, otros compañeros han recibido el favor de los lectores:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rafa Guerrero, por su fantástico “Las ratas”, elegido mejor relato del año,&lt;br /&gt;Crocop, por una terrorífica y crudísima microbiografía,&lt;br /&gt;Rafael Pérez, por una estupenda definición de Horror Hispano, y&lt;br /&gt;Manuel Loureiro, por Apocalipsis z: los días oscuros, considerado el mejor libro de Horror del año.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jaume Balaguero y su conocidísima REC 2 han sido elegidos, además, mejor director y mejor película.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que ya veis; para mí, es un auténtico honor formar parte de este cartel, y por tanto, MUCHÍSIMAS GRACIAS.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para Darío, en especial, por todo lo hecho. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-1723785842576648618?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/1723785842576648618/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=1723785842576648618' title='25 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/1723785842576648618'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/1723785842576648618'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2010/04/un-premio-inmerecido.html' title='Un premio inmerecido'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/S8kF_IuWjDI/AAAAAAAAAEw/EDWktIXuo60/s72-c/916953calavera%2520sola.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>25</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-6700229916657449314</id><published>2010-03-14T02:00:00.002+01:00</published><updated>2010-03-14T02:02:34.858+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato breve'/><title type='text'>Mi abuelo, el contador de historias</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/S5w1kdHVR7I/AAAAAAAAAEo/MPJUAd2pzi4/s1600-h/4077750taberna.jpg"&gt;&lt;img style="WIDTH: 320px; HEIGHT: 282px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5448288549618403250" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/S5w1kdHVR7I/AAAAAAAAAEo/MPJUAd2pzi4/s320/4077750taberna.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El abuelo se había ido como por ensalmo, sin apenas decir un ay o un adiós, expeliendo su último aliento con la parsimonia o la quietud de aquel que se va en paz. Su rostro se había vuelto cadavérico, macilento y exangüe, como esas gárgolas marmóreas que observan al viandante desde el privilegio de las alturas, de ojos ocultos, arrebujados tras unos parpados gruesos de vejez. Y sin embargo, aún mantenía aquella expresión de placidez que yo siempre recordaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era el abuelo un hombre recio, firme como una piedra y quizás tan tosco como ella, aunque ferviente cristiano y blandengue de interior. Había sido, además, un magnífico orador, un espléndido charlatán, muy dado a largas peroratas y discursos rebosantes de un idioma goloso, acaparador, que parecía querer aprehender hasta el último de los detalles y regurgitarlo en forma de verbo florido o ripio más o menos afortunado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al abuelo le encantaba contar historias. Tras haberse deslomado en los campos, hollando una tierra escasamente fértil que no le daba más que disgustos, y después de haberse aseado adecuadamente, solía dirigirse a la taberna del pueblo, apenas un garaje de cales desconchadas y humedecidas, donde se reunían los cuatro o cinco viejos que por aquel entonces quedaban en el pueblo. Allí fumaban unos cigarros gordezuelos, muy toscos, que parecían cosidos a sus labios, como desafiantes de una gravedad quizás ausente y plenos de hebras negruzcas y mal prensadas que exhalaban un humo denso, blanquecino, que terminaba por acumularse bajo la techumbre. Al mismo tiempo, para paliar la sequedad que les amargaba el velo del paladar, los del pueblo vaciaban pequeñas jarras de un vino espeso, abundante de posos violáceos, que Fermín, el posadero, perpetraba en unas barricas contaminadas de podredumbre. Durante la fermentación, Fermín solía verter en las cubas gruesos trozos de tocino, rancios y amarillentos, que proporcionaban al caldo una textura untuosa, un cuerpo sabroso, muy apreciado por sus vecinos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ambiente en la taberna era cordial, casi familiar, y allí, entre volutas rizadas y olorosas, y regustos dulzones y engrasados, mi abuelo contaba sus historias, sustitutas de una radio aburrida o una televisión inexistente. Se acodaba en el mostrador de madera, junto al frigorífico donde yacían las Coca colas, miraba a su reducido auditorio —cada vez más reducido—, expelía una bocanada suave y comenzaba a hablar, manoseando sin cesar una estilográfica de laca raída, que siempre lo había acompañado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eran narraciones extensas, casi todas sin final, que musitaba con aquella voz grave, maltrecha de toses y esputos, que parecía provocarle un intenso dolor. Acostumbraba a comenzarlas por la mitad, como si los orígenes no tuviesen importancia, por lejanos, y profería extensos circunloquios, a veces muy desorientados, hasta que se aproximaba a la conclusión. Una vez llegado a ese punto, se callaba, bebía un trago de aquel vino denso y azulado, y murmuraba: “el final no importa; es triste, como siempre, y nosotros ya somos viejos”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces, sus amigos sonreían. — ¿Cuándo contarás el final? —preguntaban, a pesar de conocer la respuesta—. ¿Para qué? —contestaba él—. Ya os he dicho que es triste, y si no os lo cuento, tal vez podáis imaginar vosotros uno distinto. —Entonces sonreían todos, vaciaban las jarras de golpe y se marchaban para casa, sin necesidad de despedirse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así seguían, día tras día, en una ceremonia cotidiana que los aliviaba de los pesares de la soledad, de esa soledad impuesta por un progreso absurdo e imparable, que terminaría por dejar el pueblo vacío. Y así día tras día, entre largas jornadas de cava y de siega, entreveradas por aquellos gratos momentos de asueto en los que las historias se convertían en protagonista; y así día tras día, entre amigos ya ancianos, gregarios de un hombre al que le gustaba hablar, que ya habían renunciado a conocer aquellos finales tristes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta que se fueron muriendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno tras otro, vencidos por una vida bien vivida, sucumbían a los años, mientras sus amigos, cada vez menos, cada vez más viejos, continuaban reuniéndose en aquella taberna de pueblo para escuchar a mi abuelo, para fumar aquellos cigarros gordezuelos y beber aquel vino untuoso y azulón. Quizás la imaginación de éstos también sucumbiera, y aquellos finales tristes, ignorados por el narrador, no se vieran sustituidos por otros más felices. Quizás, la esperanza también acababa falleciendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente, sólo quedó mi abuelo, en un pueblo vacío, lleno de recuerdos. Y su voz, maltrecha de toses y esputos, se fue apagando, huérfana de historias y de público; huérfana de amigos. Hasta que también él sucumbió. Tal vez, le hubiese llegado la hora; tal vez, sin amigos, sin historias, sólo con finales tristes, no tenía sentido vivir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acurrucado en el féretro, mi abuelo descansaba. Entre sus dedos nudosos, sinuosos de artritis, bajo la bóveda esquelética que formaban, se ocultaba aquella estilográfica, de laca raída y desconchada, que tantas veces había sido testigo de finales por decir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal vez, ella pudiera susurrarme aquellos finales felices, tantas veces imaginados por los amigos de mi abuelo. Tal vez, pudiera susurrarme alguna historia. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-6700229916657449314?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/6700229916657449314/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=6700229916657449314' title='14 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/6700229916657449314'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/6700229916657449314'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2010/03/mi-abuelo-el-contador-de-historias.html' title='Mi abuelo, el contador de historias'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/S5w1kdHVR7I/AAAAAAAAAEo/MPJUAd2pzi4/s72-c/4077750taberna.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>14</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-3313226116885256536</id><published>2010-02-13T01:30:00.000+01:00</published><updated>2010-02-13T01:32:23.112+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ilusiones.'/><title type='text'>Agradecimiento, homenaje y autobombo</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;No quisiera comenzar esta entrada sin antes disculparme por el triste abandono que este blog ha sufrido, pero un sinfín de circunstancias me han obligado a permanecer apartado de él. Sin embargo, hoy no he podido sustraerme a mis necesidades cibernéticas —¡qué raro suena eso—, así que aquí estoy.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo siguiente, es a modo de agradecimiento, homenaje y autobombo —disculpadme lo del autobombo, pero necesito contarlo—, y quiero compartirlo con todos vosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace escasas horas, el autor de “el alma impresa”, Sergio G. Ros, ha colgado en su fantástico blog una selección de escritores que ha denominado “Generación XXI”, y dado que es hombre de gran criterio, exquisito gusto literario y sumamente dotado para reconocer el talento allá donde lo viera, ha decidido, como no podía ser de otro modo, incluir a un servidor en dicha relación —Je,je, ya dije que era autobombo, así que ahora no os sorprendáis, ¡coñe! —.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo cierto es que su iniciativa, a pesar del buen rollete que hay entre blogueros, me sorprendió muchísimo —sobretodo que me hiciese partícipe de ella—, pero hoy, cuando vi mi nombre junto al de tantos amigos, me sentí realmente orgulloso. Sergio es un hombre desprendido, generoso y benévolo —al menos eso capto yo en sus intervenciones—, y el exquisito trato que siempre muestra con sus compañeros de red está adquiriendo proporciones colosales. Iniciativas como ésta ensalzan a quien las emprende, y yo no puedo más que enorgullecerme por formar parte de sus amigos de bitácora. Vaya por tanto, desde aquí, mi más agradecido recuerdo para él. Quizás algún día, así lo espero, esta relación se vea refrendada por un buen apretón de manos o un fuerte abrazo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi más sincera enhorabuena, por supuesto, a mis compañeros de generación. Es un orgullo acompañaros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ahora, sin solución de continuidad, el autobombo más inmodesto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace un año, más o menos, que comencé con este blog, y a pesar de que es muy poco tiempo, lo que en aquel momento me parecía imposible comienza a hacerse realidad. Por aquel entonces, mis sueños literarios no eran más que eso: sueños o quimeras que llenaban mis noches, pero hace unos días —sí, tan solo unos días—, comenzaron a hacerse realidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras la publicación de mi relato “Trágica confesión” en el fanzine nº 2 de Horror Hispano, Darío Vilas, administrador de “Horror Hispano” y creador, junto con Senén Lozano y Anabel Areal, de la asociación literaria “Doble Hache”, me pidió que participase junto a otros cuatro compañeros en una iniciativa ciertamente curiosa: un libro disco; un pequeño libro de relatos que irá acompañado de un cd, donde figurarán las piezas musicales que unos amigos compositores han creado para nosotros. Se trata de algo ciertamente innovador; una comunión genial entre música y literatura que espero no deje indiferente a nadie, y en la que voy de la mano de una fantástica compositora, Ana Albajara, que ha escrito dos piezas realmente fabulosas. Saldrá a la venta a principios de verano, y espero que obtenga el éxito que los miembros de Doble Hache se merecen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quizás por la misma época, comenzó mi colaboración con “Brandlife”, una muy conocida revista de publicidad donde logré publicar un artículo sobre la campaña que Acciona había lanzado a los medios. Al cabo de un mes se me ofreció la posibilidad de colaborar con ellos; surge entonces “Desde mi sillón”, una columna mensual donde un espectador ignorante —o sea, yo—, escribe sobre ese extraño mundo de la publicidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Febrero se publicó la primera columna; a principios de marzo sale a la venta el número donde se incluye la segunda, y la experiencia está resultando increíble. Comienzo a dar pasos en el mundillo y estoy que no lo creo, pero como no hay dos sin tres —o tres sin cuatro—, ahora viene la traca final.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A primeros de marzo, dentro de nada, saldrá a la venta mi primera novela, “Los crímenes de Avignon”, donde cuento la lucha que un servidor del Santo Oficio se ve obligado a mantener contra unos criminales ciertamente sádicos. Es otra iniciativa de Doble Hache —a esta gente ya no sé cómo agradecérselo—, y ya está casi todo hecho. Estoy terminando la corrección, la portada, obra de Quisco, es absolutamente brutal, y en breve, unos pocos días, la podré tener entre mis manos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que creedme; los sueños, desde luego, se hacen realidad. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-3313226116885256536?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/3313226116885256536/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=3313226116885256536' title='19 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/3313226116885256536'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/3313226116885256536'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2010/02/agradecimiento-homenaje-y-autobombo.html' title='Agradecimiento, homenaje y autobombo'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>19</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-5399656567716792233</id><published>2010-01-11T22:54:00.005+01:00</published><updated>2010-01-15T23:40:10.757+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Buenos escritores'/><title type='text'>Imperfecta simetría</title><content type='html'>&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 150%" class="MsoNormal"&gt;Hace unos cuantos meses, en una de las primeras entradas de este blog, mencioné la grata sorpresa que me había llevado al internarme en el, sobretodo entonces, desconocido mundo de la blogosfera literaria. Recuerdo haber descrito mi estupor al hallarme frente a un buen puñado de escritores, todos ellos grandes aficionados, que volcaban sus anhelos, sus pesares o sus alegrías sobre la pantalla de un ordenador, para libre regocijo de todos los que quisieran acercarse hasta sus bitácoras.&lt;/p&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 150%" class="MsoNormal"&gt;Hoy, me acerco hasta vosotros con una finalidad similar: la de glosar la fantástica labor de dos escritores escasamente conocidos, casi noveles aunque rebosantes de talento, que recientemente han conseguido publicar una de sus obras.&lt;/p&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 150%" class="MsoNormal"&gt;&lt;?xml:namespace prefix = o /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 150%" class="MsoNormal"&gt;Me refiero a Darío Vilas y a Rafa Rubio, administradores de la página web Horror Hispano, que sin duda sabrán descollar en este extraño e injusto mundo de las letras. Para ello, uno de sus primeros pasos ha sido la aparición de un pequeño libro de relatos de misterio, “Imperfecta simetría”, ambientado en una isla carente de humanidad, donde lo humano apenas importa y tan solo el egoísmo anima a sus habitantes.&lt;/p&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 150%" class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 150%" class="MsoNormal"&gt;El libro consta de varias historias independientes que, sin embargo, los autores han conseguido hilvanar entre sí por una trama muy sutil. En ellas, Rafa y Darío nos muestran unos personajes muy oscuros, anclados en un pasado tan oscuro como ellos, cuyas vidas se ven trágicamente dominadas por el entorno en el que viven: la isla de Simetría, un pedazo de mundo en el que reina la decadencia, la corrupción y la inmoralidad, con una atmósfera tan opresiva e inquietante que sume a los que allí residen en una desesperanza contagiosa y enfermiza de la que se ven incapaces de escapar.&lt;/p&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 150%" class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 150%" class="MsoNormal"&gt;Surge entonces en sus vidas el horror, la crueldad o el sadismo; a veces ribeteado de pequeños festones absurdos o surrealistas; a veces presidido por un realismo agobiante que cala hasta los huesos al lector y le provoca una desazón angustiosa. Surge la sangre, el miedo…el terror.&lt;/p&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 150%" class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 150%" class="MsoNormal"&gt;Sabiamente, los autores conjugan una prosa incisiva, muy directa, con una indiscutible belleza estilística –poética, en ocasiones-, que propicia una lectura ciertamente agradable y ayuda a crear un escenario fácilmente imaginable. Nos regalan un cúmulo de sensaciones -siniestras, en su mayor parte-, que, por esas curiosas evocaciones que acuden a nuestra mente, nos trasladan a un paisaje caótico, desprovisto de amor o humanidad, que hasta ansiamos no abandonar. Nos sume en la desazón; pero casi deseamos permanecer en ella, pasar la página y continuar con la inquietud.&lt;/p&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 150%" class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 150%" class="MsoNormal"&gt;“Imperfecta simetría” es, en suma, un conjunto completo y homogéneo de relatos angustiosos, que a buen seguro supondrá el comienzo de una carrera imparable y fructífera. Vaya desde aquí, por tanto, por los buenos momentos que su creatividad me ha proporcionado, mi más sincero agradecimiento.&lt;/p&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 150%" class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 150%" class="MsoNormal"&gt;Para Rafa y Darío, muchas gracias.&lt;/p&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 150%" class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 150%" class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 150%" class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 150%" class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt;NOTA: Para aquellos que lo deseéis, el libro se puede adquirir en www: h-horror.com&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-5399656567716792233?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/5399656567716792233/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=5399656567716792233' title='17 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/5399656567716792233'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/5399656567716792233'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2010/01/imperfecta-simetria.html' title='Imperfecta simetría'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>17</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-3104150114850089795</id><published>2009-12-16T00:21:00.005+01:00</published><updated>2009-12-16T00:28:37.716+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ilusiones.'/><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Hola, amigos -vaya, menudo saludo circense-. Este post supone un cierto cambio. En él cuelgo un relato que ha escrito mi hermano -gemelo, para más señas-, que ha decidido, al fin, recuperar esa afición por la escritura que siempre tuvo. Se trata del primer capítulo de una novela que está escribiendo, y a mí me parece que puede dar mucho juego. Creo sinceramente que tiene grandes dotes para ello, pero me gustaría conocer vuestra opinión. Ya sabéis que la tengo en gran estima así que, por favor, leed y, si lo tenéis a bien, comentad. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Bueno, ahí va.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Un abrazo a todos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a name="113364839513781157"&gt;&lt;/a&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;EL ERROR INEXISTENTE&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Capítulo Uno&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi nombre es Saturno. Si, ya lo sé. Es ridículo en extremo, pero es el único que tengo. Las responsables del desatino fueron las monjas del hospicio de Santa María de la Merced, donde me crié y viví hasta el día en que cumplí los catorce años de edad. Sor Mónica, que fue quien tuvo la idea, se basó en que ─ como Saturno, que es el planeta más extraño del sistema solar ─, yo era el niño más ajeno a la normalidad de todos cuantos había visto a lo largo de su vida. El resto de las monjas  estuvieron de acuerdo en que ese aborrecible nombre era el más adecuado para el caso, y así fui cristianamente bautizado como Saturno de Santa María de la Merced, de padre y madre desconocidos.            ¿Y cuál fue ─ se preguntarán ustedes ─, la rareza que vieron en mí aquellas buenas monjas para causarme semejante faena? La explicación es bien sencilla, y puede resumirse en una sentenciosa frase: soy un mal nacido. Por favor, no me entiendan mal. No soy un hombre depravado ni poseo más cualidades vergonzosas de lo habitual. Quiero decir, simplemente, que nací mal. No hubo diferencias en el método, que supongo que sería el habitual; pero, sí en la forma.&lt;br /&gt;Afirman los doctores en Medicina que todo lo que experimenta la madre&lt;br /&gt;durante el embarazo se traslada, en mayor o menor grado,  a la criatura que lleva en el vientre. Y lo que experimentó mi madre fue una soberana paliza que le propinó mi padre al regreso de una de sus numerosas orgías etílicas. Solía llegar a casa transformado en uno de esos odres de piel de cerdo que se usan para guardar el vino. Y en tal estado, y deshonrando a tan noble animal, la emprendía a golpes con mi madre. Como no daba abasto ella sola, y también ─ supongo ─, porque siempre es bueno el reparto “a escote”, me tragué yo una abundante ración de palos.&lt;br /&gt;Les ruego me disculpen si les parece que trato el tema de un modo frívolo, pero debo hacerlo así para evitar que las lágrimas mojen el papel sobre el que escribo. A nadie le duelen más que a mí los padecimientos de mi madre, que buenas penurias me han causado, pero no me gusta refocilarme en el dolor como una plañidera; prefiero olvidarlo y rodearlo como si fuera un barrio de mala reputación, y centrarme — si es posible — en todo lo bueno y bello que la vida ofrece.&lt;br /&gt;Llegué a este mundo en una de esas noches de otoño frías y nubosas. Lo hice en una cama sucia, como todo lo demás. Cuando mi padre vio que el parto era inminente corrió a avisar a Josephine Baker, la mejor y única comadrona del pueblo.            —Mala cosa ser primeriza en una noche así —dijo la vieja Josephine&lt;br /&gt;mientras rumiaba el enojo que la invadía—. Dais más problemas que valéis.            La comadrona Baker actuaba con la habilidad de los años, que le habían regalado la experiencia pero también una aguda desidia que parecía gobernar todos sus actos. El milagro del nacimiento no tenía secretos para ella; nunca se presentaban complicaciones que no pudiese salvar, ninguna sorpresa desagradable. Pero aquella noche, cuyo desenlace se había decidido por la vía del estacazo —aquellos que recibiera mi madre—, vine yo a echar un borrón sobre el flamante expediente de la Baker.&lt;br /&gt;            El temblor que sacudió sus estremecidas manos mientras se esforzaba por buscar alguna configuración habitual en aquella cosa que sostenían, fue tal que a punto estuvo de dejarme caer al suelo de la habitación.            —Por si no te ha llegado, ¡dos tazas! —Habría sido la bienvenida más apropiada; el primer aviso de lo que llegaría después.&lt;br /&gt;            Cuando al inicio del relato les advertía de mi condición de mal nacido, pretendía señalar que lo que mi madre engendró fue no más que un vano intento de ser humano, un cuerpo extraño y plagado de deformidades, una masa de carne informe que apenas dejaba entrever al bebé que se suponía había de llegar. La consecuencia de aquella infame paliza fue una cabeza plagada de valles y colinas; tal era el número, tamaño y profundidad de los badenes y baches que la poblaban, que, si bien no dañaron al cerebro, fueron causa suficiente para evitar el parecido con el resto de las testas conocidas hasta la fecha. La cara era lo más humano de todo, obviando, eso sí, el exagerado tamaño de la nariz, con unas aletas capaces de hacer que el resto del cuerpo alzase el vuelo, y la extraña disposición de la boca que parecía buscar la verticalidad. Mis piernas se quedaron en los primeros pasos de la carrera, de tal modo que los pies, casi inexistentes y extraordinariamente retorcidos, aparecían mucho antes de lo esperado. Al término de la cadera, y con no más de diez centímetros de recorrido —los ocupados por las piernas—, surgían unos pies diminutos e inservibles, como setas venenosas.&lt;br /&gt;            Obviamente, tal cúmulo de atrocidades corporales no pudo más que condicionar toda mi existencia. Y lo hizo desde el principio.           &lt;br /&gt;            Cuando el llanto y los dolores propios del parto permitieron a mi madre abandonar el lecho tomó la decisión de encaminarse hacia el convento de Santa María de la Merced. Lo hizo al abrigo de la noche, esquivando la indiscreción de las farolas y las calles más transitadas. Pretendía dejarme ante la puerta de la inclusa, resguardado en una vieja canastilla con más mugre que mimbre, y con la esperanza de que las monjas, al verme así abandonado, me tomasen bajo su cuidado y me diesen el cobijo y alimento necesarios.&lt;br /&gt;            — Ellas —se decía mi madre, en un vano intento de convencerse a sí misma—, le darán una educación y una comodidad que de otro modo no tendrá. Le cuidarán como Dios manda y le darán todo el cariño que necesita. Seguro.&lt;br /&gt;            Y en éstas estaba la pobre mujer, cegada ya por las lágrimas que le caían a borbotones y con la preocupación incesante de ser descubierta, cuando todas las precauciones que había tomado en su ronda nocturna se revelaron insuficientes para procurar el anonimato que tanto ansiaba. Fue mi llanto el culpable de que Sor Ángela, intrigada por los quejidos infantiles que llegaban desde la calle, la descubriese cuando se disponía a dejar la canastilla ante el portón de entrada. Al verse sorprendida de forma tan inesperada pensó mi madre en echarse a correr calle abajo, huyendo de mí y de la monja que le daba el alto. Pero sor Ángela, a pesar de los muchos años que cargaban sus huesos y de los dolores reumáticos que la asolaban, fue más rápida que mi madre, que se vio arrastrada hacia el interior del hospicio sin poder hacer nada para evitarlo.            Dos minutos después del forcejeo —los que tardó Sor Ángela en tranquilizar a mi madre—, estaban las dos mujeres sentadas en el salón principal del convento, dejándose acariciar por el calor de las brasas que crepitaban suavemente en la chimenea.&lt;br /&gt;            Estuvieron así hasta que la luz del alba les indicó que las palabras ya no servían, y que el rumbo y la determinación de mi madre no iban a variar. La pobre apenas tenía argumentos que oponer a los de la monja, que no cesaba de hablar del amor de la madre hacia su hijo y de los sacrificios que el Señor impone. Eran conceptos demasiado lejanos para quien descubre, espantado, que la desesperanza ha terminado por atraparle y gobierna ya toda su vida.            En ocasiones, ya vencida y derrotada, mi madre me señalaba con el dedo.            — Mírele usted —decía con la voz quebrada por el llanto—, ¿qué voy a hacer? ¿Qué otra cosa puedo hacer?&lt;br /&gt;            Su mente se llenaba de imágenes de un futuro aterrador, condenado por una existencia que la castigaría eternamente  y de la que sólo podría escapar manteniéndome lejos.&lt;br /&gt;            — ¿Y él? —opuso Sor Ángela, dirigiendo una mirada inquisidora a mi madre, que no cesaba de llorar—. ¿Podrá perdonarla algún día?            — Mírele, madre —respondió ella—. Le he dado la vida. ¿Cómo podría hacerlo?&lt;br /&gt;            Y todo quedó decidido.&lt;br /&gt;            El día de mi llegada a Santa María de la Merced, Sor Ángela              convocó a todas las monjas a una reunión para que me viesen y supiesen lo que se les venía encima.&lt;br /&gt;            — No será fácil —afirmó Sor Margaret, muy seria, mientras me observaba con expresión curiosa dentro del capacho en que mi madre me había llevado al hospicio—. Me refiero a su educación. Y a sus cuidados…            — Todos son iguales a su edad —sentenció Sor Ángela—. No importa cómo sea su rostro, ni su cuerpo. Todos necesitan lo mismo: comer, que les den el biberón y les cambien los pañales. Sólo eso.            — Al menos —llegó a decir una de las monjas—, es seguro que el buen Señor tendrá la bondad de llevárselo pronto a su lado. Pobrecito…           &lt;br /&gt;            Les parecía imposible que mis deformidades físicas no tuvieran una correspondencia dentro de mi organismo; algún defecto congénito y mortal que no tardaría en manifestarse para llevarme de este mundo. Pero, se equivocaron, y —aunque no mucho—, pude crecer rodeado de hábitos y de niños, sano y fuerte, listo y temeroso.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-3104150114850089795?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/3104150114850089795/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=3104150114850089795' title='13 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/3104150114850089795'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/3104150114850089795'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2009/12/hola-amigos-vaya-menudo-saludo-circense.html' title=''/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>13</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-1062728469863012292</id><published>2009-12-07T23:57:00.003+01:00</published><updated>2009-12-09T01:11:28.778+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato breve'/><title type='text'>Un tacto tibio</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/Sx2Inn204eI/AAAAAAAAAEc/uujRb8StQgw/s1600-h/poker.jpg"&gt;&lt;img style="WIDTH: 256px; HEIGHT: 320px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5412632541464420834" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/Sx2Inn204eI/AAAAAAAAAEc/uujRb8StQgw/s320/poker.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;UN TACTO TIBIO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Qué crueles son los días que me ha tocado vivir! ¡Qué incierto se me antoja el destino!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora, atenazado por deudas de juego, perseguido por unos acreedores correosos e infalibles, y desprovisto de bienes con los que satisfacer sus bestiales requerimientos, no me queda otra opción que poner tierra de por medio, olvidar el coraje y la galanura, y correr como un conejo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quizás mi orgullo se vea perjudicado ante semejante modo de actuar, sí. Pero bueno es un pellejo sano, y bálsamos habrá para enjugar las heridas de la ignominia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Odio, no obstante, comportarme así, pues la gallardía y el coraje han blasonado siempre mi estirpe, y la huída indecorosa nunca estuvo bien vista por mis insignes antepasados. Sin embargo, consciente como soy de que sus espíritus no se removerán inquietos en sus tumbas, decido iniciar mi vergonzante retirada, plena de desdoro pero ahíta de esperanza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Huyo! Huyo para salvar mi vida, y no albergo otro deseo que el de salvaguardar unos huesos a los que la edad me ha enseñado a amar. No obstante, y aun a sabiendas de que mi proceder es el correcto, todavía siento una intensa punzada de rabia por esa suerte que me ha resultado esquiva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Han sido tan caprichosos los designios, tan absurdo el reparto de la fortuna, que aún permanece en mí una acusada tendencia al desquite, un íntimo deseo de esgrimir una buena mano; una que me otorgue unas cartas que hagan justicia a mi afamada habilidad y me permitan vengar la afrenta sufrida ante unos jugadores mucho menos dotados que yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Ay! ¡Cuánto daría porque esto se hiciese posible! Cuánto por ver los rostros demudados de mis rivales, vaciarles los bolsillos y reírme ante ellos, en justa respuesta a sus burlas anteriores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Dios! ¡Qué bello sería!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sé que me siento atribulado por lo incierto de mis perspectivas; sé que mi ánimo actual no es el idóneo para dirimir esta incógnita que me acucia, pero no dejo de pensar en el injusto comportamiento de los hados. ¿Hay acaso alguien tan merecedor de su concurso como yo? ¿Alguien tan digno, tan osado?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡No! ¡Por supuesto que no! Y sin embargo ellos, tan divinos, tan etéreos, se congratulan en depararme un escarnio vergonzoso, rebosante de vituperios sociales, ante el que nada puedo hacer&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya oigo cómo se aproxima el tren. Su penetrante silbido me golpea como un aldabonazo, me devuelve a una conciencia acobardada y me obliga a huir en pos de una vida más larga y saludable. Debo huir. Sé que debo hacerlo. Y sin embargo…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me arrebujo en mi gabán, algo destemplado ya. Desconozco si la causa de mis estremecimientos es la baja temperatura o la falta de arrojo. Pero siento frío. Introduzco las manos en los bolsillos. Y ahí están. Mis últimas fichas; aquellas que resistieron los duros embates de una fortuna huidiza y se resguardaron, al calor de la franela, de unos ataques escasamente compasivos; aquellas que me devolvían la pasión y ahora me producen un bronco palpitar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sé que son pocas. Muy pocas. Pero su tacto es tibio, y yo siento frío. Y aún están ahí. Quizás sea una señal de que mi suerte va a cambiar. Quizás pueda echar una última mano, tan solo una, y así descubrir si el aciago destino que ha conducido mi vida se ha retirado al fin. Quizás sea mejor no coger ese tren.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿O no?&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-1062728469863012292?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/1062728469863012292/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=1062728469863012292' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/1062728469863012292'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/1062728469863012292'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2009/12/un-tacto-tibio.html' title='Un tacto tibio'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/Sx2Inn204eI/AAAAAAAAAEc/uujRb8StQgw/s72-c/poker.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-656249424239354893</id><published>2009-11-23T23:30:00.005+01:00</published><updated>2009-11-23T23:33:51.884+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato breve'/><title type='text'>Tan solo deseo que esto acabe</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/SwsNiLvGpsI/AAAAAAAAAEU/d0An0iGwfoA/s1600/demonio.jpg"&gt;&lt;img style="WIDTH: 320px; HEIGHT: 240px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5407430658505483970" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/SwsNiLvGpsI/AAAAAAAAAEU/d0An0iGwfoA/s320/demonio.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tan solo deseo que esto acabe; que pase la noche y se haga realidad el triste destino que me fue marcado. Mis arrestos han llegado a su fin, vencidos por la inevitable decrepitud que adorna mi cuerpo, por la certeza absoluta de que mi muerte es inevitable, y nada queda ya por hacer. Mi lucha ha finalizado, y ahora, ajado de años y desdichas, sólo me resta tumbarme en mi jergón, cerrar los ojos y esperar la llegada de la parca, tan firme, tan certera, que ningún hombre puede soslayar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque hubo un tiempo que creí poder hacerlo: un tiempo en el que mi coraje era desmedido, mi fe, absoluta, y mi corazón, ése que hoy se muestra emponzoñado y carente de amor, no hacía sino batallar, henchirse de orgullo y arrojarme a la lucha en pos de aquello que consideraba justo o razonable, sin importarme las consecuencias que debiera arrostrar por ello. Hubo un tiempo, sí, en que quise luchar. Pero ya pasó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Multitud son los combates que he tenido que afrontar, carentes de razón y sentimientos, donde no había lugar para la piedad, el amor o la esperanza, y muchos los que han caído en ellos, medrosos y desamparados, y envueltos en la angustiosa sensación de haber acometido una tarea inabarcable, que sobrepasaba la capacidad humana. Ante ella, cualquier esfuerzo era vano y tan solo una férrea voluntad podría llevar al guerrero a soportar los embates y no caer rendido por el terror o la desazón; tan solo un íntimo y arraigado deseo de hacer el bien no palidecería ante la grandiosidad del horror al que nos debíamos enfrentar, y así las cosas, pocos eran aquellos que lo intentaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juntos, mis hombres y yo, nos habíamos erigido en una suerte de último bastión, en un férreo baluarte sobre el que se había depositado la ímproba labor de salvaguardar a este mundo nuestro de los demonios y, a la vista de los resultados obtenidos, excesiva ha sido la carga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mis compañeros ya no están, y yo escasamente puedo mantenerme en pie. La vejez se ha cebado en mí, y con ella, como una viruela que acude presta a emponzoñar las llagas de la edad, ha surgido el temor, el egoísmo y la codicia, como jinetes que asolan las postrimerías de una vida incapaz de defenderse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora ya no es apacible mi ánimo. Hasta el leve crepitar de la lumbre que calienta mi hogar se me antoja presagio de muerte, y el siniestro ulular del viento al colarse por la chimenea se vuelve a mis oídos como aullido enloquecido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi cuerpo se halla enfebrecido, y paso a paso, sin remedio alguno para ello, el latir de mi corazón se agita más, se angustia y desespera, ante la proximidad de unas bestias que, a buen seguro, desprovisto de la ayuda que mis fieles hombres me procuraban, se abalanzarán sobre mí para desollarme y desprenderme de los breves retazos de vida que me resten.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mis posibilidades de sobrevivir a esta noche son, lo sé, inexistentes. Su ataque será feroz, mi mano ya no posee la firmeza de antaño y mi coraje ha desaparecido con mis amigos. Y ahora, mientras aguardo la irrupción enloquecida de esos seres malditos, pienso que, quizás, mi valentía nunca fue tal, sino una suerte de actitud solidaria, un arrojo inconsciente, motivado por la protectora compañía de mis hombres o por ese orgullo fatuo que impele al General a no arredrarse a la vista de la tropa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sé que no tendré valor para enfrentarme a esas bestias; son demasiado horribles, demasiado crueles sus actos, y no deseo darles el placer de acabar con mi vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por tanto, animado por un temor insoslayable, y por una decrepitud odiosa que me hace flaquear, he decidido acabar con mi vida, poner fin a mis angustias y evitar así ser pasto de sus fauces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sé que vienen a por mí; puedo oír cómo los brezales crujen bajo sus zarpas, cómo sus roncas gargantas regurgitan gritos de odio, y ya no aguanto más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los grillos y las lechuzas han dejado de cantar, aterrados por el paso de tan siniestra comitiva, propiciando con su silencio un mundo nuevo, huérfano de sentidos, en el que parezco levitar envuelto en brumas, como una somnolencia alcohólica. Y ciertamente me parecería así de no ser por el bronco latir de mi corazón, que me devuelve a la consciencia y al horror de saber que mi fin pronto ha de llegar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empuño entonces la pistola; lo hago con temor, pero mis dedos no flaquean. Acaso un temblor de senectud los torna indecisos, pero su convicción es más fuerte que la mía. Se ciernen sobre la culata y palidecen por una presión agobiante y desmedida. Alzo mi mano hasta la sien, y poso sobre ella el cañón. Apenas percibo su frialdad. Realmente, apenas siento nada. Tan solo miedo; un miedo atroz que no me deja vivir. Y ya no hay vuelta atrás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al otro lado de la puerta escucho sus gemidos; alguna sombra evanescente se oculta tras el antepecho de las ventanas, y una brisa cansada, ululante, atenúa las llamas de la lumbre, que se vuelven mortecinas y fatigadas. En breves segundos derribarán la puerta, entrarán y se arrojarán sobre mí, con unas fauces rebosantes de colmillos y unas garras crispadas por el odio. Aborrezco mi fin. Pero soy incapaz de afrontar su ataque. He de matarme. He de hacerlo ahora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;FIN &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-656249424239354893?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/656249424239354893/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=656249424239354893' title='12 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/656249424239354893'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/656249424239354893'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2009/11/tan-solo-deseo-que-esto-acabe.html' title='Tan solo deseo que esto acabe'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/SwsNiLvGpsI/AAAAAAAAAEU/d0An0iGwfoA/s72-c/demonio.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-8612464315905631056</id><published>2009-11-12T23:14:00.002+01:00</published><updated>2009-11-12T23:19:19.022+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Novela negra'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ilusiones.'/><title type='text'>El exilio de un Papa</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/SvyJyE1zLLI/AAAAAAAAAEM/_1--XsUw2aE/s1600-h/PioVII-1213610497551.jpg"&gt;&lt;img style="WIDTH: 259px; HEIGHT: 300px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5403345146323610802" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/SvyJyE1zLLI/AAAAAAAAAEM/_1--XsUw2aE/s320/PioVII-1213610497551.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;A continuación, os dejo un fragmento de una novela que estoy escribiendo. Espero que os guste.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Un abrazo a todos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;¿Cómo podían obligarla a estar con un ser tan repugnante, al que tanto odiaba por el daño que había hecho a Roma? ¿Por qué le era negado el amor? ¿Por qué la codicia enturbiaba los corazones, rechazando todo cuanto de bueno solía habitar en ellos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Valetta podía sentir cómo la ira recorría todo su ser, dejándola ahíta de odio y rabia cada vez que se veía obligada a soportar la presencia del General Miollis. No entendía cómo su padre, al que tanto había amado cuando era una niña, prescindía de la custodia de la honra de su única hija y la empujaba a los brazos de un hombre despreciable, a quien nada le importaba el bienestar de todos aquellos que le rodeaban. No entendía cómo el dinero, algo tan sucio y vacío de vida, podía llegar a obnubilar la mente y vaciarla de recuerdos y de amores. ¿Acaso era tan complicado prescindir de una posición de privilegio?; ¿acaso pesaba más la codicia que el respeto o la ternura?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para su infortunio, su padre había dejado muy clara la respuesta a las preguntas que la atormentaban, y la pobre Valetta no dejaba de lamentarse por ello. En su interior, sabía que ya no podía albergar esperanza alguna; su padre no iba a renunciar a su posición social ni a la posibilidad de medrar apoyando al vencedor. El dinero lo había cegado, y nadie le haría cambiar de opinión. Ni tan siquiera su esposa, la madre de Valetta, rota de dolor al ver el sufrimiento de su hija, lo había logrado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El general francés la cubría de regalos, la asediaba con promesas de amor y no cesaba de expresarle con palabras huecas y altisonantes la admiración que le profesaba. Parecía un adolescente enamorado, enfebrecido de pasión. Sin embargo, había en todo ello un tono almibarado, revestido de falsedad, que a Valetta no se le escapaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella sabía que el francés no albergaba sinceridad alguna en su corazón, y que sus palabras, tan dulces como falsas, no tenían otra intención que resquebrajar su coraza y así rendirla ante una vana verborrea. Pero ella no se dejaba engatusar. El desprecio que sentía por aquel hombre era excesivo, y lo último que deseaba era doblegarse a su voluntad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Querida Valetta: no has de temerme, pues yo tan solo ansío tu bienestar. Deseo estar contigo, ya lo sabes, pero no quiero imponerte nada. —Miollis hablaba casi en susurros, bisbiseando una ponzoña repleta de añagazas que no parecía tener éxito alguno. Aquella mujer se resistía, no como las otras, y él comenzaba a sentirse enojado por las constantes negativas.&lt;br /&gt;— ¿No te das cuenta? ¿Acaso no es motivo de orgullo saberse admirada por el General Miollis? ¿O es que el conquistador de Roma no es suficiente para ti? —En su voz se atisbaban ya ciertos ribetes de enfado, pero Valetta parecía hacer oídos sordos.&lt;br /&gt;—No me malinterprete, General. Es usted un hombre encantador, y disfruto mucho de su compañía, créame. Pero los designios del corazón son oscuros, y no arde en mí llama alguna.&lt;br /&gt;—Compréndelo, Valetta. El amor no nace en un segundo, como sabrás. Es necesario perseguirlo, cuidarlo y mimarlo, y solo con perseverancia se logra.&lt;br /&gt;—Bueno, de perseverancia parece usted sobrado, General. —La joven comenzaba a sentir repugnancia por aquel cortejo baboso y dulzón, que en nada dulcificaba su ánimo.&lt;br /&gt;—Cierto, pero todo tiene un límite. No lo olvides. Ven. Acércate. —El General extendió su mano, engarzada de joyas, y agarró a Valetta, atrayéndola hacia él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella comenzó a resistirse, forcejeando nerviosamente para desasirse de su brusco apretón. Pero el francés no pretendía liberarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Déjeme, se lo ruego —imploraba—. Permítame que me vaya a mi casa.&lt;br /&gt;—Te irás más tarde. Antes has de satisfacerme.&lt;br /&gt;—No, por favor. Suélteme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miollis, harto ya de dimes y diretes, y anhelante de una pasión robada, comenzó a tirar con más fuerza de la mujer. Su mano se cerraba sobre el brazo de la joven en un abrazo desmedido, y su gesto comenzaba a mostrar un color violáceo, fruto de un enojo creciente. Él era el gobernador de Roma, y no iba a renunciar a aquella preciosa mujer de cabellos cobrizos. Si tenía que ser por la fuerza, Valetta sería suya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—He dicho que vengas —bramó con un coraje ya desatado, imprimiendo a su exhorto un tono autoritario que escasamente se compadecía con las gestas del amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente, preso de una furia exacerbada, el General arrastró de golpe a la mujer hasta arrimarla contra su pecho. Sin saber muy bien cómo reaccionar, Valetta, terriblemente asustada, levantó un brazo y lo descargó con rabia sobre el rostro de su agresor. La bofetada sonó como un latigazo, sumiendo en una sorpresa vergonzante al General.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Éste, ligeramente aturdido, soltó a la mujer. Parecía conmocionado, como si su mente no fuese capaz de entender lo que había sucedido. Su boca permanecía abierta en actitud bobalicona, y en su mejilla izquierda, como prueba irrefutable de la iniquidad que había querido cometer, comenzaba a florecer una mancha blanquecina, envuelta por un halo rojizo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El General tardó unos segundos en asimilar la afrenta de Valetta. Se llevó una mano a la mejilla y comenzó a palpársela con desagrado. Un calor lacerante, regalo de un menosprecio merecido, le bañaba el pómulo con saña, embargándolo de una ira que ansiaba ser desatada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto, sus ojos se vieron animados por un brillo malévolo. Sus labios se crisparon y un ligero temblor acunó su mentón. Sentía una rabia incontenible. Su mano, aquella que había hollado el fruto de su infamia, salió disparada hasta el rostro de Valetta e impactó sobre él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Valetta cayó al suelo, casi inconsciente. El golpe había sido brutal, los oídos le retumbaban con un pitido insoportable y de su nariz manaba mucha sangre. Tenía el pelo alborotado, formando un denso velo cobrizo que mantenía su cara oculta, como un cortinaje tras el que esconderse. Por eso Miollis no pudo ver sus lágrimas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El General bufaba como un animal encabritado, poseído por un enfado rabioso que se esforzaba por no desaparecer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— ¡Maldita zorra! ¿Es eso lo que querías? Eh, ¿es eso? —Al hablar, escupía grandes salivazos, desertores de una boca palpitante y venenosa que huían despavoridos para caer inertes al suelo—. Ahora ya lo has conseguido, y la próxima vez no seré tan benévolo.&lt;br /&gt;Valetta sollozaba con la mirada clavada en el suelo, tratando de inhalar un aire que le resultaba esquivo. En aquel momento odiaba a su padre. Por su culpa se veía obligada a soportar todo aquello. Y eso era solo el principio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miollis parecía más calmado. Su respiración se había normalizado y el enfado comenzaba a remitir. De pronto sentía una grata sensación de poder. Valetta estaba a sus pies, humillada e indefensa. La altivez que siempre exhibía había desaparecido de repente, y seguramente se encontraría más dispuesta a ceder a sus deseos. Desde luego, la bofetada no había sido mal gesto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Espero que esto te haga recapacitar, Valetta. ¡Yo soy el poderoso! ¡Yo soy el que puede conseguir que los negocios de tu padre prosperen! No lo olvides. —El General comenzó a caminar hasta la puerta del comedor. Se sentía henchido de orgullo y satisfecho por su demostración de fuerza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— Si en algo valoras tu bienestar y el de tus padres, tu actitud cambiará.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Valetta siguió tumbada en el suelo, sumida en una rabia que apenas le dejaba vaciar su llanto. Tan solo al escuchar cómo la puerta se cerraba con estrépito, se permitió llorar.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-8612464315905631056?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/8612464315905631056/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=8612464315905631056' title='11 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/8612464315905631056'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/8612464315905631056'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2009/11/el-exilio-de-un-papa.html' title='El exilio de un Papa'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/SvyJyE1zLLI/AAAAAAAAAEM/_1--XsUw2aE/s72-c/PioVII-1213610497551.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-3337858405868028332</id><published>2009-11-07T16:08:00.003+01:00</published><updated>2009-11-07T16:49:04.904+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ilusiones.'/><title type='text'>Certamen de micros Art Gerus</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;A continuación, os dejo un micro que he enviado al certamen de relatos Artgerus. Ya sabéis que lo breve no se me da muy bien. En cualquier caso, aquí está.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;El apunte de concurso me lo facilitó Marta Abelló, del blog "Los manuscritos del caos", que ya ha publicado uno que me ha parecido fantástico. Para ella, muchas gracias.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;       UN FÉRETRO PREMATURO&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Su rostro se veía demacrado y exangüe, desprovisto de aquella belleza altiva de antaño que tanto habíamos admirado. Una muerte sobrevenida, sin avisos previos, se había cebado en ella, vaciándola de vida y aliviándola de pesares, como un lenitivo que le ayudase a soportar la pena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos sabíamos que su matrimonio había sido un infierno y que su marido no era el hombre respetable y cariñoso que todos creían. Sin embargo, no había modo alguno de demostrarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su esposo la observaba con ojos vacuos, recluida en un féretro inmerecido y prematuro. Parecía ajeno a su muerte, como ausente, pero cuando se aproximó al ataúd, su semblante se demudó de forma grotesca. Aterrado, comenzó a gritar. Su rostro palideció de repente y sus ojos se inundaron de capilares sangrantes. Segundos después, estaba muerto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al acercarnos a él, medrosos por lo acontecido, pudimos ver la silueta de su mujer dibujada en el iris de su asesino, con un dedo acusador en alto.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-3337858405868028332?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/3337858405868028332/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=3337858405868028332' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/3337858405868028332'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/3337858405868028332'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2009/11/certamen-de-micros-art-gerus_07.html' title='Certamen de micros Art Gerus'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-4967691186750248385</id><published>2009-10-18T21:19:00.004+01:00</published><updated>2009-10-18T21:45:21.620+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ilusiones.'/><title type='text'>Buenas noticias</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Hola, amigos. Esta entrada es para haceros partícipes de una noticia que ha venido a alegrarme el día: los amigos de Horror Hispano, con la inestimable colaboración de Círculo Rojo, han finalizado la selección de los relatos que formarán parte del libro que, a mediados de noviembre, sacarán a la venta. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Desconozco el grado de ebriedad que exhibían cuando tomaron la decisión, pero el caso es que uno de mis cuentos ha sido elegido. Así que, desde aquí, mi mayor agradecimiento para ellos. La labor que están llevando a cabo Darío Vilas Couselo, Victor Morata Cortado, Rafa Rubio y Javier Pellicer es digna de encomio, y cada vez seremos más los que tendremos escasas palabras para alabar su esfuerzo. Sin ellos, mi ilusión se vería muy mermada; por tanto, por su dedicación, muchas gracias.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;"Trágica confesión" es el primero de mis relatos que veré publicado en papel, así que imaginaos la ilusión que me hace. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;No deseo finalizar esta entrada sin agradeceros vuestra ayuda. Todos los que seguís este blog, todos vosotros que, sin casi haber sido conscientes de ello, os habéis convertido en amigos y profesores, sois en gran parte artífices de esta gran ilusión; sin vuestra ayuda, no lo dudéis, mis textos serían aún mucho peores, así que muchísimas gracias.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Un fuerte abrazo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-4967691186750248385?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/4967691186750248385/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=4967691186750248385' title='24 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/4967691186750248385'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/4967691186750248385'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2009/10/buenas-noticias.html' title='Buenas noticias'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>24</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-6839346163780111604</id><published>2009-09-22T22:20:00.002+01:00</published><updated>2009-09-22T22:29:31.376+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato breve'/><title type='text'>El asombroso caso de Virgilio Márquez ( Última parte)</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/SrlBpYlX9dI/AAAAAAAAAD4/KLmOKi_6wY8/s1600-h/FMEDCA8VSN8VCARCVBYNCATSLD28CAJU7JLXCAR9MUWYCAM2JVGWCAHWHN1WCAFCMD0RCARVV02LCAN6TK7ACA940A3UCA5MCKHECAICUWDFCAWPYEBECAHXAU2ICA3S237BCA9W80JJCAMLHLGQ.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 97px; DISPLAY: block; HEIGHT: 111px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5384407008727791058" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/SrlBpYlX9dI/AAAAAAAAAD4/KLmOKi_6wY8/s320/FMEDCA8VSN8VCARCVBYNCATSLD28CAJU7JLXCAR9MUWYCAM2JVGWCAHWHN1WCAFCMD0RCARVV02LCAN6TK7ACA940A3UCA5MCKHECAICUWDFCAWPYEBECAHXAU2ICA3S237BCA9W80JJCAMLHLGQ.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Afortunadamente, pude dar con él a primera hora de la mañana, cuando acudía a su trabajo. Pensé que andarme con rodeos en nada ayudaría —a fin de cuentas él había sido el que había involucrado a mi amigo en semejante locura—, así que decidí plantearle la cuestión de forma franca y abierta; no había tiempo para sutilezas, y mi ánimo no se encontraba en favorable disposición para extensos circunloquios. Lo abordé inopinadamente, le relaté los acontecimientos anteriores y le pedí, —casi le exigí—, que me diese alguna solución que permitiese a Virgilio abandonar el infierno al que se hallaba sometido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para ser fiel a la verdad y no otorgarme yo todos los honores de esta aventura, debo decir que el rostro del indiano —aquí conviene aclarar que su nombre era Héctor Garmendia—, reflejaba una honda preocupación y un sincero pesar. Su ceño se frunció al instante, en las comisuras de sus labios se agruparon un sinfín de arrugas y sus ojos se perdieron en la nada. Sospechaba yo cierta renuencia por su parte a colaborar conmigo, pero en ningún momento se mostró reacio a ello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El señor Garmendia aún recordaba de forma muy vívida los aciagos días en que Márquez le había solicitado ayuda. Recordaba, por supuesto, haberle hablado de la ofrenda, y aseguraba haberle advertido del terrible riesgo que corría si se empeñaba en llevar a cabo tal acción. Me aseguró también que, en ningún momento, mi amigo había mostrado dudas al respecto y evocó, asimismo, casi con lágrimas en los ojos, la intensa alegría que Virgilio había manifestado al ver de nuevo a su esposa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Relató que, convencido como estaba de la pronta aparición de los demonios, el miedo había superado a la vergüenza y a la amistad. Reconoció que se había alejado cobardemente del condenado, pero ahora, ante la certeza de que sus sospechas se habían revelado como ciertas, dijo sentirse en la obligación de hacer algo al respecto, así que accedió a confiarme una probable solución a nuestro fatídico problema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por lo que Garmendia me contó, lo que yo había contemplado no era más que un primer estadio del proceso, el más leve e inofensivo; muy pronto, antes de que tuviésemos oportunidad para percatarnos de ello, los espectros harían su aparición más aterradora y comenzaría la verdadera pesadilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal y como le habían dicho siendo él un niño, cuando los demonios hacen presa en un alma, cuando realmente se apoderan de ella, jamás renuncian a su botín. Se ufanan en malograrla, en castigarla y someterla a los tormentos más horribles que podríamos imaginar, regocijándose en ello hasta el fin de los tiempos. Por ello, la única opción que pueden aceptar como válida para su rescate es el cambio por otra de igual o mayor valor, que les debe ser entregada en el mismo momento en que se hace efectiva la liberación. Se trata de una ceremonia simultánea, y una vez realizada, ya no hay vuelta atrás. Tras el sacrificio realizado, ya no hay remedio para el oferente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— ¿Y no hay otra solución? — pregunté yo, abatido.&lt;br /&gt;— Ninguna. Se trata del sacrificio supremo: vida por vida, alma por alma. No hay otra alternativa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus palabras tuvieron un efecto desgarrador para mí. La solución que el señor Garmendia nos brindaba no me parecía, en ningún modo, aceptable. Debíamos prepararnos, por tanto, para encarar el cruel destino de Márquez y rogar a Dios porque no se hiciese efectivo. No había otra solución, y sin embargo, algo bullía en mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abandoné la compañía del indiano sumamente compungido. Mis esperanzas se habían evaporado por completo y mi indignación crecía de forma irremisible. Yo podía aceptar la muerte de mi amigo. Como tal, era inevitable, y no suponía más que un paso en la vida pero, ¿cómo aceptar su condenación? ¿Cómo dar por bueno el martirio eterno de su alma pecadora, resignarme y no plantar batalla? Aquello me horrorizaba. Mis creencias más íntimas se tambaleaban con tal atroz convicción; mi fe se desmoronaba. ¿Acaso Dios no podía librar a uno de sus más devotos seguidores de semejante penitencia? ¿No era tan fuerte su mano como para abatir, aun de un soplo, a cualquiera de sus enemigos, por muy poderosos que éstos fuesen? El libre albedrío de los hombres no se podía esgrimir como coraza tras la que escudarse y así disimular su inacción. No. Él no podía. Si Él era nuestro Pastor, si Él era nuestro salvador, debía protegernos frente a todo, hubiesen sido nuestros actos los que fueren, como habría hecho una madre o un padre solícito, siempre atentos al bienestar de sus hijos, sin importar las faltas cometidas o las ofensas lanzadas. Por eso podíamos redimirnos, para eso había un perdón, y Márquez llevaba largo tiempo implorándolo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo en mí se rebelaba contra lo que se me antojaba un fin inevitable. Me negaba a aceptar la perdición de mi amigo. Debía hacer algo para salvarlo, y Garmendia me había dado la clave para ello. Supe entonces que somos nosotros mismos los que debemos poner los medios para luchar contra el mal, sin encomendarnos a nada más que a nuestra propia pericia y nuestra más firme entrega. Solo nuestra propia determinación nos dará las fuerzas y el valor necesario para encarar nuestro destino; sólo así podremos pelear por nuestra vida, por nuestras creencias y por nuestra alma. Nada ni nadie —entendí— haría ese trabajo por nosotros, así que decidí hacerlo yo. No obstante, antes de acometer la misión que me había encomendado, decidí visitar a mi amigo.&lt;br /&gt;Su cuerpo se hundía entre las sábanas con el aspecto de un cadáver. Sus mejillas estaban blancuzcas y sus párpados se veían macilentos, blanquecinos por el pesar. Me dijeron que había pasado el día inconsciente, sumido en un sueño profundo del que tal vez no despertaría. La impresión había sido demasiado fuerte, el ataque, casi letal, y su salud enfermiza no ayudaba en exceso. Su vida corría serio peligro, sí, pero a mí lo que me preocupaba era su alma. Quizás no le quedasen más que unas horas, así que debía darme prisa. Me despedí de él como si fuese para siempre, con un dolor desgarrador en el corazón y el rostro bañado por el llanto. Un simple apretón en el hombro bastó. No pude decir nada y abandoné la sala, aterrorizado pero firmemente decidido. Luego me dirigí a mi casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dispuse todo para mi partida, preparé los rudimentos necesarios y me encaminé hacia el cementerio de San Isidro. Caminé a buen paso por los serpenteantes caminos que cruzaban el camposanto, continuamente vigilado por los cipreses centenarios que susurraban animados por la brisa. Enormes panteones se alzaban a mi lado, imponentes y majestuosos. Todos estaban coronados por grotescas figuras de aspecto demoníaco o por excelsos querubines sonrientes y rollizos, pero tanto unos como otros, difuminados por la oscuridad de la noche, semejaban almas inquietas y atormentadas. La simple visión de las tumbas me horrorizó. Acostumbrado como estaba a ver en los túmulos un mero tránsito necesario para la consecución de una existencia llena y feliz, apenas sí era consciente de su verdadero sentido. Nunca había advertido que aquello podía ser un fin atroz o el paso a una existencia desgarrada y salvaje y, por supuesto, nunca había imaginado cómo los espectros se ciernen sobre nosotros. — ¿Cuántos de los que allí había yacían sumidos en el más terrible de los castigos? ¿Cuántos se veían obligados a vagar por el mundo arrastrando pecados y pesares, atormentando a los que, como ellos, habían osado interrumpir el descanso debido? —. Aquellos pensamientos me turbaron; todo mi ser se encontraba convulso, inquieto y triste, y todo en aquel lugar me impulsaba a salir corriendo en busca de consuelo y protección. Sin embargo, no podía huir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Continué mi camino hasta llegar a la tumba de Asumpta. Una lápida solitaria y ennegrecida, rodeada por flores ya marchitas, se postraba ante mí. — ¡Qué triste testimonio es el que dejamos! ¡Qué oscuro destino nos aguarda! Cuerpo inanimado, exangüe y putrefacto bajo una losa fría; cuántos recuerdos ya olvidados, cuántas palabras silenciadas, cuántas risas mudas. Apenas queda nada. Una imagen borrosa de algo que fue, un murmullo lejano de la voz que nos habló y un trino silenciado de la risa que nos hizo felices. Apenas queda nada, sino carne muerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cavé con mis propias manos, notando el tenue trazo frío que las lágrimas dejaban en mis mejillas. Cavé hasta astillarme las uñas con la tierra escasamente trabajada, cavé hundiendo mis manos en aquel suelo sagrado, cavé hasta que el dolor de mis dedos se hizo insoportable, y luego seguí llorando. Lloraba por mi amigo, lloraba por su amada y lloraba por mí. Ya casi sentía cómo mi alma se oscurecía, cómo un intenso borrón se adueñaba de mi corazón, emponzoñándolo para siempre, y sin embargo —no he dejado de pensarlo desde entonces—, no hubo jamás muestra semejante de amor o cariño, muestra semejante de desprendimiento y entereza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enterré allí las posesiones de mi amigo, desenterré las de su esposa y me fui, con la cabeza baja y el ánimo ensombrecido, horrorizado por lo que había hecho pero esperanzado por un feliz desenlace para Virgilio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde entonces han transcurrido ya diez años. Mi amigo se recuperó, nunca los espectros volvieron a su lado y nunca nada supo de mi determinación. Su vida es ahora plácida y feliz, y ya nada perturba su sueño. Tan solo busca una respuesta: aquella que le de satisfacción a la repentina desaparición de los fantasmas. Por mi debilidad, quizás por mi deseo de no procurarle desvelo alguno, jamás le confesé mi resolución. Ahora, ya no tendría sentido hacerlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy soy yo el atormentado. Los espectros me visitan. Se muestran ante mí, me rodean, me enseñan sus fauces, palpitantes y sangrientas, y me acuchillan con sus garras cuajadas de maldad. Apenas ya no duermo, apenas ya no vivo, y mi fin se acerca. Por eso escribo esto. Deseo dejar constancia de que nada es gratis, de que todo tiene un precio, excesivo muchas veces, y eso es lo que me impulsa a redactar esta nota. Es preciso transmitir que nunca se debe interrumpir el natural curso de los hechos, molestar a los muertos o alterar su sueño eterno. Los riesgos de tal acción son demasiado terribles, demasiado aterradores como para soslayarlos, así que no caigan en ello. Evítenlo, se lo ruego, pues su alma depende de ello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora debo terminar. Garabateo las últimas líneas con el pulso tembloroso e inseguro, empujado por la certeza de que mi tiempo se termina y agobiado por la premura desesperada que imprime lo inevitable. Ya oigo cómo vienen. Se aproximan. Ya están aquí. Puedo escuchar sus quejidos al otro lado de la puerta, puedo oír sus respiraciones quejosas y agitadas. Debo terminar. Ya vienen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;FIN&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-6839346163780111604?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/6839346163780111604/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=6839346163780111604' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/6839346163780111604'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/6839346163780111604'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2009/09/el-asombroso-caso-de-virgilio-marquez_22.html' title='El asombroso caso de Virgilio Márquez ( Última parte)'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/SrlBpYlX9dI/AAAAAAAAAD4/KLmOKi_6wY8/s72-c/FMEDCA8VSN8VCARCVBYNCATSLD28CAJU7JLXCAR9MUWYCAM2JVGWCAHWHN1WCAFCMD0RCARVV02LCAN6TK7ACA940A3UCA5MCKHECAICUWDFCAWPYEBECAHXAU2ICA3S237BCA9W80JJCAMLHLGQ.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-2829308065435773642</id><published>2009-09-14T23:39:00.003+01:00</published><updated>2009-09-14T23:44:14.360+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato breve'/><title type='text'>El asombroso caso de Virgilio Márquez (2ª parte)</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/Sq7Gzv1kr8I/AAAAAAAAADw/gI3_2R9j4Pc/s1600-h/cara_fantasma.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 290px; DISPLAY: block; HEIGHT: 320px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5381457197071118274" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/Sq7Gzv1kr8I/AAAAAAAAADw/gI3_2R9j4Pc/s320/cara_fantasma.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;En la anterior entrada, el narrador, después de enumerar los motivos que le impulsan a contar esta historia, relata la inesperada aparición de un amigo. En esta segunda parte...&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;SEGUNDA PARTE&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Apenas lo reconocí, sumido como iba en las solapas de su abrigo y el rostro envuelto en una bufanda. Su caminar era muy presuroso, casi excitado, y sus maneras ya no tenían la dulce parsimonia de la que solía hacer gala. Entró en el salón y se sentó en un gran sofá que ocupaba una esquina de la sala, aunque bien se podría decir que se arrojó sobre él. Le serví una copa de Cognac, me senté frente a él, y aguardé a que se calmara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se llevó la copa a los labios y la vació de un trago. Me pareció ver que un ligero temblor acompañaba todos sus movimientos, pero no hice comentario alguno. Me limité a observarlo y a esperar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comenzó a hablar de forma atropellada. Su voz cremosa se había vuelto más ronca, más áspera, y su gran nerviosismo no contribuía en exceso a hacerla más inteligible. Confieso que en aquel momento estuve tentado de no creerle, pues todo aquello me parecía digno de cuentos o leyendas, pero yo sabía de su inteligencia, de su trato cabal y de sus siempre ordenadas ideas y decidí otorgarle mi confianza, como siempre había hecho. Transcurridos unos minutos, libre ya de la premura original, su discurso se hizo más certero, menos confuso, y comenzó a esbozar el relato de los hechos que tanto lo habían alterado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recordó cómo, diez años atrás, su mujer, Asumpta, la persona a quien más había amado, había fallecido de una enfermedad de la sangre. Rememoró el intenso dolor que su muerte le había producido, la soledad que colmaba sus días y la desesperación que rodeaba todos y cada uno de sus momentos sin la compañía de su esposa. Recordó cómo sus amigos le instaban a abandonar su estado de pesadumbre, a salir de su abatimiento, y cómo uno de ellos, hijo de emigrantes y nacido en Cuba, le había propuesto una solución drástica y descabellada. Según éste le había advertido, su convicción de llevar a cabo los planes por él expuestos debía ser firme, pues las consecuencias que de ello se podrían derivar podían resultar funestas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por lo que me contó, y yo pude entender, el indiano le había hablado de una antigua creencia cubana según la cual los espíritus de nuestros familiares rondan siempre a nuestro lado, sin apartarse jamás de nosotros. Nos vigilan, velan por nuestra seguridad, por nuestro bienestar, y nos acompañan allá adonde vamos. Recuerdo haber mostrado entonces cierto escepticismo, pero era tal el convencimiento que mi amigo expresaba que me abstuve de profundizar en mis dudas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal y como le había relatado el indiano, había un modo de reunirse ocasionalmente con los espíritus de nuestros familiares, aunque fuese por breve tiempo. El lazo que nos une a ellos es muy tenue, por supuesto invisible, pero sí inquebrantable, y tal nexo se puede reforzar si el interesado acomete una ofrenda a los muertos. Puede resultar absurdo, es cierto, pero cuando uno se encuentra en semejante estado de amargura, el dolor le obliga a aprehender hasta el último de los cabos que le permitan no desprenderse de sus recuerdos, y mi amigo, completamente atribulado por el sufrimiento, se sintió impulsado a ello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con lágrimas en los ojos, y ante la grotesca mueca de horror que recuerdo haber esbozado, mi amigo confesó haber realizado una ofrenda desesperada ante la tumba de su amada para poder gozar, una vez más, tan sólo una vez más, de la visión de su adorada esposa. Recordó, asimismo, no haber dado importancia a la terrible advertencia que su amigo le había hecho, pues era tal la emoción por volver a gozar de la compañía de Asumpta que ni la condenación eterna le habría apartado de su cometido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Decidido entonces a realizar semejante aberración, Don Virgilio se dirigió al cementerio de San Isidro, una noche –según me contó-, templada por el escaso viento y oscurecida por la luna nueva. Allí enterró, a los pies de la tumba de su amada, los rudimentos que le había aconsejado el indiano, musitó una extraña plegaria en latín, que a mí se me antojó como espantosa herejía, y abandonó el camposanto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al llegar a su casa se refugió en su dormitorio. Se acurrucó en un sofá, se encerró en su memoria y aguardó la llegada de su amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi amigo me contó que sus recuerdos se agolpaban en su mente, las lágrimas recorrían sus mejillas y su corazón pesaba por la ausencia. Finalmente, con una voz velada por la falta de aliento, contó que el sueño le había vencido hasta que, cercano ya el alba, su mujer apareció.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo hizo envuelta en brumas, sonriendo con los ojos y una luz muy brillante recorriendo su silueta. Su rostro era el de siempre, aunque a él le pareció más bella que nunca. Sus manos seguían siendo finas, con aquel tacto tibio y delicado que Virgilio tantas veces añoraba, y sus caricias eran lentas, muy suaves, como siempre lo habían sido. Tan sólo una cosa había cambiado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando unían sus pechos, cuando se estrechaban llenos de amor, mi amigo podía notar el peso de los senos de su esposa, la presión del abrazo o un leve movimiento de respiración, pero ni un solo latido de vida asomaba a la piel. Aquello lo turbó un poco y le hizo ser consciente, otra vez, de que Asumpta se había ido para siempre. Su ánimo se oscureció, ciertamente, pero ni por un segundo se arrepintió de lo que había hecho. No podía esperar su resurrección, eso lo sabía, –tan sólo el Altísimo es capaz de otorgarla-, pero con aquello le bastaba. Sentir su piel, colmarla de besos, oler su cabello y escuchar su sonrisa; aquello era suficiente, y el precio que debía pagar por ello no importaba. Su vida cambiaría, se vería rodeada por espectros que lo acosarían, que lo asediarían allá donde fuera y lo atormentarían hasta la muerte, —pues ésa era la advertencia que le había hecho el indiano—, pero eso ya no importaba. Tenía diez años por delante; diez años para recordar a su esposa, diez años para gozar de las cálidas sensaciones que había experimentado aquella noche, y eso era lo importante. El resto no contaba. Pero ahora, transcurridos los diez años, había llegado el momento de sufrir, el momento de pagar. El precio le era exigido y, en contra de lo que había imaginado en un principio, resultaba excesivo. El castigo era demasiado atroz, demasiado horripilante. Las criaturas más terribles se le aparecían en su dormitorio, inquietaban sus días y castigaban sus noches, y nada podía hacer para librarse de semejante acoso. Sus diez años de gozo habían llegado a su fin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras esto me contaba, su labio inferior temblaba sin cesar. Sus ojos, ya muy enrojecidos, viajaban a un ritmo frenético, como temiendo descubrir nuevas presencias en torno suyo y, cuando ya la desesperación era excesiva, su rostro se hundía entre sus manos, liberando todo el llanto contenido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me suplicó ayuda, me imploró perdón, y rezó conmigo. Prometí ayudarle, pero apenas sabía qué hacer. Tan sólo podía rezar por mi amigo, rogar porque su alma fuese perdonada y así no tuviese que yacer, para siempre, entre las llamas del infierno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella noche la pasó en mi casa, pues el terror que sentía era tanto que no se veía capaz de abandonar mi compañía. En su interior albergaba la vana esperanza de que los espectros no aparecerían si él no se encontraba en su dormitorio pero, tal como tuvimos ocasión de comprobar, su suposición no era acertada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La pesadilla se inició con las doce campanadas, pues aún con el eco de su tañido retumbando en nuestros oídos un extraño ruido se percibió con claridad. Como respuesta, los gritos aterrados de Virgilio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alarmado, corrí hacia la habitación que ocupaba mi amigo y entré en ella. Un intenso horror se apoderó de mí, pues jamás había sospechado que tales fuerzas demoníacas se pudiesen desplegar con semejante violencia. Flotando sobre el cuerpo abatido y sollozante de Virgilio, una gran cantidad de muebles giraban a una velocidad vertiginosa sin que yo pudiese captar el origen de tan fantástico movimiento. Algunos objetos de cerámica y cristal se estrellaban con violencia contra las paredes para desperdigarse, hechos pedazos, por todo el dormitorio. Los libros volaban de sus estantes, como aves demoníacas que desplegasen sus alas en busca de su presa, la cama se agitaba con estruendo, bailando sobre sus cuatro patas, y el armario, un enorme arcón de más de cuatro metros de anchura, se inclinaba, con grave peligro para la integridad de mi amigo, como sujeto por unos hilos invisibles que no le permitiesen rendirse ante la falta de verticalidad y caer, finalmente, sobre el cuerpo de Virgilio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Éste permanecía en el suelo, con el rostro cubierto por las manos, gritando de pavor. Sus alaridos eran continuos y desesperados, y su nula voluntad le hacía fácil presa de la fuerza espectral que desencadenaba todo aquello. Se sentía indefenso, inerme ante el gran poder que allí se debatía, y como única defensa esgrimía un grito agónico y prolongado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin saber muy bien cómo debía actuar, no se me ocurrió más que abalanzarme sobre mi amigo, agarrarlo de un brazo y sacarlo de la habitación para apartarlo de aquel torbellino de enseres. Cerré la puerta de golpe, levanté a Virgilio del suelo y ambos corrimos hasta encerrarnos en mi dormitorio, desfallecidos por el susto y el esfuerzo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El estado en el que se hallaba mi compañero era francamente deplorable. En los últimos años su salud se había visto muy deteriorada por los continuos excesos que tenía a bien cometer. Su abultado abdomen, fruto de sus acostumbrados abusos culinarios, favorecía la aparición de problemas cardíacos, y experiencias tan aterradoras como las que estaba viviendo no contribuían a mejorar el problema. Al arrojarse sobre mi cama, su respiración era muy agitada, su piel mostraba un tono violáceo, ciertamente poco halagüeño, y un sudor frío, denso, cubría su cuerpo por entero. A los pocos minutos, y ante mi vergonzosa pasividad, un ataque vino a dar por buenos los malos augurios que su doctor le había presagiado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gracias a la buena labor de Giraldez, el traslado al Hospital Militar de Madrid se hizo de la forma más rápida posible y su vida, afortunadamente, no corrió peligro. No obstante, de seguir los sucesos que le atormentaban, los días de Virgilio Márquez pronto llegarían a su fin. Urgido por tan odiosa expectativa e impulsado por un ardiente deseo de salvarle, no vi otra solución que entrevistarme con el indiano que, de forma tan infausta, había aconsejado a mi amigo. Mi esperanza última era que, ya que él conocía las consecuencias de la ofrenda demoníaca, tal vez conocería –rogaba porque así fuese-, algún modo de ponerles fin. Aunque mi confianza en tal extremo era nula, no me quedaba más remedio que intentarlo. La vida de mi amigo corría peligro, y yo no podía permitir que un nuevo ataque acabase con ella. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-2829308065435773642?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/2829308065435773642/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=2829308065435773642' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/2829308065435773642'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/2829308065435773642'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2009/09/el-asombroso-caso-de-virgilio-marquez-2.html' title='El asombroso caso de Virgilio Márquez (2ª parte)'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/Sq7Gzv1kr8I/AAAAAAAAADw/gI3_2R9j4Pc/s72-c/cara_fantasma.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-5324028188545839835</id><published>2009-09-05T18:12:00.005+01:00</published><updated>2009-09-08T18:28:38.853+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato breve'/><title type='text'>El asombroso caso de Virgilio Márquez (1ª parte)</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/SqKdRDTfytI/AAAAAAAAADY/DGekFrkW32M/s1600-h/cementerio58%5B1%5D.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; DISPLAY: block; HEIGHT: 240px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5378033821304212178" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/SqKdRDTfytI/AAAAAAAAADY/DGekFrkW32M/s320/cementerio58%5B1%5D.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Aunque pueda resultar ciertamente cuestionable, siempre he pensado que el último deber de un hombre viejo como yo, tan cercano a las postrimerías de su azarosa vida, es el de hacer gala de la mayor de las honestidades, confesar todo lo pasado y vaciar el cajón de sus recuerdos para bien de su familia, de sus más allegados e, incluso, si la relevancia de la vida propia ha sido notoria, para el conjunto de una sociedad que, en no pocos casos, se halla sumida en la más absoluta de las ignorancias, ayuna de conocimiento sobre los peligros que le acechan y desprovista de guías que la alumbren e instruyan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Próxima ya la hora de mi muerte, tal pensamiento ha venido a convertirse en certeza. Mi convencimiento de que tal proceder es lo correcto es, sin lugar a dudas, absoluto, y ha hecho tal mella en mí que he llegado a la firme conclusión de que el peligro de que mi reputación, ganada con denuedo tras toda una vida de entrega a los demás, se vea rendida por la ignominia o festoneada por chanzas de incrédulos e iletrados, no debe arredrarme ante la importancia de mi confesión, pues tal riesgo palidece frente a lo notable de semejante testimonio. Las ventajas que supone el conocimiento de lo que voy a relatar son tantas, y de tanta importancia, que superan con creces el desagradable escollo de que mi nombre se vea arrastrado por el lodo o de que mi figura, tan ensalzada durante años por todos aquellos que me rodearon, se suma para siempre en el ostracismo más lacerante o vergonzoso para mis allegados. A mí en nada me afectará –es cierto – pues, como digo, la hora de mi muerte está muy cercana y, acaso, tan sólo tenga que soportar unas punzadas de repudia por corto espacio de tiempo que se verán, sin duda, atenuadas por mi senectud o escasa percepción. Quizás sea doloroso, sí, pero a buen seguro sabré soportar tal afrenta. Debido a ello, nada me preocupa mi persona, pero sí, desde luego, mis familiares. Son ellos los que deben aceptar mis más sinceras disculpas por colocarlos en el centro de la polémica y convertirlos en diana de los dardos maldicientes de aquellos que me vituperen o denigren y son, por tanto, los que tendrán que afrontar las consecuencias de tal escarnio. Vaya entonces desde aquí mi descargo y mi recuerdo, pues son ellos los que, con su cariño y atenciones, me han convertido en lo que soy. Para todos ellos, muchas gracias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es preciso no refugiarse en la ignorancia o la estulticia, se lo aseguro. Puede ser tentador el huir de todo aquello que nos atemoriza, de todo aquello que debilita nuestras creencias y renunciar a un enfrentamiento frontal con nuestros miedos e inquietudes para seguir amparados bajo el reconfortante manto de la inconsciencia o el olvido. Puede resultar tentador, es cierto y, de hecho, muchos son los que se recluyen en tal inepto comportamiento, pero yo, desde luego, no estoy dispuesto a secundar estas cobardes actitudes y así renunciar a desvelar mis vivencias más amargas e increíbles. He decidido, pues, armarme de valor, rechazar cualquier temor que la ignominia me pueda infundir y contar la historia que, durante tantos años, ha atormentado mi vida. Relataré, entonces, aquello que he venido a contar, y lo haré por el bien de todos, sin temer los riesgos mencionados anteriormente, aunque por repuesta no obtenga gratitud alguna y sí repulsa, burla o desdén.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estoy plenamente convencido de que todo lo que ustedes van a leer a continuación hará que palpite en sus corazones ciertas dosis de inquietud y grandes cantidades de incredulidad pero, háganme caso. No dejen el texto a medias, continúen leyendo y no formulen criterios de valor hasta que, una vez finalizada la lectura, no hayan recapacitado el tiempo suficiente como para ampliar sus horizontes y olvidar los apretados corsés que una sociedad cerril y una ciencia anclada en remotos prejuicios nos imponen. Atrévanse entonces, no aparten la vista de estas líneas, y piensen sobre ellas. Hecho esto, la decisión final será suya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Disculpen la prolija introducción, pero he considerado necesario aclarar ciertas pautas para, de este modo, esclarecer los sentimientos que me han llevado a redactar esta nota. Lo siguiente constituirá, en cierto modo, la más valiosa contribución de todas cuantas haya hecho a la sociedad que me ha acogido. Tómenla, por tanto, de este modo, pues de su aceptación, de la credulidad que ustedes muestren, puede depender la vida eterna de muchos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comenzaré pues con el relato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Toda mi vida he sido un siervo de Dios. Sólo eso. Un humilde sacerdote de pueblo, demasiado ocupado en abastecer de esperanzas a una población deprimida y abandonada por el progreso, ávida de bienes y falta de sueños y que, por curiosos avatares del destino, claramente ligados, no obstante, a mi exhaustiva preparación académica y a mi exacerbado interés por mejorar las condiciones de vida de mis feligreses, acabó sus días dedicado al peligroso y poco reputado mundo de la política.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el paso del tiempo, tras mis primeras apariciones públicas, resulté favorecido con el apoyo de las altas esferas eclesiales y agraciado por el cariño y respeto de mis vecinos, hombres cabales y de gran corazón que optaron por otorgarme, con presteza, su confianza y sus votos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ante las exigentes obligaciones de mi cargo, cada vez mayores y más absorbentes, me vi impelido a modificar mi residencia, abandonar a mis queridos conciudadanos y mudarme a una gran casa solariega, más cercana a la ciudad de Madrid y más adecuada —dijeron—, a mi recién estrenada posición social.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me trasladé entonces a una gran casa de piedra, de enormes balconadas molduradas y gigantescos pasillos de madera que se veían salpicados por incontables puertas oscuras que parecían observarme en mi deambular diario. Sus dos plantas cuadradas, de un tamaño absolutamente desmedido, precisaban, para un adecuado lustre, de un ejército de criados y doncellas que el Arzobispado había puesto a mi disposición y que resultaban dirigidos por la Señora Gonzalves, una anciana portuguesa que llevaba años afincada en Madrid, y por Francisco Giraldez, un andaluz flaco, prepotente y mal encarado, que, a pesar de su repulsivo aspecto, realizaba el trabajo de forma realmente encomiable. Un denso robledal, acuchillado por varios caminos de servicio que daban acceso a diferentes zonas de la finca, se extendía alrededor de la casa, lo que contribuía, sobremanera, a atenuar el asfixiante calor estival que suele inundar los entornos de la Capital.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los fines de semana, liberado ya de mi labor pastoral, la vida discurría apacible y sosegada. Optaba yo por aislarme del intenso trajín que suponían mis quehaceres diarios y sólo mi tranquilidad se interrumpía, de forma temporal, por la visita de alguno de mis amigos que acudían a hablar de política, de los problemas económicos y sociales que asolaban el país, y de tal o cual miembro del partido contrario que hubiese suscitado alguna polémica en sus intervenciones semanales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno de estos visitantes, hombre de gran reputación, vasta cultura y extraordinaria afabilidad, era D. Virgilio Márquez, zaragozano de pura cepa y político de vocación que llevaba casi dos décadas ocupando escaño. Era hombre querido y respetado por todos, de gran talento para las relaciones personales y exquisito discurso en tribuna. No se le conocía enemigo alguno y, aun cuando sus intervenciones públicas eran de gran calado y suscitaban un enconado debate con la oposición, sus elegantes y respetuosas formas no despertaban nunca ninguna molestia en sus contrarios ni, incluso, en sus compañeros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su rostro era sonrosado, rubicundo, de mejillas abultadas y brillantes que asomaban tímidas entre el cerco que formaban las patillas y el mostacho. Sus ojos eran pequeños y vivarachos, de color negro, y siempre mostraban un intenso brillo fruto de su animado carácter. Su sonrisa era abierta, y su figura, digamos que amplia. Siempre deleitaba a sus amigos con una conversación afable, ribeteada por constantes sonrisas que siempre presagiaban ratos de asueto y entretenimiento, pero aquel día, cuando apareció de improviso en mi casa, su aspecto no era el de siempre. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-5324028188545839835?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/5324028188545839835/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=5324028188545839835' title='15 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/5324028188545839835'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/5324028188545839835'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2009/09/el-asombroso-caso-de-virgilio-marquez.html' title='El asombroso caso de Virgilio Márquez (1ª parte)'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/SqKdRDTfytI/AAAAAAAAADY/DGekFrkW32M/s72-c/cementerio58%5B1%5D.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>15</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-8793347321134061626</id><published>2009-08-30T20:50:00.005+01:00</published><updated>2009-08-31T01:03:38.975+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato breve'/><title type='text'>Un trago, una historia (2ª parte, y última)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;UN TRAGO, UNA HISTORIA.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Usted es muy joven y no recordará aquello, quizás lo haya leído en alguna parte o quizás lo haya escuchado por ahí, pero no lo recordará, estoy seguro—. Parecía divagar, como si tratase de buscar el inicio del relato en algún vericueto de su memoria. — Aquellos eran tiempos malos — continuó —. El trabajo escaseaba, las cosechas no maduraban y los animales no crecían lo suficiente, con lo que muchos días no había nada que poner sobre el plato. Durante la guerra, el caos se había apoderado de todo, y al finalizar, no había más que destrucción, miseria y dolor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin gran cosa con la que mantenerse ocupados, los hombres intentaban conseguir dinero, las mujeres cuidaban de sus hijos y los chicos perdían su infancia en correrías sin destino y trabajos sin futuro. El pueblo era como una tierra yerma y sin agua, en la que nada encuentra cobijo para crecer y las esperanzas se desvanecen al brotar de los corazones. Nada había allí que ofrecer, regalar o tomar, y todos se sentían huérfanos y maltratados, hartos ya de los pesares que les había tocado vivir y ávidos de dichas que nunca recibirían.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se dice que eran muchos los que soñaban con escapar, muchos los que buscaban abandonar aquellas vidas, llenar las alforjas de sueños e ilusiones y huir a otros lugares más prósperos para encontrar, al fin, la felicidad. Llenaban sus días de visiones halagüeñas, miraban hacia el horizonte y comenzaban a caminar, en busca de una salida o un destino más favorable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Roberto lo hizo apenas comenzado el día, cuando una tímida luz rojiza acariciaba los campos vacíos. Llenó su bolsa con dos camisas rotas, un par de mudas y muchas promesas, y abandonó su pueblo sin mirar atrás, sin pensar en lo que dejaba allí. En ningún momento pensó en sus padres, ancianos decrépitos y desvalidos que apenas se podían procurar un mendrugo de pan sin la ayuda de su hijo. Nada le importó Susana, la bella chica que llenaba sus días, aquella que besaba sus labios y que había sido tristemente repudiada por haberse enamorado del hombre equivocado y, por supuesto, nada le importaron tampoco sus amigos, aquellos a quienes todo confiaba, aquellos de los que se valía cuando la necesidad estremecía su cuerpo y que nunca lo habrían abandonado a pesar de sus rarezas y defectos. Renunció a todos ellos sin pesar, se echó al camino y comenzó a caminar, impulsado por un egoísmo atávico que, dado su carácter voluble, le había nublado el entendimiento y borrado los recuerdos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caminaba a buen paso, con el pecho henchido por el optimismo y una sonrisa en el rostro. Como bandera llevaba la codicia y la soberbia, y como compañero de viaje la ambición más cruel y desmedida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un polvo parduzco se levantaba a su espalda, dibujando un camino efímero que nunca nadie podría recorrer de nuevo. Ante él, un horizonte quebrado y luminoso marcaba el inicio de su nueva vida, tras el que se ocultaban los avatares que conformarían su destino. Hacia allí caminó sin cesar, sin perder el ánimo, pensando en los desafíos que se ocultaban tras él y a los que, muy pronto, se tendría que enfrentar. Viajaba risueño, pletórico de orgullo y ensoberbecido por su coraje mal entendido, e incluso se permitió, en alguna ocasión, recordar a los amigos y familiares que había dejado atrás, vomitar al aire una sonrisa socarrona y burlarse de la necedad que éstos habían mostrado al censurar su aventura. Pobres de ellos — pensaba —, que se conforman con malgastar sus anodinas vidas en un pasar sin gloria. Pobres de ellos, que se atan los unos a los otros aun a costa de empeorar sus condiciones. Yo triunfaré, haré riqueza, y cuando me encuentre en mi mansión, rodeado de joyas y belleza, me reiré de todo cuanto ha quedado atrás, de aquellos que me censuraron, de aquellos que no creyeron en mí. Allá ellos con su miseria, que yo seré feliz con mi prosperidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Vaya, no era un hombre muy agradable ¿no? —, interrumpí. Él me miró durante un instante, bajó la vista de nuevo y permaneció así unos segundos, con la mirada fija en unos recuerdos ya casi olvidados o en unas sensaciones que odiaba revivir.&lt;br /&gt;—No lo era, no —, respondió, apesadumbrado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Veamos, ¿por dónde iba? —, murmuró para sí, con su voz bronca. — Ah, sí, ya sé. Caminaba hacia el horizonte. El sol le golpeaba las espaldas con una fiereza inusitada para la época, pues aún el verano se encontraba muy lejos. Los mosquitos le mordisqueaban la piel, el sudor resbalaba por su rostro, bosquejando trazos rectos sobre la piel acartonada, y el aire seco del desierto mellaba su ánimo, pero no su ambición.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras sus pies hollaban pesadamente aquel erial solitario, su mente se sumergía en sueños de grandeza y poder, en los que se veía a sí mismo atendido con servilismo por sus antaño seres queridos. Se alzaba él sobre sus cabezas, los miraba con arrogancia desde su atalaya y les dictaba órdenes que eran, de inmediato, cumplidas. Soñaba con olvidarse de sus penurias, dejar atrás las penalidades que le había tocado vivir y resarcirse por lo inmerecido de sus días pasados, labrarse un futuro y forjar la fortuna a la que tenía derecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus sueños, estaba seguro, pronto se harían realidad. Él se lo merecía, y haría todo lo posible por llegar a ellos, costase lo que costase. Haría lo que fuese necesario, y lo haría complacido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— ¿Y nunca pensaba en los suyos? —, pregunté asombrado.&lt;br /&gt;— Oh, sí —, contestó él con su sonrisa triste. —Pensaba muchas veces en Susana. La bella Susana. Aquella chica que había dado todo por él. Había soportado el rechazo paterno, la distancia y los disgustos, y hubiera soportado cualquier cosa, simplemente porque le amaba, porque estaba ciega de pasión y nada le importaban los menoscabos que pudiese padecer. Era una mujer guapa, discreta, de esas bellezas tranquilas, sin ostentaciones ni desmesuras, en las que unos ojos limpios y una sonrisa sincera destacan ante todo. Roberto recordaba muchas veces sus besos, cálidos y suaves, sus caricias, tan tiernas, tan tímidas, que recorrían su mentón con delicadeza, como quien sostiene un pajarillo entre las manos, medroso de que éste escape. Pero no recordaba mucho más. No crea. El amor no era importante para él. La verdad es que nunca lo había sido, y Susana no era mucho más que otras chicas que habían pasado antes por sus brazos. Al igual que ella, otras muchas lo harían después, y cuando fuese rico, todas caerían rendidas ante sus encantos. Muchos decían que presumía de ello, de sus conquistas y de lo que iba a lograr, pero Susana siempre le perdonaba sus alardes y sus desmanes. Era una buena chica, pero con mala suerte, y el único que no se daba cuenta de ello era Roberto. Quizás fuese que su corazón era demasiado duro, no sé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pero bueno, continuaré con la historia, que estoy divagando —.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Si no le importa, la resumiré. Si me ando por las ramas, acabaremos muy tarde y debo retirarme a descansar. Además, sólo me ha invitado a un vino —.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuerdo haber sonreído al escuchar aquello. Me caía bien aquel anciano taciturno y tristón y, aunque su historia no era muy buena, su compañía me resultaba grata. Dispuse que le sirviesen otro trago y, ya más animado, continuó. Ciertamente, un vino no era demasiado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—El viaje a San Esteban duró varios días. El caminar se hacía pesado, ciertamente arduo, y las noches se volvían largas y frías, al verse obligado a permanecer tumbado sobre el suelo, con la única protección de una manta de lana. Ello prolongaba las horas de vigilia pero, al mismo tiempo, le permitía regodearse en sus anhelos de fortuna, con el cielo como techo y el viento por única compañía. Soñaba que la riqueza acudía a su encuentro, dispuesta a entregarse a él y así regalarle cuantos placeres hubiese imaginado hombre alguno. Soñaba con poseerlo todo, con adueñarse de todo, sin detenerse ante nada. Se sabía merecedor de ello, pero pensaba que sólo había un modo de conseguirlo. El trabajo no le daría poder, no le daría fortuna, no, de eso estaba seguro, pero el miedo sí. El miedo sí lo lograría, y ése debía ser el camino a seguir. Conseguiría infundir miedo, terror, a todos los que se encontrasen con él, y así ellos le darían cuanto desease. Sí. Estaba seguro. Eso haría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegó por fin a su destino, con el cuerpo quemado por el sol, los músculos fatigados y el corazón emponzoñado por la ambición. La grandiosidad de la ciudad le sobrecogía, se sentía ebrio de asombro y el corazón le palpitaba con fuerza por la emoción. Ante él se desplegaban enormes bulevares, gigantescas plazas abarrotadas de gente y miles de callejas que recorrer y disfrutar. Los bombardeos le habían otorgado su perdón, y la ciudad lucía un esplendor exultante, así que San Esteban sería, sin duda, un buen lugar para comenzar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Decidió encaminarse hacia la zona de “Las Huertas”, donde se hacinaban prostitutas, ladrones, asesinos y vagabundos. Era un grupo de callejas repletas de suciedad, vacías de compasión, que conformaban un dédalo inextricable de corrupción, maldad y dolor en el que muy pocos osaban entrar. Roberto, sin embargo, nada temía, pues allí malvivían dos tipos muy extraños por los que siempre había sentido una malsana atracción, y la simple mención de su amistad constituía un privilegiado salvoconducto. Seguramente se tratase de ese especial influjo de lo prohibido, de ese curioso gusto por lo que no nos es dado recibir, por lo vetado y lo ajeno, al que tan solo podemos acceder si lo tomamos por la fuerza, pero el caso es que nuestro amigo siempre había experimentado una querencia intensa por reunirse con aquellos dos sinvergüenzas y compartir con ellos correrías y desmanes, y hasta allí se dirigió para cumplir su deseo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los encontró en una taberna oscura y neblinosa, rodeados por jarras espumosas de cerveza tibia. Se acercó a ellos con los brazos en alto, profiriendo un grito de alegría que llamó la atención de todos cuantos había allí y se sentó a su lado, exultante por las sinceras muestras de alborozo de sus viejos amigos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Resultaba una pareja ciertamente llamativa. El más alto, llamado Rodrigo, era un hombre que, por su extrema delgadez y lo ajado de su piel, semejaba rebasar los cincuenta años, de pelo alborotado y escaso, piel trigueña y labios muy finos. Su mentón parecía sobrepasar lo que se hubiese considerado normal, pero tal desproporción se veía correctamente compensada por el tamaño de la nariz, aguileña y envalentonada como arma puntiaguda. Tal apéndice parecía un arma arrojadiza, siempre dispuesta a arremeter contra el enemigo y, desde luego, era lo más principal de la anatomía de su propietario, haciendo que cualquier otra característica palideciese en comparación con ésta. Su carácter era huraño, callado y taciturno, y tanto su voz como su sonrisa permanecían, casi siempre, ocultas a sus congéneres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su amigo, por el contrario, era lo menos parecido que podríamos encontrar. Bajo y gordezuelo, mostraba un rostro rubicundo, de mejillas abultadas y ojos saltones, nariz tacha y labios desmedidos que parecían sobresalir, como agobiados, en busca de oxígeno. Se llamaba Francisco, pero su mote, por motivos que a nadie extrañaría, era “silbón”. De aspecto tímido e insignificante, su carácter burlón y dicharachero desmentía tal afirmación de modo incuestionable. Su socarronería era conocida en toda la comarca y, aunque muchas veces le había ocasionado algún que otro enfrentamiento, la mayor parte de la gente lo tenía por un hombre de buen trato y agradable conversación, dado a las chanzas y a la juerga, y al que nunca un trabajo le malograba un momento de asueto o diversión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ambos eran conocidos delincuentes, acostumbrados a realizar pequeños hurtos y robos que les proporcionaban lo suficiente como para sacudir el hambre del cuerpo y acallar su sed de vino y aguardiente, pues su escaso entendimiento no les facultaba para acometer mayores empresas. Roberto, sin embargo, sí era capaz de soslayar ese problema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muchas veces había demostrado su valor, su temeridad y su capacidad de liderazgo. Por todos era conocida su nula disposición a arredrarse, su arrojo ante el peligro y su feroz enconamiento ante los avatares. Su enfermizo deseo de riquezas podía más que su honradez, y nada ni nadie podría detenerlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los siguientes años darían buena muestra de ello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue una época de maldad, de robos y de crímenes. Corrían en pos de la riqueza a lomos del odio, ahítos de sangre y cegados por el dinero. Juntos robaron tanto, y a tantos, que pronto su nombre se hizo conocido en toda la comarca. Con el paso del tiempo, su forma de actuar, que al principio era errática y nocturna, se volvió más atrevida, mucho más descarada, pues la gran notoriedad que habían alcanzado, lejos de hacerles recaer en la prudencia, les causaba gran orgullo. A su paso, los pueblos se cubrían de terror. Su nombre corría en boca de todos, por todos era temido y todos los hombres de mal vivir ansiaban formar parte de su grupo. Sus botines llegaron a ser inmensos, sus atracos innumerables, y su codicia inabarcable. Disfrutaban de lo obtenido en orgías que llegaban a durar varios días, gozando de la compañía de mujeres fáciles y cariñosas y de los halagos de cuantos borrachos sedientos se topaban Se creían invulnerables, poderosos y admirados, y era tal su ceguera, que se creían dotados de un halo casi divino, que les facultaba para acometer lo que les viniese en gana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su fama adquirió tal magnitud, que pronto su captura se convirtió en un problema de la mayor urgencia. Las autoridades no podían tolerar la situación durante más tiempo, y así decidieron adoptar medidas ciertamente drásticas. Gran parte de las fuerzas policiales fueron destinadas a la investigación de la banda, a su persecución y acoso. Y los resultados llegaron muy pronto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La caza terminó una noche de marzo, cuando la muerte se adueñó de la escena. Se vieron acorralados al pie de una montaña, donde se habían ocultado con la esperanza de pasar inadvertidos, pero pronto entendieron que, en esa ocasión, la suerte, tantas veces compañera leal, les iba a resultar ciertamente esquiva. Su estrella se apagó esa noche, lanzó un último destello mientras peleaban con fiereza y dejó de brillar para siempre. Rodrigo y Francisco cayeron acribillados a balazos, pero Roberto no tuvo tanta suerte. A él lo cogieron con vida, y tuvo que pagar por todos sus crímenes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El juicio se retrasó el tiempo suficiente para que la noticia de la detención corriese por toda la comarca y así permitir una celebración multitudinaria. Nunca en la historia hubo sesión alguna que congregase a tanta gente, y aún hoy, cuando ya el tiempo se ha llevado casi todo, muchos son los que recuerdan aquellos días, cuando Roberto, el criminal más famoso de la historia de San Esteban, hubo de pagar por las atrocidades cometidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras ese día llegaba, los castigos, las venganzas y las palizas acabaron por convertirse en rutinarias. Su cuerpo fue golpeado, azotado, y hasta quemado, pues mucho era el odio que los policías habían acumulado y muchos los días que permaneció encarcelado en los calabozos de la comisaría. Mientras tanto, la única esperanza que se veía capaz de albergar era que, una vez terminado el juicio y dictada la sentencia, su estancia en la cárcel fuese llevadera y las torturas desaparecieran.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También ahí se equivocó. Fue condenado a veinte años, pero para él fue casi una vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La estancia en la cárcel consiguió doblegar su carácter indomable. Las palizas, los aislamientos, las enfermedades contraídas, unidas a una premeditada falta de los cuidados necesarios, contribuyeron a hacer de Roberto una sombra de lo que había sido. Su altanería, tan afamada durante años, dio paso a una desmedida introversión, su beligerancia se tornó docilidad y su soberbia en humildad. Cuando por fin abandonó el penal, apenas cumplidos los cincuenta y cinco años, ya no era más que huesos enlazados por jirones de piel, ojos hundidos en una máscara demacrada y un constante temor arraigado en su pecho, imbuido por golpes y desdichas. Caminaba como un espectro adormilado, con un torpe arrastrar de pies y la mirada encerrada entre recuerdos. Vagaba sin rumbo ni esperanza, recogía con vergüenza aquellas migajas que algunos desprendidos le lanzaban y se alejaba de todo contacto o relación que pudiese surgir, pues nunca nada satisfactorio habría obtenido de ello. Parecía un perro abandonado, huidizo y acobardado, al que todos maltratasen. A partir de entonces, su vida sería así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuentan que un día, cuando ya se veía enfermo y casi moribundo, Susana se acercó a él. Aún lucía aquella belleza discreta de antaño, de ojos grandes y sinceros, aquella sonrisa tímida, apenas perceptible, y aún su piel era delicada y suave, tibia, inmaculada. Roberto vio cómo se aproximaba. La reconoció al instante y se sintió perdido. Un extraño pesar atenazaba sus tripas, un nudo férreo se refugió en su garganta y un sudor frío comenzó a brotar. Intentó refugiarse contra la pared, se arrebujó en su abrigo y su mirada se tornó huidiza. Hacía ya mucho tiempo que el remordimiento le mellaba las entrañas, que el arrepentimiento le hollaba el sentido, pero ver de nuevo a su antigua novia, ser consciente de la oportunidad perdida, del daño causado, le carcomía el corazón. Ansiaba encontrarse con ella, oler su cabello o acariciar su piel, pero odiaba que fuese así. Sabía que el pasado no se puede recuperar, que los recuerdos son tenues e inasibles y que el amor frustrado apenas son cenizas. Nada podría cambiar eso. Su oportunidad —él lo sabía—, se había ido para siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer llegó hasta donde él yacía, acurrucado en una esquina para protegerse del frío y de la lluvia. Se acuclilló frente a él, extendió la mano y le entregó unas monedas, mostrando una sonrisa tímida, apenas perceptible, como siempre había hecho. Un leve roce de su piel pálida recorrió las manos gastadas de Roberto, los dedos endurecidos y callosos, como una brisa suave y salvífica. Un estremecimiento recorrió su espalda, un intenso dolor cruzó su corazón, y ella se marchó para siempre, ajena a la identidad de aquel indigente que sufría arropado entre baldosines y tabiques.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— ¿Y no se volvieron a ver jamás? —, pregunté yo, sorprendido por el tono de emoción que ribeteaba mi voz.&lt;br /&gt;— Nunca más —, respondió él, sumergiéndose de nuevo entre las siluetas informes de su vaso rojizo. Permaneció así unos segundos, absorto en sus palabras, y luego se levantó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apoyó sus manos en la mesa, se incorporó lentamente, sin duda envuelto en un dolor que quebraba sus huesos y comenzó a caminar, con un paso arrastrado y taciturno, como un espectro adormilado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Espere. Es usted, ¿no? Roberto, el de la historia. Es usted.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El anciano se detuvo, giró la cabeza y me miró con aquellos ojos eternamente acuosos, cubiertos por un humor denso que sus lacrimales se veían incapaces de aliviar. Bajó la mirada al suelo, encerró sus ojos en recuerdos y sonrió, con una sonrisa triste, cansada, muy cansada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;FIN &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-8793347321134061626?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/8793347321134061626/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=8793347321134061626' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/8793347321134061626'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/8793347321134061626'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2009/08/un-trago-una-historia-2-parte-y-ultima.html' title='Un trago, una historia (2ª parte, y última)'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-1324307498035560271</id><published>2009-08-16T22:12:00.005+01:00</published><updated>2009-08-17T01:04:19.322+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato breve'/><title type='text'>Un trago, una historia (1ª parte)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;No temáis, no es una historia de terror o, al menos, no pretende serlo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;UN TRAGO, UNA HISTORIA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Han pasado ya muchos años, pero aún hoy, cuando su rostro se me dibuja desvaído y confuso, y su silueta encorvada no es más que una triste sombra de telas desmadejadas, sus palabras siguen llegando a mis oídos de forma clara y vívida, animadas por aquella voz ronca y aguardentosa que empujaba los sonidos con pesar, como si temiesen abandonar su cobijo más preciado para acabar recluidos en un paraje inhóspito y desapacible. Desconozco cuales son los motivos que me han llevado a anclar su recuerdo en mi memoria, cuáles los que me impulsan a relatar esto ahora, pero desde luego él sigue ahí, con su voz retumbando en mi interior, como un insistente soniquete que me advierte de la importancia de no olvidar, o de lo triste que resulta el hacerlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuerdo haber llegado a una taberna sucia, casi ponzoñosa, repleta de hombres sin futuro y con demasiado pasado a sus espaldas que no cesaban de beber. A solas con sus historias, abotargados por la desidia y el alcohol, rumiaban sus desdichas sin desprenderse del dolor que ellas les causaban. Recuerdo haber sentido cierta angustia o desazón al entrar, cierta pena por la desolación que las miradas de los que allí había me mostraban, y recuerdo haber visto a aquel hombre en una esquina del bar, arrebujado en su gabán, con un vaso de vino ante él. El humo de su cigarro jugueteaba con las guedejas de su barba, ascendía en volutas hasta su cabello y se desvanecía como por ensalmo, al igual que sus recuerdos inmediatos, sumido como estaba en los pasados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus manos, ásperas y gruesas, acariciaban toscamente el vaso de vino, dibujando a su paso bastas siluetas sobre la superficie mojada. Casi de modo inconsciente, su mirada se clavaba en ellas, lánguida y perdida, como si en el húmedo cristal pudiese hallar la solución a sus pesares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sabría explicar por qué, pero me acerqué a él. Su aspecto no se diferenciaba mucho del de sus compañeros de taberna, pero algo me impulsó a aproximarme. Mis pasos eran lentos, podríamos decir que vacilantes, temerosos de arrancar al viejo de su ensimismamiento. Cuando llegué a la mesa alzó la cabeza, me miró unos segundos de forma desmayada, como si mirase al vacío, y volvió a clavar su vista en el vaso. Sus ojos me sorprendieron. Se veían enturbiados, pero no por el alcohol. Su mirada imprecisa estaba inundada por la tristeza, por el dolor, por un dolor que se enquista y engangrena, y que se muestra ajeno a cualquier remedio o lenitivo. Eran ojos embargados por una honda pena, eternamente acuosos y cubiertos por un humor denso y grisáceo que sus lacrimales se veían incapaces de aliviar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pese a su escaso interés, decidí sentarme frente a él; quizás fue por pena, quizás por curiosidad, no sé, pero el caso es que me senté. Le hice una seña al camarero, un hombre flaco y muy feo que miró con desagrado a mi nuevo amigo. Éste, ajeno al desaire, permanecía absorto en sus ensoñaciones. Nada de cuanto había allí le importaba, ninguna compañía resultaba grata, y ningún desdén suponía una ofensa. Ni aun cuando le sirvieron el vino al que yo invitaba mostró cambio alguno en su rostro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al rato, cuando yo ya había perdido la esperanza de entablar conversación y una intensa sensación de ridículo recorría mis tripas, levantó la cabeza, mostró algo similar a una sonrisa, frunciendo los labios con timidez y escasa soltura, y comenzó a hablar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Gracias –dijo, sin atreverse a mirar de frente.&lt;br /&gt;-No hay de qué- contesté yo con una sonrisa estúpida. –Disfrútelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Agarró el vaso con fuerza, cerrando sus dedos en torno a él, y le dio un pequeño sorbo. Después se llevó la manga del abrigo hasta la boca, en un gesto descuidado y sobrevenido, y se limpió algunas gotas rojizas que aún salpicaban su bigote.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Debo contarle una historia –susurró, sin dejar de mirar el vino.&lt;br /&gt;-¿Qué?- pregunte yo, que apenas había escuchado nada.&lt;br /&gt;-Debo contarle una historia- repitió. –Así debe ser. Un trago, una historia.&lt;br /&gt;-Bueno. Es buen cambio –concedí.&lt;br /&gt;-Así me gano la vida, ¿sabe? Cuento historias, y la gente me paga por ello. Usted me ha invitado; debo responder- Me miraba con una aire infantil, como esperando hallar en mí alguna muestra de sorpresa&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Es una historia triste, bastante fea, y seguramente no sea cierta, no sé, pero es una historia.&lt;br /&gt;-Bien. Comience entonces.- propuse divertido.&lt;br /&gt;-De acuerdo. Comenzaré. – Se llevó el vaso a los labios, se limpió como había hecho antes y comenzó a hablar. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-1324307498035560271?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/1324307498035560271/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=1324307498035560271' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/1324307498035560271'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/1324307498035560271'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2009/08/un-trago-una-historia.html' title='Un trago, una historia (1ª parte)'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-3680594666731909361</id><published>2009-08-02T22:43:00.008+01:00</published><updated>2009-08-03T01:25:09.523+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato breve'/><title type='text'>Confesiones de odio ante la muerte</title><content type='html'>&lt;em&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Aquí os dejo un pequeño relato que he escrito este fin de semana. Perdonad el tono morboso e irreverente, pero me ha salido así. Espero que os guste.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Un abrazo a todos.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Ahora, "Confesiones..."&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/SnYJwzBd_xI/AAAAAAAAADQ/V0snd6yiWhg/s1600-h/carcel_mayo_2008_celdas%20especiales.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5365486739993263890" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 214px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/SnYJwzBd_xI/AAAAAAAAADQ/V0snd6yiWhg/s320/carcel_mayo_2008_celdas%2520especiales.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Nunca he sentido temor ante la muerte, nunca jamás me he preocupado por ella y ni un solo minuto de mi tiempo he ocupado en pensar cómo sería el fin de mis días, cómo debía afrontar su llegada o cuáles serían los sentimientos que albergaría mi corazón ante los últimos alientos de mi vida y, sin embargo, casi desde el principio de mis recuerdos, mi vida se ha visto rodeada, y casi tomada, por una extraña y absoluta obsesión hacia ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siempre he sentido, y no me cuesta reconocerlo, una irrefrenable necesidad de causar daño a los demás, de torturarles, de infligirles dolor hasta que, extenuados y aterrorizados, me suplicaban por su vida. O por su muerte. Saberse en posesión de una vida ajena, ser consciente de ello, sentirse capaz de arrebatarla, es una de las sensaciones más excelsas que puede experimentar un hombre. El hecho de quitar una vida, de asesinar a alguien y quedarse inmóvil, viendo cómo la sangre fluye, cómo los ojos se tiñen de oscuridad, cómo el alma se evapora, constituye el disfrute del poder más omnímodo, el goce del libre albedrío sin trabas ni corsés, la cumbre máxima de un pasar. Sólo es necesario actuar con firmeza, con pasión, con valor, y observar. Observar y limitarse a sentir cómo se escapa una vida, cómo llega la muerte, y no pensar en nada más que en paladear el enorme placer que todo ello produce.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca he podido explicar qué extraño mecanismo es el que se pone en marcha en mi interior para desencadenar ese torbellino de gratas sensaciones que el crimen despierta en mí. Nunca me lo he preguntado, la verdad, pero es que nunca me ha importado. Tan sólo lo sentía y, por ello, siempre he dado rienda suelta a mis instintos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora, sumido en la penumbra de mi celda, con los huesos carcomidos por la humedad de estas cuatro paredes, pienso en todo aquello que he hecho, en todos aquellos a los que les he quitado la vida, en sus rostros, en sus llantos y en sus últimos estertores. Veo sus muertes, recuerdo el placer que me propiciaron, y no me arrepiento. Quizás sea debido a eso que los loqueros llaman ausencia de empatía, quién sabe, pero nunca he sentido el más mínimo arrepentimiento por lo que he hecho y, desde luego, nunca voy a pedir perdón por ello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez transcurrido el juicio, una vez dictada la condena, muchos se han esforzado por esclarecer los motivos que me impulsaban a actuar así, por dilucidar las posibles causas que aclarasen mi comportamiento para, al mismo tiempo, alejar de sus mentes la convicción de que cualquiera puede matar y disfrutar con ello. Desean esquivar la idea de que uno de ellos, si las circunstancias y el valor así lo determinan, puede convertirse en un asesino en serie. Necesitan sentirse seguros. Ansían pensar que nuestra actitud se debe a una serie de traumas escondidos en algún recóndito vericueto de nuestro ser, para así cerciorarse de que ellos, honrados miembros de la sociedad, están a salvo de tan horrible proceder. ¡Ja! Pobres ilusos. Apenas saben nada. Tan sólo hace falta probar. Basta con hundir un puñal en las costillas de un hombre, sentir cómo se desvanece, cómo su aliento te golpea las mejillas y cómo la muerte acude para nublar sus ojos. Basta con eso, y ya nunca jamás podrás dejarlo. Créame, pruebe, y lo entenderá. Se dará cuenta de ello. Se dará cuenta de que ya no son necesarias las excusas. Nunca lo han sido. A mí, al menos, no me han hecho falta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me han llamado criminal, asesino, carnicero y psicópata. He sumido en el terror a toda una sociedad, la he mantenido en vilo durante largos años, casi en jaque y, desde luego, todos han temblado ante la simple mención de mi nombre. Muchos de ellos –estoy seguro-, absortos en sus cavilaciones, enfrascados en los problemas de sus irrisorias vidas, ante un simple ruido a sus espaldas, han despertado repentinamente de ellas, han mirado hacia atrás con temor, casi con pánico, abriendo desmesuradamente los ojos para descubrir, con alivio, que no había sido más que un perro callejero, una lata rodando por el suelo o un patético viandante que, como ellos, paseaba vacilante y ensimismado por las calles de cualquier ciudad. Y entonces, a pesar de ello, su caminar se torna más ligero, mucho más rápido e inquieto, y sus ojos no cesan de recorrer las calles de un lado a otro en busca de algo que desconozcan, algo que les resulte extraño o inquietante, para apurar aún más el paso y recluirse vergonzosamente, calladamente, en la quietud y en la irreal seguridad de sus hogares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y se siente orgulloso de ello?- preguntó el sacerdote asombrado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Cómo no estarlo, Padre? Cuando uno llega tan alto, cuando uno es tan poderoso como yo lo he sido, el orgullo invade, por fuerza, todo nuestro ser. He visto cómo la gente temblaba ante mí, cómo se postraban implorantes, con el rostro bañado por las lágrimas, para suplicar por sus vidas. Sabían que estaban ante la esencia misma del mal y se reconocían incapaces de enfrentarse a él. He visto su miedo, he gozado de él, y he llegado al éxtasis al ver su sangre derramada entre mis manos y notar cómo su tibio tacto se escurría entre mis dedos. Eso es poder, Padre, y yo he podido disfrutarlo.- dijo con un gesto crispado en su mentón, apartando ya de sí la parsimonia y los buenos modales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Sacerdote se santiguaba sin cesar, mostrando una expresión entre perpleja y horrorizada. Un frío intenso se había alojado en su pecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y su alma? ¿Qué me dice de ella? Se acerca la hora, no muestra arrepentimiento, va a morir, y su alma se condenará para toda la eternidad. ¿Acaso eso le deja indiferente?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una cínica sonrisa asomó al rostro del asesino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Mi alma? Por favor, Padre, no me venga ahora con esas estupideces. He visto la muerte tantas veces que ya casi soy incapaz de enumerarlas. He sentido cómo llegaba, cómo se apoderaba de mis víctimas, y nunca jamás he visto alma ninguna. No creo que exista, sinceramente, pero si realmente existe, si realmente poseemos un alma, estoy bien seguro de que el Diablo me tratará como a un hijo. Sonreirá al verme, me acogerá en su seno, ¿quién sabe si a su diestra?, y juntos disfrutaremos con el recuerdo de todos aquellos a quienes he matado. O sea que déjese de estupideces, acabe con aquello que ha venido a hacer y váyase con viento fresco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Lo lamento, créame; lo lamento por su alma, pero nunca he visto a nadie tan merecedor del castigo eterno como usted. Mi presencia aquí ya no es necesaria.- Ante la mirada divertida y arrogante del condenado, el Sacerdote se levantó, llamó a los Guardias y abandonó la mazmorra sin mirar atrás. Su paso era triste, taciturno, pero ni una vez entornó la cabeza para tratar de atisbar un gesto contrito en el reo, pues sabía vano el esfuerzo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras abandonaba el penal, el eco de sus pasos por el corredor se veía acompañado por el estruendoso sonido de las últimas bravatas del asesino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Nos veremos en el infierno, Padre, ya lo verá. Se postrará ante mí, como todos aquellos que ya lo han hecho, y yo sonreiré ante su dolor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Días después, cumplida ya la sentencia, el sacerdote lloraba como un niño, medroso y frustrado. Tras su entrevista con el asesino, después de haber escuchado una aterradora letanía de horrores y maldades, un cúmulo de sentimientos contradictorios afloraban a su corazón. Sentía repulsa, indignación, asco y pena, sí, pero también impotencia. Se había visto incapaz de obtener alguna muestra de arrepentimiento. No había conseguido que el mal se apartase ante la inminente llegada de la parca, y un alma más se había condenado para siempre. El perdón no había sido otorgado, y el Diablo se alzaba victorioso. Y sin embargo –rezaba porque así fuese-, aún quedaba una esperanza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tan sólo en el último segundo, cuando la muerte ya casi se había albergado en el cuerpo del ejecutado, el sacerdote pudo vislumbrar una pequeña lágrima, muy tímida, brotando de unos ojos muertos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rogaba a Dios porque esa fuese la señal esperada. Rogaba a Dios porque, aun en el último instante, el hombre hubiese sido perdonado. Rogaba a Dios que no volviese a suceder.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tan sólo esperaba ser escuchado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;FIN &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-3680594666731909361?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/3680594666731909361/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=3680594666731909361' title='15 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/3680594666731909361'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/3680594666731909361'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2009/08/confesiones-de-odio-ante-la-muerte.html' title='Confesiones de odio ante la muerte'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/SnYJwzBd_xI/AAAAAAAAADQ/V0snd6yiWhg/s72-c/carcel_mayo_2008_celdas%2520especiales.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>15</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-6628083522372666212</id><published>2009-07-27T20:09:00.002+01:00</published><updated>2009-07-27T22:22:51.499+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato breve'/><title type='text'>La casa de mis pesadillas (5ª parte, y última)</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/Sm372EQtP2I/AAAAAAAAADI/LZDBYME5TSY/s1600-h/untitled.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5363219637543452514" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 211px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/Sm372EQtP2I/AAAAAAAAADI/LZDBYME5TSY/s320/untitled.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ver aquellas imágenes tan vívidas, aunque tan lejanas y ajenas, me repugnaba. Me corroía las entrañas el conocer el fatal desenlace de los jóvenes amantes, tan inocentes, tan vulnerables, que apenas habían tenido oportunidad alguna de escapar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico había caído muerto entre llantos y estertores de agonía, clamando porque se respetase la vida de su adorada amiga. Había caído horriblemente mutilado, con las carnes cercenadas por un cuchillo de gran tamaño mientras los gritos desesperados de su amada retumbaban en sus oídos. Sus piernas habían flaqueado al comienzo de la lucha, nada más recibir la primera cuchillada. Había caído al suelo impotente, levantando las manos para protegerse de los ataques recibidos, aunque con la vista fija en los ojos de su amada, que le observaba con horror desde un rincón. Mientras su cuerpo era acuchillado con saña y sus ropas se cubrían de sangre, sus ojos se velaban por un velo acuoso, salado, que brotaba por la rabia y el amor, y sus labios dibujaban un nombre en silencio: Elena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella lloraba sin cesar, rota por el horror, ante el cuerpo mutilado de su enamorado. Se acuclillaba contra la pared, abrazada a una vieja muñeca de porcelana de rostro blanquecino y ojos grises, aguardando, inocentemente, la hora de su muerte. La sangre lo inundaba todo, se estrellaba contra las paredes hasta formar grandes salpicaduras, avanzaba por las baldosas, pesadamente, y se reflejaba como un fondo rojizo en las pupilas del chico muerto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los padres de Elena se ensañaban en su crimen, alzaban sus brazos por encima de sus cabezas y descargaban el golpe con violencia, hasta hundir sus puñales en el cuerpo de su víctima para arrebatarle la vida y las esperanzas. Sus ropas estaban cubiertas de sangre, sus rostros crispados por el odio, convulsos de rabia, con los ojos desmesurados y ardientes. Se enconaban en sus ataques, ciegos de ira, y daban golpes sin parar, una y otra vez, una y otra vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Agotados por el esfuerzo, se detuvieron un instante, sonrieron de forma macabra al contemplar su obra y, muy pausadamente, se giraron hasta encararse con su hija.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo pude ver una imagen más: un viejo roble de tronco parduzco, ahuecado por una podredumbre negra y húmeda que hacía brillar su interior, solitario en un gran prado que circundaba la casa. Su copa, trasmocha e irregular, era azotada con suavidad por un viento débil que mecía sus hojas casi con ternura. A sus pies, una pequeña porción de terreno parecía estremecerse por un ligero temblor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desaparecidas ya las imágenes de mi mente cansada, ahíto de tensión e inquietud, me desperté.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La sensación de desasosiego, de rabia, que experimenté al tomar conciencia de los horribles acontecimientos que rodearon la vida y la muerte de la joven Elena, causaron tal mella en mí que, por primera vez, sentí odio, un odio verdadero, capaz de impulsarme a matar o ser matado. Tal brutalidad no era concebible para una mente tan civilizada como la mía o para cualquiera que no se viese henchido por la maldad. Refugiado en la protección que ofrece una vida tranquila y apacible, alejado por la fortuna de los sinsabores y las penurias de una existencia aciaga, mi cabeza no era capaz de albergar semejantes impiedades. Todo mi ser se rebelaba contra los padres de Elena, todo mi fuero interno me llevaba a repudiarlos allá donde estuviesen y desearles la peor de las muertes, la condenación eterna y el sufrimiento más intenso que ser alguno hubiese podido imaginar. Los odiaba por lo que le habían hecho a su hija, por el asesinato del joven enamorado, por erigirse en jueces y verdugos y violar así todo sentimiento humano, de amor y cariño, que a todos nos es dado recibir. Los odiaba por ser cómo eran, y siempre los odiaría, hasta el último de mis días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo ese odio me impulsaba a saber más, a tratar de esclarecer aquellos hechos que habían venido a mi vida para colmarla de angustias y desdichas, e intentar verter algo de paz sobre la triste mirada verde de la pobre Elena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Debía saber algo más, y sabía adónde debía dirigirme para ello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Decidido, aun sin despuntar las primeras luces del día, me dirigí hacia el bar. La propietaria podría, sin duda, explicarme algo. Conocía la historia de la casa, había mencionado a una niña y había salido huyendo, visiblemente asustada.&lt;br /&gt;Crucé la puerta del local muy excitado. La posibilidad de aclarar todo aquel embrollo me impulsaba a la zozobra y al descontrol, y ya no sentía necesidad alguna de mostrarme pacífico o sereno. La puerta se golpeó con estrépito detrás de mí, y la quietud del restaurante se quebró por unos segundos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El bar estaba vacío, oscuro. En un rincón del mostrador, rodeada por botellas de refrescos, la mujer me miraba con asombro, casi con miedo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Verla de esa forma, tan frágil, tan vulnerable, hizo que me arrepintiese de entrar con semejante alboroto y fragor, y al instante adopté una disposición más dialogante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Perdóneme- me excusé. – No he querido asustarla. Sólo he venido a hablar con usted.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella me reconoció al instante, y comenzó a balbucir una serie de excusas ininteligibles, al tiempo que se encaminaba hasta la cocina para dejarme de nuevo sin respuestas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No se vaya, por favor. Le ruego que no se vaya.- imploré. –Sólo quiero hacerle unas preguntas.&lt;br /&gt;-Váyase, por Dios. No quiero hablar con usted.- me espetó casi sollozando. – Déjeme en paz.&lt;br /&gt;La sujeté por un brazo; no podía permitir que se marchara de allí sin responder a mis preguntas, no podía perder mi única salida. -¿A qué se refería cuando dijo “niña mala”?- pregunté con insistencia. – Usted también lo oyó, ¿no es cierto? También lo oyó.- inquirí con nerviosismo.&lt;br /&gt;-Déjeme en paz- gritó, desasiéndose de mi abrazo y echando a correr pasillo adelante. Segundos después cruzaba la puerta de la cocina.&lt;br /&gt;-Ni se le ocurra- dijo una voz detrás de mí, cuando yo me disponía a saltar el mostrador para ir en su busca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me giré para ver quién era el que se había apostado a mis espaldas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un hombre de unos setenta años, de rostro flaco y tocado por una gorra deportiva, se acercó a mí. Lucía una expresión seria, enfurecida y, a pesar de su ya avanzada edad, su abultado corpachón le daba un aspecto amenazador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Perdone, pero sólo quería hablar con ella.- me apresuré a contestar algo medroso.&lt;br /&gt;-Es usted el nuevo técnico ¿no? – preguntó secamente.&lt;br /&gt;-Así es. No he querido asustarla, pero necesitaba hablar con ella.- expliqué mientras él se situaba tras el mostrador y encendía la máquina cafetera.&lt;br /&gt;-Es mi mujer. No se preocupe.- contestó conciliador. Dispuso dos pocillos de café y me obsequió con uno de ellos. Me ofreció una botella de aguardiente, que yo rechacé, pero él se sirvió una copa.&lt;br /&gt;-Se aloja en la casa de Os Prados ¿no?&lt;br /&gt;-Sí. Por eso quería hablar con su mujer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me miró fijamente, con cierto aire de preocupación. Me estudiaba con detenimiento, como si pretendiese analizar mis pensamientos. Un palillo viajaba con rapidez por sus labios, de una comisura a la otra, girando sobre sí mismo. Lo escupió al suelo con fuerza y se secó la boca con la manga de la camisa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Los ha visto, ¿ no ?- me preguntó de repente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me quedé helado, sin saber qué responder o cómo actuar. Él me miró pensativo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sentémonos- contestó al fin. Llevó las tazas de café hasta la mesa más cercana y ambos nos sentamos a ella.&lt;br /&gt;-No se han ido ¿no? – preguntó de repente.- Siguen ahí, ¿verdad?&lt;br /&gt;-¿Qué sucede en esa casa? Necesito saberlo, por favor.- pedí, casi imploré, con ansiedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él no dejaba de observarme. Su rostro mostraba una honda preocupación; se debatía entre guardar silencio, y así mantenerme en la más dolorosa ignorancia, o contarme al fin la historia y satisfacer mi necesidad. Yo estaba en vilo, ávido de respuestas, aunque temeroso, al mismo tiempo, de ellas&lt;br /&gt;-Verá.- se decidió al fin. - Todo lo que ha visto tiene una explicación muy sencilla. Quizás no se lo parezca en este momento, pero así es. Usted es un hombre estudiado, un hombre de ciencia, y los libros no le permiten mantener una mente abierta ante todo aquello que se nos muestra extraño o desconocido. Nosotros, sin embargo, no somos más que personas incultas, ignorantes, y menos dadas, por tanto, a prejuicios o dogmas científicos. Sabemos que hay cosas ocultas, hechos que se rebelan contra todo lo establecido y que no entienden de reglas o teoremas. Frente a ellas, simplemente nos limitamos a aceptarlas como tales y, por supuesto, a temerlas.- Hizo una pausa en su relato. Quizás pensara que era necesaria para que yo pudiera asimilar el verdadero significado de todo aquello, y a fe mía que no se equivocaba en absoluto. Su voz era ronca, algo quebrada por el cansancio o la edad, pero tenía un cierto efecto tranquilizador. Junto a él - ignoro el por qué -, me sentía más sereno, más acompañado y protegido. Al menos, pronto tendría las respuestas que tanto ansiaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre continuó hablando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Mi mujer lleva en los Ancares toda su vida. Nació aquí, y ya nunca se fue, pero yo no. Yo vine a trabajar y me quedé, ya ve usted. La conocí hace ya muchos años, cuando ella era una mujer tímida, asustadiza, que casi no salía de casa. Me enamoré y nos casamos, y con el tiempo, gracias a mi compañía, a mi ayuda, fue mejorando, pero nunca pudo desprenderse por completo de esos ataques repentinos de miedo de los que usted ha sido testigo. – explicó algo compungido.&lt;br /&gt;-Esos ataques, ¿se deben a lo que he visto en la casa?- pregunté con interés.&lt;br /&gt;-Así es. Cuando aún era una niña, mi mujer vio algo que casi la pone loca. Tardó muchos años en superarlo y, en cierto modo, aún no lo ha hecho.&lt;br /&gt;-No me obligue a insistir, hombre, ¿qué es lo que vio su esposa?- urgí al hombre, que esbozó una sonrisa triste antes de responder.&lt;br /&gt;-El asesinato de su hermano.- contestó con sequedad.- El asesinato más cruel que usted se pueda imaginar.&lt;br /&gt;-El comienzo de esta historia es muy triste, amigo mío, y tan trágico que la casa ha quedado maldita por siempre. Ya nadie puede cambiar eso, tan sólo podemos mantenernos lejos, dejar las cosas como están, y rezar por el descanso de los muertos. Tan sólo eso.&lt;br /&gt;-¿Qué es lo que pasó?- pregunté con ansiedad.&lt;br /&gt;-Verá, por aquel entonces, la casa que usted ocupa ahora estaba habitada por una gente muy desagradable, mala, la verdad,…, muy malvada. Se llevaban mal con todo el mundo, vivían apartados de las gentes del pueblo, y no mantenían ningún tipo de relación con ellos. Apenas salían de la casa - tan sólo lo hacían sus dos hijos mayores -, y los viejos siempre andaban castigando a su hija pequeña que, por lo que tengo entendido, era una niña preciosa.- explicó el anciano.&lt;br /&gt;-Eso puedo confirmarlo, créame.- dije yo con cierto sarcasmo que él entendió a la perfección.&lt;br /&gt;-Sí, perdóneme, se me olvidaba que ya los ha visto. La edad, ya sabe, que comienza a hacer sus estragos.- explicó con una sonrisa.- pero bueno, volveré a lo que nos interesa. Veamos…Uhmm… iba por la niña. Sí. Bien. El hermano de mi mujer, un joven muy querido en la zona, era uno de los muchos mozos que la rondaban y, por lo que sé, el único que llegó a atreverse a solicitar permiso para cortejarla debidamente. Su petición, como podrá suponer, fue muy mal recibida pero él, enamorado como estaba de la chica, no aceptó la negativa y decidió verla a escondidas, sin que sus padres se enteraran.&lt;br /&gt;-Pero se enteraron, ¿no?&lt;br /&gt;-Así es, y esa fue la causa de su muerte. Un día, comienzo de todos los males que desde aquella acucian a mi buena esposa, su hermano decidió presentarse ante su amada y así declararle su amor. Por lo visto, su humor era excelente, sus esperanzas aún se mantenían intactas, pero,…¡qué equivocado estaba!&lt;br /&gt;-Pasadas unas horas, su hermana, preocupada por su tardanza, decidió acercarse hasta la casa y comprobar qué era lo que lo mantenía tan ocupado. Ella sabía del mal carácter que tenían aquellas gentes - todos en el pueblo les temían - y, por tanto, no deseaba un mal encuentro con ellos. Se limitó a acercarse a hurtadillas hasta su casa y, de esa forma, poder echar un vistazo sin ser descubierta. Se aproximó agachada, semioculta por unos pequeños matorrales que entonces rodeaban la entrada, y miró a través de una ventana. – A estas alturas de la historia, el tono del anciano era ya muy triste, como si sumergirse en el relato le supusiera un gran esfuerzo o un hondo dolor.&lt;br /&gt;-Lo que allí vio, puede estar seguro de ello, cambió la vida de mi mujer para siempre. Aquella imagen casi la sume en la locura aunque, como podrá luego comprobar, a cualquiera de nosotros le hubiese causado un efecto similar. Amparada por el antepecho de la ventana, protegida de las miradas de aquellos malditos, mi esposa pudo ver cómo asesinaban a su hermano, cómo volcaban en él todo su odio, toda su maldad, mientras la pobre Elena, inmóvil y aterrorizada, lo contemplaba todo. Mi mujer se quedó paralizada. Apenas podía mirar, pero también le resultaba imposible apartar la vista. Se había quedado petrificada, completamente conmocionada, y eso la llevó a ser testigo del crimen más atroz. – De las palabras del anciano se traslucía un intenso sufrimiento. Día tras día, el pobre hombre hacía lo posible porque su mujer olvidase todo aquello, y ahora se veía obligado a revivirlo para alertarme a mí del peligro que me venía acechando desde hacía ya varias jornadas. Semejaba muy cansado, pero un trago de aguardiente pareció infundirle ánimos suficientes para continuar con su historia.&lt;br /&gt;-Por lo visto, lo poco que pudo testificar mi mujer ante la Guardia Civil es que, una vez muerto su hermano, los ancianos se giraron hacia la chica, completamente bañados en sangre, cuchillo en mano, sin dejar de decir: -Niña mala, niña mala, vas a pagar tu desvergüenza. Mientras avanzaban hacia ella, permanecía inmóvil, y mi mujer observaba desde la ventana, temblando como una hoja.&lt;br /&gt;-Pobrecilla.- dije yo, haciéndome cómplice de su sufrimiento mientras él asentía.&lt;br /&gt;-Debieron acercarse mucho adonde ella estaba, o verla por el rabillo del ojo, no sé, pero el caso es que se volvieron hacia mi mujer. La vieja la señaló, gritó como una bestia, con el rostro sangrante y descompuesto, y fue entonces cuando mi esposa echó a correr como una posesa, sin saber muy bien adónde dirigirse. Corrió campo a través, con las zarzas y los arbustos golpeando sus piernas y su rostro, pero no desfalleció y consiguió llegar hasta su casa, muda de dolor y miedo. Estaba completamente ida, como enloquecida; apenas hablaba, sólo lloraba, pero poco a poco consiguieron que se explicara y, gracias a su declaración, los ancianos fueron detenidos y debidamente ajusticiados.&lt;br /&gt;-¿Qué pasó con los hermanos de la niña?&lt;br /&gt;-Fueron detenidos, pero no los encarcelaron. Se dijo que estaban locos, que apenas eran conscientes de lo que había pasado, y los internaron en un psiquiátrico, donde murieron a los pocos años. El cuerpo de mi cuñado fue encontrado en la cocina, completamente mutilado y con una muñeca de porcelana sobre él, pero el cuerpo de la niña nunca apareció. Lo estuvieron buscando durante días, recorrieron todos los alrededores, pero nada hallaron. Los viejos no habían tenido demasiado tiempo para esconderlo, pero desde luego lo hicieron bien.&lt;br /&gt;-Y ¿cómo murieron ellos?&lt;br /&gt;-Los condenaron a muerte. El garrote se encargó de ellos, y todos nos alegramos de que se los hubiese llevado para siempre pero, por lo visto, nos equivocamos. Desde entonces, todo aquel que se acerca a la casa siente que aún no se han ido. Los viejos siguen allí –usted lo habrá podido comprobar-, pero también sigue ella, como si algo aquí la retuviera y no pudiese descansar en paz.&lt;br /&gt;-Pero, ¿nadie ha podido hacer nada al respecto?- pregunté con asombro. - ¿Se han dejado las cosas como estaban?&lt;br /&gt;-¿Y qué vamos a hacer?- contestó él con desgana. – Ya le he dicho antes que esas cosas de los muertos es mejor no tocarlas. Si usted quiere hacer algo, rece, quédese ahí y aguante, yo que sé, pero no hay nada que se pueda hacer. Muertos están y muertos se quedan, aquí o allá, pero muertos se quedan.&lt;br /&gt;- Y el cuerpo de Elena, ¿consiguieron encontrarlo?&lt;br /&gt;-No. Algunos lo intentaron, pero con el paso del tiempo,…, ya sabe usted. Las cosas se olvidan y…&lt;br /&gt;-Ya, los muertos, muertos están.&lt;br /&gt;-Así es. Mire, aquello ya no tiene solución. A mi mujer casi le cuesta la cordura. De hecho, aún hoy tiene que hacer verdaderos esfuerzos para mantener aquello apartado de su mente. Su llegada al pueblo la trastornó mucho. Ella sabía –como sabíamos todos -, que los muertos aún estaban allí y decidió avisarle, pero, lamentablemente, le faltaron las fuerzas. Hace un rato, cuando lo vio llegar de nuevo, decidió huir porque se sabía incapaz de afrontar todo aquello de nuevo. Hacerlo, podría ocasionarle un grave perjuicio, y por eso le ruego que deje que todo siga como antes. Sin embargo, yo también entiendo lo que usted está pasando, y por eso, porque creo que es de ley, he decidido contarle esta historia. Quizás le ayude en algo, aunque mi consejo es que se marche por donde ha venido, que deje las cosas como han estado los últimos años, y que borre los últimos días de su memoria. Se lo digo por su bien, créame.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dicho esto, el hombre se levantó pesadamente, vació la copa de aguardiente de un trago y desapareció por donde se había marchado su mujer, dejándome atónito con mis cavilaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy, transcurridos varios años, aún no he conseguido poner fin a mis pesadillas y angustias. Aún hoy me despierto en mitad de la noche, sumido en las más horribles visiones. Los ojos verdes de Elena me acompañan día y noche, me suplican ayuda, me ruegan que le ayude a liberarse de las ataduras que la mantienen allí retenida, pero nunca me he visto capaz de tanto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de la conversación con el viejo cantinero, aturdido y asustado, me duele confesar que no me vi con agallas suficientes como para encararme de nuevo con el mal. Decidí, por tanto, abandonar los Ancares, poner tierra de por medio y apartar aquellos días para siempre de mi vida. Recogí mis cosas, me despedí de mi trabajo y me sumí en una fuerte depresión que casi acaba con mi vida o con mi lucidez. Los rostros exangües y crispados de los dos ancianos me acompañan desde entonces. Aún hoy me parece escuchar sus quejidos guturales, sus voces roncas y casposas, y nunca desde aquel día he podido librarme de la terrible huella que sus garras dejaron impresa en mi mente al arrojarse sobre mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La imagen del viejo roble también vive conmigo. Veo con suma claridad su tronco hueco, su globosa copa abanicada por el viento, y los temblores que sacuden el terreno negro que lo rodea. Ahora ya sé qué significa. Al principio lo quise negar, quise cerrar mis ojos ante la evidencia, pero ahora ya no puedo. No, desde luego, si deseo seguir con mi vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Elena me está esperando. Sabe que soy el único que la puede ayudar, el único que no abandona su aflicción por los horribles sufrimientos que ella soportó, y desde la distancia, anclada en mi memoria, no deja de pedirme ayuda, acariciando mi rostro y emocionándome con sus lágrimas. Y ya no lo soporto más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He decidido ir. Lo haré en los próximos días, como única forma de poner fin a las voces que retumban en mis oídos y que pueblan mis noches y mis horas de sueño. Lo haré porque es mi obligación, porque soy incapaz de vivir sabiendo que Elena tiene que arrostrar esa horrible carga, y porque su mirada verde y clara no deja de clavarse en mi mente con su tono lánguido e implorante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quizás con eso ponga fin a todo, aunque no lo creo. Desde aquellos días, esos muertos me acompañan, me hablan, me susurran y me piden ayuda. Tan sólo hace falta escucharles, pero yo siempre lo he negado. No lo nieguen ustedes, se lo ruego, pues igual que yo, sus vidas también se ven rodeadas por ellos, en todas partes, y si escuchan lo suficiente, si prestan atención, podrán escuchar, a veces, un lamento tenue, un quejido agónico, que les pide ayuda, que les implora compañía o les murmulla historias, y otras veces, cuando la fortuna ya no sonríe y el mal se cierne sobre uno, una voz desgarrada, un grito bronco y gutural, que clama por su alma y les exige un precio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;FIN&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-6628083522372666212?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/6628083522372666212/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=6628083522372666212' title='18 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/6628083522372666212'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/6628083522372666212'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2009/07/la-casa-de-mis-pesadillas-5-parte-y.html' title='La casa de mis pesadillas (5ª parte, y última)'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/Sm372EQtP2I/AAAAAAAAADI/LZDBYME5TSY/s72-c/untitled.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>18</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-3901020384516878178</id><published>2009-07-19T23:10:00.004+01:00</published><updated>2009-07-20T01:03:56.340+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato breve'/><title type='text'>La casa de mis pesadillas (4ª parte)</title><content type='html'>&lt;span style="color:#000099;"&gt;&lt;em&gt;Había pensado en colgar, por fin, el desenlace del relato; acabaría así de una vez por todas y no me haría pesado en exceso pero, dada su extensión, he decidido hacerlo en la próxima entrada. Dentro de tres o cuatro días lo haré.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;&lt;em&gt;Un abrazo, y muchas gracias a todos por vuestras visitas.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;&lt;em&gt;Ahora, la cuarta parte&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;CUARTA PARTE&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Me pareció que hacía más frío, y la expresión de su rostro cambió de repente. Se volvió más crispada, más nerviosa o asustada, y abrió la boca para hablar, pero ninguna palabra brotaba de su boca. Insistía en ello, se esforzaba, pero no conseguía articular sonido alguno, y los Otros se acercaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gesticulaba con las manos, extendió sus brazos hacia mí - que yo intenté sujetar -, pero pronto renunció a agarrarme. Algo me impulsó a ayudarla. Intenté acercarme a ella, intenté asirla y, de este modo, rescatarla de aquello que se aproximaba y que yo desconocía, pero todo fue inútil. Unos seres extraños, espantosos, comenzaban a aparecerse ante mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una bruma densa, blanquecina, que se arrastraba en jirones por el suelo, los rodeaba. Un aullido lastimoso, un quejido lúgubre, anunciaba su llegada. Ella lo escuchó, y me miró horrorizada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Dónde estás niña? – dijo una voz rota.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La niebla pareció oscurecerse; semejaba que tomaba cuerpo, poco a poco, hasta que las siluetas se hicieron más nítidas. El horror llegaba, y ambos nos sentíamos incapaces de afrontarlo. Pude sentir el miedo. Un terror atroz, desconocido, como nunca antes había experimentado, se apoderó de mí hasta atenazar todo mi cuerpo. Sólo podía esperar. Sólo quedaba esperar un fatal desenlace que pronto se iba a producir; un fatal desenlace en el que – estaba seguro –, todo mi ser se vería sumido en la más profunda oscuridad, en el más horrible de los infiernos, donde se consumiría mi alma y mi vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Podía ver el miedo en los ojos de la chica, al igual que ella lo veía en los míos, unidos ambos ante un horrible destino en el que caeríamos sin remedio. Pero ella, de repente, escapó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ante mí, sin que yo pudiera hacer nada por evitarlo, la joven desapareció. Y yo me quedé solo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces los vi. Y me quedé inmóvil, horrorizado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eran dos ancianos, un hombre y una mujer, y venían hacia mí despacio, con pasos lentos y arrastrados, lo que volvía aún más desgarrada su presencia. Traían el infierno en sus ojos, fijos en mí, y yo me hundía en ellos sin poder apartar la vista. Se acercaban jadeantes, balanceándose de un lado a otro; se acercaban cada vez más. Ya estaban muy cerca, y yo seguía inmóvil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus rostros eran ya muy viejos, demasiado, y mostraban una piel excesivamente ajada, sumamente pálida, que dibujaba unos profundos pliegues algo más oscuros. Sus cabellos se veían revueltos, cardados y muy escasos, y dejaban entrever un cuero cabelludo blanquecino, cubierto por pequeñas manchas parduzcas de aspecto sanguinolento. Tras ellos la niebla ya se había dispersado, y ya sólo había oscuridad. Sus siluetas se destacaban a cada paso, se tornaban más claras, más diáfanas, brotaban lentamente de la oscuridad. Ya estaban cerca, muy cerca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi corazón latía con rapidez, pero yo apenas lo notaba. Tan sólo me fijaba en ellos, en el horror que me producían, incapaz de escapar para ponerme a salvo de su maldad. Mi mandíbula temblaba sin parar, mis dientes castañeteaban, y mis brazos caían como inertes, animados sólo por un incontrolable temblor, carentes de control muscular alguno. Mis pies estaban clavados al suelo, afianzados en él por la lacerante proximidad de la muerte, por la inmediata cercanía del horror. No podía escapar. Tan sólo los observaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus ropas estaban rotas y sucias, y su aspecto era el de haberse arrastrado por el suelo durante años, como si hubiesen vagado por el lodo en busca de algo o de alguien. Avanzaban con paso vacilante, con la boca entreabierta, mostrando unos dientes negros y pútridos. Emitían un susurro ronco, agónico, similar a un estertor de muerte, y no dejaban de avanzar, uno al lado del otro, sin dejar de susurrar o mirarme con aquellos dos tizones ardientes que tenían por ojos, rodeados por un halo sangriento que semejaba brillar en la penumbra. Hasta que llegaron junto a mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se detuvieron a escasos pasos de donde yo me encontraba; casi podía sentir la fetidez que brotaba de sus bocas. Mi respiración era ya frenética, mi pecho se movía de arriba abajo, y ellos me observaban, con aquellos ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tú.- dijeron a dúo con su voz agónica, arrastrando el sonido hasta un fin caído y mortecino.&lt;br /&gt;Se me erizó el cabello, un frío intenso recorrió mi nuca. Mis temblores aumentaron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tú fuiste el culpable. Ella no quería, pero lo pagarás. – dijeron de repente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo no entendía nada. No sabía a qué se referían, pero su amenaza me rompió por entero. Cualquier vestigio de calma que pudiese mantener hasta entonces, cualquier rastro de tranquilidad, coraje o ánimo, desapareció por completo al escuchar sus palabras. Me sentí insignificante, desamparado, olvidado por Dios. Me creí muerto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La ira afloró a sus rostros. Sus ojos brillaron con fuerza, con odio, y sus ajadas caras se convirtieron en grotescas máscaras deformes, con grandes bocas ávidas de carne rodeadas por finos pliegues de piel blanquecina, brillantes, untuosos por la saliva densa. Abrían sus fauces ante mí, las desplegaban con avidez, con violencia, y las dirigían hacia mi cuello, extendiendo sus brazos, al mismo tiempo, en un abrazo mortal. Sus dedos casi rozaban mi cuello, mis hombros. Se inclinaban hacia mí, pretendían atraparme, imagino que matarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Animado por el miedo y por una extraña fuerza que impulsaba mi cuerpo, comencé a retroceder, paso a paso, para separarme de ellos y salvar mi vida, pero ellos continuaban avanzando. Proferían lamentos y quejidos carentes de sentido, como bestias hambrientas, desesperadas, que gruñesen en busca de carne fresca. Horripilado, mis pasos apresurados me llevaban a trompicones lejos de ellos, aun trabándose unos a otros, huyendo por mi vida, por mi salvación, mientras ellos continuaban con su ataque sádico y jadeante. Yo retrocedía, ellos avanzaban. Hasta que caí al suelo y se abalanzaron sobre mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caí boca arriba, golpeándome la espalda con fuerza, y ellos aprovecharon la ocasión. Se situaron junto a mí, a ambos lados, inclinados sobre mi cuerpo. Sus bocas se abrieron aún más para amenazarme con sus dientes oscuros y afilados, rebosantes de saliva viscosa. Se agacharon sobre mi cuello, sobre mi cabeza, mientras yo propinaba constantes manotazos al aire para mantener sus dientes lejos de mí. Lanzaba puñetazos desesperados, golpeaba sin cesar, cada vez más fuerte, sin control, pero ellos continuaban acercándose.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus gruñidos eran más fuertes, más excitados, más cercanos. Comencé a gritar, traté de cerrar los ojos, apartarlos del resplandor sanguinolento que emanaba de los suyos, pero ellos estaban cada vez más cerca, y yo no podía hacer nada para evitarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Supe que iba a morir. No entendía por qué, pero supe que iba a morir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Echaron sus brazos hacia atrás, esgrimieron sus garras afiladas y tensaron con fuerza los músculos, dispuestos a asestar el golpe final. Los miré horrorizado, creo que recé, y grité. Me fijé en la anciana, en su melena alborotada y escasa, en su mirada de odio y en su boca hambrienta. Levantaba sobre su cabeza un brazo delgaducho y fibroso, mostraba unas uñas afiladas y ennegrecidas, prestas a hundirse en mi carne y desgarrarla, y me miraba como una posesa. Grité desesperado, hasta que lanzaron su golpe final.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me tapé la cabeza con los brazos, quise evitar un final que suponía inmediato, pero ya poco podía hacer. Sus garras se dirigían hacia mí con fuerza, con suma violencia, pero algo extraño sucedió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En su avance, los ancianos comenzaron a diluirse entre brumas. Se desvanecían de repente, envueltas en la misma niebla blanquecina que los había acompañado en su primera aparición, como si la fuerza del golpe fuese excesiva para sus carcomidos cuerpos y los pulverizase bruscamente. Aquella descomposición comenzó por los brazos, que se diluyeron entre la densa bruma que los atrapaba hasta que, velozmente, casi en un suspiro, sus cuerpos desaparecieron por completo, y yo me desmayé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me repuse del espanto a eso del amanecer, dando un respingo violento que acompañé por un grito de terror. Me creía aún rodeado por aquellas horripilantes criaturas, por aquellos terroríficos ancianos ávidos de vida y sangre, pero me desperté yaciendo sobre el suelo, solo y aturdido. Miré a todas partes, buscando algún indicio de la presencia de los espectros, pero nada vi. Me levanté pesadamente, sin abandonar por completo el temor o el desamparo en el que había caído tan sólo unas horas antes, y me dirigí hacia fuera, escaleras abajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pocos pasos de mi habitación, algo que había en el suelo llamó mi atención. Era un pequeño objeto, oculto por la oscuridad. Me aproximé y, al verlo de cerca, me detuve un instante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era la pequeña muñeca de porcelana. La pequeña muñeca que había visto en la mesa de mi dormitorio, la pequeña muñeca que había visto acurrucada entre los brazos del fantasma más bello que se pueda imaginar, la pequeña muñeca que había despertado una extraña angustia en mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pensé en la joven, en su belleza, en su vida robada. Recordé sus ojos anhelantes de ayuda, su mirada desvalida, su caminar taciturno, y deseé verla de nuevo. Recogí la muñeca, la llevé hasta la habitación y la deposité sobre mi cama. Era lo único que me unía a ella y quizás me ayudase a encontrarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le dediqué una última mirada, antes de abandonar la casa, y salí de la habitación. Necesitaba respirar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comenzaba a amanecer, la noche resultaba ya casi vencida por la claridad, y una suave brisa recorría con placidez el valle de Os Prados. Me sentí a salvo, aunque no libre de ansiedad, pues todavía los temblores sacudían mi cuerpo, como los últimos coletazos del horror y el nerviosismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miré al horizonte más cercano, plagado de cumbres montañosas cubiertas de vegetación, y de inmediato cientos de preguntas acudieron a mi mente. ¿Qué estaba pasando?¿Quiénes eran aquellos dos ancianos?¿Y la chica?¿Por qué me amenazaban?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo el día pensé en ello, intentando hallar las respuestas. Resultaba obvio que aquellas apariciones tenían relación con los antiguos habitantes de la casa –ya todo mi escepticismo había caído en el olvido-, pero necesitaba saber más. Quizás - no sería extraño -, mi vida dependiese de ello. La propietaria del restaurante me podía ayudar, pero aún me mostraba demasiado reacio a reconocer tales sucesos en público. Mi nombre podía verse perjudicado, y seguía sin querer exponerme a la vergüenza. Quizás más adelante, cuando supiese algo más o, tal vez, cuando me viese ya definitivamente superado por el temor.&lt;br /&gt;El día transcurrió con lentitud, inmerso en una sensación de aturdimiento, modorra, cansancio y estupor. No era capaz de asimilar los últimos acontecimientos, no quería aceptarlos como ciertos pero, sin embargo, habían sucedido. No había sido un sueño o una alucinación; había sido real.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vagué sin rumbo, completamente desconcertado, con mil preguntas revoloteando sobre mí que no hacían más que procurarme inquietud y desánimo, y tomé la firme determinación de hacer frente a todo aquello. No huiría, no. Me enfrentaría a ellos, y averiguaría qué había sucedido allí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La noche se acercaba, y me daría otra oportunidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún me encontraba aturdido, pero me sentía más convencido y resuelto. Subí a mi habitación, encendí una pequeña lámpara y me dispuse a esperar. Intentaría no dormirme, esperaría el tiempo necesario, y procuraría obtener las tan ansiadas respuestas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por supuesto, no deseaba encontrarme de nuevo con los dos ancianos – no me veía con fuerzas; nunca las tendría -, pero sí deseaba ver a la chica. Había podido ver el miedo en sus ojos, me imploraba ayuda y, aún hoy no sé muy bien por qué, deseaba socorrerla. ¡Joder!, no era más que un fantasma, un espectro que aparecía y desaparecía envuelta en brumas con una muñeca de porcelana entre los brazos, asustando a todo aquel que se encontrase con ella. Sí, es cierto, pero su mirada…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miré a la muñeca. Reposaba sobre la cama, medio volcada contra uno de sus costados, doblada en dos y con los brazos y las piernas extendidas. Me fijé en sus ojos; parecía que me observasen, y no pude evitar estremecerme de nuevo. Ya no sentía la misma ansiedad que había experimentado cuando la contemplé por primera vez, pero había algo en ella que no me gustaba y, sin embargo, no deseaba deshacerme de ella. Quizás fuese, tal vez, que ya me había acostumbrado a ella; quizás fuese, tal vez, que ahora sabía quién era su propietaria. Sonreí. Seguramente hubiera sido una muñeca bonita, hace ya muchos años, pero su piel pálida, muy descolorida, le conferían un aspecto casi cadavérico, o fantasmagórico.&lt;br /&gt;Me acurruqué en una esquina, encendí un pitillo y esperé. Las horas pasaban con lentitud, pero la posibilidad de encontrarme cara a cara con los muertos restaba tedio a la espera. El pasillo estaba oscuro y en silencio, y el sueño comenzaba a vencerme. Cerré los ojos, noté una cierta sensación de frío en mis párpados, muy reconfortante, y me quedé dormido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunos minutos después me desperté.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El silencio era casi absoluto, apenas se escuchaba el rumor del viento sobre la casa, pero algo me decía que no estaba solo. Sentí cómo mi vello se erizaba, me puse tenso, casi rígido, y me levanté del suelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto se iluminó el pasillo. La luz era muy tenue, apenas perfilaba sombras, pero muy blanca. Mi corazón se desbocó de nuevo y contuve el aliento por temor –algo ridículo, por supuesto- a delatar mi presencia. Una extraña combinación de sentimientos me embargaba. Sentía un temor atroz a la muerte, a lo desconocido o sobrenatural, y hubiese dado cualquier cosa por encontrarme lejos de allí, pero deseaba encontrarme de nuevo con la joven. Rogaba a Dios que fuese ella la que se aproximaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me apretujé contra la pared y aguardé. Pocos segundos después la luz era ya muy intensa, y la chica apareció.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Permaneció quieta unos segundos; me miró fijamente. Me quedé paralizado, pero sentí un cierto alivio. Comenzó a caminar hacia mí. Lo hacía con lentitud, arrastrando ligeramente el pie izquierdo. Emitía unos quejidos guturales, sin sentido, como había hecho la vez anterior, pero en esta ocasión era distinto. Parecía que intentaba comunicarse conmigo, pero lo hacía de forma ininteligible. Caminaba con los brazos extendidos hacia delante, sin dejar de gemir, con los ojos abiertos de par en par. Hasta que llegó junto a mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pegó su cuerpo al mío y me acarició la cara. Su piel era muy fina, muy suave, pero increíblemente fría. Sus labios se abrían con esfuerzo, en un vano intento de recuperar la voz, y sus ojos se clavaban en mis pupilas, implorantes de auxilio. -¿Quién eres?- me atreví a preguntar. -¿Qué es lo que quieres?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La presión que sus manos ejercían sobre mi rostro comenzó a aumentar. Al principio era una caricia, muy suave, pero a los pocos segundos se convirtió en apretón, casi doloroso, y me pareció perder la consciencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue un destello brutal, una sacudida tremenda que golpeó mi cerebro como la deflagración de un explosivo y que posibilitó la aparición de cientos de imágenes sumamente vívidas, muy intensas, que la joven me transmitía con su tacto. Yo me veía inerme, invadido por una avalancha de alucinaciones que se agolpaban en mi mente y que la chica colocaba allí a su voluntad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue así como pude ver la casa en la que me hallaba, no tan vieja y mejor cuidada, bañada por el sol de los Ancares. Pude verla a ella, llena de vida, aunque con una sonrisa triste, taciturna, trabajando sin cesar, y a sus hermanos, dos hombretones de aspecto huraño, cubiertos de polvo y sudor, burlándose de ella sin piedad y, finalmente, a sus padres, los dos ancianos que se me habían aparecido la noche anterior, golpeándola con violencia en una pierna, luego en el pecho y en la espalda, con una brutalidad increíble, hasta dejarla casi muerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su vida había sido un continuo desfile de riñas, palizas y vejaciones que su familia le administraba sin piedad o clemencia alguna, regodeándose todos ellos en su dolor, disfrutando con las desgracias que acuciaban a la pobre chica. Su increíble belleza, su bondad, no conseguían librarla de los castigos, de los desprecios, o de las humillaciones. Por no ser como ellos, la mantenían secuestrada, le impedían la vida, casi le regalaban la muerte. La felicidad le estaba prohibida, sus ilusiones, olvidadas, y sus deseos, sin gestar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apartó sus manos de mi rostro, y yo caí desfallecido. Permanecí de rodillas unos segundos, sin apercibirme de lo que me había pasado, hasta que levanté la vista y la miré. Me observaba muy atenta, casi me escrutaba, y entonces sentí una pena indecible. Me indignaba que alguien tan bello hubiese tenido que soportar los maltratos de aquellas horribles bestias, y me repugnaba el terrible destino que la joven había tenido que arrastrar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Lo siento- recuerdo haber susurrado.-Ojala pudiera ayudarte- dije, sin saber muy bien por qué.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella sonrió. Esbozó una tímida sonrisa, muy dulce, enmarcada por sus bellos ojos verdes que entonces brillaron con exquisito candor, y me pareció ver que agradecía mi consuelo, mi compasión y mi compañía. En aquel momento, y aun a riesgo de parecer ridículo, puedo asegurar que me sentí unido a ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto se giró, se dirigió hacia la cama, recogió la muñeca, sonrió de nuevo y desapareció del mismo modo en que había llegado, dejándome ensimismado por su presencia. La observé sin pestañear mientras se marchaba, y después caí dormido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante las siguientes horas, mientras me veía sumido en un ligero duermevela, se reanudaron las visiones que la chica había insertado en mi memoria y pude conocer mas detalles de su denigrada vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pude ver a un joven, un chico de unos veinte años, fuerte y moreno, de aspecto simpático y agraciado, que rondaba por los alrededores de la casa de Os Prados. Pude ver el amor en sus ojos, la pasión que sentía cuando contemplaba a su amada a través de las ventanas cerradas, y pude ver las miradas de recelo y odio de las que era objeto cuando solicitaba verla y su deseo era negado. Pude ver el anhelo en los ojos de la chica, el ansia de amor o amistad que la consumía por dentro y que siempre le era vetado por sus familiares, y pude ver un encuentro casual, fortuito y apresurado en el que, embargados por el entusiasmo, ambos juraron verse de nuevo, conocerse y, tal vez, quererse por siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Contemplé después un cuchillo mellado por la saña, empapado en sangre al segar dos vidas, apenas iniciadas, a las que les había sido negado el amor o el goce; vi dos cuerpos mutilados, con las carnes desgarradas y hechas jirones; la exultante vitalidad de un joven, pletórico de amor y deseo, rota por la maldad de unos padres malvados y egoístas, y la belleza resquebrajada de una chica que no había conocido más que el odio, la maldad y el dolor, aun cuando su corazón y su cuerpo no albergaban más que belleza, bondad y alegría.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-3901020384516878178?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/3901020384516878178/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=3901020384516878178' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/3901020384516878178'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/3901020384516878178'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2009/07/la-casa-de-mis-pesadillas-4-parte.html' title='La casa de mis pesadillas (4ª parte)'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-6725997863234348535</id><published>2009-06-29T22:14:00.005+01:00</published><updated>2009-06-29T23:34:55.916+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='terror'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato breve'/><title type='text'>La casa de mis pesadillas (3ª parte)</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/Skkw8ybfjXI/AAAAAAAAADA/jI7N7hVxjtQ/s1600-h/luz_fantasma.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5352863452993916274" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 310px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/Skkw8ybfjXI/AAAAAAAAADA/jI7N7hVxjtQ/s320/luz_fantasma.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Sudoroso y polvoriento, subí a la planta alta. Los peldaños crujían y se combaban por mi peso. &lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/SkkwWV1fwWI/AAAAAAAAAC4/UVapSkmFVI0/s1600-h/luz_fantasma.jpg"&gt;&lt;/a&gt;Me dirigí al dormitorio. Sin entender muy bien por qué, mis pasos se acobardaban, se tornaban inseguros y temblorosos. Sin motivo alguno, aquella muñeca me inspiraba miedo. No sabía por qué, pero no me gustaba. Había algo pérfido en ella, como si el mal anidase en su interior y se reflejara en el azul desvaído de su mirar. Sabía que aquello era ridículo, que debía apartar de mi pensamiento semejante idea, pero no podía evitar sentirme intimidado por ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Atravesé la puerta y entré en la habitación. Miré hacia la mesa en la que había dejado la muñeca, entre medroso y avergonzado, y lo que allí pude ver – o lo que no pude ver-, me dejó petrificado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La muñeca había desaparecido. Alguien se la había llevado, pero esa posibilidad se me antojaba imposible. Nadie había entrado en la casa. Nadie habría sido capaz de llevársela sin que yo me hubiese dado cuenta, pero la muñeca ya no estaba allí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sentí cómo se me encogía el estómago, cómo se crispaban mis nervios. Me aproximé con lentitud, sin dejar de mirar la mesa, con la sensación de angustia acrecentándose a cada paso. Aún albergaba la esperanza de que la desaparición no se hubiese producido, pero sabía que eso era imposible. Mi vista no me engañaba; mi memoria no fallaba. Yo la había dejado allí, sobre la mesa, esperando a que le llegase su hora de ser arrojada a la basura, junto con el resto de enseres inútiles que había en aquella casa, pero ya no estaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miré a mi alrededor. Sabía que era inútil, que no iba a dar con ella, pero aún me resistía a reconocer el hecho de que aquella muñeca que tanto me había inquietado hubiese desaparecido. Algo extraño me revolvía las entrañas, algo inquietante que se refugiaba en mi interior, conspirando contra todo lo que mi ordenado raciocinio me impulsaba a creer. Todo aquello me resultaba irreal, ilógico, y todo mi ser se rebelaba contra aquella angustia que se había anclado en mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sería excesivamente prolijo relatar el cúmulo de desconcertantes sensaciones que se agolpaban en mi cabeza, que atenazaban mis músculos impidiendo reacción alguna, y demasiado complicado encontrar las palabras adecuadas. No era dueño de mis actos ni de mis pensamientos. Éstos se desbocaban en pos de lo irreal, amparados en un temor sin sentido, sin detenerse en lo más mundano o prosaico, y nada había que yo pudiese hacer para impedir tan vertiginosa cabalgada. Me sabía incapaz de encontrar una explicación razonable a todo aquello, me reconocía impotente, y por eso, en el único momento de lucidez que vino a mí, renuncié a dar con ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salí de la habitación abatido y muy confuso. La incertidumbre que me suponía todo aquel asunto me incitaba al abandono, a la renuncia, pues no sabía si todo aquello era fruto de un robo – algo absurdo-, o de algo más horripilante aún. Me sentía inseguro, extremadamente vulnerable, como un niño envuelto en soledad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Asustado, opté por acomodarme en la cocina, menos tenebrosa o propicia a los sobresaltos, y pasar allí la noche. Quizás al día siguiente los ánimos o el coraje acudieran a mí de nuevo, quizás entonces lo viese de otro modo, pero en ese momento el valor se encontraba muy lejos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La noche discurrió, para ser esquiva a mis augurios, plácida y tranquila. Me permitió, incluso, dormir tres o cuatro horas, acunado por el rumor del viento y el canto incesante de los grillos. El descanso me devolvió a la luz, a la razón, y pronto me reí de la ridícula desazón que se había apoderado de mí ante un hecho tan nimio e inofensivo como aquel que me había tocado vivir. Al mediodía, todo aquel asunto se había diluido para siempre; se había borrado de mi memoria como algo insustancial o anodino, y ya sólo pensaba en realizar mi trabajo de la forma más satisfactoria posible. La habitación estaba ya ordenada, y durante todo el tiempo que su limpieza me ocupó, ni una sola vez me acordé de la pequeña muñeca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El resto del día lo ocupé en visitar las densas fragas que poblaban los cañones ancareses. Comprobé los planos que me habían facilitado, introduje alguna corrección que me pareció necesaria, y esbocé un plan de trabajo para los próximos días. Ansiaba establecer las bases para mi inventario, calcular los niveles poblacionales de corzos, lobos y osos, y proyectar unos adecuados mecanismos de gestión, orientados a garantizar su supervivencia y proliferación. Sabía que el esfuerzo requerido iba a ser grande, que mis días se verían consumidos en ello, que sería un año largo. Sabía que las exigencias eran muchas, que las responsabilidades eran grandes, pero estaba disfrutando como siempre había soñado. Era un lugar ideal para realizar aquel trabajo, un espaldarazo a mi carrera, y pensaba hacerlo bien, sin intromisiones de ningún tipo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pronto se me hizo tarde. La noche comenzaba a caer sobre el bosque, haciendo que la ya mortecina luz del atardecer claudicase por entero. Me subí al coche, encendí el motor, y puse camino a casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Media hora después, ciertamente cansado por el trajín diario, cruzaba la chirriante puerta de mi hogar, ya completamente ajeno a la sorpresa del día anterior. Pasadas las doce de la noche, y con los ojos ya entrecerrados y somnolientos, decidí retirarme a descansar. El día había sido largo, muy fatigoso, y deseaba madrugar para comenzar con el proyecto. Salí de la cocina y subí a la planta alta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora, una vez limpia, el aspecto de la habitación era completamente distinto; recuerdo, incluso, haber sonreído al pensar en mi estúpida reacción, tan infantil, tan inmadura. Me acurruqué con mimo entre las sábanas y sonreí de nuevo. A los pocos minutos, quizás con una sonrisa en los labios, me quedé dormido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy quizás lo vea de otro modo. Quizás, no sé, hoy sea consciente de mis miedos, de mis faltas y mis limitaciones. Hoy sé que no estoy sólo; que ninguno de nosotros lo está, pero entonces, con un entendimiento arraigado en el poder omnímodo de la ciencia, fiel seguidor del imperio de la razón, mi comportamiento se veía encorsetado entre sus dogmas. Eso - hoy lo entiendo -, me llevó a no comprender todo cuanto allí se produjo ni los motivos que desencadenaron tales sucesos, y por tanto, tal incapacidad, tal incomprensión, me arrastró al pánico y al horror.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella noche comenzó todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las voces se presentaron envueltas por las brumas de mi consciencia adormilada, de un modo lejano, casi inaudible. Surgían profundas, como arrastradas por el viento, sibilantes entre las laderas de un cañón. Llegaban a mí como un susurro, aunque insistente, pues aumentaba en fuerza y persistencia, y comencé a despertar. Lo hice poco a poco, de forma perezosa, y fue entonces cuando comenzaron las pesadillas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sabía que algo extraño estaba pasando, pero me hacía el remolón. Mis ojos se negaban a abrirse, mi mente aún estaba nublada por la somnolencia, y yo me rebullía entre las ropas rodando de un lado a otro, como empecinado en no despertar. Pero algo me obligó a ello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta entonces todo había sido un rumor, un extraño soniquete muy pesado que me zarandeaba en mi sueño, difuminado por mi escasa percepción. Pero aquello era distinto. Era una voz muy clara que brotaba junto a mí, al lado de mi cama, susurrante en mi oído.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Dónde estás, niña mala?¿Dónde te escondes, hija?- había susurrado&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto, el letargo dejó paso a la consciencia. Me pareció que el corazón se detenía. Dejé de respirar por un instante, conteniendo el aire que se agolpaba en mi garganta, y abrí los ojos. Quizás me equivoqué.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pensé en no hacerlo; pensé en seguir arropado entre las sábanas, ciego y mudo, alejado del horror que me rodeaba. Quizás la ceguera, quizás la ignorancia hiciesen que todo acabase. Dar la espalda, no mirar. Aquello era lo que deseaba. Pero no lo hice. Abrí los ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi vista estaba nublada; las formas, difusas, desvaídas, ocultas en la oscuridad. Ya no se escuchaba nada, pero yo lo había oído claramente. Era una voz gruesa y ronca, envuelta en suspiros arrastrados, que gritaba por su hija.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Horrorizado, estiré el brazo en busca del interruptor y encendí la luz. Me incorporé de golpe, con la respiración agitada y una explosión en el pecho. De un salto me senté en la cama. Moví la cabeza de un lado a otro, frenéticamente, buscando el origen de aquella voz, pero allí no había nadie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Quién esta ahí?- pregunté asustado.- ¿Quién es usted?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El silencio por respuesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Había entrado alguien en mi casa? ¿Se había colado alguien en mi habitación para robarme?¿ tal vez matarme? Sabía que no. Ésa no era la explicación. La respuesta que yo buscaba era más extraña, más increíble, más aterradora, pero eso lo sabría después.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La habitación estaba vacía. No se oían voces en el pasillo, ni en la planta baja, ni tan siquiera en el exterior. Tan sólo grillos y viento. Estaba sólo pero,...entonces, ¿qué era todo aquello?¿Cuál era la fuente de aquella extraña voz que murmuraba en mi oído, clamando por su hija?¿Por qué la buscaba?¿Por qué la llamaba con ese tono de odio?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cualquier pregunta que me pudiese plantear era inútil. Aquella noche no encontraría la solución. Ya nada averiguaría; ya nada podría hacer para librarme de ese estado de extrema desazón y sobrecogimiento en el que aquella voz me había recluido. Tan sólo podía esperar. Esperar el alba, la luz del día, y así verlo todo con más calma. Ya no quedaba sino dormir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muy asustado, me envolví con las sábanas sin dejar de mirar con desconfianza a todas partes. Recordé lo que había dicho la dueña del restaurante, y sentí miedo. Ya no volví a conciliar el sueño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El amanecer llegó con lentitud, como un lenitivo deseado que me librara de los temores que aún me estremecían. El horizonte se cubrió de rojos pálidos, aún muy tímidos, que despuntaban por encima de las crestas rocosas que me rodeaban. Se desplazaron presurosos por el valle, volviéndose más pálidos aún, tiñéndose de azul y blanco, y volvieron los gorjeos de los pájaros, quebrando la tenebrosa quietud que me había acompañado las últimas horas. Aquello me animó. Salí de la casa, aún atemorizado, y me puse a caminar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella voz no había sido fruto de mi imaginación. De eso estaba seguro. La había escuchado claramente, junto a mí, pero eso no podía ser posible. ¿Qué demonios estaba pasando? Ese hecho ponía fin a mi universo científico. Rompía de un mazazo todas mis creencias, todas mis convicciones, y eso me asustaba. Además, me ponía furioso. Necesitaba encontrar una explicación; una explicación razonable. Tenía que hacerlo si no quería volverme loco, pero no sabía cómo actuar. Me tomarían por loco; mi nombre se vería arrastrado por el barro de la vergüenza, por la ignominia, y eso no lo podía tolerar. Tenía que hacer algo, sí, ¿pero qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel día no pude trabajar. Estuve vagando durante horas, sin saber adónde me dirigía, dejándome llevar por los pensamientos más absurdos y las explicaciones más ilógicas. Crucé largas arboledas, espesas fragas, sin detenerme ni un segundo a admirar su belleza. Caminaba absorto en mis preocupaciones, con la vista fija en el suelo. Hasta que pasó el día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al acostarme, aún sumido en mis cavilaciones e incapaz de librarme del desasosiego en el que había caído, vinieron a mí extraños pensamientos que me atosigaron un buen rato hasta que, desfallecido, me quedé dormido. Pero poco descansé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De igual modo que la noche anterior, algo vino a importunar mi descanso. Esta vez no fue una voz la que me salió al paso, no. Fue una sucesión de ruidos, de pisadas y crujidos, como si alguien hubiese entrado en la casa y avanzase por el pasillo hasta mi habitación. Procedí de igual modo que en la ocasión anterior, arrollado por el miedo y la descompostura. Me senté en la cama y encendí la luz. La puerta estaba abierta, y el pasillo muy oscuro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los pasos continuaban. Lo hacían de un modo sumamente pausado, arrastrando los pies por el entarimado. Las maderas crujían como ramillas rotas; el susurro del roce contra el suelo llegaba hasta mí con claridad, cada vez más audible, y yo no hacía más que acurrucarme cobardemente contra el respaldo de la cama, como si con actitud tan estúpida fuese a evitar un encontronazo que ya se me antojaba inmediato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y fue eso lo que me hizo reaccionar. Ser consciente de mi propia cobardía, de mi exagerada fatuidad, fue lo que me obligó a comportarme de un modo más digno y valeroso. Escasa dignidad quedaba ya en mí, no digamos coraje o arrojo, pero por poco que éste fuera, trataría de lucirlo con orgullo y honor. Aunque no fuese consciente del peligro al que me enfrentaba, aunque no supiese qué era aquello que se arrastraba lentamente hasta mí, decidí hacerme fuerte y encarar con gallardía mi destino. Me levanté, pues, de la cama y caminé, con poco convencimiento, hacia la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ruido ya era muy cercano. La distancia que nos separaba disminuía con rapidez, pero la espera se volvía interminable. Algo más resuelto, me situé bajo la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La oscuridad del pasillo era completa, pero una extraña luz amenazaba con quebrarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era un resplandor extraño, de un color entre azulado y blanquecino, que avanzaba hacia mí de forma lenta y continua. En su avance, aquella aurora extraña se comía –valga la expresión-, la oscuridad sobrecogedora de mi pasillo, cada vez un poco más, cada vez un poco más. A esas alturas, yo ya estaba muy poco dispuesto a cruzar el pasillo y acudir al encuentro con quién fuese que estuviese avanzando hacia mí. Mi coraje no era mucho y no me parecía razonable invertirlo en el oscuro desplazamiento. Decidí, por tanto, esperar, aunque más por miedo e incapacidad de mover un músculo que por convencimiento de que aquello fuese lo mejor. La dignidad y el orgullo tiene un límite, y el mío estaba ya muy cercano. Puestos a huir, quizás la ventana fuese una buena solución.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La luz continuaba en su avance inexorable, y a punto estaba ya de girar la esquina donde se doblaba el corredor. Unos segundos más, muy pocos, y al fin podría ver quién era el portador de tan extraña luminaria. ¿Cuáles serían sus intenciones? ¿Vendría dispuesto a matarme? Aquella tensión estaba acabando conmigo. Mi pulso estaba acelerado, el frío –mi hombría me obliga ahora a pensar que era el frío- hacía que todo mi cuerpo temblase de modo incontrolable, pero un sudor denso cubría mi frente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La intensidad de la luz había aumentado claramente. Ya debía estar muy cerca. Al fin se hizo casi cegadora, mucho más blanca y brillante que antes, y comenzó a aparecer una figura humana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su resplandor iluminaba todo el pasillo, rodeando por entero a un delgado cuerpecillo que se había situado frente a mí. Apenas conseguía verlo, pues la intensidad del brillo era tal que mis ojos no acertaban a distinguir más que una silueta alargada y difusa. Durante unos segundos, paralizado por la sorpresa, contuve el aliento y aguardé a que el visitante hiciese algo, pero éste se mantenía inmóvil ante mí. Poco a poco, casi sin darme cuenta, la claridad se fue diluyendo hasta convertirse en un estrecho halo de color azul. El resplandor cedió, y algo de la oscuridad original ocupó su lugar. Fue entonces cuando pude ver de qué se trataba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jamás había visto una criatura tan dulce y bella. Era una chica de unos dieciséis o dieciocho años, de ojos verdes, labios finos y pelo trigueño que caía con suavidad sobre sus hombros. Era preciosa, con una belleza perfecta, sin mácula alguna en su faz o en su talle. Su rostro era ovalado, con unos pómulos levemente prominentes que acentuaban las líneas del mentón. Una guedeja de pelo le cubría el lado izquierdo de la cara, permitiendo sólo adivinar una mirada tímida, casi vergonzosa, aunque franca y directa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cubría su cuerpo con un vestido blanco que contribuía a aumentar el resplandor que de ella brotaba. Unos tirantes dejaban al descubierto unos hombros finos, redondeados, que se apreciaban muy suaves, y el escote insinuaba un pecho bien formado y generoso, seguramente muy pesado. Arrullada contra él, en un abrazo de cariño y, tal vez, de inseguridad, descansaba la muñeca de porcelana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquello me inquietó algo, pero era tal la hermosura de la chica que ningún pesar hubiera podido romper el ensimismamiento en el que me hallaba. Toda ella constituía la más bella estampa que yo haya tenido ocasión de contemplar, y por nada del mundo hubiera deseado que tal visión se diluyese.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi gozo era absoluto. Mi angustia, mis temores, habían desaparecido por completo. Ya sólo disfrutaba de la belleza de la joven, extasiado por su candor y su dulzura, aun siendo consciente de que no era más que un espectro. Eso era lo que menos me importaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su aspecto era desvalido, vulnerable. Mostraba una expresión apocada, ciertamente triste, y sus ojos semejaban implorantes de auxilio o ayuda, muy lejos ya de la belleza luminosa que, a buen seguro, habían reflejado en vida. Se la veía triste, sí, pero tranquila.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta que aparecieron los otros. &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-6725997863234348535?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/6725997863234348535/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=6725997863234348535' title='11 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/6725997863234348535'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/6725997863234348535'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2009/06/la-casa-de-mis-pesadillas-3-parte.html' title='La casa de mis pesadillas (3ª parte)'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/Skkw8ybfjXI/AAAAAAAAADA/jI7N7hVxjtQ/s72-c/luz_fantasma.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-6085234700507313884</id><published>2009-06-16T22:13:00.004+01:00</published><updated>2009-06-18T10:33:58.209+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato breve'/><title type='text'>La casa de mis pesadillas (2ª parte)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Con el ánimo muy recogido y poco dado a zarandajas, cumplí las órdenes de mi jefe – insisto en la maldición antes citada-, acaté mi destino con gran pesar y me trasladé a Os Prados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegué hasta allí una mañana soleada de verano, al mediodía, y decidí comer en un restaurante cercano. Era una casa ciertamente más moderna que las que por allí había, de paredes encaladas y cubierta de teja, donde acostumbraban a detenerse todos los viajeros que por allí pasaban. Ocupé una mesa del comedor y pedí el menú del día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una señora gorda, desastrada, con el pelo negro recogido en un moño excesivamente descolgado, me sirvió un plato rebosante de comida, quizás grasiento pero exquisito, que devoré con ansiedad, ajeno a las curiosas miradas de los que allí estaban. Decidí ignorar aquellos ojos que me escrutaban, consciente de que un extraño siempre despierta interrogantes, pero al final me sentí molesto y preferí abandonar el comedor. Fue entonces cuando percibí la primera señal de alerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al pagar mi cuenta, la propietaria del restaurante me preguntó adonde me dirigía. Le expliqué los motivos de mi presencia allí y le dije dónde pensaba alojarme. Repentinamente, ante mí, su rostro se demudó en mueca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su cara adquirió un tono níveo, una expresión tensa, con ojos desmesurados por el miedo. Perplejo, me interesé por el motivo de su extraño sobresalto, pero ella fue incapaz de responder con coherencia. Tan sólo balbucía una frase extraña, sin sentido, cuyo significado yo no pude descifrar. Se llevó la mano a los labios, con gesto horrorizado, y huyó de mí para refugiarse en la cocina.&lt;br /&gt;-Niña mala, niña mala.- decía entrecortadamente mientras abandonaba el comedor. –No vaya, por Dios, no vaya allí.- insistía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miré a mi alrededor; dos hombres me observaban con el rostro ceñudo, pero permanecieron en silencio. Uno de ellos se santiguó. Pensé en pedirles una explicación por el absurdo comportamiento de la mujer, pero decidí no hacerlo; me sentía ridículo, y preferí marcharme. Asombrado ante tal muestra de locura, salí del restaurante y me dirigí hacia mi nueva casa, sin dejar de pensar en la extraña frase que la mesonera había dicho. Algunos días más tarde, preso ya del horror que me había tocado vivir las jornadas anteriores, aquella expresión cobraría pleno sentido para mí, pero en aquel momento, consciente de lo inútil del esfuerzo, decidí olvidarlo y no atormentarme por encontrar una explicación racional. Abandoné el restaurante, puse en marcha el coche y reanudé mi camino. Diez minutos después me encontraba ante mi nuevo hogar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su visión me resultó desoladora. Siempre había sido partidario de optimizar los recursos de las administraciones públicas, ser exigente en el control de los dineros y no malgastarlos en actos vanos, pero aquello era excesivo. –No es gran cosa, pero estarás bien- había dicho mi Jefe. –Mal nacido- pensé yo. Si me hubiese fijado en la extraña sonrisa que esbozó cuando me ordenó marchar, quizás hubiese sospechado algo, pero ya no le prestaba atención. Aquella tacañería rozaba lo esperpéntico pero, para mi pesar, ya no había remedio. Me armé de valor, saqué el petate del maletero y entré en la casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Crucé la entrada con paso tembloroso, inseguro, acompañado por un herrumbroso quejido de los goznes de la puerta. Aquello rechinaba en mis oídos como una tétrica advertencia de lo que me deparaba la estancia entre aquellas cuatro paredes, pero no le hice el caso debido. Pasé al recibidor, encendí la luz, y me quedé helado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El interior de la vivienda era horrible. La cal de las paredes estaba desconchada, con manchas negruzcas de humedad, y la basura se acumulaba por todas partes. El suelo estaba cubierto por papeles envejecidos, por botellas y por hojas que se habían colado por las ventanas rotas, como una alfombra de inmundicia y abandono. Esquivando todo aquello a saltitos llegué a la cocina, y pude comprobar que el pasillo no era lo peor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Faltaban algunos azulejos, caídos ya años atrás; los fogones estaban oxidados, y el fregadero estaba lleno de un agua marrón y pestilente, con una sustancia oleosa en la superficie. –A ver cómo lo vacío- recuerdo que pensé. El simple hecho de pensar en introducir mi mano en aquella mugre viscosa me despertaba náuseas; hacerlo, me llevaría al vómito con toda seguridad. Atónito, subí a la planta alta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El camastro del dormitorio estaba enmohecido, atacado por la podredumbre, con una manta sucia y rota por encima. Recuerdo haber sentido asco, y desistí de cobijarme bajo ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por todas partes había goteras, y un olor rancio lo inundaba todo. Semejaba una pocilga, una cochiquera, llena de mugre y trastos viejos por doquier. Recorrí la estancia con la vista, confuso por tal abandono, pero algo llamó mi atención.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era una pequeña muñeca de porcelana, ajada y descolorida, con el pelo rubio y una muesca en la cara. La blancura de su rostro se veía ya quebrada por los años. Sus ojos, de un color azul extraño, giraban en sus cuencas sin control, apenas solidarios entre ellos. La observé unos segundos; su aspecto resultaba turbador, inquietante, y la deposité de nuevo sobre la mesa, con un leve escalofrío recorriendo mi espalda. Se balanceó sobre su espalda, un instante, como animada, y aunque pueda parecer descabellado, me sentí vigilado por ella. Aquello me desconcertó. Jamás había sentido algo así; jamás me había sentido tan agitado, pero aquella sensación se acrecentaba en mí de modo asombroso. No era real, era tan sólo una percepción de desasosiego, de desvelo, pero parecía arraigada en mí, pesando como una losa, cada vez más. Abandoné la habitación muy intranquilo, ciertamente avergonzado, pues mi mente rechazaba todo aquello, tan absurdo y tan ilógico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un leve temblor afloró a mis manos, un bronco latir surgió en mi pecho, tan desconocido, tan irracional, que apenas pude reprimir el llanto. Deseé no estar allí, deseé marcharme lejos, pero me resistía a dejarme vencer por el temor. Renuncié entonces a marcharme, renuncié a abandonar. Tenía que librarme de aquella desazón que me embargaba. De no hacerlo, mi trabajo habría terminado antes de empezar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para salir de mi inquietud, me obligué a ordenar la casa, para librarme de toda aquella porquería y adecentar mi alojamiento. Una vez limpia, la vivienda no resultaría tan tenebrosa. Tiraría la muñeca, la arrojaría lejos, y mi temor se acallaría. Sin embargo, horas después, cuando ya la casa estaba libre de inmundicia, algo vino a suceder que trastocó mi realidad.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-6085234700507313884?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/6085234700507313884/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=6085234700507313884' title='12 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/6085234700507313884'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/6085234700507313884'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2009/06/la-casa-de-mis-pesadillas-2-parte.html' title='La casa de mis pesadillas (2ª parte)'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-8531271395384099358</id><published>2009-06-09T21:55:00.003+01:00</published><updated>2009-06-09T22:04:21.249+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato breve'/><title type='text'>La casa de mis pesadillas (1ª parte)</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/Si7NpY4rzBI/AAAAAAAAACY/XyMjddaRN7Y/s1600-h/casa-de-miedo2.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5345435918673890322" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 229px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/Si7NpY4rzBI/AAAAAAAAACY/XyMjddaRN7Y/s320/casa-de-miedo2.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Quizás sea por mi naturaleza escasamente mojigata; quizás por mi excesiva renuencia a dejarme arrastrar por temores infundados o irracionales o, quizás, y ya no sé muy bien cuál de los tres motivos es el más acertado, haya sido por mi arrojado e impulsivo carácter, forjado tras innumerables correrías en un ambiente demasiado hostil, pero el caso es que nunca, y deseo remarcar lo de nunca, he sido un hombre cobarde o temeroso, medroso ante lo paranormal o lo fantasmagórico. Jamás me he dejado llevar por el pánico; en ningún momento he permitido que mi raciocino se nuble por extrañas sensaciones, y nunca he abandonado una actitud ecuánime o razonable pero, hace unos años, cuando –maldita la hora-, mis obligaciones profesionales me obligaron a mudarme a una vieja casa, algo inquietante acudió a mi vida, tambaleando mi seguridad y mis convicciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Trataré de explicar mejor, no obstante, cuáles eran las sensaciones que suscitaba aquella vivienda en mi muy ordenada cabeza; intentaré describir qué extraños pensamientos se agolpaban en mi mente pero, de ello estoy seguro, nada será suficiente para transmitir la desesperante inquietud en la que me sumí por espacio de una semana hasta que, vencido ya por el desánimo y el temor, e indiferente al deshonor o la ignominia que sobre mi nombre pudiese caer, abandoné aquellas tétricas paredes para no regresar a ellas jamás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comenzaré pues por describir la vivienda ya que, a pesar de lo farragoso que pueda resultar esta primera introducción para el lector, sí se me antoja necesario para la correcta comprensión de los hechos que relataré a continuación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La casa de mis pesadillas se encontraba en el pueblo de Os Prados, en las Montañas Ancaresas de la provincia de Lugo, zona excesivamente abrupta para el desarrollo urbanístico y demasiado hostil para una convivencia tranquila y acomodada. Las montañas son redondas y empinadas, y los ríos caudalosos pero esquivos, llenos de recovecos inundados de maleza y árboles trasmochos y esquilmados; inviernos blancos y muy fríos, largos en exceso, y veranos cortos pero cálidos, que los ancareses dedican a la siega y al arado. Las laderas se llenan de robles, castaños, acebos y abedules, formando un denso tapiz que cobija a sabe Dios cuántas criaturas salvajes que yo debía estudiar y proteger, pues para eso me había enviado hasta allí el Departamento de Medio Ambiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi jefe –que el Diablo lo confunda-, había tenido el dudoso acierto de ordenar que me alojasen en una vieja casa de dos plantas –la más vieja del pueblo-, de fachadas de piedra, tejado de pizarras negras claveteadas sobre gruesas vigas escasamente rectas, y ventanas y suelos de madera tan planos y rectos como las vigas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se decía -aunque de eso me enteré más tarde-, que allí había vivido una extraña familia ya olvidada por casi todos, escasamente pudiente, definitivamente antisociable y, desafortunadamente, poco dados al talento o la inteligencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El matrimonio era una pareja ya anciana, andrajosos y haraganes, que acostumbraban a vivir de lo que sus poco iluminados hijos conseguían en los campos o en los bosques. Éstos, igualmente andrajosos pero algo más esforzados, solían cazar conejos, jabalíes –muy abundantes en la zona-, y algún que otro corzo despistado que, tras una alocada carrera entre los rastrojos, fustigado por los perros de la familia, caía abatido por los disparos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con las presas ya cobradas, la hija menor, una chica –por lo que me han contado- curiosamente bonita y aseada, se dedicaba a la cocina sin atreverse a salir de ella, esclava entre mugre, podredumbre, locura y desafecto. Su presencia -como pronto tendrán ocasión de comprobar-, resultó ser lo más llamativo del caso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para todos era alguien inexistente. Su vida suponía una completa incógnita y las habladurías que despertó corrieron por la comarca de una punta a otra, llevadas por los vientos de la lógica curiosidad. Nunca nadie del pueblo llegó a verla cara a cara, jamás habló ningún vecino con ella, y todos se limitaron a entreverla, fugazmente, entre los listones de los ventanales. Alguno de los pueblerinos más jóvenes, animado por la belleza de la chica y la falta casi absoluta de mujeres casaderas, quiso rondarla y cortejarla pero, dado el esquivo carácter de su familia, todos renunciaron a la empresa sin llegar siquiera a intentarlo, y se limitaban a aguardar en las proximidades de la vivienda para tener la oportunidad de observarla en silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta aquí -siendo muy escasa la información, lo reconozco-, es todo lo que pude conocer de esta gente antes de alojarme en su antigua vivienda y, sin embargo, para mi desgracia, sus ya lejanas vidas pronto tendrían graves consecuencias en mi pasar.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-8531271395384099358?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/8531271395384099358/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=8531271395384099358' title='11 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/8531271395384099358'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/8531271395384099358'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2009/06/la-casa-de-mis-pesadillas.html' title='La casa de mis pesadillas (1ª parte)'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/Si7NpY4rzBI/AAAAAAAAACY/XyMjddaRN7Y/s72-c/casa-de-miedo2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-170793872020132385</id><published>2009-06-01T19:28:00.001+01:00</published><updated>2009-06-01T19:30:17.477+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato breve'/><title type='text'>Volverán las aventuras</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Aún era yo un niño, envuelto en alegría e inocencia, de piernas flacas y nerviosas, cuando comencé una larga serie de aventuras inquietantes, acompañado por mi padre, en la amplia foresta que rodeaba mi hogar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            No eran más que breves excursiones – no crean lo contrario-, al río y al robledal, pero eran tantas las maravillas que nos rodeaban, tantos los peligros imaginados por mí, y tantas las dudas que asaltaban mi fértil mente, que para mí constituían largas travesías a lo desconocido, a lo salvaje, en dirección a esos secretos parajes por los que navegan nuestros sueños infantiles, plagados de piratas, de contrabandistas, de indios y vaqueros, y de soldados solitarios, inermes pero arrojados, ante un enemigo más numeroso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Juntos abandonábamos la casa a pie, armados de morral y de bastón, dispuestos a encarar con valor el más temible de los viajes. Caminábamos por una estrecha vereda que el ganado había hollado en el pastizal, con el aire fresco golpeándonos el rostro, envueltos por el aroma de la hierba húmeda. Las bestias nos observaban sin cesar, con esos ojos grandes y negros, eternamente acuosos. Se tumbaban sobre sus costados, rumiaban insistentemente las hojas lanceoladas de la pradera, y observaban con paciencia el transcurrir de sus vidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Los pájaros nos acompañaban, o eso me parecía a mí, susurrándonos sus trinos y gorjeos, dibujando piruetas inverosímiles sobre nuestras cabezas, erigidos en desordenada avanzadilla de nuestra pequeña expedición.  A lo lejos, semioculto entre la pradera y el cielo azul, ya se divisaba el enorme robledal al que siempre nos dirigíamos, formando un lienzo multicolor de verdes, rojizos y ocres, fruto de pinceles caprichosos y geniales que hubiesen empastado un paño azul verdoso. Algo más abajo, en tramo sinuoso y abrupto, un profundo y angosto cañón marcaba el final de la propiedad familiar. Discurría entonces repleto de aguas embalsadas, negras y profundas, que a mí se me antojaban inhóspitas y peligrosas, dignas de las más esforzadas travesías transoceánicas. Hoy ya casi desaparecidas, por aquel entonces aún se veían truchas grandes, que continuamente recreaban brillantes destellos plateados al saltar fuera del agua, y que mi padre se afanaba en capturar para agasajarnos con una comida exquisita. La ladera sur del cañón, origen de la suerte familiar, se veía tapizada por pequeñas vides cultivadas en terrazas; la norte, perteneciente al municipio vecino, estaba cubierta por un gigantesco bosque de fronda de aspecto globoso, con sus bordes asombrando la ribera con la cúpula vegetal. Bajo ella, entre ramas y herbazales se guarecían los salmónidos, para burla y sonrojo de mi padre, empecinado y poco ducho pescador. Aún en nuestro viaje, él miraba de reojo hacia allí, con un cierto aire rencoroso y vengativo por los sinsabores sufridos, pero siempre deseoso de volver a la lucha. Una última mirada, inundada en añoranza, y se centraba de nuevo en la ruta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El robledal crecía ante nosotros, se volvía más alto y más extenso, más nítido a nuestros ojos, y ambos apurábamos el paso. Caminaba yo delante, correteando de aquí para allá, siempre riendo por las bromas que me gastaba Papá. Él me observaba y sonreía, con el orgullo reflejado en su rostro redondeado, oscurecido por la barba. Clavaba sus ojillos negros y chispeantes en mi flacucha figura, y no dejaba de sonreír. Años después, sumido en la tristeza que su ausencia me provocaba, solía yo recordar aquella sonrisa, tan franca y abierta, tan contagiosa; solía recordar aquellos momentos, juntos los dos, disfrutando ambos de lo mismo, y entonces era yo el que sonreía. Aún lo hago, y creo que siempre lo haré.&lt;br /&gt;A veinte o treinta metros de distancia, ya podíamos ver el alma del bosque, su naturaleza, ese conjunto abigarrado de troncos y ramas entrelazados que crea un conjunto perfecto, y ante el cual ninguno de nosotros permanecía impasible. Divisábamos ya la senda por la que nos internábamos en la arboleda, sinuosa y angosta, con el suelo mullido de hojas en descomposición. Recorríamos los últimos metros de pradera y nos adentrábamos en el bosque, palpitantes de emoción, ansiosos por descubrir nuevas sorpresas en su interior.  Ante nosotros se abría un mundo nuevo, una singladura plagada de peligros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cúpula vegetal que se alzaba sobre nuestras cabezas era muy densa, casi impenetrable para la luz del sol, pero éste siempre encontraba algún resquicio por el que colarse para acudir al encuentro con especies más necesitadas de claridad. Dibujaba entonces un sinfín de rayos difuminados, escasamente concentrados, que semejaban auroras difusas y blanquecinas, y que dejaban entrever un fastuoso edén de vida y de paz. Los verdes, ocres y rojizos se volvían más vivos tras este velo luminoso, en preludio de las maravillas que pronto iba yo a presenciar. Soñaba yo entonces con ser un pirata que se interna en una cueva oscura y profunda en la que, tras sortear los trampas que algún malvado antiguo hubiese colocado para mí, daba por fin con el ansiado tesoro, compuesto de esmeraldas y diamantes, monedas de oro y rubíes, refulgentes por los rayos de sol que se colaban por las grietas que los años habían realizado en lo alto de la caverna. Ya me parecía que faltaba poco. Avanzaba por la foresta, con paso decidido, en pos de un tesoro incalculable, mientras mi padre caminaba algo más adelantado, abriéndose paso con lentitud.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los troncos de los robles eran gruesos y muy altos, con la corteza muy rugosa y oscurecida. A siete u ocho metros de altura, sus copas se abrían y extendían para mezclarse con otras, tan densas como ellas. En su parte más alta, inaccesible ya para nuestros ojos, el viento arrancaba continuos susurros al robledal, casi fantasmagóricos, que se propagaban por toda la fronda. Tales ruidos llegaban hasta nosotros algo amortiguados ya, pero aún impresionantes para mí. El viento agitaba las ramas, las mecía con suavidad, y éstas lo hacían con las más inmediatas, propagándose en sucesión constante, para que los árboles se comunicasen unos con otros. Era un lenguaje extraño, incomprensible para los hombres - me contaba mi padre-, pero si te fijabas lo suficiente, si prestabas mucha atención, podías captar su esencia y lograbas entender el mensaje. Yo, puedo asegurarlo, me esforzaba en ello, centraba en la labor todas mis fuerzas, y alguna vez, inmóvil bajo el robledal, envuelto en la incipiente penumbra del atardecer, me pareció escuchar algo, como un lamento, como un quejido agónico, como un llanto de dolor por el terreno esquilmado o las batallas perdidas. Era algo asombroso, y resultaba tétrico, pero hace mucho tiempo ya de aquello, y no lo he vuelto a escuchar. Ya nadie lo hace; quizás, ya nadie preste la atención suficiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seguíamos de nuevo la senda del robledal, cubierta por un espeso manto de hojarasca que la volvía increíblemente esponjosa. A ambos lados, un sotobosque inmensamente rico tapizaba el suelo en manchas. En ocasiones, cuando teníamos tiempo de sobra y nos podíamos detener algo más de la cuenta, mi padre y yo recogíamos moras y bayas, arándanos o setas, que luego llevábamos a casa para disfrutarlas con mi madre. Mi padre me explicaba entonces qué era todo aquello, tan extraño al principio para mí, y me mostraba los tesoros que el bosque nos ofrecía. Mis ojos se desmesuraban con cada nuevo hallazgo, con cada nuevo descubrimiento, y miraba a mi padre embelesado, asombrado por tales maravillas ajenas a tantos. Era aquel uno de los momentos más bellos del viaje, pero eran tantos que se hace imprescindible continuar con el relato, para no caer en el tedio o la excesiva profusión de detalles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La senda, comencé antes a explicar, se dirigía hasta un pequeño arroyo de márgenes limpios y aguas claras, no muy rico en pesca pero sí abundante en emociones y recovecos y, por lo general, destino acostumbrado de nuestras excursiones. Ya próximos a él, el ruido de sus aguas batiendo contra las rocas de los saltos naturales, o el suave murmullo de sus zonas más remansadas, llegaba hasta nosotros con claridad, anunciándonos su cercanía para nuestro inmenso regocijo. Era entonces cuando yo me desproveía ya de mi camiseta y de los pantalones, me quedaba en bañador o calzoncillos y corría hasta las aguas para zambullirme en su refrescante claridad. La reclamación de prudencia de mi padre solía llegar siempre tarde, o yo mismo la volvía inaudible para mí. Él refunfuñaba algo con humor, fingiendo enfado o desagrado, pero siempre una risa asomaba a sus labios. El estrépito de la zambullida rompía la quietud allí acostumbrada, y siempre algún pajarillo escapaba apresurado ante mis gritos de alegría, batiendo las alas con fuerza. Yo me sumergía de golpe en el río, sin importarme en absoluto lo gélido que estuviese; mi padre, más consciente y menos arrojado, comenzaba por introducir un pie, luego la pierna, lentamente para, al fin, vencida ya la resistencia inicial, remojarse por entero, entre continuos estremecimientos y tiritones. Llegaban entonces a mi mente aquellas aventuras de robinsones que me solían contar en casa, aislados de todo y de todos, esforzados en su lucha por sobrevivir en terreno inhóspito e inexplorado, siempre atentos a los peligros que se cernían sobre sus personas. Simulaba ser uno de ellos, y fijaba mi vista en todo lo que pudiera representar alguna amenaza, inexistente en realidad, pero amenaza, al fin y al cabo, en mi imaginación. Buscaba cualquier indicio de presencia indígena, cualquier vestigio del paso de bestias salvajes que se pudieran abalanzar sobre nosotros, y no cejaba en mi empeño hasta que abandonaba el arroyo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las aguas eran cristalinas, y los árboles, de hojas lobuladas o aserradas, se alzaban sobre ellas hasta cubrirlas casi por entero, lo que volvía el baño aún más frío. Esto nos obligaba a no prolongarlo demasiado, pero ambos lo disfrutábamos muchísimo. Apenas cinco minutos después, abandonábamos las frías aguas y corríamos a saltitos hasta nuestras ropas, con las quebradizas ramillas de los fresnos y alisos estallando bajo nuestros pies. Nos vestíamos de forma apresurada, casi sin secarnos, para sentarnos después a la orilla del arroyo, con las ropas húmedas y la respiración aún agitada por el esfuerzo. Permanecíamos allí una o dos horas, hablando de nuestras cosas, hasta que la luz filtrada entre las ramas se veía más mortecina y apagada. Nos poníamos entonces en pie e iniciábamos el camino de vuelta. Casi nunca hacían falta las palabras, ambos sabíamos que debíamos regresar a casa, y yo lo hacía sin rechistar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El camino de regreso era igual de inquietante, con la luz crepuscular cayendo sobre nosotros, avanzando por un robledal ya muy brumoso. Lo abandonábamos a buen ritmo, acuciados por una lacerante sensación de hambre, que tan sólo podía ser vencida por una copiosa cena junto a mi madre. Cruzábamos la fronda, atravesábamos el prado y llegábamos de nuevo a casa, dejando atrás un montón de aventuras y sensaciones que pronto volverían a nosotros, al iniciar nuevamente otra de nuestras ansiadas expediciones a la espesura casi desconocida del bosque familiar.&lt;br /&gt;Cenábamos, mis padres me acostaban, me daban un beso y yo permanecía despierto unos minutos, reviviendo las luchas, los miedos y las aventuras que había vivido en nuestro viaje hasta que, vencido ya por el sueño, mis ojos se cerraban y yo descansaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace ya unos años que se cerraron también los ojos de mi padre. Hace aún mucho más que aquellas excursiones se acabaron. Las aventuras cesaron, la imaginación se agotó, y aquellos personajes de cuento que llenaban mi cabeza de sueños y viajes, reposan hoy en las estanterías de mi casa, cubiertos ya por el polvo de la madurez. Pero he de recuperar aquellas emociones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El robledal sigue allí, el arroyo no se ha secado, y mi hijo, ya inquieto y vivaracho, mira la foresta con ojos curiosos. Mañana lo llevaré de excursión. Tal vez nos bañemos en el arroyo, tal vez le enseñe las bayas, los arándanos y las moras. Tal vez pueda ver en su mirada esa inquietud que yo mostraba cuando era niño, simulando ser un robinsón, un pirata o un vaquero, con peligros acechando a sus espaldas, y un corazón palpitante de alegría en su pecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal vez, eso espero, las aventuras vengan a él, igual que lo hicieron conmigo, bajo la mirada atenta de su padre. El mío, a buen seguro, estará allí con nosotros, disfrutando del arroyo y del robledal. Esté donde esté.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-170793872020132385?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/170793872020132385/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=170793872020132385' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/170793872020132385'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/170793872020132385'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2009/06/volveran-las-aventuras.html' title='Volverán las aventuras'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-2354384287613175425</id><published>2009-05-24T17:47:00.008+01:00</published><updated>2009-05-25T01:39:37.817+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Miguel Baquero'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Miserias literarias'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Pedro de Paz'/><title type='text'>Miserias literarias; augurio de pesares</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;En un comentario reciente, Pedro de Paz, ilustre visitante de esta modesta bitácora vuestra, tuvo la amabilidad de recomendarme un blog llamado "Miserias Literarias", en donde su autor, un conocido escritor amparado bajo el pseudónimo de Prometeo, desgrana la realidad editorial española de una modo casi desgarrador para el escritor novel pero, y esto es de agradecer, sí abundante en realismo. El motivo de ocultar su verdadera identidad, decía él, era el temor a sufrir represalias posteriores por desvelar infames comportamientos e impropias actitudes de los popes de este mundillo en el que muchos aspiramos a entrar. Lamentablemente, quizás sus sospechas no eran infundadas, quizás sus detractores lograron su objetivo; las entradas de Prometeo terminaron en el año 2007, y ya no se ha vuelto a saber nada más de él. Sin embargo, por suerte para muchos, aún siguen ahí, colgadas sabe Dios de dónde, iluminando a todos aquellos que aún lo leen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su blog, seguido de forma habitual por un gran número de lectores, describía el largo camino de ilusiones y desdichas por el que transitamos todos los aficionados al mundo de la literatura, estableciendo, o así me pareció entender, una premisa fundamental: poco tiene en común el oficio de escribir con la consecuencia de publicar. Así dicho, tal afirmación puede parecer extraña o confusa, pero trataré de explicarme mejor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Prometeo, de modo claro y ameno para el lector, descubre un sinfín de claves muy útiles para el escritor novel a las que, casi siempre, la mayoría de nosotros nunca tenemos acceso. Resulta en ocasiones descorazonador, es cierto, el saber que buena parte de los concursos literarios en los que volcamos nuestras ilusiones, como casi único modo de introducirnos en este mundo de las letras, están manipulados y concedidos de antemano; resulta sorprendente el enterarse de que buena parte de los escritores que conocemos y admiramos no obtienen los cuantiosos beneficios que nosotros, ingenuos redomados, les atribuimos, y resulta desmoralizador el comprobar que no siempre la calidad es lo que cuenta -aunque esto último nos pueda abrir las puertas a alguno. Es el blog, en suma, un compendio de los muchos pesares que acompañan al escritor en su lucha diaria, y conforma un acertado augurio de las muchas penalidades que nos esperan a los noveles. Sin embargo, y concediendo que esto ya todo el mundo lo sospechaba, el oculto Prometeo, y los múltiples visitantes que contribuyen a hacer de "Miserias literarias" una bitácora especialmente útil y reveladora, hace especial hincapié en que seamos obstinadamente testarudos en nuestros anhelos y nuestra vocación, sin dejarnos arrastrar por la dificultad y los obstáculos que nos encontremos en el camino, por muy numerosos que éstos sean. Abre de este modo una puerta a la esperanza, arroja algo de luz sobre esta senda abrupta y compleja, y contribuye a que nos liberemos de ansias perniciosas que pudieran llevarnos a querer llegar demasiado deprisa. Aconseja, en fin, al igual que el siempre afable y generoso Miguel Baquero en uno de los comentarios que ha incluido en "el Novelista novel", que sigamos escribiendo, que tratemos de hacerlo cada vez mejor, con todas nuestras fuerzas, sin pensar en lo que de ello podamos obtener, sin plantearse objetivos ulteriores, haciéndolo tan sólo, y eso es lo bueno, por el enorme placer que con ello logramos. Concedámosle entonces a ambos, sin ninguna duda, que no hay consejo más sabio.&lt;br /&gt;La conclusión más juiciosa que se puede extraer de la lectura de "Miserias literarias" es que publicar es, para todos nosotros, un sueño muy deseado, un gran anhelo, pero es algo que nunca debe apartarnos de la verdadera vocación. Muy largo es el camino que hay que recorrer para llegar a las editoriales, y siempre está preñado de mil trabas que sortear. Unos lo consiguen, otros no;no nos agobiemos, por tanto, por ello. Si llega, alabado sea Dios; si no llega, nos queda el disfrute logrado. Y eso, estaréis de acuerdo conmigo, es mucho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo ansío publicar, es cierto, pero me entusiasma escribir. Desde que comencé con ello, hace casi un año, la satisfación que me produce es cada vez mayor, cada vez más intensa, y por eso continúo. Ya he dejado atrás las ínfulas de best seller, los anhelos de fama y reconocimiento, y ya tan sólo me refugio en el gozo obtenido. Procuro mejorar, escribir cada vez más, cada vez mejor, y creo que ése es el camino adecuado. No dejo atrás el gran sueño de ver algún día una obra mía publicada, lo reconozco, pero ya no me dejo cegar por ello. Ahora, y eso es lo más bonito, tan sólo disfruto.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-2354384287613175425?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/2354384287613175425/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=2354384287613175425' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/2354384287613175425'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/2354384287613175425'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2009/05/miserias-literarias-augurio-de-pesares.html' title='Miserias literarias; augurio de pesares'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-5223544334641013595</id><published>2009-05-16T02:56:00.001+01:00</published><updated>2009-05-16T02:58:15.433+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='blogs'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='talento'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='escritores'/><title type='text'>El talento escondido</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;En las entradas anteriores, impulsado por mi gusto por la literatura y por mis ansias por escribir, colgué –no sé si es la palabra adecuada- varios relatos fruto de un ejercicio procedente de mi gusto por los cuentos de terror o por la novela negra. Todos ellos han sido, como digo, ejercicios literarios –perdóneseme la inmodestia al emplear la palabra literarios -  cuya única finalidad es la de aprender el oficio de esto que se ha dado en llamar “juntar letras”. He disfrutado mucho con ello y agradezco de corazón los amables comentarios que me habéis hecho. Es, como ya he esbozado en alguno de los comentarios escritos, un enorme privilegio contar con vuestra ayuda, recibir vuestras visitas y aprender con vuestros consejos. Siempre contaréis por ello con mi gratitud y mi reconocimiento. Vuestras palabras son un aliento grato en los momentos de desánimo que me procura mi escaso talento y, dado el apoyo obtenido, no dudéis que continuaré con la labor. Los relatos volverán de nuevo, con toda seguridad, pero no es uno de ellos lo que voy a incluir ahora en el blog. Es una reflexión, y comienza ahora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde que comencé –hace ya tres meses -  con esta labor, me interné en un terreno desconocido por completo para mí. Mi gusto por esto de los blogs era inexistente, mi conocimiento de lo que en ellos se desarrollaba era nulo, y esa enorme masa de muestras literarias que en ellos reside era “terra incognita”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llevado por un impulso extraño, que aún ahora no sé cómo surgió, decidí crear “el novelista novel”. Las pretensiones eran nulas, pero nunca dudé. Volqué esfuerzos, invertí horas y gané ilusiones. Desde aquel venturoso día he procurado conocer este mundo extraño para mí, he querido internarme en la red y conocer a sus habitantes. Desde aquel día he disfrutado enormemente con ello y, gracias a este viaje, he podido conocer a grandes creadores. Todos ellos son escritores –profesionales o aficionados-, y todos ellos talentosos y admirables. He visitado sus bitácoras, he disfrutado de sus relatos, de sus historias y de sus comentarios. He aprendido de ellos y, si Dios quiere, seguiré haciéndolo. Me han sorprendido sus ingenios, me han abierto un camino,  me han desbrozado una ruta extraña. Por ellos, o gracias a ellos, he descubierto que el talento literario no es propiedad exclusiva de editoriales o agentes literarios. Ahora sé que, ocultos entre chips, líneas telefónicas y modens, hay un grupo de personas que vierten su talento y su tiempo en procurar el disfrute de los demás, sin beneficio alguno, de modo desprendido y generoso; un grupo de personas ávidas de conocimiento y de curiosidad, llenas de inquietudes y repletas de entusiasmo. Algunos han alcanzado la fama, han conseguido las tan ansiadas publicaciones y se afanan, con férrea voluntad, en introducirse en el negocio literario. Son, en ocasiones, obras con pequeñas tiradas, de escasa repercusión, con ventas on-line o por encargo, pero siempre ilusionantes y gratificantes. Vaya desde aquí mi enhorabuena y mis mejores deseos para todos ellos. Se han labrado un camino, lucharon por ello y lo han conseguido. Otros, en cambio, no han tenido tanta suerte. Desconozco el motivo. No sé, incluso,  si lo han intentado, pero no deja de asombrarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde la soledad de mi salón, con los ojos clavados en la pantalla del ordenador, leo sus blogs, sus relatos,  y no dejo de preguntarme por qué. ¿Por qué es tan esquiva la publicación?¿Por qué está vetada para tantos?¿Por qué hay tanta endogamia en este negocio? ¿Por qué toda esta gente no puede publicar?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me hago estas preguntas y me asombro. Ignoro las respuestas, pero no renuncio a la esperanza. Confío en que, algún día, recorriendo los pasillos de cualquier librería, encuentre alguna de sus obras, impresa en tapa dura, acompañada por tantos y tantos autores que hoy admiro y envidio. Confío en que llegue ese día, y no renunciaré nunca a verlo. Porque se lo merecen, y porque todos nosotros, los lectores, nos perdemos algo muy grande. No obstante, mientras llega ese día, desde la soledad de mi salón, con los ojos clavados en la pantalla del ordenador, continuaré con mi viaje cibernético, con mi ruta establecida y diaria, ahora ya familiar en la que, un día no muy lejano, cuando comencé con “el Novelista novel”, me interné.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-5223544334641013595?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/5223544334641013595/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=5223544334641013595' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/5223544334641013595'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/5223544334641013595'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2009/05/el-talento-escondido.html' title='El talento escondido'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-1464281445595246544</id><published>2009-04-26T20:38:00.004+01:00</published><updated>2009-04-27T23:27:38.088+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='demonios'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato breve'/><title type='text'>Una historia de miedo</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/SfYxRBmzJOI/AAAAAAAAABM/2j_y4RWUAN4/s1600-h/terror.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5329501377598268642" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 213px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/SfYxRBmzJOI/AAAAAAAAABM/2j_y4RWUAN4/s320/terror.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Nunca había estado allí, y jamás volveré. Los recuerdos que me vienen a la memoria de aquel aciago día son demasiado tenebrosos, demasiado horribles, y no deseo tenerlos presentes. Contaré la historia pues, en estas líneas, como una forma de encerrar aquellos acontecimientos para siempre, en un cajón abandonado de mi mente, como una forma de purgar los demonios que me acosan o para expiar la frustración que me asedia ante tal funesto acto. Lo he decidido y así lo haré. Y luego lo olvidaré para siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comenzaré pues.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era un día frío y gris del mes de Enero, hace ya diez años. En aquella época recorría yo la región de Valbuena, tratando de conseguir compradores para el, entonces nuevo, tractor Pullman. Era una buena promoción de venta y tenía grandes esperanzas depositadas en la operación. Si aquello salía bien mi porcentaje supondría una estimable cantidad de dinero y, en aquel momento, asediado por deudas de juego, esas comisiones podían ser mi salvación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasaba largos días por allí, visitando a los múltiples agricultores que pueblan aquellas latitudes, y ya comenzaba a conocer bastante bien el territorio, pero un día me perdí. Quizás fue por la espesa niebla que se había formado repentinamente, quizás por lo mal señalizada que estaba la carretera, quizás porque el cansancio acumulado de los últimos días me jugó una mala pasada, pero el caso es que me perdí. Comencé a dar vueltas por pistas estrechas y oscuras, flanqueadas por árboles muy viejos y muy altos que impedían ver cualquier cosa a tres o cuatro metros de distancia. Conducía desorientado, volcándome sobre el parabrisas, intentando traspasar la niebla con mi vista. Tan sólo se veía un espeso manto, gris y algodonoso, que se abría a mi paso con timidez. Los faros del coche estrellaban su haz amarillento contra aquella cortina, obteniendo una aurora ocre y filamentosa en torno a ellos que casi molestaba a mis ya cansados ojos. Más arriba, por encima de los árboles, nada se veía. Las verdes copas penetraban en el mar de niebla y se ocultaban en ella, y la carretera continuaba abriéndose a mi paso lentamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasó así un buen rato, no sé exactamente cuanto, pero era ya casi de noche y mi hotel estaba, sin duda, muy lejos de donde me encontraba. Aquello me ponía muy nervioso. Me removía inquieto en el asiento del vehículo, miraba a todas partes sin cesar, y el corazón me palpitaba con fuerza. Mis manos estaban sudorosas, me rascaba el cabello con fuerza y mi boca estaba seca. Me imaginaba durmiendo en el coche, con el motor encendido para no congelarme, estremecido por un temor irracional que hacía que me sintiese amenazado por extraños peligros, pero de repente se hizo la luz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La niebla pareció diluirse en un instante. La oscuridad se fue entreverando de jirones blanquecinos que cada vez se volvían más difuminados hasta que, unos segundos después, la bruma desapareció por completo. La oscuridad ya lo cubría todo, pero me sentí aliviado al ver que era, valga la expresión, clara y límpida. Acostumbrado como iba a la opacidad anterior, aquel cambio me llenó de esperanza y eliminó mis nervios por completo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ante mí se abría un estrecho camino de tierra muy compacta que avanzaba sinuoso unos cincuenta metros. Recorrí aquella distancia más liviano por haber olvidado mis temores y llegué hasta un claro que se abría entre la arboleda. A un lado, próximo a unos grandes árboles de agujas verde oscuro, había una pequeña casa de madera, con las ventanas pintadas en blanco. El porche exterior era estrecho, con una pérgola de madera torneada y una celosía blanca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La presencia de aquella vivienda supuso una gran alegría para mí y decidí encaminarme hacia ella para enterarme de cuál era el camino que debía seguir para salir de aquel bosque. Aparqué el coche y me aproximé a la casa. A los pocos metros pude comprobar que alguien había salido hasta el porche y, ya completamente animado, esbocé mi sonrisa de vendedor ambulante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer era una auténtica preciosidad. Alta y esbelta, con una larga cabellera dorada que le caía sobre los hombros desnudos como un velo de seda. Cubría su cuerpo con una camiseta de tirantes de color blanco y unos pantalones de lona muy holgados. Su piel era muy clara, sin mácula alguna, y sus ojos, claros y azules, miraban con fijeza y ternura, como entregándose de frente, sin temor ni duda. Parecía segura, resuelta, ajena a todo lo que de tétrico y gris tenía aquel lugar. Su presencia allí resultaba extraña, gratificante, casi salvífica. Resultaba incomprensible cómo semejante beldad podía amanecer allí cada día, apartada de todo y de todos. Era injusto para los hombres. Y era injusto para ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por un instante me detuve a contemplarla, y mi sonrisa se petrificó en mi rostro, anonadado por tan bello ser. Parecía yo una estatua absurda, inmóvil y muda mas, para no caer en el ridículo, decidí abandonar mi asombro y me aproximé hasta ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún no había llegado hasta el porche cuando apareció la más dulce criatura que haya contemplado jamás. Lo hizo con timidez, ocultándose tras las piernas de su madre, pero me pareció maravillosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era una niña de unos diez o doce años, menuda y graciosa, cara redondeada y una sonrisa eterna en el rostro. El parecido con su madre era asombroso, pero en la niña reinaba un aura de inocencia e ingenuidad que despertaba simpatías en todos aquellos que la mirasen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ambas me saludaron con gracia y amabilidad, y me ofrecieron entrar en la vivienda. Decidí gustoso aceptar su invitación, pues ya la noche era fría y desapacible. Limpié mis zapatos en un felpudo roto que había en el porche y entré en la casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hogar de aquellos dos ángeles era una morada humilde y pequeña, pero se veía pulcro y ordenado, con gusto por los detalles y la limpieza. Las ventanas se veían cubiertas por cortinas de ganchillo, la mesa lucía un jarrón de flores frescas y un aroma a lavanda y acacia llegó con suavidad hasta mí. El suelo era de madera, cubierto por esterillas de mimbre en las zonas de paso. Sobre las paredes, cuadros de paisajes montañosos, enmarcados con estrechas tablillas de color claro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algo tímido, me quedé plantado en medio de la habitación, observando a las mujeres con un gesto estúpido, como de bobo. La madre me ofreció asiento y se dirigió a la puerta de la cocina. Al abrirse, pude percibir con claridad el olor de un exquisito guiso, y mi estómago reaccionó con presteza ante tan grato estímulo. Ellas debieron notarlo pues, a los pocos minutos, habían dispuesto ante mí una generosa ración de comida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante el transcurso de la cena, me dijeron que el desvío más próximo a la carretera se hallaba muy lejos de allí, y que nunca lo encontraría por mí mismo. Ofrecieron así, sin temor alguno, un pequeño jergón que había en un rincón del salón para que pasara la noche allí, protegido de la tormenta que, a esas horas, azotaba la arboleda. Contaron, además, que la carretera era mala y estaba en mal estado, así que aventurarse a cruzarla en mitad de una noche tan desapacible como aquella, no era demasiado conveniente. Hoy, desde la distancia, me sorprendo por haber aceptado de tan buen grado su amabilidad pero, era tal mi arrobamiento ante su compañía, que no pude hacer otra cosa que contestar afirmativamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quedó acordada, entonces, mi estancia allí por una noche. Al día siguiente me acompañarían hasta la salida, y allí nos despediríamos. No estaban, decían, acostumbradas a recibir visitas, y sería para ellas un placer charlar con alguien que les llevara noticias del exterior. El padre de la niña había fallecido en un desgraciado accidente durante la tala de un árbol, y desde aquella vivían solas, apartadas de todo, aunque felices, al mismo tiempo, por ello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La velada fue exquisita. Contaron que vivían allí desde hacía años, que la niña no conocía otra cosa, pero que allí estaban bien. Me dijeron que su trabajo en la tierra les proveía de todo lo necesario, que su vida era feliz, y que no añoraban nada de la vida en sociedad. Allí vivirían, y allí morirían, conscientes de que todo lo que había fuera no les importaba nada. La niña nos deleitó con varias canciones que yo desconocía, con una voz suave y afinada, casi hipnótica, que semejaba producir un extraño efecto relajante en mí. La compañía de ambas era embriagadora y, en aquel momento, recuerdo haber pensado que la felicidad de un hombre estaba allí, junto a ellas, disfrutando de su belleza y de su bondad, de su generosidad, de su candor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fueron tres o cuatro horas de completa felicidad para mí. Jamás me había sentido tan bien, más alegre o mejor acompañado, pero se hacía tarde, la niña debía descansar y decidimos retirarnos. Ya pocas horas quedaban para el amanecer, y había que aprovechar las escasas horas de sueño que nos restaban hasta la mañana. Se despidieron con sus sonrisas perennes y entraron en la habitación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras despedirlas con gratitud me acomodé en el estrecho jergón, sin poder desprenderme, ni un instante, de una sonrisa bobalicona que afloraba a mi rostro. Fuera, el viento azotaba las maderas de la cubierta. La lluvia repiqueteaba sin cesar, invitando a uno a acurrucarse entre las sabanas y sumirse en el sueño acompañado de su música. Al poco rato, mi cuerpo se dejó vencer por el cansancio, y quedé profundamente dormido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé con exactitud cuánto tiempo transcurrió, pero me desperté con inquietud. Sentí una cierta opresión en el pecho, noté cómo alguien me observaba y, con mis ojos aún nublados por una bruma acuosa, miré al frente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A escasos pasos de donde yo me encontraba, velada por la oscuridad en la que se hallaba sumida la habitación, estaba la preciosa niña, con sus dulces ojos azules fijos en mí. Me contemplaba en silencio, inmóvil, con un brillo especial en la mirada que antes yo no había logrado observar. Aquello me inquietó. Digamos, casi, que me sobresaltó, pero no sé decir por qué. Sólo sé que había algo extraño en aquellos ojos, algo frío, casi animal, que hizo que mi vello se erizara como nunca antes lo había hecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Hola, guapa. ¿Qué pasa?- pregunté tímidamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por toda respuesta obtuve un silencio inquietante, algo extraño, que aumentó aún más mi creciente desconfianza. Me incorporé ligeramente y vislumbré una extraña sombra a mi derecha. No acerté a distinguirla bien, pero me pareció que era la madre de la niña. Mi corazón latía con rapidez, y aquella situación no contribuía en exceso a reducir su ritmo. Sentía un gran nerviosismo, quizás terror, no lo sé con certeza, pero algo surgió de la noche para clarificar mi estado de ánimo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Brotó a mi diestra, donde yo había vislumbrado la sombra de la bella mujer. Aquella silueta se aproximó lentamente, al tiempo que susurraba algo con una voz grave y quebrada, profunda y desagradable. Al principio no lo entendí bien, pero al ver el rostro de la silueta que avanzaba hacia mí, comprendí perfectamente sus intenciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las dulces facciones de la mujer se habían tornado en una horrible y grotesca mueca de aspecto cadavérico, deforme, con una piel casi traslúcida y surcada de finas venas sanguinolentas que la recorrían por entero. Sus ojos relampagueaban con fuerza, brillando en la oscuridad, y se clavaban en mí hasta dejarme helado de terror.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Cómetelo- dijo con su voz enferma, dirigiéndose a su hija que se hallaba junto a mí. Yo apenas podía apartar la vista de la mujer, paralizado de miedo como estaba. Veía cómo se aproximaba hacia mí, mostrándome unos dientes negruzcos y afilados, podridos, donde antes había visto yo unas preciosas gotas de marfil. Una saliva blancuzca y espesa brotaba de entre ellos y escurría por su mentón, ensuciándolo con su espesura, hasta caer sobre el suelo o la camiseta que cubría su cuerpo. Cada vez estaba más cerca, y yo seguía sin reaccionar, inerme, impotente, aterrorizado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apenas podía apartar la vista de ella, hipnotizado por sus ojos blanqueados y exangües, pero un hediondo aliento llegó hasta mi mejilla y me sacó de mi trance.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Giré la cabeza lentamente, como temiendo ver lo que a escasos centímetros de mi rostro me aguardaba, con un temblor incesante en mis labios y un latido bronco en mis sienes. Tan sólo debía ladear mi cabeza unos centímetros, pero para mí suponía un esfuerzo titánico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando lo hice, la vida se detuvo por un instante. Mi corazón cesó en su movimiento, mis ojos se volvieron desmesurados, un hálito brotó de mi garganta, sordo y brusco, y un inmenso y helado vacío pasó a ocupar mis tripas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volcada sobre mi rostro, con su viciado y repugnante aliento golpeando mis mejillas, estaba la dulce niña. Su rostro era igual de monstruoso que el de su madre, cadavérico y exangüe. Su boca se abría con desmesura en dirección a mi garganta, mientras sus manos, ramas quebradizas de uñas como garras, me agarraban por los hombros para inmovilizarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún hoy desconozco qué extraña fuerza me llevó a librarme de su abrazo y apartarla lejos de mí, pero conseguí desembarazarme de ella de un fuerte manotazo. De un salto, con la sombra de la madre abalanzándose con violencia sobre mí, conseguí abandonar mi jergón y esquivar el cruel ataque de tan salvaje y mortal criatura. Madre e hija cayeron sobre la cama gruñendo histéricamente, como bestias enfurecidas, dando zarpazos y mordiscos al aire, buscando mis carnes a tientas en un intento de dar el golpe final.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más impulsado por el miedo que por mi coraje o determinación, me dirigí hacia la salida y abandoné la casa sin dejar de notar su presencia a mi lado. Me lancé a la espesura del bosque dando continuos traspiés que daban con mi cuerpo en el suelo. Me interné en la oscura tormenta que habitaba el bosque, con el agua y el viento golpeando con violencia mi cuerpo, corriendo sin desfallecer, impulsado por un terror atroz para salvar mi vida. Corrí como un loco, sin atreverme a mirar atrás, siempre hacia delante, con los rastrojos lastimando mi cuerpo desnudo, envuelto en una oscuridad impenetrable que me cegaba, tropezando con cada piedra o rama que me encontraba en mi camino, pero sin dejar de correr ni un solo instante. Hasta que desfallecí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ignoro el tiempo que permanecí en aquel bosque, tirado en cualquier oscuro rincón, expuesto a lo que aquellos monstruos o cualquier bestia salvaje quisieran hacer conmigo. Imagino que caí, agotado por el esfuerzo y la tensión, en algún lugar de aquel bosque infernal. No sé, repito, cuánto tiempo transcurrió hasta que dieron conmigo, pero el caso es que alguien me encontró, y me salvó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desperté días después en la habitación de un hospital, con el cuerpo magullado y lleno de heridas. Éstas evolucionaron muy favorablemente, pero mi estado nervioso era deplorable. Por las noches me despertaba gritando, bañado en sudor, con las manos crispadas en un abrazo desesperado a las sábanas de mi cama, sumido en un miedo agobiante que nunca hasta hoy me ha abandonado y del que, es muy posible, jamás despierte del todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En cuanto al paradero de las bestias, ningún resultado satisfactorio se obtuvo en las pesquisas que siguieron a mi aparición. Es cierto que el caso fue investigado, no crean, pero nada bueno se logró. Mis declaraciones dejaron perplejos a todos aquellos que las escucharon. Algunos se rieron y me trataron de loco; otros fueron más respetuosos y me escucharon con atención, pero nunca nadie les concedió crédito suficiente. Sin embargo, dado el elevado número de desapariciones que se habían producido por la zona, y la presión que los ciudadanos ejercía sobre el gobierno, la Policía recorrió el bosque durante días, batiendo cada camino, cada cortafuegos, cada robledal. Escudriñaron hasta el último rastrojo, con todos los medios necesarios, pero nada encontraron. Finalmente, ante lo infructuoso de la búsqueda, se llegó a la conclusión de que nada había por aquellos parajes. Se concluyó que me había perdido durante una excursión y que el estrés provocado por la experiencia vivida había motivado la angustia en la que me hallaba. Al poco tiempo, a pesar de mis ruegos, el caso fue cerrado y todos lo olvidaron. Pero yo nunca he podido hacerlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde entonces, y cada día de mi vida, he necesitado medicación para calmar mis nervios. Aún sigo recluido en un hospital psiquiátrico, y dudo que vuelva a salir de nuevo a la calle, pero debo poner fin a todo esto. Cada vez estoy más tranquilo, cada vez soy más consciente de que debo olvidar, y en ello me debo afanar. Dejar esto por escrito es un primer paso. Deseo olvidar. Para siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dios quiera que sea así.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-1464281445595246544?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/1464281445595246544/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=1464281445595246544' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/1464281445595246544'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/1464281445595246544'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2009/04/una-historia-de-miedo.html' title='Una historia de miedo'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_fwj28oriR28/SfYxRBmzJOI/AAAAAAAAABM/2j_y4RWUAN4/s72-c/terror.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-3433321516623169852</id><published>2009-04-23T15:54:00.000+01:00</published><updated>2009-04-23T15:55:45.156+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantasmas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato breve'/><title type='text'>La mansión Mayer (3)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;A pesar de sus setenta años cumplidos, era Don Mortimer hombre fuerte y con nervio y, enardecido por la rabia y espoleado por la curiosidad, sus buenos veinte metros arrancó a sus vecinos que, aunque más jóvenes y fuertes, no conseguían librarse del pesado lastre nervioso que acarreaban. Ya en el recibidor, corriendo como alma que lleva el diablo hacia el salón, empujó la puerta y entró en la habitación. La hoja se batió con estrépito y, aunque pronto se cerró de nuevo, sí se mantuvo abierta el tiempo suficiente para que los dos investigadores más rezagados pudiesen ver algo que recordarían el resto de sus vidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dicho ha quedado que fueron tan sólo un par de segundos los que permaneció visible tan horrible personaje, pero a ellos les pareció una eternidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una figura espectral, desvaída, enjuta de carnes níveas y marmóreas, se había abalanzado contra el reverendo Mortimer, con los ojos refulgentes de odio y desesperación. Parecía flotar en el aire, como si estuviese suspendida, pero tal era la violencia con la que se había arrojado sobre el cuello del cura que se hubiera podido decir que era una madeja desmadejada de jirones de tela y carne nervuda azotada por un fuerte tifón. Enarbolaba por delante unas manos huesudas y blancas, con las uñas muy largas y oscurecidas por la escasez de limpieza, como garras de una fiera abandonada y rabiosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La expresión del Párroco era de terror, con los ojos desorbitados y la boca desmesurada. Apenas pudo hacer nada, salvo contemplar su propia muerte. El mensajero del infierno se arrojó sobre él y lo abatió de un soplo, antes de que un gutural gemido brotase de la garganta del clérigo. Cayeron hacia un lado y ya nada más se vio. La puerta se había cerrado y ellos caían sumidos en una inconsciencia aterradora y solitaria, arrastrados por una marea de brumas que les impedía ver las escaleras y el recibidor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Días más tarde, una vez recuperados de tal terrorífica experiencia, Cook y Beresford, farmacéutico y maestro, con el gratificante estímulo de dos buenos vasos de ron, consiguieron balbucear una explicación que a todos resultó increíble. Dijeron haber visto al viejo Mayer, exangüe y con los ojos como dos tizones ardientes, levitando en el aire. Vieron cómo se había abalanzado sobre el Sacerdote señor Mortimer y cómo éste, aterrorizado por tal funesta aparición, no pudo evitar sucumbir a la muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Horripilados por tal visión – contaron -, ambos desfallecieron y cayeron escaleras abajo, de resultas de lo cual lucían aparatosos vendajes y contusiones. A partir de ahí nada supieron si no por los informes que de sus vecinos les llegaron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Éstos les informaron de que al escuchar el estrépito originado, e impulsados por un extraño sentimiento de bonhomía, un grupo de vecinos decidió encaminarse hasta la mansión y acudir al rescate de los suyos. Allí encontraron a Cook y a Beresford en el suelo, inconscientes, a los pies de la escalera. El Reverendo Mortimer se hallaba tumbado en el salón, con una mueca grotesca en el rostro. Sus ojos estaban desorbitados, sus labios fríos y amoratados y su boca, abierta de par en par, mostraba un gesto contraído y enervado, como de terror.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras una exhaustiva búsqueda por la mansión encontraron al señor Mayer, muerto, en una de las habitaciones de la planta superior. Semejaba llevar allí sus buenas dos semanas, aunque tal punto no se vio refrendado por opinión experta alguna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ante la perplejidad de los vecinos y los continuos rumores sobrenaturales que comenzaban a circular  por el pueblo, las autoridades locales se vieron en la obligación de pergeñar una explicación lógica. Sus esfuerzos obtuvieron las siguientes conclusiones:&lt;br /&gt;-Primera: El señor Mayer había muerto de causas naturales.&lt;br /&gt;-Segunda: El Reverendo Mortimer, ya ciertamente entrado en años, y escasamente acostumbrado a emociones fuertes, falleció por  repentino ataque al corazón.&lt;br /&gt;-Tercera: Cook y Beresford, quizás por efecto de los golpes que sufrieron en su caída, creyeron ver al señor Mayer con vida. Resulta innecesario explicar -resaltaba el informe- que tal cosa es, por fantástica, imposible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sea como fuere, a partir de esos acontecimientos, la Mansión Mayer es conocida en toda la región como la casa del viejo fantasma. Y allí sigue, divisando el pueblo desde su otero.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-3433321516623169852?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/3433321516623169852/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=3433321516623169852' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/3433321516623169852'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/3433321516623169852'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2009/04/la-mansion-mayer-3.html' title='La mansión Mayer (3)'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-971121666752023344</id><published>2009-04-21T13:56:00.004+01:00</published><updated>2009-04-21T13:59:16.575+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantasmas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato breve'/><title type='text'>La mansión Mayer (2)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Armados de un falso escepticismo del que solían hacer gala, y grandes dosis del valor necesario para encarar tal ingrata faena, hacia allí se dirigieron el maestro, el farmacéutico y el cura párroco. Traspasaron el alto muro de piedra que rodeaba la finca, avanzaron hasta la mansión y la observaron durante unos minutos. La casa se hallaba en completo silencio. Las puertas y ventanas seguían tapiadas, como siempre lo habían estado, y todo parecía encontrarse, si tal palabra viene a cuento para describir las peculiaridades de la mansión Mayer, en total normalidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta que el farmacéutico vio algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue una sombra tan sólo. Una sombra fugaz que surgió tras las tablas de una de las ventanas. El farmacéutico la señaló visiblemente alterado. –¡Lo he visto!- dijo. –Está ahí-.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Bien, entremos pues- dijo el cura Párroco con parsimonia, hombre poco dado a temores infundados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre balbuceos, algún que otro temblor y una pesada carga de nerviosismo, allá se fueron los tres hombres, decididos a tirar la puerta abajo y aclarar el misterio. El Cura Párroco iba delante, con paso firme y una garrota en la mano. Con seguridad, tal instrumento no hubiese sido de mucha ayuda para enfrentarse a espectros y fantasmas traviesos, pero su peso le transmitía cierta seguridad. Tras él, algo más nerviosos y sin garrota, caminaban vacilantes el farmacéutico y el maestro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Unos minutos más tarde, entre nervios, miradas furtivas y respiraciones entrecortadas, la puerta quedó libre de tablones y atrancos. Los tres notables la abrieron y entraron en la casa. Los víveres se acumulaban en el recibidor, envueltos en un olor nauseabundo que inundaba toda la estancia. Las moscas revoloteaban furiosas a su alrededor, formando una nube oscura y trepidante que emitía un zumbido fuerte y desagradable. Los tres hombres, asqueados, se taparon la nariz con un pañuelo y comenzaron a recorrer la casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el exterior, en las proximidades del edificio, se agolpaba un buen número de curiosos, ansiosos por descubrir los resultados de tan inusual expedición.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La planta baja estaba formada por un salón, una biblioteca y las dependencias de servicio, que se encontraban abandonadas y cubiertas de polvo y telas de araña. Semejaba que la casa llevaba años deshabitada, tal era el estado de ruina en el que se encontraba, pero todos sabían que no era así. En el centro, aguardando por los visitantes, una escalera. Ascendieron por ella aferrados a la balaustrada. Las maderas de los peldaños crujían, se combaban, y el pasamanos estaba ligeramente suelto, pero se aferraron a el al ser lo único que les ofrecía cierta seguridad. Las velas de sebo que portaban llenaban la escalera de sombras temblorosas y vacilantes. Gravitando sobre ellos, como un espía que acecha, había una enorme lámpara con farolillos de aceite.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La escalera conducía a un pasillo de madera en el que había numerosas habitaciones. Las paredes, cubiertas por retratos antiguos ya oscurecidos, se alzaban grises y húmedas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con cierto temor, John Cook, el farmacéutico,  giró el pomo de la primera de las puertas y la abrió. La luz se filtraba entre los tablones de las ventanas y dibujaba curiosas formas con el polvo que flotaba en el aire. En una pared lateral había una cama con dosel, muy antigua. A su lado, un mueble bajo, un banco y un espejo. Entraron en la habitación y miraron a su alrededor. El polvo lo cubría todo, en una pátina de vejez, humedad y abandono. Se notaba un olor rancio, viejo, y los tres salieron de nuevo al pasillo con una clara muestra de desagrado en sus rostros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaban nerviosos y asustados. Se arrimaban unos a otros como colegiales temerosos e incluso, aunque luego no lo reconocería, el maestro llegó a agarrarse del faldón de la levita de John Cook.  Reanudaron la inspección del pasillo y comenzaron a abrir las puertas que se encontraban a su paso. Lo hacían con un ritmo frenético, impulsados por un temor ya arraigado en ellos. Giraban el pomo con violencia, empujaban la hoja de la entrada y echaban un rápido vistazo desde el pasillo. Apenas se atrevían a entrar en las habitaciones y observarlas con detenimiento. Lo único que deseaban era salir lo antes posible de aquella casa, volver a sus hogares y olvidarse del viejo Mayer para siempre. Así continuaron durante unos minutos, avanzando a trompicones,  observados por un sinfín de retratos viejos y oscurecidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta que oyeron algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue en la planta baja, en el salón. Días después, ya más tranquilos, ninguno de ellos acertaría a describir la naturaleza de tal sonido, pero en aquel momento, rodeados de bruma y de sombras, aquello les causó tanta impresión que les hizo dar un respingo. El Cura Párroco, menos medroso que sus compañeros, se recuperó al instante del sobresalto y salió a la carrera escaleras abajo. Ante la pasividad de sus vecinos, que permanecían abrazados entre sí, se vio obligado a dar un grito de ánimo que los sacara de tal trauma emocional. Éstos, algo avergonzados por su escaso coraje, volvieron a la vida y siguieron a su amigo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;(Continuará)&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En la próxima entrada pondré el desenlace así que, no temáis, ya no me hago más el coñazo.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-971121666752023344?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/971121666752023344/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=971121666752023344' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/971121666752023344'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/971121666752023344'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2009/04/la-mansion-mayer-2.html' title='La mansión Mayer (2)'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-4518370191046495521</id><published>2009-04-19T02:55:00.004+01:00</published><updated>2009-04-19T03:08:14.354+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relato corto'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantasmas'/><title type='text'>La mansión Mayer</title><content type='html'>He decidido colgar un relato escrito hace unos días. Dentro de poco mostraré la continuación. Espero que os guste&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;LA MANSIÓN MAYER&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Joseph Mayer, misántropo contumaz, conocido por los pocos que osaron tener relación con él como “el malvado Joseph”, murió en su casa de Silas, Ohio, a los 94 años de edad. Se podría decir, sin que a nadie pudiese sorprender, que un fallecimiento así era esperado y normal, mas una serie de extrañas circunstancias que rodearon el óbito llenaron de asombro y perplejidad a todos los habitantes del pueblo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Joseph Mayer odiaba al género humano. Era tal su animadversión hacia el hombre que, si bien es cierto que nunca se le conoció atentado alguno contra sus semejantes, todos sus esfuerzos, a lo largo de toda su vida, fueron encaminados a apartarse de ellos y no tener ninguna relación o trato que pudiese menoscabar su misantropía. Su casa, con puertas y ventanas tapiadas con tablas, se situaba en el centro de una enorme finca rodeada por un alto muro de piedra, de tal guisa que cualquiera que pretendiese husmear en su interior tendría que sortear infinidad de obstáculos para cumplir tal fin. Todo ello, mansión y finca, era fruto de una herencia que, se rumoreaba, había sido sumamente cuantiosa y le permitía, sin precariedad alguna, vivir apartado de sus congéneres sin roce humano o transacción comercial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tan sólo aquellos que le proveían de las viandas necesarias, a través de una pequeña portezuela, se atrevían a entrar en la finca. Así las cosas, el entorno humano del anciano estaba formado por el carnicero, el frutero, -ambos de escaso entendimiento-, y el pescadero. Ninguno de ellos tuvo oportunidad alguna de hablar directamente con él, sin embargo, John Mills, carnicero de Silas, y James Morton, frutero limitado, sí habían conseguido verlo, durante breves instantes, oculto tras alguna ventana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Contaban de él que su cara era estrecha, afilada y huesuda, cubierta de pequeñas manchas negras que ensuciaban una piel nívea y surcada de arrugas. Era su cabello blanco y muy escaso, y sus ojos, negros y brillantes, semejaban dos tizones ardientes y diminutos. Tal fantástica descripción, pensaban los vecinos más sensatos de Silas, era fruto de una imaginación desbordante que se había instaurado en todos sus vecinos ante la extraña actitud de Mayer, pero ninguno de ellos se veía capaz de presentarse ante él para demostrar tal afirmación. Algunos decían de él que era un brujo, que estaba maldito, o que era la encarnación de uno de los muchos diablos que pueblan el averno. Otros, los menos dados a la ficción, pensaban que era un millonario loco, y seguramente enfermo, que llevaba sus excentricidades al límite.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se rumoreaba que por la casa se paseaban fantasmas a todas horas, que acudían a su cita con el viejo y vagabundeaban por la mansión en busca de almas que poseer o incautos a los que capturar. Leyendas surgieron a decenas y se hicieron famosas por toda la región, arrastrando a multitud de curiosos que decidían llegarse hasta allí para comprobar, por sí mismos, si todo lo que se decía de la mansión de Silas era cierto. Se agolpaban junto al muro, observaban desde la distancia y esperaban allí hasta que, horas después, optaban por regresar de nuevo a sus casas. Los niños corrían asustados al pasar por las inmediaciones de la mansión, los hombres miraban con desconfianza y temor, y los ancianos, cuya religiosidad estaba más arraigada, se hacían cruces y musitaban breves plegarias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante años, todo el pueblo de Silas vivió a la sombra de tales cuentos, aunque aún había muchos que hacían caso omiso de tal maldición.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta que un día de mayo, no se sabe con exactitud cuál, el viejo murió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nadie sabe cómo sucedió ni las causas que rodearon tal fallecimiento. Las sospechas salieron a la luz cuando carnicero, frutero y pescadero vieron, con gran asombro, que las viandas que depositaban a través de la pequeña portezuela se acumulaban sin que nadie las retirase. La noticia corrió por el pueblo como un reguero de pólvora, y en todos los foros se hablaba del viejo Mayer y de lo extraño del caso. Tal fue la importancia que se le adjudicó a la cuestión que, en un intento de arrojar algo de luz clarificadora, un grupo de notables de la villa decidió encaminarse hacia la mansión, entrar en ella y dilucidar, de una vez por todas, aquel curioso asunto. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;(Continuará...)&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-4518370191046495521?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/4518370191046495521/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=4518370191046495521' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/4518370191046495521'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/4518370191046495521'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2009/04/la-mansion-mayer.html' title='La mansión Mayer'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-7076412596123108383</id><published>2009-04-03T23:47:00.004+01:00</published><updated>2009-04-03T23:57:01.471+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato breve'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='asesino'/><title type='text'>Un "estar sin tripas"</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Ya estaba hecho. Un disparo, uno solo, y a otra cosa. Había sido fácil, mucho más que en otras ocasiones en las que el día estaba torcido, cuando pintaban bastos y caían chuzos de punta y se veía obligado a partirse los redaños con alguien tan peligroso como él, tiro a tiro y golpe a golpe. Pero ese día había sido fácil. Sonrió con alivio, con la mandíbula prieta, un instante. Luego, la sensación de siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era una sensación extraña, pesada, que siempre le asediaba tras un crimen. Era una desazón, un frío en el estómago, un “estar sin tripas” que dolía, que dolía y no cesaba. Al menos durante un tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese “estar sin tripas” le acompañó durante todo el camino hasta el club, y seguramente, lo sabía, lo haría durante unos días más, hasta que otro trabajo y otro rostro sustituyesen a los anteriores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Buscó con ansia el puticlub, como alguien que se refugia de la lluvia, en pos de un buen remedio para sus males. Unos cuantos güisquis y un buen polvo le ayudarían a olvidar. Sería por poco tiempo, cierto, pero durante unas horas, el alcohol, el fuerte perfume de las chicas, y sus caricias y atenciones, conseguirían que se sintiese un hombre nuevo, uno distinto, sin culpas ni remordimientos, sin muertes ni disparos, sin rostros exangües a su alrededor. Lo olvidaría todo, sólo gozaría, y por unas horas estaría bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Traspasó la puerta metálica y se sumergió en la tenue iluminación. Sintió cómo lo inundaba un aroma sensual, fuerte, erótico. No le gustaba, nunca lo había hecho, pero aquel aroma era bueno, muy bueno, por lo que tenía de preludio y de excitación. Sólo por eso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era un local pequeño, sin fanfarrias ni lujos, pero con buenas chicas. La barra era alta, como para acodarse en ella sentado en un taburete escaso e incómodo, con luces azules en el peto que dibujaban formas sin sentido. El camarero, un tipo bajo y regordete, calvo, con una coleta espesa y rizada para compensar ausencias, miró a Matías y lo saludó con una sonrisa, mostrando sin complejos una dentadura sucia y separada, reñidos unos dientes con otros. Sin palabras, apenas sin gestos, sirvió un güisqui de malta, como siempre, y Matías se lo metió al coleto de golpe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las chicas, morenas y casi desnudas, se apoyaban en la barra, bebían agua y curioseaban en sus teléfonos móviles, con la mirada perdida en ellos, como esperando una llamada que las apartase de todo aquello para siempre. Una de ellas, brasileña morena, se acercó a Matías y lo abrazó, exhibiendo redondeces y piel bajo un vestido, corto y escaso, de color oro. Era una vieja amiga, callada y esforzada, y el asesino la rodeó con los brazos. Le gustaba Nina. Las palabras sobraban, no eran necesarias, y los cariños no faltaban. Siempre se iba con ella, siempre lo pasaba bien, y aquella noche no era diferente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con un movimiento de cabeza Matías pidió otro güisqui. Se incorporó, cogió el vaso, agarró a la morena y se dirigió a la habitación. Nina balanceaba el culo junto a él, golpeándole la cadera con su vaivén cálido y contundente. El asesino esbozó una sonrisa – algo parecido -, y le propinó un azote cariñoso. Sentía las tripas de nuevo, y se sintió bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos horas después volvería el “estar sin tripas pero, hasta entonces, se olvidaría de el. Se lo tenía ganado. Por fin.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-7076412596123108383?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/7076412596123108383/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=7076412596123108383' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/7076412596123108383'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/7076412596123108383'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2009/04/un-estar-sin-tripas.html' title='Un &quot;estar sin tripas&quot;'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-3664091654294450928</id><published>2009-03-20T21:30:00.001+01:00</published><updated>2009-03-20T21:32:55.304+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='juez'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato breve'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='asesino'/><title type='text'>El crimen</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Y ahora, porque pocas cosas hay que me gusten más, la segunda parte de “La espera…”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un abrazo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                           El crimen&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Hacía ya mucho tiempo que esperaba, y el maldito Juez seguía sin aparecer. -¿Dónde estaba?- se preguntó con impaciencia. Musitó una blasfemia entre dientes y escupió al suelo. Quizás la espera fuese larga, así que debía tranquilizarse. Fijó la vista en el verde pulido del garaje, de forma inconsciente, casi sin ver nada, y dejó que brotaran los recuerdos. Unos recuerdos tristes y amargos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            A pesar de los muchos años que habían pasado, aún recordaba con toda claridad su primer asesinato, cuando todavía era un joven sin otra posesión que su futuro. Y un rostro. Aún recordaba el rostro de su víctima. Aquella expresión desencajada y exangüe que le acompañaría el resto de su vida. Como tantas otras expresiones de tantas otras víctimas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Lo de aquel chico no había sido premeditado, no se trataba de un encargo profesional, ni tan siquiera había sido intencionado. Simplemente ocurrió. Y cambió su vida para siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Aquel chico era muy joven. Demasiado, quizás. Tan joven que murió por serlo, por mezclar juventud, atrevimiento, malas compañías y güisqui barato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            La pelea había surgido en un bar. En uno de esos bares de barrio con taburetes cojos, botellines de ginebra y futbolín abandonado. En uno de esos bares llenos de historias tristes y viejos sin familia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Fue por una mujer, como siempre. Una mujer que se  sentía guapa y coqueta, y que quiso forzar la cuerda de los celos. Una mirada sensual y descarada de una chica descarada, una mirada de rabia de su joven novio, un empujón inconsciente y una pelea que se dirimió en la calle, rodeados de noche, alcohol, gritos incontrolados y una cuchillada certera. Con una bastó. Una que se incrustó en las tripas y segó una vida. Una cuchillada que truncó dos. Después vinieron los llantos de la chica y los lamentos de sus amigos. Luego vino una condena que duró siete años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Siete años. Aquel encierro le cambió. Fueron siete años para pensar, siete años de odio y resentimiento, siete años de aprendizaje que lo convirtieron en un experto criminal, fruto típico de un sistema penitenciario enfermo y corrupto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Su vida había cambiado mucho desde entonces, igual que su alma, y pensaba en ello con frecuencia, dejándose llevar por el anhelo de una vida que no regresaría jamás, por la nostalgia de una vida que pudo haber sido y no fue.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ruido de una puerta al abrirse lo arrancó de sus pensamientos. La cara de aquel chico celoso desapareció del mismo modo que había surgido, y toda su atención se centró en el hombre que avanzaba hacia él. Había llegado el momento de actuar, y no iba a permitir ningún fallo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Un hombre de unos sesenta años apareció en el garaje, y el asesino lo reconoció de inmediato. Sin el más mínimo rubor, sintió una punzada de alegría en el estómago. Después de todo, quizás llegase a tiempo al club. El hombre se dirigió hacia un BMW de color gris, algo anticuado ya, y sacó un pequeño llavero del bolsillo. Su aspecto era el de uno de esos catedráticos bonachones tan queridos por sus alumnos: traje de tweed, mirada limpia, perilla recortada y cabello cano. Caminaba sin escolta, y se le veía tranquilo. Mateo se felicitó por ello. Habría sido un fastidio tener que lidiar con un profesional.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El asesino salió de su escondite y siguió a su víctima. Miró a su alrededor, comprobó que no había nadie y desenfundó el revolver. Era la hora de su cita con el crimen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            El Juez ya estaba muy cerca del coche, y el asesino apuró el paso. Quería situarse tras él, encañonarlo y disparar. Rápido, limpio e indoloro. Después de eso, a otra cosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Se acercó a él en silencio, se pegó a su espalda y levantó el arma. Un disparo y la cabeza de aquel Juez volaría en mil pedazos. Empujó con suavidad el gatillo, el percutor se desplazó con timidez…y&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Un reflejo inoportuno lo delató. La imagen de Mateo en los cristales del coche, como un espectro funesto que acude a cobrarse un alma,  mostró al Juez el momento de su muerte. El viejo se paralizó, un escalofrío mordió con saña su espalda y un vacío se alojó en sus tripas, como un frío que  recorría su estómago separando sus entrañas. Sin saber muy bien cómo, casi inmóvil por el terror, el Juez se dio la vuelta y se enfrentó con su asesino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Sus ojos, claros y limpios, se clavaron en el revolver. Su mirada se sumió en una negrura insondable y vacía, en un cañón negro y profundo que lo llevaba al abismo más aterrador. Tras el revolver, unos ojos oscuros, inexpresivos, como esos tiburones que uno cree ciegos, insondables como el cañón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Por qué?- acertó a preguntar el viejo Juez.&lt;br /&gt;-Nada personal.- dijo Mateo con una voz neutra, desprovista de sentimientos. –Sólo trabajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un fogonazo, un brillo intenso, un ruido ensordecedor que hizo retemblar las paredes. La cabeza del Juez fue empujada con violencia hacia atrás, como un muñeco desmadejado. Una vaharada de humo azul dibujó unas curiosas volutas rizadas y nubló la vista de Mateo. Cuando se hubo disipado, el viejo yacía en el suelo, con los brazos ligeramente extendidos. Un orificio, negro y sanguíneo como el infierno, adornaba su frente. Un líquido denso y rojizo teñía su rostro y sus cabellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Mateo lo miró durante unos segundos, guardó su revolver y se dirigió a la salida del garaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A partir de ese momento, un rostro más acudiría a la cita con los remordimientos. Uno más que brotaría de su mente, mostrando una expresión desencajada y exangüe. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-3664091654294450928?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/3664091654294450928/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=3664091654294450928' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/3664091654294450928'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/3664091654294450928'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2009/03/el-crimen.html' title='El crimen'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-4817374623223887158</id><published>2009-03-14T20:45:00.004+01:00</published><updated>2009-03-15T00:25:26.949+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='revolver'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='juez'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Novela negra'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='asesino'/><title type='text'>La espera del asesino</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Otro relato, otro ejercicio. Ha surgido esta tarde. A ver qué os parece.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un abrazo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;La espera del asesino&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le dolían las plantas de los pies, sentía una especie de quemazón, y sus piernas hacía ya mucho que se habían entumecido. La espera estaba siendo demasiado larga, mucho más de lo que él hubiese creído en un principio, y eso le crispaba los nervios. Su Creador, fuese éste quien fuese, no había hecho un gran trabajo con su paciencia, nunca tal virtud lo había adornado, y para él era un suplicio aguardar para actuar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se había acomodado, si tal palabra puede definir lo que él sentía en aquellos momentos, tras uno de los pilares del enorme garaje, debajo de la rampa de acceso. La altura del cubículo que lo cobijaba era, a todas luces, insuficiente para su elevada corpulencia, y por ello se veía obligado a doblar el espinazo más de la cuenta. Le dolían los riñones, las piernas estaban muy tensas, y le temblaban, y su enfado crecía por momentos. ¿Cuándo iba a aparecer aquel maldito juez? Se llevó la mano hasta su costado izquierdo y palpó con alivio el arma que escondía bajo la gabardina. Aquello hizo que se tranquilizase. Le gustaba aquel revolver, le gustaba lo que sentía cuando lo llevaba, la seguridad que le daba, y le gustaba en qué lo transformaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Iba a despachar a un tipo, un juez o algo así. Por lo visto, éste había molestado a alguien muy importante, alguien con quien no se podía jugar, y ahora iba a pagarlo con la vida. Los motivos que ese alguien tenía para ello no le importaban, nunca le habían importado, y seguiría sin hacerlo. Lo único que contaba era la soldada que por ello iba a percibir. Dinero fresco, dinero que gastar. Aquello era lo único que importaba. Despachar a alguien, no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Retumbó un eco de pasos que lo sobresaltó. Dio un paso atrás, se sumergió en la oscuridad del cubículo y aguardó unos segundos. Aquello le molestó. Allí la altura era todavía menor, y el dolor de riñones se acentuó. Los pasos eran cada vez más cercanos, el eco más rotundo, y el pulso de su corazón se aceleró. La adrenalina comenzaba a correr, su respiración, contenida con esfuerzo, pugnaba por agitarse con violencia, y sus dedos, crispados en un estrecho apretón en torno al revolver, se blanqueaban por la presión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los pasos se aproximaban cada vez más, con una cadencia rítmica que le ponía nervioso, retumbaban en las paredes, en el techo, se colaban en sus oídos, y los martilleaban con insistencia. Su pulso se aceleraba, sentía el corazón en el pecho, en las sienes, y golpeaba con violencia. Él se apretaba contra la pared, ocultándose en la protectora oscuridad, y su víctima se aproximaba. Unos pasos más y estaría junto a él. Sacaría su revolver, apuntaría, fuego, y hasta otra. Trabajo resuelto, a cobrar, y al club de “las chicas”, a pasar un rato agradable. Recordó el profundo olor a perfume que inundaba aquel club, que inundaba todos los clubes, y deseó encontrarse allí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Unos segundos más, unos pasos más. Tan sólo unos pasos más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una sombra, oscura y alargada, avanzó hacia él, oscilante en el suelo, cada vez más cercana, cada vez más oscura. Sacó el revolver, estiró el brazo y esperó. Sería un disparo, uno solo, un tiro en la base del cráneo, un chorro de sangre y nada más. El resto, historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus dedos se cerraron aún más, el alza no temblaba, el gatillo era fácil. La sombra avanzó, y surgió un hombre. Un tipo joven y trajeado, un elegante ejecutivo, algún estúpido licenciado pagado de sí mismo que, a buen seguro, estaba encantado de conocerse. Pero era demasiado joven. Los dedos se aflojaron, su rostro se crispó, y una maldición brotó de sus labios. Aquel no era el tipo. –Maldita sea- murmuró entre dientes. Bajó el arma. El hombre pasó de largo. Los pasos se iban alejando, el eco se iba atenuando, y su enfado iba creciendo. Guardó el revolver, se pegó contra la pared y se dispuso a esperar. Los riñones le dolían cada vez más. La quemazón de sus pies crecía y las piernas estaban muy tensas. Pensó en las chicas. Esta vez tendrían que esperar. ¡Menuda mierda!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Maldita sea. ¿Dónde se habrá metido ese Juez?&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-4817374623223887158?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/4817374623223887158/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=4817374623223887158' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/4817374623223887158'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/4817374623223887158'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2009/03/la-espera-del-asesino.html' title='La espera del asesino'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-3287390011698995847</id><published>2009-03-13T00:23:00.004+01:00</published><updated>2009-03-13T01:15:59.771+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato breve'/><title type='text'>El Odioso y cruel Don Gaspar de Blanes ( 3ª Parte  y última)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Y llegó la tercera y última parte. Espero que os guste. Para eso lo hago.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Un abrazo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;El odioso y cruel Don Gaspar de Blanes.&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Don Álvaro Tristán pasó la noche sumido en una gran preocupación. Conocía de la crueldad y los excesos de Gaspar de Blanes, sabía que su respeto por sus vasallos era nulo, y se había dado cuenta, sin el menor asomo de duda, del interés y el arrobo que el viejo sanguinario había experimentado al ver a Lucía. Pasó las horas removiéndose inquieto en su jergón, incapaz de conciliar el sueño, acompañado tan solo por una ligera duermevela. ¿Qué oscuras intenciones albergaba aquel canalla? ¿Cómo podía huir de la malvada sombra que se cernía sobre Lucía? Aquellas preguntas se clavaban como dagas en su mente, pero ya faltaba poco. Por la mañana tendría las respuestas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunas horas después, con los párpados oscurecidos por la vigilia, don Álvaro se levantó de la cama y abandonó la casa. Lucía dormía plácidamente, ajena al interés que su figura había inspirado en Gaspar, y su padre no quiso despertarla. El sol asomaba en el horizonte con un halo rojizo muy perezoso. La mañana, algo fría aún por el aire que bajaba de las cumbres, comenzaba a revivir con timidez, pero ya los cantos del gallo y los gorjeos de los pájaros se atrevían a despuntar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Don Álvaro respiró con fuerza, llenó sus pulmones con el aire frío del alba y lo expulsó lentamente. Unos nervios lacerantes le carcomían el cuerpo. Un escalofrío helado recorrió su espalda. Tenía muy presente la sucia mirada que Don Gaspar había dirigido a su hija. Le había repugnado, le había enfadado y, en ese instante, le atemorizaba. Sabía qué significaba aquello, y no pensaba permitirlo. Se giró hacia su hogar, echó un último vistazo, y comenzó a caminar. El de Blanes aguardaba por él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los vecinos ya habían comenzado a arremolinarse frente a la casa que su señor había ocupado la noche anterior. Un leve rumor de preocupación llegó a los oídos de Don Álvaro. Muchos de ellos no habían conseguido frutos suficientes de su trabajo como para pagar la renta exigida. El esfuerzo realizado había sido baldío, sus beneficios eran inexistentes, y sus familias se veían necesitadas. El clima había sido intransigente durante todo el año, pocos momentos de paz les había traído, y la tierra era cada vez más pobre, cada vez más estéril. Ante tal situación, las cosechas habían sido lastimosas, exiguas, y había aparecido de nuevo el fantasma del hambre. Como única forma de luchar contra él, los de Robledo decidieron jugársela y tiraron de los diezmos. Y ahora se habían acabado. Tenían que pagar y no tenían forma de hacerlo. Y eso conllevaba un castigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Don Álvaro se aproximó hasta sus vecinos a tiempo de ver al de Blanes asomar por la desvencijada puerta. Su aspecto era el de un moribundo: Escuálido, ojeroso, con el rostro oscurecido por una barba blanca y espesa. Su silueta, tal era el dolor que le aquejaba, amenazaba con doblarse hasta besar el suelo, y sus piernas, flacas y arqueadas, temblaban como animadas por el viento. El silencio se adueño del pueblo. Los fríos ojos grises de Don Gaspar se posaron sobre sus vasallos con un tenor amenazante. Los miró a todos detenidamente, escrutando sus miedos y su rabia, hasta que llegó a Don Álvaro. Una sonrisa torcida y oscura afloró entonces a sus labios. Una sonrisa enferma de piorrea que parecía la puerta del infierno. El maestro mantuvo la calma, fijó la mirada y la sostuvo con gallardía. Entonces llegaron los corchetes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La patrulla, armados de arcabuces y pistolas, rodeó a los vecinos de Robledo. Dos de ellos, de gran tamaño y feroz aspecto, se situaron tras su señor y se cuadraron. Dio entonces comienzo la intervención de don Gaspar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ha llegado la hora, pandilla de haraganes. Ya sabéis a qué he venido, así que andar ligeros, que hay prisa.- dijo con una voz aguardentosa.&lt;br /&gt;Los vecinos se miraron unos a otros con temor. Temían el estallido de furia que, a buen seguro, iba a producirse de un momento a otro, pero Don Álvaro, sin arredrarse ni un instante, se puso al frente y comenzó a hablar.&lt;br /&gt;-Con su permiso, Excelencia.- comenzó.- Ningún secreto le desvelo a usted si le digo que el año ha sido muy malo, que las cosechas no han florecido como de ellas se esperaba o que las bestias no han empreñado como era habitual. El pueblo se ha sumido en la miseria, en el hambre, y todo nos ha sido necesario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El de Blanes lo miraba en silencio, con una fría expresión en su rostro y un brillo de furia en sus ojos. Odiaba a aquel hombre como nunca había odiado a nadie. Odiaba su honestidad, su valor, su coraje. Lo odiaba por el respeto que le profesaban sus vecinos, por el cariño que le tenían y por la bondad que lo adornaba. Lo odiaba con toda su alma, lo odiaba con todas sus fuerzas, porque Álvaro Tristán era todo lo que él no era, todo lo que él, algún día, cuando era un mozalbete, había deseado ser. Lo odiaba porque, era consciente de ello, el maestro era mejor que él. Y todo ese odio afloraba ahora a sus ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El hambre ha acuciado a mis vecinos hasta límites intolerables. Son fieles a usted y trabajan duro, de sol a sol, pero han tenido que acogerse a todo lo que estas tierras pudieron producir. Echaron mano de todo, y ya nada queda que usted pueda llevar a su casa. – explicó Don Álvaro. – Mas no se inquiete, Excelencia. Este año las cosas pintan bien, las semillas han prendido con amor en la tierra y las bestias están fuertes. Tan sólo ha de esperar algo más. Estas gentes le compensarán como usted merece, no le quepa duda.- El maestro hablaba con cuidado. Debía defender a sus vecinos, pero temía provocar la ira del de Blanes. Sabía que, si eso se producía, el castigo que iban a sufrir los de Robledo sería terrible. Por eso se encomendó a sus habilidades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero sus argucias no dieron resultado.&lt;br /&gt;-¿Acaso insinúa que nada hay que llevar a mis graneros? – preguntó Don Gaspar.&lt;br /&gt;-Así es, Excelencia. Las circunstancias no lo han permitido. Estas gentes hubieran muerto de no haberse valido de los diezmos.&lt;br /&gt;-¡Pues que mueran, por Dios! ¿Cómo se atreven a cometer tal falta? ¿Conocen el pecado que eso significa? ¿Acaso no conocen la penitencia que suelo imponer?- gritó enfadado. Le temblaba el labio inferior, su rostro se enrojecía por la ira, y su cuello, estrecho y flanqueado por gruesos tendones, se poblaba de venas como cuerdas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los vecinos de Robledo se agruparon asustados, retrocedían por el miedo, pero a ningún lado podían ir. Los corchetes se lo impedían con sus mosquetes. Se veían rodeados, impotentes, podían sentir cómo el odio de su señor se cernía sobre ellos. Podían notar la sombra de su mano sobre sus cabezas, el peso de su rabia, que les atenazaba las tripas, la áspera cuerda, que ya se ceñía y apretaba. Pero Don Álvaro no cedía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Detenedlos a todos! –ordenó con furia. – ¡No tendré compasión! ¡Pagarán por esto!&lt;br /&gt;-Sea comprensivo, Don Gaspar, se lo ruego. Esta gente no puede valerse por sí misma, y no ha sido su intención ofenderle. Sea compasivo. –intercedió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Don Gaspar miraba al maestro con desprecio, con una mueca desencajada y la figura aún más encorvada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Nada valen ya sus vidas. Se lo aseguro, …a menos que…&lt;br /&gt;En ese instante, el estómago de Don Álvaro se contrajo por una terrible sospecha.&lt;br /&gt;-Su hija, Don Álvaro.&lt;br /&gt;-¿Qué?- apenas pudo preguntar el maestro.&lt;br /&gt;-Su hija. La dulce muchacha que tuve el gusto de contemplar ayer.- dijo con una horrible sonrisa. –Me place enormemente, es cierto. Me gustaría tomarla por esposa, y consentiría en perdonar a toda esta gente si usted decide entregarla libremente.&lt;br /&gt;-¡Jamás permitiré tal cosa! ¡Nunca! –gritó Don Álvaro.&lt;br /&gt;-Sea pues- dijo el de Blanes, encogiéndose de hombros con un gesto cínico. –¡A la horca con ellos, venga!&lt;br /&gt;Gritos de horror inundaron la pequeña explanada. Los corchetes se lanzaron contra los aldeanos y comenzaron a propinarles golpes de arcabuz. Los de robledo se arremolinaban unos junto a otros, sus cuerpos se quebraban por los culatazos, sus voluntades se humillaban. El de Blanes miraba complacido el espectáculo con una amplia sonrisa en el gesto, y los corchetes, sin atreverse a dudar un instante, golpeaban sin cesar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡No puede hacer esto, señor!¡Párelo ya! – imploró Don Álvaro.&lt;br /&gt;-Ya sabe cuál es el precio. Su hija. Su hija, por la vida de esta gente.&lt;br /&gt;-No puedo hacer eso,…no puedo.- lloró el maestro cubriéndose el rostro con las manos.&lt;br /&gt;-Sí que puedes, padre. Sí que puedes.- dijo Lucía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tiempo pareció detenerse. Los soldados interrumpieron sus golpes, los lamentos cesaron, los llantos se apagaron. Gaspar de Blanes miró a la bella chica con sorpresa, giró su quebradizo cuerpo hacia ella y sonrió de satisfacción. El rostro de Lucía, siempre claro y límpido, ahora se cubría de gruesas lágrimas que recorrían sus mejillas. Estaba quieta, inmóvil y entregada, con los ojos cubiertos por un velo acuoso, pero su voluntad parecía férrea. Miró a su padre, que se había girado hacia ella y se acercó a él. Los aldeanos, doloridos y con las ropas cubiertas de polvo, la miraban con pena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí que puedes, Padre. Debes hacerlo, y tú lo sabes. No puedes permitir que nuestros vecinos mueran por mí.- dijo estrechándolo entre sus brazos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Don Álvaro la miró y comenzó a llorar. Aquello era más de lo que podía soportar. Sus piernas flaquearon y se hincó de rodillas por la pena y la desesperación. Posó la cabeza sobre el regazo de su hija y lloró. Lloró como nunca lo había hecho. Lloró porque sabía que ella tenía razón, porque sabía que nada podía hacer para evitar lo inevitable. Lloró porque sabía que iba a perderla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No puedo perderte, hija… no puedo.- dijo levantando la vista para mirar a Lucía. Las lágrimas surcaban su cara, corrían encauzadas entre los profundos pliegues que poblaban su rostro y se vertían a ambos lados de su barbilla. Sus ojos imploraban compasión. Sus ojos pedían una alternativa.&lt;br /&gt;-Es lo correcto, Padre.- dijo ella, acariciando el áspero mentón de Don Álvaro.&lt;br /&gt;-Ella está en lo cierto- interrumpió Don Gaspar. El maestro levantó la cabeza hacia él y lo miró con un odio profundo.&lt;br /&gt;Su hija se zafó del estrecho abrazo que le ceñía las caderas. Su padre, sumido en el dolor y la sorpresa, permaneció unos segundos con los brazos estirados y la mirada perdida, sin percatarse de que su hija ya no estaba. Lucía caminó hacia donde se encontraba el de Blanes, se detuvo frente a él y lo miró fijamente, sin miedo.&lt;br /&gt;-Vayámonos- dijo&lt;br /&gt;Él asintió complacido. Miró a sus corchetes, que aguardaban órdenes, y sujetó a Lucía por el brazo. Sus manos, huesudas y venosas, ensuciaron la piel clara de la chica.&lt;br /&gt;-¡En marcha!-ordenó.&lt;br /&gt;Don Álvaro permanecía de hinojos, con los sentidos abotargados por el dolor. Lucía se giró y lo miró por última vez. Él no pudo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ángel y el diablo montaron en sus caballos. Los corchetes los imitaron. Los de Robledo permanecían arrimados unos junto a otros, con el cuerpo inundado por el terror, y Don Álvaro lloraba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La comitiva inició su marcha sin mirar atrás. Los cascos de los caballos hollaban la tierra seca y estéril levantando pequeñas nubes de polvo, y Don Álvaro lloraba. Se enjugó las lágrimas con la manga de la camisa. Su rostro había cambiado. Ya no había bondad, ya no había ojos claros y sinceros. Tan sólo había odio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lucía se giró sobre la silla y miró a su padre. Una lágrima brotó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Algún día, Gaspar…Algún día- susurró Don Álvaro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La comitiva ya estaba lejos. Los reflejos del sol desvaían su silueta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;FIN&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-3287390011698995847?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/3287390011698995847/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=3287390011698995847' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/3287390011698995847'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/3287390011698995847'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2009/03/el-odioso-y-cruel-don-gaspar-de-blanes_13.html' title='El Odioso y cruel Don Gaspar de Blanes ( 3ª Parte  y última)'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-7713744941739974446</id><published>2009-03-11T00:09:00.007+01:00</published><updated>2009-03-11T00:45:52.510+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato breve'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Gaspar de Blanes'/><title type='text'>El Odioso y cruel Don Gaspar de Blanes ( 2ª Parte )</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Aquí está la segunda parte del relato, tal y como prometí. Después de esta, en breves días, la tercera. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;¡No desesperéis, hombre, que ya queda poco.! &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Un abrazo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;El odioso y cruel Don Gaspar de Blanes (2ª Parte)&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El día había amanecido caluroso, polvoriento y pegajoso. Su montura, flaca y desastrada como él, avanzaba con la cabeza gacha, rumiando su tristeza y su desdén. Los corchetes los seguían, a unos diez metros de distancia, lo más apartados que una coherente formación de avance les podía permitir. Ninguno de ellos gustaba de estar cerca de Gaspar de Blanes, pues todos pensaban que estaba maldito, que la desgracia habitaba en él y que todo lo que tocaba se cubría de maldad y podredumbre pero, a pesar de ello, debían acompañarle. Era el señor de Blanes, el más notable de los hombres del Condado, y a él debían obediencia, aunque no les gustase. El terror que les inspiraba era demasiado grande como para no acatar todas sus órdenes, y todos ellos lo sabían.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muchos de los corchetes, los más veteranos, aún recordaban a un viejo compañero, hombre de bien y coraje probado que, un día, hacía ya muchos años, osó negarse a cumplir los deseos de Gaspar. No quiso castigar a una vieja campesina que, sin poder hacer frente a los pagos que el de Blanes le reclamaba, se atrevió a alzar la voz y protestó por las injusticias que éste les imponía. Por toda respuesta, indignado por la afrenta, Gaspar ordenó que la torturasen hasta morir. El corchete, incapaz de tanto, se negó a cumplir el mandato y así se lo hizo saber. Por ello, por un acto de humanidad, su castigo fue la muerte. Fue maniatado, torturado y arrojado a un pozo de agua, oscuro y profundo como el infierno. Junto a él, sujeta por el abrazo de cáñamo que apresaba a ambos, iba la anciana. Juntos murieron aquel día. Y ninguno de los presentes se atrevió a mediar en tal desmán. A Gaspar, incapaz de albergar amor o gratitud, compasión o caridad, aquello le pareció un acto de justicia. A sus hombres, una crueldad absoluta pero, desde entonces, no hubo disputa por sus órdenes, ni renuncia alguna a cumplirlas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya se observaba Robledo al aproximarse al repecho, asomando en el horizonte como la vela de un barco en un mar agitado, salpicado de sol y de reflejos. Las casas eran pequeñas y humildes, como de adobe, con paredes derruidas y gastadas por los años. Gaspar no dejaba que se arreglasen. Prefería dejarlas así, en la miseria, con el único fin de recordar a sus gentes que sin él no podían hacer nada, que no eran libres y que nunca lo serían.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las monturas hollaban, con paso cansino, el suelo quemado y agrietado por la escasez de agua, surcado de arrugas como el rostro de un anciano. Ya poca vida quedaba allí, ya pocas cosas había allí que mereciesen la pena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los habitantes de Robledo, con las espaldas recalentadas por el sol, ya se hallaban en los campos, labrando las tierras. Hasta ellos llegó la nube de polvo que levantaba la comitiva del de Blanes. Sorprendidos por tan inusual desfile, decidieron abandonar sus tareas y acudieron hasta la aldea. Algunas mujeres, dedicadas a cocinar o a lavar, salieron a la calle y esperaron a que los hombres se reunieran con ellas. Aún no se les divisaba bien. El grupo de jinetes se difuminaba por los reflejos que el sol arrancaba de la tierra, se veía desvaído y palpitante. Hasta que se acercó lo suficiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pronto reconocieron la figura, flaca y desastrada, de Gaspar de Blanes, y el corazón se les heló en el pecho. Don Álvaro salió de su casa, observó al grupo de jinetes y se acercó a sus vecinos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No pasa nada, no os preocupéis.- Les dijo con ánimo tranquilizador.&lt;br /&gt;-Ése no viene a nada bueno, Don Álvaro- contestó uno de sus vecinos. –No es pájaro de buen agüero.&lt;br /&gt;-Calla. Ahí vienen- ordenó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gaspar, rodeado por sus corchetes, se aproximó a sus vasallos y se detuvo frente a ellos. Lucía salió de su casa en ese instante, y el de Blanes posó sobre ella sus fríos ojos grises. Llevaba la chica el pelo suelto, resplandeciente por el sol que lo enjugaba, una camisola blanca y una falda gris que la cubría hasta los tobillos. Su figura, lozana y esbelta, no encajaba en aquel paisaje. Parecía que se había acercado hasta allí para inundar de belleza aquellos yermos campos, aquellas pobres tierras secas. Gaspar la miraba sin recato, sin importarle lo que su padre pudiera pensar. Descendió de su caballo y se acercó hasta ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los de Robledo se apartaron con temor para franquearle el paso. Lucía lo miraba medrosa, ansiando ocultarse de aquella gélida mirada. Gaspar avanzó despacio, deleitándose con una visión como no había visto en su vida. Su corazón era pétreo, ajeno al amor, extraño a la belleza, pero nadie era capaz de permanecer impasible ante ella. Nadie era capaz de no conmoverse, de no sentir un golpe en el pecho o un vacío en las tripas. Siguió avanzando hacia Lucía, sin percatarse de lo que acontecía a su alrededor, tan sólo embelesado en la límpida mirada de la chica. Aquella cercanía la intimidó. Le disgustaba en exceso el desagradable aspecto del de Blanes y comenzó a retroceder hasta su casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Entra en la casa, Lucía- ordenó su padre con voz tajante.- Bienvenido sea, Don Gaspar- dijo Don Álvaro interponiéndose en su camino. – Llega temprano para los diezmos.&lt;br /&gt;Gaspar se detuvo, lo miró torvamente y volvió la vista de nuevo hasta la puerta de la casa de Lucía.&lt;br /&gt;-¿Quién es?- preguntó.&lt;br /&gt;- Mi hija, Lucía.- contestó con desagrado.&lt;br /&gt;Gaspar asintió, giró sobre sus pasos, y se dirigió hasta la casa que solía ocupar cuando se acercaba por allí. –Mañana quiero veros. Ahora voy a descansar del viaje.- dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente, todos los habitantes de Robledo pagarían sus rentas, pudiesen o no. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-7713744941739974446?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/7713744941739974446/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=7713744941739974446' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/7713744941739974446'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/7713744941739974446'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2009/03/el-odioso-y-cruel-don-gaspar-de-blanes.html' title='El Odioso y cruel Don Gaspar de Blanes ( 2ª Parte )'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-6761562975924240468</id><published>2009-03-08T19:26:00.004+01:00</published><updated>2009-03-09T02:51:20.218+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='contar historias'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato breve'/><title type='text'>El Odioso y cruel Don Gaspar de Blanes</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Basta ya de disertaciones, de opiniones y de intenciones. Ahora toca escribir, ahora toca contar historias. &lt;/div&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div align="justify"&gt;A Continuación podéis leer, si lo deseáis, el inicio de un relato breve que he escrito este fin de semana. No es nada importante, nada pretendo con él, pero el ejercicio ha valido la pena. He disfrutado mucho, y espero que a vosotros os pase lo mismo. En próximas entradas iré incluyendo el resto del cuento.&lt;/div&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div align="justify"&gt;Un abrazo&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El odioso y cruel Don Gaspar de Blanes&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;p align="justify"&gt;Robledo de Blanes era un pueblo pequeño, muy pequeño, con apenas diez casas habitadas por buenas gentes que no cesaban de luchar. Eran, en su mayoría, trabajadores del campo que se agrietaban las manos y se rompían el espinazo en su lucha diaria con la labranza. Una lucha de sol a sol, que apenas les daba tiempo de recuperarse y que, sabían, no iban a ganar. La tierra era dura, el clima, árido, y las cosechas, exiguas. La renta obtenida con sus esfuerzos apenas llegaba para subsistir, el hambre acudía siempre a su cita, inexorable como la muerte, y les acuciaba con su sordo dolor, pero aquello no era lo peor.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Lo peor era su amo. Don Gaspar de Blanes.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Todos ellos vivían de su trabajo en unas tierras que no eran suyas, en campos arrendados que les habían sido concedidas a sus familias años antes, en tierras en las que habían crecido y habían amado, en tierras que sentían como suyas aunque no lo fueran pero que, por el trato infligido por Gaspar de Blanes eran, a todas luces, insuficientes.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Gaspar de Blanes era el dueño de todo aquello, y lo gobernaba con mano dura, siempre, como lo había hecho su Padre, como antes lo había hecho su abuelo. Su faz se posaba sobre todas las tierras en kilómetros alrededor, omnímoda, ávida de riquezas y huérfana de cariño. Nadie le importaba, a nadie amaba, y seguiría así por siempre. Tan sólo importaban las rentas que, de sus vasallos, del sudor con que regaran las tierras, podía obtener.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Su crueldad era conocida por todos, insoportable para los cuerpos famélicos y maltratados de sus vasallos, y en ella se refocilaba como un cerdo cuando el aburrimiento hacía presa en él. Sin motivo, sin causa. Sólo por el disfrute que de ello obtenía.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Gaspar era un hombre malo, alto y delgado, escurrido de carnes. Una pequeña joroba asomaba de su lomo y rompía la silueta. Unas piernas como juncos, débiles y temblorosas, amenazaban siempre con rendirse al esfuerzo de llevar a su amo y derrumbarse en cualquier momento. Su cabeza era estrecha y afilada, como su cuerpo, apenas cubierta por pequeños penachos desmadejados, de color gris, que recordaban a un perro sarnoso, y sus ojos, fríos y grises, casi muertos, solían clavarse como dardos venenosos, escrutando almas y conciencias.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Todo el mundo lo temía, y hacían bien. Todos, salvo Álvaro Tristán, honesto hombre de Robledo.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Don Álvaro de Tristán, maestro de profesión, y bondadoso de ocupación, era una especie de alcalde de Robledo. Cuidaba de todos sus vecinos, por todos era amado y respetado, y todos escuchaban cuanto decía con verdadero interés. Ejercía, aun sin pretenderlo, de padre espiritual, por su bondad, por su desprendimiento y por su sabiduría. Su aspecto bonachón, casi beatífico, despertaba simpatías allá donde fuera. Era regordete y bajo, pero resuelto y brillante, cabeza tonsurada y encanecida por los costados. Bueno como pocos, y listo como nadie y al que, su papel principal en la comunidad de Robledo, y el cariño y respeto con el que todos le bendecían, le había granjeado continuas envidias y odios crecientes por parte del señor de las tierras. Aquello no auguraba nada provechoso, ciertamente, pero a él poco le importaba. Era dichoso, a pesar de sus pesares, pues tenía un motivo para ello. Su hija, la bella Lucía.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Su hija Lucía, una chica de dieciséis años, bella como ninguna, alegraba sus días y los llenaba de dulzura y alegría. Honraba a su padre y lo amaba sin medida.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Lucía, la flor y el ángel de Robledo, le ayudaba a soportar la ausencia de su mujer, fallecida hacía ya años, faro y vigía de su vida durante largo tiempo, amor de su vida y, más tarde, una vez hubiese llegado el momento, de su muerte.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Era Lucía una verdadera preciosidad. Sus cabellos reflejaban la luz del sol con una intensidad cegadora. Su piel era pálida, casi nívea, y no mostraba en toda ella ningún defecto o mácula, pura como ella, buena como nadie. Sobre ella destacaban, sobremanera, sus labios, gruesos y carnosos, como esculpidos por un artista genial solazado en la belleza femenina. Sus ojos eran sinceros, grises y claros, como esa agua torrencial que su padre podía ver cuando iba a la montaña, con un brillo especial, salvaje e indómito. Tenía la ingenuidad y la alegría de un niño pequeño, siempre feliz, sin renunciar a nada, incapaz de sentir odio o maldad. Toda su vida había sido alegre, siempre había sido dichosa. Hasta que, un día, llegó Gaspar.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Gaspar de Blanes se aproximaba a Robledo, silencioso y enojado, rumiando su desgracia como siempre lo había hecho. Era su vida una colección de calamidades, un montón de pesares que, sin embargo, no le importaban en exceso. En ellos se sumía casi con placer, deleitándose en su miseria, regodeándose en su penuria. Nada le importaban sus desdichas si las de todos aquellos que le rodeaban eran mayores. No le importaba sufrir, siempre que fuese capaz de lograr que los demás sufriesen más que él. Y a ello se afanaba con delectación y encono.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La enfermedad de los huesos, imparable, le carcomía los tejidos, le quebraba los músculos y le ajaba la piel. Los dolores eran terribles, casi insoportables y, en muchas ocasiones, se veía obligado a guardar reposo durante largos días. Era entonces cuando, sumido en su desgracia, ansiaba más que nunca causar daño. Le placía torturar y matar, sin importar a quién o a cuántos. Lo único que contaba era expiar el dolor que le aquejaba, como una enfermiza y sádica terapia médica. Cuando olía la sangre y veía el sufrimiento ajeno, sus sentidos se abotargaban, se embriagaban de rencor, de odio y de maldad, y ya no sentía la enfermedad. Era en esos momentos cuando más sádico y mortal se volvía. Era entonces cuando se imponía huir de su presencia.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Hacía ya unas semanas que no le dolían los huesos pero, el largo y duro camino hasta Robledo, había despertado su dolor. Ya muy cerca del pueblo, cuando ya casi se podía oler el humo de las lumbres, su rostro era una mueca de odio, enervada y contraída por el dolor. Pronto, muy pronto, alguien lo iba a pasar mal.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Aquel viaje se lo había impuesto a sí mismo. Hacía ya tiempo que no iba a Robledo, y deseaba estar al tanto de cómo iban las cosas por allí. Los férreos impuestos con los que hostigaba a sus vasallos, y que los sumían en la más absoluta de las pobrezas, eran recaudados por corchetes que le servían con lealtad, fingida, pero lealtad, al fin y a la postre. Era una labor ingrata, muy desagradable, y que desempeñaban con tristeza. No deseaban realizarla, pero se veían obligados a ello. Su señor rara vez los acompañaba, pero aquella temporada era diferente.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Gaspar ansiaba revivir sus incursiones en los poblados, visitar sus dominios y contemplar a sus vasallos. Contemplarlos y castigarlos. Aún recordaba sus años mozos, en los que el vigor de su brazo era grande, en los que cabalgaba sin descanso, sin dejar que su montura recuperase el resuello. Recorría su vasto territorio y castigaba a sus vasallos, cobraba los diezmos de las aldeas y diezmaba a sus habitantes. Recordaba todo aquello con nostalgia y, ahora, a pesar de que el vigor de su brazo había menguado considerablemente, deseaba recuperarlo. Ansiaba vivirlo de nuevo, aunque fuese por última vez. Y por eso estaba allí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-6761562975924240468?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/6761562975924240468/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=6761562975924240468' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/6761562975924240468'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/6761562975924240468'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2009/03/basta-ya-de-disertaciones-de-opiniones.html' title='El Odioso y cruel Don Gaspar de Blanes'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-8408436683820225468</id><published>2009-03-06T17:01:00.011+01:00</published><updated>2009-03-07T03:55:30.296+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Gómez Jurado'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Wodehouse'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Dumas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Pérez Reverte'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Márques'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Lorenzo Silva'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Stendhal'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Thommas mann'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Juan Manuel de Prada'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Los Cinco'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mosqueteros'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Los Hollister'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Pedro de Paz'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Montecristo'/><title type='text'>De libros y Autores</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Hace ya mucho tiempo que comencé a leer, aún lo recuerdo, pero hace ya mucho tiempo. Fue un proceso gradual, natural, llevado por mi afición a los cuentos y, sobre todo, a los tebeos. Recuerdo tres volúmenes, de Andersen, Grinn y Perrault, en los que me refugiaba siendo un niño y con los que me dejaba llevar a paisajes maravillosos, a mundos extraños plagados de duendes, princesas y magos que llenaban mis tardes y mis sueños. Esos tres autores me acompañaron durante mucho tiempo y, juntos, lograron que la literatura, aun sin pretenderlo, me enganchase para siempre. Tras ellos vinieron otros, quizás peores, no lo sé, pero que también pusieron su granito de arena en la creación de mi afición, y con ellos disfruté como nunca. A decir verdad, lo confieso, hace poco he leido algo de ellos. Me refiero a "Los Cinco" y a "Los Hollister". Tenía todos sus libros, -aún los guardo- y todos ellos hicieron que mi imaginación volase en busca de tesoros ocultos y malvados delincuentes. No hay lector, adulto en la actualidad, que no los haya leído.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pasaron los años, crecí y seguí leyendo. Y vinieron los grandes. Me volqué en las grandes obras de la historia, tan denostadas hoy por muchos, y que a mí me siguen pareciendo maravillosas. Leí "La isla del tesoro", "Los tres mosqueteros", "El Conde de Montecristo", las de Julio Verne, y muchas más, y todas me fascinaron -aún lo hacen-. Aquello sí que era bueno: piratas, espadachines, personajes maquiavélicos, y preciosas mujeres. Los héroes eran fantásticos, valientes," echaos p'alante", generosos y honestos. Y los malos eran malos. Piratas con patas de palo y loros en el hombro, Cardenales pérfidos y malvados, espadachines violentos y valientes, con la mochila llena de venganzas y asesinatos sin pagar, y las caras surcadas por cicatrices claras, perillas afiladas y patillas espesas. Nada hubo mejor y, a buen seguro, es difícil que lo vuelva a haber. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Seguí creciendo, leí otros libros, pero estos, estos que me llenaron la cabeza de aventuras y desventuras, nunca me han abandonado y, espero que sea así, nunca lo harán.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Sigo leyendo, crezco al mismo tiempo,  y paso a otras grandes obras. Recuerdo un libro que compré, unas doscientes pesetas del ala en quiosco -tapa blanda-, y que no me gustó. Más tarde sí, con el paso de los años, pero, en aquel momento, no me gustó. Se trataba de "Cien años de soledad", de Gabriel García Márquez, y me decepcionó. Leí muchas de sus obras, todas las que pude encontrar, más bien por obligación que por devoción, pero nunca consiguió atraparme. Aún hoy no lo hace, aunque lo reconozco y lo valoro pero, he de admitirlo, no me atrae. Quizás sea un ignorante, un atrevido, o un bobo, pero no me atrae, no me emociona, y nunca lo hará. Dame un libro de Stephen King -alguno que otro-, de Le Carre o de Forsyth, y disfrutaré como un enano. Dame un libro de Agata Christie, de Conan Doyle o de Dashiel Hammet y seré feliz, muy feliz pero, lo repito, Márquez no me emociona. Y Vargas Llosa tampoco. Son excelentes escritores, todos ellos, y todos ellos son geniales en lo suyo, pero yo me divierto más con las historias de los anglosajones. Quizás sea un burro, quizás a muchos les parezca casi una herejía y piensen que no tengo ni puta idea de lo que es bueno o es malo, pero yo así lo siento. Para mí -imagino que para todo el mundo-, la literatura, las novelas, son ocio, fundamentalmente. Han sido escritas para entretener, para que la gente se divierta y disfrute con ellas, y no para crear grandes escritos trascendentales que nos imbuyan un sentido moral y estético que nos eleve hasta los cielos. Eso son chorradas, bobadas y gilipolleces, y los autores que buscan iluminarnos con sus escritos me la traen bastante "al pairo". No me interesan y no pienso perder el tiempo con ellos. Hay muchísimas novelas que leer, muchísimas de las que disfrutar, como para sacrificarte por algo que no te importa. Demasiado que leer y  uy poco tiempo para hacerlo. Ni un minuto de miv&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; vida pasaré con ellas. No señor. No lo merecen.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;He disfrutado mucho con Thommas Mann -"La montaña mágica" me parece una maravilla-, con Dostoievski, con Stendhal o con, aunque el grupo sea en exceso heterogéneo, Pedro Antonio de Alarcón. Me fascina "La conjura de los necios", me maravilla "Las máscaras del héroe" y me intriga "La carretera", de Cormac Mc Carthy. Ansío recuperar "Rojo y negro", "La cartuja de Parma" o a Valle Inclán. Anhelo retomar a Walter Scott, a Hoffmann o a Le Fanu y he temblado con Poe, con Bierce o con Maupassant. Relatos breves como los suyos, y como los de Stendhal -que no se me olvide-, son casi imposibles de superar. Con ellos me afano en la lectura, me sumo en sus hojas y me asombro de sus genios. En pocas ocasiones, que yo conozca, se han alcanzado cotas tan altas. Con toda seguridad, si la justicia existe, Dios guardará sus obras para siempre.  Son irrepetibles, inaccesibles para la mayoría, y se lo han ganado.  Todos, sin duda, pero para mí, y repito, para mí, hay alguien mejor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;No sé si acierto, no sé si es cierto pero, si hay alguien que me guste, si hay alguien que me asombre y al que admire, ése es P.G. Wodehouse. Sus mayordomos, como el genial, e inimitable, Jeeves, sus señoritos, juerguistas, traviesos y remilgados, o sus nobles, con sus doncellas y criados, son irrepetibles y absolutamente desternillantes. Te ríes con ellos, disfrutas con ellos, y son increibles. Pero te los crees. Wodehouse es único y, para mí, siempre lo será. Nunca se ha visto ironía tan fina, ni humor tan mordaz. Wodehouse es, para todos los que lo admiramos, por derecho propio, uno de los más grandes escritores de todos los tiempos, genial y exquisito, aunque, por los temas que trata y la forma en cómo los trata, no tenga ese reconocimiento general al que su absoluta maestría le hace merecedor. Quizás algún día -confío en verlo-  se desfaga el entuerto y su memoria obtenga todo aquello que le corresponde.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Y ahora, por último, los españoles. Ya he hablado de varios, aunque hay muchos más. Juan Manuel de Prada es una de sus mejores plumas, una de las que más me gusta y más admiro. Quizás el nivel obtenido con su novela "Las máscaras del héroe" sea demasiado alto, quizás hasta para él mismo, pero seguro que nos depara otras maravillas encuadernadas de las que él es capaz. Dios lo quiera, por el bien de todos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pérez Reverte es otro maestro, denostado en sus inicios, pero genial en su imaginación y valorado, finalmente, por los círculos más académicos que tanto le rechazaron en un principio. Alatriste es uno de los grandes personajes de los últimos años, no hay duda. Ojala salgan más como él.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Javier Marías, genial como pocos; Umbral, maestro de maestros, o Baroja, de los más grandes del mundo. Y los más jóvenes. Lorenzo silva -aunque no sea tan joven- me gusta mucho, y Bevilacqua, su criatura, ha de ser un buen tipo. Con él ha vuelto un género, se ha recuperado lo negro, y me alegro por ello. En esto destaca otro, Pedro de Paz, admirado y seguido por mí, y culpable de que que me envanezca como un bobo con cada comentario que publica en mi blog, regalándome sus palabras. Su "Documento Saldaña" es una gozada, y reconcilia a uno con las novelas de aventuras y detectives. Sus protagonistas son reales, auténticos, y llenos de vida. Él los hace así, él los crea y los pone a trabajar. Y eso es muy difícil.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Juan Gómez Jurado, joven -hasta lo insultante- escritor de éxito, capaz de pergeñar tramas que te absorben y te atrapan y, por lo que yo sé, excelente persona. Los lectores lo adoran, y se lo demuestran con cada libro. Porque se lo merece, y porque se lo curra. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Y por fin una mujer- aunque no la única-.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Marta Rivera, excelente novelista y escritora, a la que, a buen seguro, espera un sinfín de éxitos en su ya laureada carrera.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;A todos los leo, y a todos los admiro, ya desde pequeño, como siempre lo he hecho. Son muchos, claro que sí,  pero faltan muchos. De algunos me olvido -eso seguro-, a otros, los que menos me gustan,  no los pongo de forma consciente, y muchos, o muchísimos,  habrá que no conozco. Todos ellos merecen la pena, y todos ellos deben ser leídos. Creo en eso, por supuesto, pero no hay tiempo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Hay tanto que leer, tanto que aprender, que no se pueden perder las horas. Hay poco tiempo, y es valioso. Muy valioso.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pues ¡hala!, no se hable más, coño. ¡Manos a la obra!¡A leer! Y a escribir. Que el tiempo vuela.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-8408436683820225468?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/8408436683820225468/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=8408436683820225468' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/8408436683820225468'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/8408436683820225468'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2009/03/de-libros-y-autores.html' title='De libros y Autores'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-178646933486408016</id><published>2009-03-03T18:12:00.008+01:00</published><updated>2009-03-03T19:37:26.871+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Primera Plana'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novelista novel'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato breve'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Pedro de Paz'/><title type='text'>Novelas, relatos breves, ¿o qué?</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;En "Primera Plana", que marca el inicio de este blog, explico, de manera más o menos sucinta, cómo surgió en mí la idea de ponerme manos a la obra y comenzar a escribir. Fue -explico-, casi una pulsión. Fue un impulso inconsciente, desde luego no premeditado, de buenas a primeras. Un buen día, sin saber qué hacer delante del ordenador, comencé a escribir. Era una pequeña escena que había imaginado la noche anterior, un cuadro que se coló en mis sueños y los llenó de robos, asesinatos y policías. Y lo hizo, además, sin pedir permiso a nadie. Pero me alegro de ello. Desde luego que me alegro. Desde aquel día, maravilloso día en el que mi cabeza se llenó de historias que ansiaba transmitir, ya no he parado. Continúo haciéndolo, todas las horas que puedo - no sé qué pensará mi mujer-, y ya no pienso olvidarlo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Recuerdo que, una vez que vi la escena terminada, con muchísimos defectos, por supuesto, no supe qué hacer. A pesar de sus errores que, como explico en "Primera plana", los había a cientos, aquello me gustó muchísimo. Para mí fue casi una revelación, la constatación de que, si me esforzaba en ello, si volcaba en ello buena parte de mis anhelos, era capaz, yo, que nunca lo había imaginado, de juntar algunas letras con cierto sentido. A partir de ahí y, no sin gran sorpresa por mi parte, decidí no dejarlo nunca. Descubrí que me entusiasmaba, que me refugiaba en aquellas escenas y me metía en ellas hasta el fondo. Descubrí que, cuando lo hacía, era feliz. Y por eso seguí.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por aquel entonces, inconsciente de mí, no llegué a plantearme nunca si lo que debía hacer era, empezar una novela o, por el contrario, comenzar con pequeños relatos que me ayudasen a aprender cómo era aquello de escribir. No pensé en las consecuencias, en el esfuerzo o en las carencias. Nunca me lo planteé, ni un solo momento. Comencé a escribir una novela que no había imaginado de manera previa. Comencé sin pensar. No había hecho ningún planteamiento inicial de la trama, ninguna descripción de los personajes o, ni tan siquiera, pergeñar, aunque fuese brevemente, un cierto argumento. Comencé a escribir, continué haciéndolo, y surgió, unos cinco meses después, una novela. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Las escenas surgían de mi imaginación, casi, sin solución de continuidad. Se agolpaban unas contra otras, en mi cerebro, y mi trabajo, precioso trabajo, fue el ir desgranándolas, poco a poco, hasta hacerlo, más o menos, coherente e interesante. Mientras escribía, algunas veces de manera frenética, no sabía qué iba a pasar a continuación. No sabía qué iba a ser de los personajes que introducía-cada vez más- en la trama. No sabía, incluso, cómo iba a terminar la escena que estaba escribiendo. Ponía, como se suele decir, a los protagonistas en una situación determinada, les daba plena libertad, y que ellos salieran de ella, por sus medios, sin mi ayuda. Todo surgía de sorpresa, casi de la nada, y siempre me resultaba grato. Aquello era una aventura, como si, yo mismo, me situara en la acción y me expusiera a los peligros de la escena. Nunca fui un espectador o un narrador, era, más bien, uno de los protagonistas. No quiero decir con esto que yo me haya situado en la trama y haya creado un personaje a mi imagen, sino que, como todo era tan sorprendente y tan "a tiempo real", muchas veces, ni yo mismo sabía qué iba a pasar. Planteaba una situación, introducía a los personajes y escribía. Ellos hablaban, improvisaban y la escena terminaba. No como yo esperaba, si no como ellos decidían. Así seguí y así escribí la novela. Ciero es que, al final, tuve que hacer un notable esfuerzo por desentrañar la red que, sin pretenderlo, había tejido, pero la novela se escribió, y para mí resultó sorprendente. Pocas veces, muy pocas, me he sentido tan satisfecho. No entendáis con esto que mi intención es señalar que la novela sea una obra maestra o, tan siquiera, mediocre. No es eso, no. Me sentí satisfecho porque, por fin, lo había conseguido. Nunca lo había imaginado pero, al fin, lo había conseguido.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La novela reposa ahora en un cajón. Pocos han tenido la oportunidad de leerla, y así seguirá por un tiempo. Con ella me siento bien. He de revisarla, por supuesto, pero me siento bien. Ya está hecha, y esperará por mí hasta que, un buen día, la retome, me ponga de nuevo frente al ordenador, y corrija lo que no me gusta. Ahora estoy escribiendo otra -ya no quiero parar-, y en ella me refugio y me escondo. A ella le dedico mis horas de insomnio -así nunca dejaré de padecerlo-, y sigo disfrutando mucho. Pero bueno, me estoy desviando del tema.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Antes comenté que no me había planteado qué era lo que debía hacer. Escribí una novela larga y lo hice casi sin querer. No me planteé, ni tan siquiera un segundo, comenzar por relatos breves, poesía o novela corta. Con dos cojones, sin saber dónde me metía, pero con dos cojones, me volqué en la novela larga. Y ahora, con toda sinceridad, creo que fue un acierto. Echo la vista atrás, veo hasta dónde me ha llevado todo esto y, veo que, para mí, fue un acierto. Ya no se trataba de aprender algo que no sabía y que, aún hoy, sigo sin conocer. Ya no se trataba de pulir defectos o carencias -que eran absolutas. Se trataba de hacerlo. Se trataba de ver si yo era capaz, marcarse un reto y luchar por el, esforzarse y pelear. Y así lo hice. Me puse al tajo y lo hice. Aunque no sea la forma. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;He comenzado a escribir relatos breves hace unos dos meses, en enero, y sigo con ello. Escribo también una novela, pero continúo con los relatos breves. Creo que es bueno, que te ayuda a escribir, a crear un estilo propio y que antes no tenías. Creo que te enseña a hacerlo. Te enfrentas al ordenador y quieres contar una historia. Y tienes poco sitio. Te ciñes a la historia, eliminas lo superfluo, escribes y terminas. No hay paja -no debe haberla-, sólo hay historia. Comencé en Enero, y sigo con ello. Porque es bueno, y porque es bonito.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ya llevo unos siete meses escribiendo. Tengo una novela -algo inimaginable para mí-, algún relato corto, un blog -otro impulso inconsciente-, y otra novela en ciernes. Además, Pedro de Paz, escritor al que admiro, ha dejado un comentario en "El novelista novel"-lo de mi hermano no lo cuento, porque si no lo hace, lo cuelgo-. Desde luego, inimaginable para mí. A él -a Pedro de Paz- le he oído en alguna parte, supongo que en internet, que no es escritor, que no se considera escritor. Él se considera novelista, lo que a mí me gustaría ser. No creo que haya oficio más bonito. Por eso lucharé. Por eso seguiré escribiendo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Un saludo.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-178646933486408016?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/178646933486408016/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=178646933486408016' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/178646933486408016'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/178646933486408016'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2009/03/novelas-relatos-breves-o-que.html' title='Novelas, relatos breves, ¿o qué?'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-376777250202045638</id><published>2009-02-22T22:19:00.002+01:00</published><updated>2009-02-23T00:26:39.078+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Escritor novel'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Tabita Kiing'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Stephen King'/><title type='text'>Grandes esperanzas, grandes incertidumbres. Algún éxito</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;No pretendo sentar cátedra desde aquí, desde luego (nada más lejos de mi intención), pero supongo que mis vivencias como escritor novel son muy similares a las de cualquier aficionado a la literatura que, un buen día, decide coger la pluma o encender el ordenador y comienza a escribir. A partir de ése momento comienza una aventura, casi una nueva vida, en la que las historias que anidan en tu imaginación cobran una importancia que, apenas unos días antes, ni llegarías a soñar. A todas horas piensas en ellas, en los personajes que vas creando, en las situaciones que les toca vivir, en cómo van a salir de ellas y qué nuevas situaciones les aguardan. Piensas en todo eso y deseas que todo salga bien. Ansías hacerlo bien, quieres que lo escrito sea bueno y que tenga éxito, que a la gente le guste y disfrute de tu obra, y en ello vuelcas todas tus esperanzas. Son grandes esperanzas que te animan a luchar, que te empujan a seguir escribiendo aun cuando no las tienes todas contigo, que te dicen que debes pelear porque es lo que te gusta y lo que deseas. Y tú sigues escribiendo, pero las dudas aparecen. Al final, siempre aparecen.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Las primeras páginas de un escritor novel están plagadas de grandes inquietudes, de inseguridades y de incertidumbres. No sabes si lo que escribes es bueno, si puede gustar al lector, si es comparable a lo que has leído a lo largo de tu vida, pero, sobre todo, si es publicable. Ésa, y no otra, era la mayor de mis dudas. He leído un montón de libros: unos muy buenos, otros muy malos, también alguna obra maestra fruto del talento de un genio nacido para la literatura, pero todos ellos han sido publicados. Algunos han gozado de la aprobación del público y otros no, pero todos fueron publicados. Alguien, algún día, decidió que aquello era bueno y que merecía ser mostrado al público. Ha podido ser por el estilo empleado, por la originalidad de la historia, porque enganche y haga que el lector se crea la trama, por lo que sea, pero alguien, algún día, pensó que aquello era bueno y decidió publicarlo. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cuando yo escribo me encuentro bien, creo que lo que hago es bueno y estoy contento por ello, pero, irremediablemente, al final, leo lo que he escrito y ya no estoy seguro. Lo vuelvo a leer y encuentro cosas buenas, cosas que están bien, pero también otras que no lo están tanto. Y entonces me entran dudas, me siento inseguro, y necesito una opinión. Es en ese momento cuando buscas a alguien en quien confiar, alguien que lea tu obra, alguien que te diga que lo que haces merece la pena, que debes seguir haciéndolo, que sería un error dejarlo, pero también que te dé una opinión sincera. Stephen King lo llama su lector ideal, y en su caso es su mujer, Tabita King. Ella lee sus manuscritos y hace una crítica, le da su opinión, sincera por supuesto, y él lo tiene en cuenta. En mi caso,  cuando escribo y tengo dudas, mi lector ideal es mi hermano. A él le envié las primeras páginas que escribí. Tenía dudas y se las envié, y él me dio su opinión. Me animó a seguir, a pelear por lo que me gusta, a pelear porque le parece que lo que yo hago merece la pena, porque le parece que es bueno y publicable. Todavía lo hace, y yo creo que lo seguirá haciendo. Cada buena crítica suya es un éxito, mis primeros éxitos con la literatura, los únicos que he tenido hasta ahora. Quizás sean los únicos que tenga, los únicos que vaya a tener o los únicos que merezco, pero creedme, son suficientes. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Deseo publicar, claro que sí, ojalá algún día lo haga, pero yo ya he conseguido tener mis éxitos. Los míos son ésos que vienen de una buena crítica de tu lector ideal, de alguien a quien quieres y admiras, de alguien que te importa y al que importas. Y eso ya es mucho. Buscad esos éxitos, son los primeros, al principio son los únicos a los que podemos acceder, pero, podéis estar seguros de ello, son los que de verdad importan.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4080833723154132403-376777250202045638?l=novelistanovel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novelistanovel.blogspot.com/feeds/376777250202045638/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4080833723154132403&amp;postID=376777250202045638' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/376777250202045638'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4080833723154132403/posts/default/376777250202045638'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novelistanovel.blogspot.com/2009/02/grandes-esperanzas-grandes.html' title='Grandes esperanzas, grandes incertidumbres. Algún éxito'/><author><name>g.l.r.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08859218706223215279</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4080833723154132403.post-2515719527101261135</id><published>2009-02-17T21:40:00.000+01:00</published><updated>2009-02-17T22:24:30.730+01:00</updated><title type='text'>Primera plana</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;Quizás los hados benéficos se olviden de mí cuando envíe mis manuscritos a editoriales, agentes literarios, revistas o concursos literarios. Quizás no tenga el talento necesario para escribir algo que llegue al público, algo que merezca ser publicado o recordado, o algo que sirva de vía de escape a los que, como yo, nos refugiamos en la literatura. Quizás nunca consiga publicar nada de lo que haya escrito o vaya a escribir en un futuro, quizás nunca vea mi nombre en tapa dura, pero nunca nada me va a privar de escribir.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;Disfruto mucho con la literatura, siempre lo he hecho, aunque siempre haya sido como lector. Resulta fascinante pasar las páginas de una novela y volcarse en una historia, a veces creíble, a veces impensable, hasta el punto de no pensar ya en nada más, de no reparar en lo que te rodea y de olvidarte de todo. Uno se sumerge en la historia ( en las que son buenas, en las que te atrapan desde la primera página, en las que te sujetan por las solapas y te inclinan sobre el papel) y se imagina cómo son los personajes, cómo son los decorados, cómo los sentimientos. Quizás nada tenga que ver con lo que el autor ideó, con lo que propuso y lo que creó, pero esas imágenes que uno recrea durante la lectura son de uno, son las que uno mismo ha imaginado, y por eso son buenas. Porque son mías, porque son tuyas, porque son vuestras. Por eso me encanta escribir.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;Hace unos cinco meses comencé a escribir. No fue intencionado ni planeado, no había pensado en ello en ningún momento, pero un buen día comencé. Fue, más bien, una pulsión, algo que se coló de manera furtiva en mis sueños y me incitó a encender el ordenador. Imaginé una escena (un robo en una Abadí
