martes, 9 de junio de 2009

La casa de mis pesadillas (1ª parte)


Quizás sea por mi naturaleza escasamente mojigata; quizás por mi excesiva renuencia a dejarme arrastrar por temores infundados o irracionales o, quizás, y ya no sé muy bien cuál de los tres motivos es el más acertado, haya sido por mi arrojado e impulsivo carácter, forjado tras innumerables correrías en un ambiente demasiado hostil, pero el caso es que nunca, y deseo remarcar lo de nunca, he sido un hombre cobarde o temeroso, medroso ante lo paranormal o lo fantasmagórico. Jamás me he dejado llevar por el pánico; en ningún momento he permitido que mi raciocino se nuble por extrañas sensaciones, y nunca he abandonado una actitud ecuánime o razonable pero, hace unos años, cuando –maldita la hora-, mis obligaciones profesionales me obligaron a mudarme a una vieja casa, algo inquietante acudió a mi vida, tambaleando mi seguridad y mis convicciones.

Trataré de explicar mejor, no obstante, cuáles eran las sensaciones que suscitaba aquella vivienda en mi muy ordenada cabeza; intentaré describir qué extraños pensamientos se agolpaban en mi mente pero, de ello estoy seguro, nada será suficiente para transmitir la desesperante inquietud en la que me sumí por espacio de una semana hasta que, vencido ya por el desánimo y el temor, e indiferente al deshonor o la ignominia que sobre mi nombre pudiese caer, abandoné aquellas tétricas paredes para no regresar a ellas jamás.

Comenzaré pues por describir la vivienda ya que, a pesar de lo farragoso que pueda resultar esta primera introducción para el lector, sí se me antoja necesario para la correcta comprensión de los hechos que relataré a continuación.

La casa de mis pesadillas se encontraba en el pueblo de Os Prados, en las Montañas Ancaresas de la provincia de Lugo, zona excesivamente abrupta para el desarrollo urbanístico y demasiado hostil para una convivencia tranquila y acomodada. Las montañas son redondas y empinadas, y los ríos caudalosos pero esquivos, llenos de recovecos inundados de maleza y árboles trasmochos y esquilmados; inviernos blancos y muy fríos, largos en exceso, y veranos cortos pero cálidos, que los ancareses dedican a la siega y al arado. Las laderas se llenan de robles, castaños, acebos y abedules, formando un denso tapiz que cobija a sabe Dios cuántas criaturas salvajes que yo debía estudiar y proteger, pues para eso me había enviado hasta allí el Departamento de Medio Ambiente.

Mi jefe –que el Diablo lo confunda-, había tenido el dudoso acierto de ordenar que me alojasen en una vieja casa de dos plantas –la más vieja del pueblo-, de fachadas de piedra, tejado de pizarras negras claveteadas sobre gruesas vigas escasamente rectas, y ventanas y suelos de madera tan planos y rectos como las vigas.

Se decía -aunque de eso me enteré más tarde-, que allí había vivido una extraña familia ya olvidada por casi todos, escasamente pudiente, definitivamente antisociable y, desafortunadamente, poco dados al talento o la inteligencia.

El matrimonio era una pareja ya anciana, andrajosos y haraganes, que acostumbraban a vivir de lo que sus poco iluminados hijos conseguían en los campos o en los bosques. Éstos, igualmente andrajosos pero algo más esforzados, solían cazar conejos, jabalíes –muy abundantes en la zona-, y algún que otro corzo despistado que, tras una alocada carrera entre los rastrojos, fustigado por los perros de la familia, caía abatido por los disparos.

Con las presas ya cobradas, la hija menor, una chica –por lo que me han contado- curiosamente bonita y aseada, se dedicaba a la cocina sin atreverse a salir de ella, esclava entre mugre, podredumbre, locura y desafecto. Su presencia -como pronto tendrán ocasión de comprobar-, resultó ser lo más llamativo del caso.

Para todos era alguien inexistente. Su vida suponía una completa incógnita y las habladurías que despertó corrieron por la comarca de una punta a otra, llevadas por los vientos de la lógica curiosidad. Nunca nadie del pueblo llegó a verla cara a cara, jamás habló ningún vecino con ella, y todos se limitaron a entreverla, fugazmente, entre los listones de los ventanales. Alguno de los pueblerinos más jóvenes, animado por la belleza de la chica y la falta casi absoluta de mujeres casaderas, quiso rondarla y cortejarla pero, dado el esquivo carácter de su familia, todos renunciaron a la empresa sin llegar siquiera a intentarlo, y se limitaban a aguardar en las proximidades de la vivienda para tener la oportunidad de observarla en silencio.

Hasta aquí -siendo muy escasa la información, lo reconozco-, es todo lo que pude conocer de esta gente antes de alojarme en su antigua vivienda y, sin embargo, para mi desgracia, sus ya lejanas vidas pronto tendrían graves consecuencias en mi pasar.

11 comentarios:

Miguel Baquero dijo...

Te dejo un comentario abajo, en la entrada anterior

Cristina Puig dijo...

Me encantó la historia, especialmente el principio, pero me has dejado k.o. quiero saber que más ocurre! habrá que esperar a la segunda parte. Vaya familia!

Saludos!
Cris

g.l.r. dijo...

Muchas gracias, Cristina. Dentro de unos días colgaré la historia completa; a ver qué te parece. Espero no defraudar.
Muchas gracias por tu visita. Espero también la continuación de tus relatos.
Un beso.

Javier Pellicer dijo...

Voy a esperar a que publiques la historia completa, así me la leeré del tirón y te comento.
Por cierto, si te va el terror, te recomiendo que envíes algún relato a la página Horror Hispano http://www.h-horror.com/
Yo estoy participando con dos relatos y un artículo y te aseguro que merece la pena. Sólo por publicar allí tendrás la oportunidad de ser votado y salir en el primer número del fanzine en papel que Darío, el creador de la página, está preparando. Anímate!!!

g.l.r. dijo...

Muchas gracias, Javier, por el consejo. Ya he entrado en la página de horror hispano -vi el enlace en tu blog-, y he pensado en enviar algo, pero no sé cuáles son las bases. ¿Ponen algún límite en extensión? Voveré a acceder, y ya te contaré.
Un abrazo.

El Viajero Solitario dijo...

Por fin voy recuperando la tranquilidad necesaria para poder hacer visitas como está mandado.

Creo que ya te lo dije en una ocasión: tu escritura, cuando abordas estos relatos de terror, me recuerda a Maupassant. Tanto en la estructura (un narrador que presenta la historia, a modo de introducción, a otro personaje o al lector, antes de desarrollarla), como en la temática rural.
Debo felicitarte por la exquisita forma que tienes de narrar. Las descripciones del lugar y de la familia son excelentes, de veras.

Quedo atento al desenlace, para poder emitir un juicio completo sobre la historia. Entretanto, me entretendré recuparando viejas entradas tuyas.

g.l.r. dijo...

Muchísimas gracias, Viajero. Viniendo de ti, los halagos me satisfacen aún más. Es un honor que un escritor como tú, capaz de crear esos maravillosos relatos, alabe mis narraciones.
Reconozco mi gusto por Maupassant, por Ambrose Bierce, o por Poe, y el hecho de que mis escritos te recuerde a ellos me llena de orgullo. Muchas gracias por tus palabras, y por tu amabilidad. Siempre eres bienvenido, y siempre me alegra saber que te has pasado.
Muchas gracias, y un abrazo fuerte

JUAN dijo...

Hola, g.l.r: quiero agardecerte tu visita a mi blog.
Acabo de leer este relato, que me ha atrapado desde el principio. Admirado quedo de tu estilo, que envidio,y de tu ingenio.
Pongo tu blog en la lista de novedades amigas para estar al tanto de cuando pongas la continuación de tu interesante historia.
Saludos.

g.l.r. dijo...

Muchas gracias, Juan, y bienvenido a este blog vuestro. Te agradezco el interés mostrado y los halagos, seguramente inmerecidos, que me dedicas. Espero estar a la altura y no defraudar con el desenlace.
Me ha gustado mucho tu blog; es asombroso la información que despliegas en él. Te visitaré a menudo.
Un saludo.

B. Miosi dijo...

Hola g: estoy de acuerdo con viajero solitario, tienes un estilo que en algo me hacer recordar a esos grandes narradores, en especial a Poe. Sí.

Te voy a enlazar para que no te me pierdas, quiero seguir esa historia.

Un abrazo,
Blanca

g.l.r. dijo...

Muchas gracias, Blanca. Entre todos hacéis que me sienta en una nube. Es siempre un placer contar con lectores tan ilustres, y un orgullo que te pases por aquí.
Yo también te enlazaré, pues disfruto mucho con tus entradas.
Mis mejores deseos con "La búsqueda" y "El legado".
Un abrazo.